Hemos de escucharle con los oídos
del alma, como decía San Agustín. Leer y estudiar la Biblia en plan académico
está bien, pero es insuficiente para encontrar "al Dios vivo" entre
sus páginas. La Vida que rebosa en la Palabra, tiene su hábitat natural en
nuestra alma, que, al llenarse de la Vida propia de la Palabra de Dios, se
encuentra a sí misma y en su fecundidad, engendra el Discipulado. Es entonces
cuando se cumple en nosotros la Bellísima Noticia que nos anuncia San Pablo:
"El que está en Jesucristo, es una nueva creación " (2 Co 5,17).
Dicho esto, puntualizamos que cuando
ores con la Palabra de Dios, por ejemplo, con un Salmo, hazlo como si en ese
espacio de tiempo no existiese nadie más que el Señor Jesús y tú. Él es el
único Maestro que te puede enseñar a " partir la Palabra".
P. Antonio Pavía
comunidadmariamadreapostoles.com

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