Está terminando el curso, el que más y el que menos tiene previsto alguna escapada a una playa cercana o a un lugar del que le han hablado para poder desconectar o cambiar el ritmo. Sin embargo, siempre sentimos una cierta incomodidad cuando “no estamos haciendo nada”.
Deberíamos preguntarnos: ¿descanso de algo, o descanso para
algo? Buena parte del cansancio que llevamos acumulado proviene del hecho de
que concebimos el descanso como una mera forma de recuperar fuerzas para volver
a producir. Como cuando recargamos la batería del móvil y dejamos de usarlo
durante unas horas. Al pensarlo así, el descanso queda atrapado dentro de la
lógica del trabajo y se convierte en su sirviente, no en su sentido.
En esto también deberíamos también introducir los católicos una
diferencia. Dios no descansó el séptimo día porque estuviera cansado de
trabajar, sino porque la creación merecía ser contemplada. Las vacaciones no
son una pausa funcional, sino el momento de disfrutar de todo lo que se ha
hecho, de sentirnos satisfechos por haber sacado adelante, una vez más, tanta
lucha.
Josef Pieper, uno de los grandes filósofos del s. XX, declaraba
que el ocio no es simplemente ausencia de actividad, sino la forma más alta de
actividad, la acción que nos permite recibir la realidad y no solo manipularla.
Se trata de darle la vuelta a todo, pues el descanso es
encuentro con la creación, con los demás y, por supuesto, con Dios. No es
ensimismamiento de pantallas, compras o tareas pendientes que, a corto plazo,
nos dejarán igualmente vacíos e igualmente agotados, porque no hemos encontrado
nada ni nadie y, en cambio, hemos llenado nuestro tiempo de una forma más
banal. Más bien se trata de un ocio contemplativo.
Por ello, sabiendo que muchos estamos buscando ahora unos días
de descanso, propongámonos que este no esté vacío, sino dirigido. Miremos sin
prisa, oremos sin reloj, estemos con alguien sin agenda, busquemos el encuentro
que nos satisfaga… en definitiva, dejemos de preguntarnos “¿para qué sirve
esto?” e intentemos responder la pregunta: “¿qué es esto, en realidad?”
Cuando somos capaces de verlo así, incluso la misa del domingo
adquiere otro sentido, no interrumpe el descanso, sino que es el momento para
reconocer que no todo depende de nuestras fuerzas. La cuestión es dejar de
descansar “de algo” y descansar “para algo”, mejor, “para Alguien” que sale a
nuestro encuentro mientras no hacemos nada. ¡Felices vacaciones!
Jesús Martín Gómez
Párroco de Vera






