Como colofón a esta serie hablamos de los Discípulos de Jesús de todos los
tiempos.
Hacemos hincapié en los actuales,
que al igual que los que nos precedieron, estamos llamados a ser la Luz de
Jesús entre los hombres (Mt 5,14 ). Esta misión que nos enlaza con el mismo
Jesús, Luz del mundo (Jn8,12) Él es la Palabra del Padre que, como tal, ilumina
a todo hombre de este mundo. (Jn 1,9).
Como Discípulos suyos, Jesús nos
envía a un mundo que ama más las tinieblas que la Luz (Jn 3,19...) Por eso nos
dice: "Id al mundo entero y haced discípulos a todas las gentes..." (Mt
28,18-20).
Id y haced saber a todos, que hay
más vida que la que ellos buscan incansablemente; decidles que "Yo soy el
Camino, la Verdad, y la Vida"(Jn 14,6). No tengáis miedo... os despreciarán, incluso os perseguirán, pero yo, que soy vuestro Buen Pastor,
jamás os soltaré de mi mano.
La persecución del mundo a los discípulos de Jesús es fruto del fracaso que
supone vivir sin Trascendencia. Por mucho que alguien sea agasajado, el paso de
los días, es como un toque de campana que muy a su pesar, le recuerda que
está viviendo en una burbuja atractiva, y con fecha de caducidad. Un Discípulo
de Jesús, no odia a nadie, ofrece con su forma de vivir y hablar una respuesta a
ese ir hacia ninguna parte. No odiamos, ni siquiera juzgamos, huimos de
cualquier viso de superioridad y cuando alguien nos pide respuestas, que ellos
no tienen, les ofrecemos la respuesta en la que nosotros encontramos el
descanso de nuestros anhelos, el reposo de nuestra alma inquieta por
naturaleza...les hablamos con inmensa misericordia del Evangelio de Jesús, de
sus palabras que tienen Espíritu y Vida (Jn 6,63 b).
Si ven que "estamos vivos"
gracias al Evangelio que les ofrecemos, algunas huellas de Dios hemos sembrado
en sus almas.
P. Antonio Pavía
comunidadmariamadreapistoles.com