Movimientos,
universidades, medios de comunicación, la sede del episcopado o los tan
recurrentes laboratorios de ideas (think tanks), que proliferan como forma de
comunicación entre jóvenes, todo ello ha convertido a Madrid en el centro de la
vida religiosa en España. Da la sensación de que lo que ocurre allí es la
Iglesia Católica en España. Sin embargo, la experiencia religiosa española
nunca ha sido exclusiva ni principalmente madrileña.
La
centralidad política y mediática ha creado una especie de ilusión de
representatividad. Basta salir de la capital para encontrarnos con una realidad
plural y territorial, que desmonta esta ilusión. Un vasto territorio donde la
fe no se articula alrededor de debates ideológicos o estrategias de influencia
cultural o política. Una fe vivida desde las costumbres, los vínculos
comunitarios, la tradición familiar. Una fe ligada al paisaje humano, una fe
llena de riqueza y, por qué no decirlo, fe “pagana” en su sentido original.
Fiestas
patronales, funerales, procesiones… son religiosidad menos doctrinal pero más
vinculada a las personas e integrada en la vida ordinaria. Las cofradías, la
devoción por la Virgen – la de mi pueblo, claro- o la Semana Santa contienen
una forma de pertenencia vinculada a la transmisión cultural preñada de
espiritualidad. Hay teología en esa manera pública y corporal de vivir la fe.
Una fe que se comparte colectivamente y que convierte el espacio público en una
extensión del templo.
El
actual foco mediático sobre Madrid nos hace perder de vista que la Iglesia en
España siempre ha sido policéntrica. Los distintos territorios que conforman
nuestra geografía nos demuestran que la fe es católica precisamente porque
adopta formas diversas según el lugar desde el que se vive. El catolicismo de
un barrio acomodado de Madrid no expresa las mismas preocupaciones o la misma
sensibilidad que el de una parroquia rural de la Alpujarra o una hermandad
sevillana.
Esas
formas, que podríamos considerar periféricas, son las que mantienen viva la
dimensión comunitaria de la fe, alejadas de la intelectualidad o la
polarización política. En ellas la fe sigue entretejida en lo cotidiano, aunque
carezcan de una articulación perfecta de los postulados teológicos.
España
también reza más allá de la M30, reza desde aldeas vacías, en plazas llenas de
fieles que esperan ver salir a su cristo o su virgen, desde santuarios a los
que vamos en romería y desde parroquias de barrio que apenas ocupan espacio en
la conversación pública. Solo si aceptamos esta pluralidad entenderemos qué es
realmente el catolicismo español.
Jesús
Martín Gómez
Párroco de Vera

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