lunes, 30 de mayo de 2022

Mi vida está en tus manos, Señor

 

Una de las frases más comunes, que en distintas formas encontramos en la Escritura es: "En tus manos está mi vida Señor”.

Hoy vemos a los apóstoles que se ven sorprendidos por una violenta tempestad en el mar. Tienen el viento en contra y la barca zarandeada por las olas (Mt 14,22-33). Nuestros amigos están angustiadísimos cuando de pronto oyen la voz de Jesús: ¡¡No temáis, soy yo!! Pedro quiere asegurarse de que no son víctimas de un delirio colectivo y grita: Si eres tú Señor, déjame ir hacia ti sobre las aguas. Jesús le dijo: ¡Ven! Apoyado en esta Palabra de Jesús: “¡Ven!”, Pedro empezó a caminar hacia Él. Mientras sus ojos estaban fijos en Jesús sus pasos fueron firmes, pero a un cierto momento se asustó por la fuerza del viento que como he dicho lo tenía en contra y comenzó a hundirse.

 Pedro entendió que estaba a merced del mal -el viento en quien había posado sus ojos- por lo que volviendo su mirada a Jesús le gritó: ¡Señor sálvame! Dice Mateo que al punto Jesús le tendió la mano librándole del poder de las aguas.

 El mar simboliza la morada de Satanás. Jesús le tendió su mano cumpliendo así la promesa que les y nos había dado: "Mis ovejas escuchan mi voz (mi Palabra)  y nadie las arrebatará de mi mano (Jn 10,27-28). Sí, nuestra vida está en sus manos.


 P. Antonio Pavía 

  

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domingo, 29 de mayo de 2022

¡A prepararse!

 


La verdad es que por mucho que nos digan, leamos o imaginemos, nos da un “yuyu” importante irnos de aquí, y mirad que cada día se van tropecientos mil ¡Qué fácil morir!

Me viene “el cuadro” de ese día: Un cuarto a media luz, un velorio a mi derecha y familia compungida a través del cristal que nos separa.   

¡Qué no!, que no estoy ahí, que estamos pululando alrededor deseando sepan que estamos vivos. Pero ¡Ni caso! Y es que nadie nos puede ver con ojos humanos pero nuestros sentidos se han vuelto extraordinarios.      

Por un tiempo corto, creo, andaremos por aquí y “después” ¡Al juicio particular!, que por cierto si aquí nos dan pavor los tribunales...   

- Que no mujer, que la cosa no es así, nadie nos juzga excepto nosotros mismos ante “La blancura impoluta del cielo”. Entonces “piti piti” nos vamos al purgatorio donde solo las oraciones de la tierra nos limpiarán. Así que ya puedes ir ganando Indulgencias o enseñas a rezar por ti, porque si no... ¡Ufff!

Pues el que no vaya a misa que empiece que las penas del pecado perdonado, son cuasi eternas. Un Capuchino, fallecido y aparecido al Padre Pío, dijo que 1 día terrestre era como “mil” en el purgatorio -le pedía una misa y San Pío tardó 1 día en celebrarla y ¡Claro!, el amigo Capuchino se enfadó ¡Jesús!!!-.    

Puertas Santas, Rosarios, misas y nos libraremos de algunos “millones” de años por cumplir...

¡Preparémonos que la cosa es seria a reventar!!!

 

Emma Diez Lobo   

          

sábado, 28 de mayo de 2022

Domingo VI de Pascua. Ascensión del Señor

 


Ascenderemos con Él

 Alguien puede preguntarse qué, si bien Jesús es el Hijo de Dios que murió, resucitó y subió al Cielo ¿Qué garantía tenemos los simples mortales de ir al Cielo con Él?  Es cierto que dijo a sus discípulos que iba al Padre y que prepararía un lugar para ellos...y para todos (Jn 14,3)  pero repito ¿Qué garantía tenemos de que será así? Nuestra garantía estriba en nuestra experiencia personal de que las palabras de Jesús se cumplen en los que, paso a paso, hacemos el camino del Discipulado. Palabras como, por ejemplo, que Él nos hará justicia cuando somos despreciados por su causa... etc.

