jueves, 26 de febrero de 2026

FAST FOOD ESPIRITUAL

 



El inicio de la Cuaresma nos puede servir para revisar cuáles son las fuentes de nuestra propia espiritualidad. Al fin y al cabo, la Cuaresma es un retorno a lo esencial, un desierto en el que se hacen evidentes las principales verdades que dan fundamento a nuestra fe.

En la actualidad muchos gurús nos ofrecen una espiritualidad atractiva, reconfortante, inmediata, pero poco nutritiva para el alma. Paz sin conversión, solo para calmar la conciencia, una suerte de fast food espiritual. Más interesadas en hacernos sentir bien que en provocar el conflicto interior.

 

Mezclan autoayuda, psicología y cristianismo. Presentan el pecado como un bloqueo emocional. Su estilo de vida contrasta con el modelo de Cristo. La transformación rápida que nos ofrecen se contrapone al proceso de toda la vida que requiere la conversión cristiana.

La vida de fe no puede desvincularse de la condición humana, no puede quebrantar los tiempos, que son inherentes a nuestra fragilidad. El sufrimiento no se anestesia, se redime. El mal no se entierra, sino que se saca al descubierto. La espiritualidad no es solo experiencia subjetiva, sino también vida de Iglesia.

El combate cristiano no es autoafirmación, requiere reconocer el desorden interior, implica gracia divina y apertura humana. No es desprecio del mundo sino orden en el amor. Por eso Cristo no cede antes las tentaciones en el desierto cuyo motor es la tergiversación de la naturaleza humana, el abandono del camino del amor, el olvido de Dios.

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

 

martes, 24 de febrero de 2026

Seguir a Jesús

 



 Sígueme y te haré pescador de hombres (Mateo 4:19). Con estas palabras, Jesús nos hace una invitación que es tan sencilla como profunda. No nos pide que tengamos todas las respuestas ni que seamos personas perfectas; solo nos pide que caminemos con Él.

 Al decir "sígueme", Jesús nos invita a soltar nuestras "redes", que representan esas preocupaciones, miedos o rutinas que a veces nos mantienen estancados en el mismo lugar. Es un llamado a confiar en que Él sabe hacia dónde nos lleva. Lo más hermoso es que Él añade: "Yo te haré". Esto significa que nosotros no tenemos que fabricar el cambio por nuestra propia fuerza; es Su amistad y Su guía la que nos va transformando poco a poco en una mejor versión de nosotros mismos.

 Finalmente, el objetivo es convertirnos en "pescadores de hombres". Esto no es más que cambiar nuestra mirada: dejar de enfocarnos solo en nuestras propias necesidades para empezar a mirar con amor a quienes nos rodean. Ser un pescador de hombres es usar nuestra vida para "rescatar" a otros con palabras de aliento, con ayuda sincera y compartiendo la esperanza que hemos encontrado. En resumen, seguir a Jesús es el inicio de una aventura donde dejamos de vivir para lo pasajero y empezamos a vivir por lo que realmente tiene valor eterno: las personas.


 Joven a Joven

 

lunes, 23 de febrero de 2026

LO QUE DIOS TE INSPIRE

 


 Buenas tardes.

Hace 30 años, Antonio —a quien hoy recordamos llenos de su presencia— fundó, a su regreso de Ecuador, la Comunidad María Madre de los Apóstoles, de la que tengo el privilegio de formar parte y que hoy está aquí representada por unas 60 personas. Otras muchas, junto con Antonio, hermanos y hermanas, ya están en la Eternidad, en presencia de Dios.

Fuimos llegando progresivamente a lo largo de los años, casi todos llenos de heridas en el alma, heridas del mundo. Y aquí fuimos acogidos por los brazos de Antonio, que eran los brazos de nuestro Padre que está en los Cielos. Nadie quedaba excluido; no importaba nuestra vida anterior: todos éramos dignos del amor de Dios.

