lunes, 13 de abril de 2026

HIMNO DE PASCUA.

 




 Alegría, alegría, alegría. Este poema pascual condensa, con lenguaje sencillo y simbólico, el núcleo del misterio cristiano: la victoria de la vida sobre la muerte.

«¡Alegría!, ¡alegría!, ¡alegría!» Desde el primer verso resuena el tono propio de la Pascua. La repetición es una proclamación jubilosa: el gozo cristiano nace del acontecimiento inaudito de la resurrección de Cristo. La muerte, que parecía definitiva, «va malherida» y «de vencida». No ha desaparecido todavía del mundo, pero ha perdido su dominio. Los sepulcros quedan «desiertos», porque la tumba ya no es la última palabra sobre el destino humano.

«Quien le lloró muerto lo encontró en el huerto». El poema evoca con delicadeza la escena evangélica de María Magdalena en el huerto la mañana de Pascua. La mujer que había venido a llorar a un muerto descubre al Viviente. Primero cree ver a un jardinero, pero esa intuición encierra una verdad más profunda de lo que ella misma imagina: Cristo resucitado es, en cierto modo, el jardinero de la nueva creación. Así como el primer jardín de la humanidad fue escenario del pecado, ahora el huerto de la resurrección inaugura una creación renovada. Aquel que fue visto «colgar del madero» aparece ahora como el que hace florecer «rosas y olivos», signos de belleza, vida y paz.

«En el cielo se canta victoria». En la última estrofa el horizonte se ensancha todavía más. Las «puertas selladas» que son derribadas evocan tanto el sepulcro abierto como las puertas del cielo. La Pascua no es solo el triunfo personal de Jesús sobre la muerte; es también la apertura definitiva del destino humano. Aquellas «muchas moradas» de las que habla el evangelio ya no están cerradas para el hombre: el Resucitado ha entrado en ellas y ha llevado consigo a la humanidad.

El poema, por tanto, no solo canta un acontecimiento pasado, sino que anuncia una realidad presente y una esperanza futura. Porque Cristo ha resucitado, el dolor puede transformarse en alegría, el llanto en anuncio y la muerte en paso hacia la vida. La Pascua convierte a los creyentes en mensajeros de esta noticia: decid a los muertos, decid a los vivos… ¡ha renacido la Vida!

¡Alegría!, ¡alegría!, ¡alegría!

La muerte, en huida,

ya va malherida.

Los sepulcros se quedan desiertos.

Decid a los muertos:

«¡Renace la Vida,

y la muerte ya va de vencida!»

Quien le lloró muerto

lo encontró en el huerto,

hortelano de rosas y olivos.

Decid a los vivos:

«¡Viole jardinero

quien le viera colgar del madero!»

Las puertas selladas

hoy son derribadas.

En el cielo se canta victoria.

Gritadle a la gloria

que hoy son asaltadas

por el hombre sus «muchas moradas». Amén.

 

Eduardo Sanz de Miguel, ocd

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