 Es decir que Jesús es fiable porque lo son sus palabras, y esto llegamos a saberlo por experiencia. Un discípulo de Jesús no cree en sus palabras solo porque están escritas, sino porque se cumplen en su vida personal conforme va creciendo su amorosa adhesión al Evangelio; su cumplimiento en los que lo guardan en su corazón, en sus entrañas, es la razón, no académica sino existencial, de que resucitamos y ascendemos al Cielo con Él.

 Sólo nos queda decir esto que dijo Pablo acerca de Jesús: "Sé de quién me he fiado" (2 Tm 1,12).

 P. Antonio Pavia

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viernes, 27 de mayo de 2022

SANTA MARIA DEL SILENCIO

  Enséñame, ¡oh Madre del Señor!

A callar si la caridad va a quedar dañada si hablo.

A no hablar mal de nadie,

A callar siempre que el hablar sólo traiga crítica destructiva, vergüenza o difamación del hermano.

A llevarme unos

Enséñame:

A callar lo negativo, lo malo, lo que avergüenza al hermano si hablando falto a la caridad y no defiendo cuantos secretos a la tumba.

A no callar cuando mi silencio sea una fraternal reprensión, una disconformidad con lo incorrecto, lo deshonesto o difamatorio que se está diciendo.

la justicia o al inocente.

El silencio de la aceptación interior sin rebelión interior y en la paz del corazón.

A callar, a sufrir, a amar y aceptar en el silencio que se confía en Dios.

Enséñame:

A orar en lo escondido, a dar limosna en lo oculto, a vivir santamente en el decoro del silencio del corazón.

A caminar entre silencios, aunque no a solas, sino acompañado del Señor y de los hermanos.

Que no olvide nunca que a Dios se va por el hermano. Enséñame a hacer silencio exterior, pero, sobre todo, el silencio interior de pensamientos inútiles, ilusiones imaginarias, deseos irrealizables, preocupaciones y agobios excesivos.

Enséñame:

A cultivar el silencio, fuente de inmensas energías y ambiente necesario para las más arriesgadas decisiones.

El silencio para entenderme a mí.

El silencio para poder escuchar y entender al hermano.

El silencio, los desiertos, las pobladas soledades donde únicamente me puedo encontrar con Dios y “conocer a Dios”.

jueves, 26 de mayo de 2022

Como un reflejo

     

Voy por la acera, paso el Banco, me meto en el Súper... Y veo mi reflejo en cada persona que me cruzo, son idénticas a mí, tenemos los mismos deseos y tristezas.    

Si es un niño, yo lo fui; si es un mayor, yo lo soy... Sí, somos “iguales”, son los míos y me invade un sentimiento de unidad.    

Jesús decía que somos hermanos ¡Cuánta verdad!, y no solo hermanos, también padres, abuelos, hijos. Es como si tu familia se extendiera sin límite.  

Es genial, yo nunca me he sentido sola. Si no es un padre, es un amigo, si no es un amigo es aquél que te escucha. A todos nos encantan los cielos estrellados y todos llevamos algodón o lana pegado a nuestros cuerpos. Diferencias... Pocas, pocas.

El problema viene cuando el mal se introduce por las costuras y si no te das cuenta, te impregna de tal manera que te conviertes en su aliado.   

A estos les llamo “los secuestrados”, se han transformado en adversarios y la “familia” se desgaja sin remedio. Se apartan, te apartas; se acercan, te proteges, y te vas quedando huérfano...  

Pero somos muchos los hermanos huérfanos de cualquier lugar del mundo. Lo sabemos y debemos cuidarnos unos a otros -bueno, espera, que los chinos parecen “primos lejanos”-.

-Y ¡Qué!  

No importa dónde estés “reflejo”, el agua que bebes viene del mismo cielo. Ojalá y pudiera darte un abrazo que cruzara continentes.   

Emma Díez Lobo

  

   

 

   

miércoles, 25 de mayo de 2022

El Fuego Divino

 

En la antigüedad los pueblos asociaron el fuego a sus divinidades; por ejemplo, Prometeo, divinidad de la mitología griega subió al cielo para robar el fuego de los dioses y fue castigado por Zeus. Tenemos presente esta asociación de la antigüedad entre el fuego y sus dioses y nos abrimos a la revelación de Dios a Israel que culmina, como sabemos, con la Encarnación de su Hijo. Jesús es la respuesta de Dios Padre a la tendencia humana de hacerse con el Fuego de Dios en vistas a su purificación. Tendencia apremiante que suscita está súplica en todo buscador de Dios: Dame, Dios mío tú Fuego Divino para que mi vida alcance su plenitud en ti.

