Recientemente la Conferencia Episcopal Española ha elaborado y publicado un documento con este título. La idea es tratar el papel de las emociones en el acto de fe o en la vida creyente. El motivo es el creciente número de métodos de nueva evangelización que utilizan las emociones como motor de conversión.
Nos encontramos, sin duda, en un momento en el que asistimos a
un renacer de la fe. Son muchas las personas alejadas que están volviendo a la
Iglesia gracias al auge de retiros de impacto combinado con el vacío
existencial que experimentan. Pero el documento nos recuerda que en el acto de
fe no cuenta solamente la afectividad, aunque su papel sea fundamental.
Partiendo de la idea de que la fe es una relación viva en la que
Dios se comunica de forma personal con cada uno es necesario integrar la
dimensión intelectual y la voluntad junto con la confianza que pertenece a esa
dimensión afectiva del ser humano. Solo así se puede vivir plenamente la fe sin
reducirla a sentimientos intensos. De esta manera los creyentes no se
convertirán en consumidores de experiencias sino en auténticos discípulos.
La idea es que el fin no sea el sentimiento, sino el encuentro
verdadero con Cristo que transforma la vida. Esta es la manera adecuada de
evitar el emotivismo y la autosuficiencia intelectual que se basa solamente en
ideas. La clave es la unión entre verdad y amor. El documento acaba recordando
que la fe es un acontecimiento total que transforma la vida y conduce al
discipulado, por medio del encuentro con Cristo, que nos lleva a dar
testimonio.
Para creer es necesario que la entera persona se implique de
forma que sea capaz de amar, conocer y confiar con todo el corazón.
Jesús Martín Gómez
Párroco de Vera

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