FERMENTO DE UNA VIDA MÁS HUMANA
A los que esperan de él la puesta en marcha de un movimiento contundente y
arrollador, capaz de terminar con otras corrientes y alternativas, Jesús les
habla de una acción de Dios más humilde y respetuosa. El mundo es un campo de
siembras opuestas. Y el reino de Dios crece ahí, en la densidad de esa vida a
veces tan ambigua y compleja.
Ahí está Dios salvando al ser humano. En esos comportamientos colectivos,
animados unas veces por grandes ideales y otras por oscuros egoísmos. En esos
mil gestos que hacemos cada día y donde se mezcla la generosidad con las
mezquindades más inconfesables.
A quienes esperan el despliegue de algo espectacular y poderoso, Jesús les
habla de un reinado de Dios más sencillo y discreto. Algo que no está hecho
para desencadenar movimientos grandiosos de masas. El reino de Dios está ya
actuando, pero al modo de un grano de mostaza minúsculo y casi irrisorio que
germina con humildad, o como un trozo imperceptible de levadura que se pierde
en la masa fermentándola desde dentro.
Al reino de Dios no le abriremos camino lanzando excomuniones sobre otros
grupos, partidos o ideologías, ni condenando todo lo que no coincide con
nuestro pensamiento. No lo implantaremos en la sociedad concentrando grandes
masas o logrando el aplauso pasajero de las muchedumbres.
El reino de Dios es un «fermento de humanidad» y crece en cualquier rincón
oscuro del mundo donde se ama al ser humano y donde se lucha por una humanidad
más digna. Al reino de Dios le abriremos camino dejando que la fuerza del
evangelio transforme nuestro estilo de vivir, amar, trabajar, disfrutar, luchar
y ser.
José Antonio Pagola