 Como he dicho, Jesús es la respuesta de Dios Padre al deseo del hombre de ser transformados por Él con su Fuego, capaz de limpiar toda inmundicia que el pecado deja, como si fuese una alfombra maloliente en nuestro corazón.

 Oigamos lo que dice Jesús antes de su Pasión: "He venido a prender fuego en la tierra y cómo desearía que estuviese ya encendido.

 Con un bautismo tengo que ser bautizado -su muerte en la Cruz- y qué angustia hasta que se cumpla" (Lc 12,49-50). Al ser levantado en la Cruz, Jesús asumió nuestros pecados para que nosotros fuésemos revestidos de su Fuego (2Co 5,21).  Esto se llama AMOR.


 P. Antonio Pavía

 

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martes, 24 de mayo de 2022

«Jóvenes emboscados: una esperanza»

 


El  puente medieval dejaba ver en lontananza algunas crestas nevadas de los Picos de Europa. Cangas de Onís se identifica con ese puente llamado “romano”, del que pende en su arco central la gran Cruz de la Victoria. Todo un alegato de historia astur y cristiana que se concita en ese rincón amable y sugestivo en el corazón de Asturias. El río Sella ha deslizado muchas aguas a este paso. Es un verdadero enclave de gestas y memoriales, del tiempo que transcurre siglo tras siglo, mientras cada generación escribe su página en una historia inacabada y formidable.

Allí fuimos convocados, unos metros más arriba, para realizar con jóvenes asturianos una marcha a Covadonga por los bosques. Coincidía con su edición número cincuenta, desde que en el ya lejano 1972 tuvo lugar la primera subida con un pequeño puñado de jóvenes, eran sólo ocho, que con un cura de pocos años de ordenación se aventuraron a dar inicio a este gesto que cada mes de mayo se repite a su comienzo.

Era hermoso, como siempre que se junta la chavalería, ver rostros juveniles, con sus atuendos de montaña, sus colores vistosos y escrito en sus ojos la amable esperanza. Leímos en la parroquia de Cangas el Evangelio de la Visitación de María a su prima Isabel, cuando fue también ella con prisa a la montaña para dar lugar a aquel encuentro de dos mujeres que eran madres gestantes de un milagro. En Isabel, cuando la vida había pasado de largo sin detenerse en su seno. En María, cuando esa vida sorprendió por el mensajero y la manera como iba a llenar en plenitud la vida de aquella joven Virgen y luego la nuestra.

Salimos con prisa también nosotros. En esta ocasión sería María la visitada, no la visitadora. Valía la pena aprender a mirar y a escuchar el espectáculo de belleza que se nos brindaba en nuestra ascensión. Les invité a aquellos cuatrocientos jóvenes a que estuvieran atentos. Porque Dios mismo había preparado una sinfonía de colores, de aromas y sonidos, para que cada uno de nosotros nos sintiésemos parte de aquel concierto.

El bosque y su foresta, con las ramas y hojas que nos protegían del calor brindándonos su sombra discreta. Allí estaban los pájaros con todos los trinos que nos regalaban el encanto de su música sin letra. Y el viento que tímidamente nos acariciaba el sudor y nos refrescaba los cuerpos que, andarines, iban paso a paso tomando altura por aquellas sendas. No faltaron a la cita los rumores del agua saltarina de los riachuelos que fuimos cruzando una y otra vez, de ribera en ribera, por los puentes de madera que nos permitían saludar las diminutas olas que entonaban también su canto al chocar con las piedras y el ramaje bajo de los árboles.

Los tramos finales nos volvieron a emboscar dejando atrás la carretera inevitable. Todo el misterio del hayedo salpicón y la fortaleza de los robles carballones, nos enfilaron hasta el fin de nuestra marcha llegando a la gran explanada de la Basílica de Covadonga. De allí, nos acercamos a la Santa Cueva para venerar la imagen de nuestra querida Santina, hacer una breve oración en el mes de mayo, y disponernos a comer del macuto los bocatas.

