sábado, 12 de septiembre de 2026

Dom. XXIV T.O. Ciclo A EL PERDÓN SETENTA VECES SIETE.

 





 Recordemos que en la Biblia el número siete evoca la perfección, la totalidad, la plenitud (es el resultado de sumar tres más cuatro, la plenitud divina y la humana). Por eso son siete los días de la creación (Gén 1,1-2,4), siete brazos tiene el candelabro que arde ante el Señor (Éx 25,37), las fiestas de Pascua y de las Tiendas duran siete días, cada siete semanas de años se celebra un año jubilar (Dt 15,1), los judíos dieron siete vueltas a Jericó (Jos 6,3-4), Naamán tuvo que bañarse siete veces en el Jordán (2Re 5,14), Juan recoge siete «signos» en su evangelio, el perdón debe ofrecerse setenta veces siete (Mt 18,22) y todo lo que hace referencia a Dios en el Apocalipsis va en grupos de siete (cartas, sellos, copas, trompetas, etc.).

 Esto indica que perdonar setenta veces siete significa que debemos estar dispuestos a perdonas siempre, aunque nos cueste.

 Lo que a nosotros nos sale espontáneo es el egoísmo y el instinto de venganza. El Antiguo y el Nuevo Testamento nos indican que el camino que deberíamos seguir no es ese, sino el del servicio y el perdón.

 No es fácil, pero tampoco es imposible si contamos con la ayuda del Señor. Pidámosle que nos conceda un corazón como el suyo, para que podamos amar y perdonar a todos, también a nuestros enemigos.

 A partir de otra lectura parecida, hice una reflexión detenida y recogí varias citas en las que Jesús pide que nunca nos cansemos de perdonar, que amemos a todos, incluso a los que nos han hecho daño. Pueden verla aquí:

 - La fuerza del perdón. Amar a los enemigos y perdonar sin límites para imitar al Padre celestial, que es misericordioso con todos es difícil. Aún no estamos a la altura, pero estamos en camino. Tras cada caída, debemos levantarnos confiando en la misericordia divina. Amar al enemigo no implica simpatía, sino no desearle el mal y hacerle el bien si es posible. El evangelio, siempre antiguo y nuevo, nos invita a ponerlo en práctica con la ayuda del Señor.

 

Eduardo Sanz de Miguel, ocd

 

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