La Comunidad caminó como un pequeño grupo y, a partir del año 2000, cada fin de semana Antonio nos reunía en esta capilla, a la que nosotros acudíamos. No importaba si llovía o nevaba, o si el ardiente calor de Madrid trataba de retenernos en casa. Los sábados por la tarde partía para nosotros la Palabra de Dios y , como lluvia fina sobre nuestra alama, nos contagiaba su amor y  pasión por el Evangelio. Siempre fue consciente de que el Señor había tocado a esta Comunidad de una forma especial y única; decía que éramos la “niña de sus ojos”.

“Siempre hemos sido muy pobres”, repetía, “pero la fuerza de Dios hará que la Palabra que nos regala se extienda por el mundo entero”. Y así fue.

Con muy pocos medios, pero impulsada por la fuerza de Dios que Antonio nos transmitía, la Comunidad María Madre de los Apóstoles ha difundido la Palabra por el mundo entero a través de sus más de 30 libros, catequesis, escritos, reflexiones. Hoy día, comunidades de  países de Europa, Latinoamérica, Estados Unidos, Canadá e incluso Japón escuchan su Palabra.

Hoy podemos decir que este milagro no habría sido posible sin nuestro Pastor, Antonio Pavía, que entregó su vida a contarle y cantarle al mundo la maravillosa esperanza a la que hemos sido llamados. Nos enseñó a sentir la urgencia de salir cada día a “gritar por Cristo”, como decía la escritora francesa Madeleine Delbrêl, una de sus autoras favoritas.

Cuántas veces nos llamaba a cada uno entre semana para contarnos que había tenido una inspiración o encontrado un camino nuevo de evangelización en cualquier parte del mundo. Ni siquiera somos capaces de saber en cuántos grupos se difunden sus escritos por todos los continentes.

Antonio nos acogió y nos guió. Fue nuestro padre espiritual. Nos mostró una forma única de conocer a Jesucristo a través de su Evangelio, de comprender el perdón, de confiar plenamente en que de la escucha de la Palabra nace la verdadera transformación del corazón.

Nos enseñó a conocer a Jesucristo desde su misericordia y su amor infinito; nos enseñó a orar y a hablar con Él; nos transmitió la pasión de san Pablo y la humanidad de san Pedro —a quien tanto amaba—; nos acercó a los profetas Isaías y Jeremías; nos enseñó a rezar con los Salmos, como hacía Jesucristo; nos mostró cómo el camino del pueblo judío en el Antiguo Testamento es el camino de todo hombre que camina hacia Dios. Nos descubrió la belleza de la Virgen en su guardar y meditar la Palabra como primera discípula y nos llevó de la mano a compartir su pasión infinita por el Evangelio.

Salíamos cada sábado, de cada retiro, con el corazón encendido, dispuestos a anunciar el Evangelio recibido por el mundo entero: cada uno desde sus posibilidades, pero todos con esa voluntad misionera que Antonio nos transmitía incansablemente.

Decía muchas veces: “No importa si estáis en una residencia de ancianos, con el cuerpo impedido; desde una mirada se puede llevar a Dios a los hombres”.

Escucharle era como entrar en diálogo con Dios; sus palabras parecían tocar el punto más íntimo del alma, allí donde anhelábamos escuchar la voz del Señor. Nadie que haya escuchado a Antonio partir la Palabra se ha quedado impasible, porque detrás de su voz Dios resonaba y se hacía presente en Espíritu y en Verdad.

Seguidor de san Francisco —Asís fue un lugar muy importante para la Comunidad—, nos hablaba siempre de huir de la gloria propia y aspirar únicamente a la gloria de Dios, donde él, sin duda, habita ya. Y porque nunca permitió que le diéramos gloria —“no miréis a vuestro Pastor”, decía; “yo no valgo nada; mirad la Vida que tiene la Palabra que os parto por gracia de Dios”—, es ahora, que ya nos acompaña desde el Cielo, cuando podemos decir bien alto que Dios está multiplicando su obra por el mundo entero.

