En una época marcada por
la prisa y la saturación de ofertas, el discernimiento se vuelve más necesario
que nunca. No es solo una herramienta espiritual para tomar decisiones, sino
una actitud interior que protege el corazón de una de las tentaciones más
silenciosas y destructivas: la codicia. Discernir es elegir con libertad; la
codicia, en cambio, es quererlo todo sin medida, y por eso termina en parálisis
del alma.
El
discernimiento nace de la escucha de Dios y conduce a la claridad. Permite
reconocer qué caminos conducen a la vida y cuáles, aunque atractivos en
apariencia, terminan vaciando el espíritu. Quien discierne aprende también a
renunciar. Y esa renuncia no es pérdida, sino crecimiento: descartar opciones
superficiales abre espacio para lo esencial. Como enseña el Evangelio, “donde
está tu tesoro, allí estará tu corazón”; discernir ayuda precisamente a
descubrir cuál es ese verdadero tesoro.
La
codicia, por el contrario, genera confusión interior. Querer acumular
experiencias, bienes, reconocimiento o poder impide elegir con paz. El corazón
se dispersa, la voluntad se debilita y la persona queda atrapada en una
insatisfacción constante. La codicia promete plenitud, pero entrega ansiedad;
promete libertad, pero produce dependencia. Allí donde domina, el
discernimiento se oscurece, porque ya no se busca la voluntad de Dios, sino la
propia conveniencia.
Discernir
es, por tanto, un camino de madurez. Educa el deseo, ordena las prioridades y
fortalece la identidad cristiana. Ayuda a crecer en libertad interior y a vivir
con coherencia, sin dejarse arrastrar por las modas o por la presión del
entorno. La persona que discierne permanece fiel a su vocación.
Discernir
es la clave para no desaparecer, para no diluirse, para vivir de verdad. El
discernimiento es una llamada urgente a elegir profundidad en lugar de
dispersión, libertad en lugar de apego, sabiduría en lugar de impulso. Porque
solo quien aprende a discernir con el corazón anclado en Dios puede crecer, dar
fruto y permanecer en la verdad.
Jesús
Martín Gómez
Párroco
de Vera

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