Eduardo Sanz
de Miguel, ocd
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sábado, 3 de octubre de 2026
DIOS ES MI AMIGO, EL VIÑADOR, EL QUE ME CUIDA DE SOL A SOL. Domingo 27 del tiempo ordinario, ciclo "a".
jueves, 1 de octubre de 2026
PROTESTAR, PERO POQUITO: Entre la vivienda y la propiedad
La
crisis de la vivienda en España ha quedado al descubierto durante los últimos
días. Las protestas que ha provocado el desalojo de Maricarmen han manifestado
que existe un problema real en la sociedad española. Entre las múltiples
noticias, una me ha llamado especialmente la atención, “los protestones” de la
Puerta del Sol se han quejado del sonido de las campanas del reloj.
Estamos ante una “protesta 2.0”. La polémica por las campanas de
la Puerta del Sol va más allá de la anécdota para convertirse en la metáfora de
una época que quiere protestas visibles, contundentes, capaces de alterar la
normalidad, pero siempre dentro de una burbuja de comodidad. Protestar, sí;
pero incomodarnos, poquito.
Vivienda, ocupaciones, desalojos… detrás de los conceptos y las
luchas políticas están los que necesitan una casa y los que han invertido sus
ahorros en una propiedad. Como siempre, la tendencia es simplificar. La Iglesia
defiende el destino universal de los bienes, es decir, que están destinados al
conjunto de la humanidad. También defiende que existe el derecho de toda
persona a vivir de forma digna, pero esto, no convierte la propiedad privada en
un derecho ilegítimo.
La propiedad tiene una función social y es un derecho que debe
ser protegido. Esto no convierte al propietario en un malvado especulador, ni
transforma al necesitado en un problema que deba ser apartado de nuestra vista.
No es razonable convertir a quien posee un piso en responsable directo de
solucionar un fallo estructural que corresponde remediar a los poderes
públicos. No se trata de hacer cargar a un débil con las necesidades de otro
débil.
Entre ambos derechos no puede haber una batalla de buenos contra
malos. El derecho a la vivienda requiere respuestas públicas eficaces; y el
derecho a la propiedad exige seguridad jurídica, de forma que el propietario no
quede abandonado ante una situación que no ha creado. La sociedad justa
consiste en que se repartan responsabilidades, se proteja al más vulnerable y
se respete a quien, legítimamente, tiene algo que perder.
Jesús Martín Gómez
Párroco de Vera
sábado, 26 de septiembre de 2026
HIJO, ¡VE A TRABAJAR A MI VIÑA! Domingo 26 del Tiempo Ordinario, ciclo "a".
Lo tenía muy claro santa Teresa de Jesús, que escribió: "Cuando yo encuentro almas muy ocupadas en entender la oración que tienen y muy encapotadas cuando están en ella (que parece que no se atreven a moverse ni a menear el pensamiento para que no se les vaya un poquito del gusto y devoción que han tenido, y piensan que allí está todo el negocio), entonces veo lo poco que entienden del camino que lleva a la unión. Que no es eso, hermanas, que lo importante son las obras [y no solo los hermosos pensamientos]. Lo que quiere el Señor es que, si ves a una enferma a la que puedes dar algún alivio, no te importe perder esa devoción y te compadezcas de ella; y si tiene algún dolor, que te duela a ti; y si es necesario, que tú ayunes para que ella coma, no tanto por ella, como porque sabes que tu Señor lo quiere. Esta es la verdadera unión con su voluntad" (5 Moradas 3,11).
Eduardo Sanz
de Miguel, ocd
jueves, 24 de septiembre de 2026
LA RISA: RECUPERAR LA ALEGRÍA DE CREER
Cuando Guillermo de Baskerville descubre que el
causante de las muertes de la abadía es un libro que causa la risa de los
monjes, comienza un diálogo con el anciano monje, Jorge de Burgos. Estoy
hablando de la célebre novela “El nombre de la Rosa” (Umberto Eco, 1980) y
espero no estar haciendo spoiler
a nadie. Si es así, dejen de leer estas líneas y salten al siguiente párrafo.
El auténtico problema del venerable Jorge era la risa, porque según él: «La risa acaba con el miedo. Sin miedo no hay
fe. Porque sin miedo al diablo, no se necesita a Dios».