Cuántas veces, mientras predicaba, levantaba la mirada apenas un instante hacia el cielo… y todos sentíamos la presencia de Dios en esta capilla. Antonio tenía una conexión especial con Dios; se sentía profundamente amado por Él, y su ansia por acercarse era tan grande que incluso profundizó en el aprendizaje del griego para ir a la fuente del significado de cada palabra del Evangelio. Nunca se conformaba con la traducción y, como gran buscador, escudriñaba la Palabra hasta descubrir el verdadero sentido que Dios quiso dar a cada término en boca de su Hijo, Jesús.

Ahora, esta Comunidad que ha quedado un poco huérfana —al menos hasta que aprendamos a vivir sin su presencia física, sin su risa… ¡Madre mía, cuánto nos reíamos con él! —, esta Comunidad, decía, tiene el deber y la urgencia de continuar su camino, de seguir llevando la Palabra de Dios al mundo entero.

Esperamos contar con la ayuda de la familia Comboniana, donde Antonio vivió y creció en la fe; la familia Comboniana que acogió a esta Comunidad y en la que se creó y gestó. Pero también contamos con vosotros, su familia y sus amigos en la tierra, para continuar la labor que él comenzó.

Aprenderemos, estoy segura, a tenerle tan cerca como antes, cuando el dolor dé paso a la calma.

Como sé que me está escuchando, quiero pedirle que no nos deje —aunque estoy segura de que no lo hará—; que nos muestre el camino con claridad; que nos conceda fortaleza y amor para continuar su misión; que se haga presente en nuestro caminar, porque lo necesitamos.

Hemos sido con él partícipes de un milagro de Dios, y queremos llegar al final de nuestros días respondiendo fielmente a la llamada del Padre que Antonio nos anunció.

¡Bendito sea Dios!

 

Olga Alonso

Comunidad Maria Madre de los Apóstoles

 

domingo, 22 de febrero de 2026

SOLO TEN FE

 



 

Caminar por fe no significa que el camino sea fácil; significa que confías plenamente en el guía. La Biblia lo resume perfectamente en 2 Corintios 5:7: "porque por fe andamos, no por vista". Esto es un reto constante porque nuestros ojos físicos están programados para enfocarse en los obstáculos, en la tormenta o en la falta de recursos, pero la fe nos invita a mirar a Aquel que está por encima de las circunstancias.

Cuando el camino se pone difícil, es fácil sentir que estamos solos, pero es ahí donde la fe pasa de ser una teoría a ser nuestra mayor fortaleza. No se trata de ignorar la realidad del dolor o la incertidumbre, sino de reconocer que Dios es más real que el problema. Como dice Isaías 40:31, caminar en fe nos permite avanzar sin desmayar, no por nuestras propias fuerzas, sino porque estamos sostenidos por Sus promesas. Al final, la fe no requiere que veas toda la escalera, solo que te atrevas a dar el siguiente paso con la certeza de que Quien te llamó es fiel para sostenerte hasta el final.

 

Joven a Joven

 

sábado, 21 de febrero de 2026

LAS TENTACIONES



 En el silencio del desierto donde el viento desnuda el corazón y la arena guarda los pasos de Dios, el hombre escucha su propia sed.

 Allí, donde no hay aplausos ni distracciones que adormezcan el alma, aparecen las voces antiguas: la promesa fácil, el poder sin cruz, el pan sin confianza.

 La tentación susurra: “Llena el vacío con lo inmediato, adórame y te daré caminos cortos, olvida quién eres.”

 Pero en lo hondo resuena otra voz, suave como brisa de madrugada: “No sólo de pan vive el hombre, sino de cada palabra que nace del Amor.”

 Cuaresma es desierto fecundo, es aprender a elegir la luz cuando el mundo brilla con espejismos. Es dejar caer las máscaras y descubrir que la verdadera fuerza nace de confiar.

 Hoy también somos tentados: por la prisa que roba el alma, por el ruido que apaga la oración, por el brillo que promete felicidad y deja vacío.

Y sin embargo, Cristo camina a nuestro lado, ayunando con nosotros, mostrándonos que la libertad no se compra ni se impone: se recibe.

 Que este primer domingo abra en nosotros un camino interior, donde cada renuncia sea semilla, cada lucha, encuentro, y cada desierto, promesa de Pascua.