Tuvimos un hermoso final celebrando juntos la Santa Misa en la Basílica de Nuestra Señora. Impresionaba ver ese inmenso templo lleno hasta la bandera con aquellos cuatrocientos jóvenes que venían de tantos rincones de Asturias. La Iglesia es joven, decía Benedicto XVI al comienzo de su pontificado. Y los jóvenes no son el futuro de la Iglesia, sino su presente también. Los cantos en la celebración, las ofrendas, la respetuosa y alegre seriedad con la que participaron en la Eucaristía, nos dio un vuelco en el corazón que nos llenó de una inmensa alegría. De allí saldrán el día de mañana nuevas familias cristianas abiertas a la vida en un amor que no caduca ni se cansa. De allí saldrán vocaciones sacerdotales de futuros curas que se dejarán la piel y el alma por los que la Iglesia les confíe. Toda una fiesta de verdadera esperanza. Un regalo para nuestra Iglesia diocesana.

 

+ Jesús Sanz Montes

Arzobispo de Oviedo

lunes, 23 de mayo de 2022

Al que venga a MÍ no le echaré fuera

  


Reconfortantes estas palabras de Jesús que nos sacan de los pozos más lóbregos en los que a veces vamos a parar. Las sondeamos a la luz de la bellísima experiencia del autor del Salmo 91; un israelita brutalmente acosado por el mal descrito en forma de plagas, persecuciones, acusaciones inicuas... etc. Este hombre no se deja abatir, pone su confianza, su vida en manos de Dios. Leemos "Hiciste del Señor tu refugio, lo escogiste como tú Defensor...”. Al final del Salmo Dios proclama estas promesas sobre su fiel servidor". Se puso junto a mi le protegeré... yo me pondré a su lado en el día de la desgracia, le glorificare... le haré ver la salvación".

 Nuestra mente vuela al Calvario. Junto a Jesús Crucificado estaban la Virgen María, Juan, María Magdalena y María la de Cleofás. Todo el mal del mundo arremetió contra Jesús y estas cuatro personas, encabezadas por la Virgen María se pusieron al lado y del lado de Jesús. Cuando la Fuerza del Evangelio nos mueve a no desertar de nuestro lugar junto al Calvario con nuestra cruz, se cumplen en nosotros las promesas al salmista: “...Yo me pondré a su lado el día de la desgracia...”.

 Una última apreciación:

 Hayamos hecho lo que hayamos hecho... si te encaminas hacia Jesús de la mano de su Evangelio, recuerda lo que dijo: "Al que venga a mí, no le echaré fuera" (Jn 6,37).

 P. Antonio Pavía

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domingo, 22 de mayo de 2022

La España de Dios

 


      Tenemos en España (León) el Objeto más Sagrado de la humanidad: La Copa que mantuvo Jesús en La Última Cena y que Dª Urraca, Reina, heredó de su padre Alfonso VI (ver: Onyx, los Reyes del Grial, se documenta la llegada del Grial a León).

Tenemos en España la primera aparición Mariana de la Historia: Zaragoza, 2 de enero del año 40 -aún en vida La Virgen-. 

Tenemos en España los restos de Santiago, uno de los 12 apóstoles y testigo directo de Jesús.  

Tenemos en España las primeras Órdenes Religiosas Cristianas, con más clérigos y mártires (mil en siglo XX) de toda la humanidad.

Tenemos en España los primeros Reyes cristianos; la Orden del Temple en 1128 después de su fundación por Caballeros galos en 1119 en Jerusalén; la Orden de Calatrava en 1158, y la Gracia de Evangelizar la Nueva España -Fray Martín de Valencia (León) en 1524-.   

Tenemos en España 747 Santos, más que en cualquier otro lugar del planeta.

Tenemos en España la Catedral gótica más recia del mundo, con unas vidrieras únicas a admirar a las 12 de la mañana.

Tenemos “El Camino de Santiago” universalmente conocido por sus Indulgencias Plenarias.

Tenemos la Cruz más alta construida, en el Valle de los Caídos (El Escorial -Madrid-).

Somos la Hispania que batalló por la Fe Católica desde hace casi 2000 años y aún perseveran cruzando continentes.       

Tenemos tanto de Dios como tanto de Dios, hoy, desean destruir y olvidar. No hay otro País como España donde Satán se encuentre más ocupado...