Al contrario de lo que pensaba
el Venerable Jorge, la
risa no entorpece a la espiritualidad. Depende de dónde brote, pero cuando sus
fuentes son la alegría, la humildad y el amor, la risa es, sin duda alguna, la
expresión más sencilla de la vida abundante que propone el evangelio. Ya lo
dice el Eclesiastés: «hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír» (3,4) En
la vida de fe hay momentos de silencio, reflexión y seriedad; pero también los
hay para reírse, disfrutar o hacer bromas. Porque la vida no es solo para
soportarla, también está para disfrutarla.
Seriedad y madurez espiritual no son sinónimos. No es compatible
llevar a Dios en el corazón y ser incapaces de mantener una conversación
sencilla. La idea es vivir nuestra humanidad delante de Dios. Para ello es
necesario también diferenciar entre aquel humor que une y aquel que destruye,
entre las bromas que crean complicidad y las que humillan. Porque nuestro humor
también revela cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo vemos a los demás.
Una virtud cristiana es saber reírse de uno mismo. Todos hemos
metido la pata o hemos hecho algo de lo que después nos hemos reído. Aprender a
reconocer nuestras propias limitaciones nos ayuda a vivir con humildad. No
necesitamos presentar frente a los demás una imagen perfecta de nosotros
mismos, esto sería excesivamente arduo, es preferible no tomarnos demasiado en
serio.
Así la alegría y el buen humor también se convierten en una
forma de testimonio. Porque quien vive con esperanza ha aprendido a vivir de
una forma diferente, sin fingimiento. Una comunidad donde las personas pueden
compartir una comida, contar una anécdota, reírse juntas y disfrutar de la
compañía, es una auténtica familia, expresión gozosa del Evangelio que se hace
vida.
Jesús Martín Gómez
Párroco de Vera
sábado, 19 de septiembre de 2026
A JORNAL DE GLORIA NO HAY TRABAJO GRANDE. Dom. XXV T.O. ciclo "a"- Mateo (20,1-16).
Dios es generoso con todos. El problema es que a veces nos pasa como a los jornaleros llamados a primera hora de la mañana, que queremos que nos trate bien a nosotros, pero no nos gusta que trate bien a los demás, a los que pensamos que lo merecen menos. Recordemos siempre que "a jornal de gloria no hay trabajo grande".
jueves, 17 de septiembre de 2026
LA SANTA ALEGRÍA DE PERDERSE COSAS.
Si hace algún tiempo aparecía en nuestras vidas la expresión “FOMO” (fear
of Missing Out), como sinónimo del miedo a perderse algo, ahora ha llegado
hasta nosotros la expresión “JOMO” (Joy of Missing out), la alegría de perderse
cosas.
Porque estar en todo, conocer todas las novedades, vivir todas las
experiencias responder a todas las invitaciones, al final, cansa. Por ello es
necesario aprender a elegir aquello que corresponde con nuestra vocación.
Perderse algo no es quedarse fuera de la vida, sino que puede ser estar
exactamente donde Dios quiere que estemos.
Quizá esta nueva tendencia es una manera de vivir el desprendimiento. Decir
no a planes, contenidos, compras, modas no porque sean malos, sino porque, en
palabras del Apóstol, todo me es lícito, pero no todo
me conviene (1 Cor 10, 23). Como veíamos hace unos meses, en el
fondo late nuestra obsesión por controlarlo todo mientras estamos ausentes.
Asumamos el reto de ganar en presencia, recuperar la capacidad de estar por
completo con una persona, en una tarea, durante la comida o la oración. En este
sentido, también deberíamos recuperar el domingo como un día para centrarnos en
lo esencial.
Alguien que mira desde fuera puede pensar que la misa te quita el tiempo,
pero quien la vive desde dentro descubre que también te ayuda a ordenar el
tiempo al recordarnos para qué vivimos. Acudir a misa nos hace entender que hay
presencias que merecen que todo lo demás espere.
Jesús Martin Gómez
Párroco de Vera
sábado, 12 de septiembre de 2026
Dom. XXIV T.O. Ciclo A EL PERDÓN SETENTA VECES SIETE.
Eduardo Sanz de Miguel, ocd






