jueves, 2 de julio de 2026

HIMNO MARIANO

 



  Este himno mariano, propio de la tradición carmelitana, condensa en un rico lenguaje bíblico y poético la espiritualidad de la Orden. En él, la Virgen María es contemplada con imágenes tomadas de la Sagrada Escritura y de la liturgia: flor del Carmelo, vid fecunda, estrella del mar, azucena inmaculada, nueva Judit y puerta del paraíso. Cada estrofa expresa la confianza filial de los y las carmelitas en aquella que consideramos Madre, Hermana y Reina de nuestra familia religiosa. Al invocarla como guía en las noches oscuras y protectora bajo el santo escapulario, el himno recuerda que María acompaña el camino de los creyentes hasta conducirlos al encuentro definitivo con Cristo.

Blanca flor del Carmelo,

vid en racimo,

celeste claridad,

puro prodigio

al ser, a una,

Madre de Dios y Virgen:

¡Virgen fecunda!

 

Madre, que florecida

del Enmanuel,

atesoras intacta

la doncellez;

estrella, guía

de los rumbos del mar,

sé nos propicia.

 

Vástago de Jesé,

vara profética

que el Hijo del Altísimo

das en cosecha;

Madre, consiente

que vivamos contigo

ahora y siempre.

 

Azucena que brotas

inmaculada

y te yergues señera

entre las zarzas;

devuelve, Virgen,

nuestra frágil arcilla

a su alto origen.

 

Ponnos, nueva Judit,

para la lucha

tu santo Escapulario

como armadura;

con tu vestido

cantaremos victoria

del enemigo.

 

Bajo noches oscuras

navega el alma,

enciende tú los rayos

de la esperanza,

y sé el lucero

que lleve nuestra nave,

segura al puerto.

 

Señora, desde siempre

los carmelitas

nos tenemos por hijos

de tu familia,

y confiamos

que un día nos acojas

en tu regazo.

 

María, puerta y llave

del paraíso,

queremos desatarnos

y estar con Cristo;

si tú nos abres,

reinaremos allí

con tu Hijo, ¡Madre! Amén.

 

Eduardo Sanz de Miguel, ocd