   Emma Díez Lobo   

      

sábado, 21 de mayo de 2022

Domingo VI de Pascua

 

 Jesús desea vivir en ti

 Dice hoy Jesús en el Evangelio: " Si alguno me ama guardará mi Palabra y mi Padre le amará y vendremos a Él y haremos morada en Él..."

 Jesús promete su Presencia a los que escuchan y guardan sus palabras en su corazón. Conocemos muchas promesas provenientes de visiones, apariciones...etc.

 Lejos de mi, desautorizarlas y menos aún las aprobadas por la Iglesia, pero si quiero decir que todas ellas están a años luz de la promesa que nos ofrece Jesús en el Evangelio de hoy. Es una promesa de infinita Transcendencia y Belleza. Jesús promete a aquel que guarda su Palabra una comunicación íntima e intermitente con Él.

  Da pena ver a gente, por cierto, buena y sacrificada, que está pendiente de las promesas que antes he mencionado, pero que desconoce o no da importancia a esta de Jesús que es determinante para contactar profundamente con El.

 Por eso vemos la urgencia de predicar y difundir el Evangelio   de Jesús..." a tiempo y destiempo” como decía San Pablo (2 Tm 4,2...)

 P. Antonio Pavia

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viernes, 20 de mayo de 2022

Pascua del Enfermo, 22 de mayo de 2022

 



Acompañar en el Sufrimiento

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso

(Lc 6,36)

El 11 de febrero pasado celebramos la trigésima Jornada Mundial del Enfermo, instituida por San Juan Pablo II en 1992 con la finalidad de sensibilizar a la Iglesia y a toda la sociedad de la necesidad de asegurar la mejor asistencia posible a los enfermos y a cuantos los cuidan, así como procurar que cuantos viven y trabajan junto a los que sufren, comprendan mejor la importancia de la asistencia religiosa a los enfermos. La Jornada Mundial de este año se desarrolla bajo el lema: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36). Con esta Jornada, las Iglesias que peregrinamos en España iniciamos la Campaña del enfermo que culmina el 22 de mayo, VI Domingo de Pascua. Durante este tiempo, centraremos nuestra atención en la necesidad y urgencia de “acompañar en el sufrimiento”.

En el Mensaje que el Santo Padre, el Papa Francisco, nos dirige con este motivo (10.XII.2021), nos recuerda que Dios “nos cuida con la fuerza de un padre y la ternura de una madre” y que “el testigo supremo del amor misericordioso del Padre a los enfermos es su Hijo unigénito”. Ciertamente, los Evangelios nos narran los continuos encuentros de Jesús con las personas enfermas para acompañar su dolor, darle sentido, curarlo. Como discípulos suyos, estamos llamados a hacer lo mismo.

Aunque la ciencia médica, apoyada por los grandes avances técnicos, ha permitido erradicar multitud de enfermedades, la experiencia vivida durante estos dos últimos años con la pandemia de la Covid-19 nos ha mostrado nuestra vulnerabilidad y, sobre todo, nos ha hecho percibir la necesidad de acompañar a los que sufren cualquier tipo de enfermedad, ya sea de las más habituales, ya de otras menos “visualizadas” que provocan un sufrimiento grande como las enfermedades mentales, las neurodegenerativas (ELA, Alzheimer…) o las denominadas “enfermedades raras”, para las que se destinan menos recursos humanos y materiales.

Como nos recuerda también el Papa Francisco, el sufrimiento de nuestros hermanos se convierte en una urgente llamada a ser “testigos de la caridad de Dios que derramen sobre las heridas de los enfermos el aceite de la consolación y el vino de la esperanza, siguiendo el ejemplo de Jesús, misericordia del Padre”. Ciertamente, “cuando una persona experimenta en su propia carne la fragilidad y el sufrimiento a causa de la enfermedad, también su corazón se entristece, el miedo crece, los interrogantes se multiplican”. El Señor, a través de su grito, reclama nuestro acompañamiento.