 Porque en medio de la tentación late una certeza: Dios no abandona al que busca, y el corazón que persevera encuentra agua viva en la arena.

 Javier Leoz

 


jueves, 19 de febrero de 2026

THERIANS, LA BÚSQUEDA DE LA TRASCENDENCIA

 



 En las últimas semanas se ha popularizado en las redes sociales una moda que se está focalizando en Hispanoamérica, especialmente en Argentina y Uruguay, aunque su origen está en los años noventa y tiene comunidades estables en Europa. Como tarde o temprano todo nos llega, ¡bendita globalización¡, no está de más que estemos un poco advertidos de las características de esta nueva comunidad.

Me refiero a los “Therians” o personas que sienten una fuerte conexión con el instinto animal que puede llegar a manifestarse en su forma de vestir o de caminar. En determinados momentos pueden sentirse impulsados a comportamientos propios del animal con el que se sienten conectados tales como correr, marcar territorio o sentir que se poseen miembros propios del animal como las alas o la cola.

Puede parecernos algo extravagante o anecdótico, pero como en casi todo, no hay ningún comportamiento humano que no tenga una raíz más profunda o exprese alguna inquietud que late de forma casi inconsciente en el alma de cada individuo. No pretendo aquí hacer un análisis exhaustivo de la situación. Creo que me basta con la sentencia de Chesterton: «Cuando la gente deja de creer en Dios, no es que no crean en nada, es que creen en cualquier cosa».

La reflexión ha sido subvertida por el deseo provocando la evasión de aquello que precisamente nos hace propiamente humanos: la razón que se sobrepone al instinto. Hay una sed humana de pertenecer, de trascender los límites ordinarios, de sentir que la vida no son solamente rutinas, consumo y expectativas sociales. Al sustituir las grandes preguntas por las respuestas rápidas, el alma sigue buscando caminos alternativos para expresar su hambre de significado.

Esta moda, como tantas otras, expresan una misma verdad: el ser humano no se conforma con lo inmediato. Quiere pertenecer, quiere significado y trascendencia. Cuando los anhelos no van a lo profundo, se quedan en la superficie y terminamos inventando símbolos que nos recuerdan que estamos hechos para más. Este inicio de Cuaresma nos devuelve al origen de nuestra vocación, somos polvo en el que Dios ha insuflado su vida y más que multiplicar identidades hemos de redescubrir que somos sus hijos.

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

 

miércoles, 18 de febrero de 2026

¿Te animas a probar este ayuno?

 



Esta Cuaresma quizá el ayuno más difícil no sea el de la comida.

 Puede que sea el de las palabras.

El Papa León XIV propone vivir la Cuaresma como un camino para volver a poner a Dios en el centro. Escuchar y ayunar van juntos: escuchar para salir del ruido, ayunar para vaciar el corazón de aquello que impide amar.

El ayuno no trata solo de renunciar a algo material. Es aprender qué hambre llevamos dentro. Es ordenar deseos. Es abrir espacio para Dios y para los demás.

 Y aquí llega una propuesta muy concreta:

el ayuno de las palabras.

Ayunar del juicio rápido.

Ayunar de la crítica constante.

Ayunar de hablar mal de quienes no están presentes.

Ayunar de palabras que hieren o dividen.

 Vivimos en un mundo que nos empuja a opinar rápido, a reaccionar sin escuchar, a corregir antes de comprender. Pero muchas veces la conversión empieza en la lengua.

 Una palabra puede destruir.

Y una palabra puede sanar.

 Este ayuno no busca silencio vacío. Busca un corazón más libre. Un lenguaje más humilde.

  Una mirada más misericordiosa.

Tal vez el reto de esta Cuaresma sea sencillo y profundo a la vez:

Hablar menos para amar mejor.

 Criticar menos para comprender más.

Juzgar menos para dejar que Dios actúe.

Cuando cambia el modo de hablar, cambia también el corazón.

¿Te animas a probar este ayuno?

 

Jesús Silva