Los
caminos por los que Dios se hace presente son muchas veces inverosímiles. En el
grupo de catecúmenos había quien en su momento recibió toda la formación
necesaria, pero una situación familiar los había retirado de la Iglesia; había
quien se sentía débil por el peso de la enfermedad y quería acercarse más al
Señor; también quien se había dejado guiar por un familiar que lo animaba a
enmendar su vida y ordenarla para vivir cristianamente.
Tanta
riqueza como vidas que han encontrado su lugar en la Iglesia, la comunidad de
los creyentes, el Cuerpo de Cristo. A los sacerdotes nos toca simplemente ser
testigos de esta riqueza y cuidarla, no ser nunca los protagonistas, pues la
acción misionera no es nuestra, sino que está guiada por Alguien que sabe más
que nosotros. Esta es la sacralidad de cada comunidad de la que nos hablaba el
Papa León en la homilía de la misa crismal. Una
sacralidad – decía el Papa- que
nos trasciende por todas partes y que se vulnera cuando nos comportamos como
dueños de los lugares y de la vida ajena (Homilía de la misa
crismal, 2 – abril-2026).
La
mentalidad clerical nos lleva a querer dominar algo que no nos pertenece, sino
que es una historia preciosa que el Señor va escribiendo con cada uno. En todo
caso, nosotros estorbamos cuando queremos que todo se ciña al modelo que
conocemos, que las cosas se plieguen a nuestros deseos, cuando no nos damos
cuenta de que el Señor siempre nos lleva la delantera y está trabajando ya en
los corazones de personas que ni siquiera podemos imaginar.
Tristemente
hemos transmitido esa mentalidad clerical a muchos de nuestros colaboradores,
como si el ministerio o la misión, el cargo, fuera mando y no servicio. Nos
toca estar atentos, más que atentos, disponibles. Disponibles para las
personas, pero sobre todo disponibles para Dios que nunca dejará de
sorprendernos.
Jesús
Martín Gómez
Párroco
de Vera

No hay comentarios:
Publicar un comentario