El enfermo es siempre el centro de nuestra caridad pastoral. No podemos dejar de escuchar al paciente, su historia, sus angustias y sus miedos. Incluso cuando no es posible curar, siempre es posible cuidar, siempre es posible consolar, siempre es posible hacer sentir nuestra cercanía. Lo que el Papa recuerda a los agentes sanitarios cuando explica cómo “sus manos, que tocan la carne sufriente de Cristo, pueden ser signo de las manos misericordiosas del Padre” es válido para todos los que cuidan a los enfermos. “La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. Tiempo para estar junto a ellos, como hicieron los amigos de Job: «Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande» (Job 2,13)” (Papa Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo de 2015).

El mayor dolor es el sufrimiento moral ante la falta de esperanza. En consecuencia, hemos de ser muy conscientes de nuestra misión: “siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pida” (1 Pe 3, 15). Se hace necesario estar preparados para aportar esperanza; pero no una esperanza cualquiera, sino -como recuerda Benedicto XVI- una esperanza “fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino” (Spe Salvi, 1).

Esta falta de esperanza nace con frecuencia en terrenos donde no se ha sembrado la fe. Como nos recuerda el Papa Francisco, “si la peor discriminación que padecen los pobres -y los enfermos son pobres de salud- es la falta de atención espiritual, no podemos dejar de ofrecerles la cercanía de Dios, su bendición, su Palabra, la celebración de los sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y maduración en la fe” (Evangelii gaudium, 200).

Para concluir, junto con al Santo Padre, deseamos “reafirmar la importancia de las instituciones sanitarias católicas: son un tesoro precioso que hay que custodiar y sostener; su presencia ha caracterizado la historia de la Iglesia por su cercanía a los enfermos más pobres y a las situaciones más olvidadas… Aún hoy en día, incluso en los países más desarrollados, su presencia es una bendición, porque siempre pueden ofrecer, además del cuidado del cuerpo con toda la pericia necesaria, también aquella caridad gracias a la cual el enfermo y sus familiares ocupan un lugar central. En una época en la que la cultura del descarte está muy difundida y a la vida no siempre se le reconoce la dignidad de ser acogida y vivida, estas estructuras, como casas de la misericordia, pueden ser un ejemplo en la protección y el cuidado de toda existencia, aun de la más frágil, desde su concepción hasta su término natural”.

Encomendamos a los enfermos, a sus familiares y acompañantes a la intercesión de María, Salud de los enfermos. De este modo, abrazados a la cruz de Jesucristo, encontrarán sentido, consuelo y esperanza.

 

Mensaje de los Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social

jueves, 19 de mayo de 2022

«Valle de sonrisas»

 

Es verde ese valle que en su ancha angostura deja que transcurra silencioso el río Gave. Parece que se torna tímido y simplemente se desliza sin querer molestar con sus aguas que tan sólo pocos kilómetros arriba son bravías y arrolladoras al bajar de los grandes neveros del circo de Gavarnie, en los Pirineos franceses. Allí, en la bajura del valle está enclavada la gruta de Lourdes, cita obligada para quien escucha el mensaje de Jesús en los labios de nuestra Señora, nuestra Madre bendita.

He podido acercarme este año acompañando a nuestra Hospitalidad de Lourdes, con los enfermos y peregrinos de nuestra Diócesis de Oviedo. Tras la anomalía de la pandemia que tantas cosas nos ha secuestrado, hemos sido la primera diócesis española que ha peregrinado hasta allí, como hemos hecho todos estos años desde que se constituyó. Y se notaba que todavía hay temores, cautelas, y nos costará normalizar tantas cosas, entre otras una como esta. Por eso se presentaba un tanto extraño el ambiente por la poca gente que allí se veía. No obstante, quienes se han aventurado a esta peregrinación, han podido comprobar que puede hacerse sin especial riesgo ni infundados miedos, basta la prudencia sensata, tal y como nos vamos moviendo en la vida ordinaria del cada día.

Lourdes siempre tiene un encanto de gracia. Seamos enfermos o estemos sanos, vayamos como voluntarios o como sacerdotes, para todos tiene la Virgen un regalo, un don con el que nuestras penumbras se iluminan y aclaran, como cuanto se empeña en vericuetos torcidos halla su cauce de rectitud cambiando el rumbo hacia la belleza y la verdad. María tiene esa cualidad de hacernos milagros sencillos, cotidianos, en la trama de la vida ordinaria, cambiando el agua insípida de nuestra tristeza en el mejor de los vinos generosos de espléndida solera.

Fui acompañado con un pequeño grupo de jóvenes sacerdotes y diáconos, y con los enfermos, los voluntarios y peregrinos pudimos beneficiarnos de esa gracia que desde hace 164 años tiene lugar en ese rincón mariano. Es famoso Lourdes por sus milagros, pero no son tantos los que como tales ha reconocido la Iglesia. Y, sin embargo, hay muchos milagros pequeños: esos que suceden a diario, casi con discreción anónima, pero con toda su hondura y su verdad. Tanto que, son los que propiamente abrazan mi vida allí donde se encuentra en las encrucijadas de la duda, del cansancio, del miedo, de la incoherencia, de la mediocridad o del pecado. Y es ahí, donde acontece el milagro.

Quise contar a nuestros enfermos, voluntarios y peregrinos lo que me sucedió en mi primera visita a Lourdes, cuando yo era un joven seminarista. Un joven matrimonio traía a su hijo pequeño en un cochecito de bebé. El niño tendría unos 4 o 5 años. La deformidad de su cuerpo te hacía mirar para otro lado, y los gritos desgarrados con los que se comunicaba de modo incomprensible, te rompían todos los cálculos. Le pregunté a la mamá: ¿qué venís a buscar a Lourdes? Ella me dijo sin dudar: el milagro. Y yo quedé bloqueado ante tamaño desafío, con un profundo pesar por si el milagro esperado no tuviera lugar. Así los acompañé durante todo el día rezando, visitando los lugares, pidiendo a la Virgen que actuara.

A la mañana siguiente, cuando nos despedíamos, el niño seguía igual. La mamá me dijo: “ha habido milagro, pero no en nuestro pequeño, sino en nosotros sus padres. La deformidad que nos espanta Dios la ve de otra manera, y este hijo no es un fallo divino, sino un verdadero regalo que tendrá vida eterna. El milagro no ha consistido en cambiar su figura según nuestros empeños o pretensiones, sino en cambiar nuestra mirada para ver en él un don del cielo y no una maldición censurada. Somos nosotros los ciegos ante una belleza oculta pero verdadera, cuando nos asomamos a ella desde los ojos de Dios”.

No he olvidado esa lección de teología, de humanidad, de verdadera esperanza. Lourdes es un valle de sonrisas, donde se secan siempre nuestras lágrimas.

+ Jesús Sanz Montes

Arzobispo de Oviedo

miércoles, 18 de mayo de 2022

La Nueva Creación

 

El autor del Génesis, inspirado por Dios nos narra así el inicio de la creación: "La tierra era caos, confusión y oscuridad por encima del abismo... Dijo Dios, hagamos la luz..." (Gen 1,3).

  Con la Fuerza de su Palabra Dios comenzó a crear el mundo. Sabemos que Dios escogió a Israel, testigo del poder de su Palabra, y que suscitó en sus profetas la promesa de una nueva creación. Veamos, por ejemplo: "He aquí que yo creo cielos nuevos y nueva tierra" (Is 65,17).

 Dios inicio está nueva creación en la encarnación, muerte y resurrección de su Hijo. Fijamos nuestra atención en el Calvario en el que se atisban los primeros resplandores de la nueva creación de Dios y constatamos asombrados el paralelismo entre lo que nos dice el autor del Génesis y lo que rodeó la crucifixión de Jesús. El caos más absoluto se apoderó de Israel hasta el punto de condenar al Mesías por quién tanto suspiraban y le condenaron por blasfemo... ¡Al Hijo de Dios! En vez de reconocerle le consideraron como la escoria del Pueblo Santo: He ahí el caos más absoluto; al caos le acompañó la oscuridad y la confusión provocados por un eclipse (Mt 27,45). 

 Por último, al "Hagamos la luz " de la primera creación se escucharon estás palabras del Crucificado: ¡Padre, perdóneles porque no saben lo que hacen! y… ¡En tus manos encomiendo mi Espíritu! En su resurrección Jesús dio comienzo a la creación del Hombre nuevo, rescatado por Él.

  El Hombre Nuevo del que nos habla Pablo (Ef. 4,23-24). Estos Hombres Nuevos mueren elevando a Dios las mismas palabras de su Maestro y Buen Pastor: ¡Padre en tus manos encomiendo mi espíritu! 

  

P. Antonio Pavía

 

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