sábado, 30 de mayo de 2026

Solemnidad de la Santísima Trinidad

 


  Vivimos tiempos de polarización. Parece que cada día es más fácil etiquetar que comprender, discutir que dialogar, levantar muros que tender puentes. Las redes sociales nos conectan, pero muchas veces nos aíslan. Defendemos nuestra libertad, pero corremos el riesgo de encerrarnos en un individualismo que nos deja solos.

 En este contexto, la fiesta de la Santísima Trinidad tiene mucho que decirnos.

Dios no es soledad. Dios es comunión. El Padre ama al Hijo, el Hijo responde a ese amor, y el Espíritu Santo es el vínculo vivo que los une. Tres Personas distintas, pero un solo Dios. Diferentes, pero perfectamente unidos. No compiten, no se imponen, no buscan su propio interés. Todo en ellos es amor compartido.

Por eso, cuando el ser humano se aleja del amor, se divide. Cuando sólo piensa en sí mismo, se empobrece. Cuando convierte al otro en enemigo, pierde algo de su propia humanidad.

 La Trinidad nos recuerda que hemos sido creados para la relación, para la familia, para la comunidad. Nadie puede ser feliz completamente solo. Necesitamos ser amados y aprender a amar. Necesitamos escuchar y ser escuchados. Necesitamos descubrir que el otro no es una amenaza, sino un regalo.

 Quizá el gran mensaje de esta solemnidad sea este: cuanto más nos parecemos a la Trinidad, más humanos nos volvemos. Cada gesto de reconciliación, cada perdón, cada conversación sincera, cada servicio desinteresado, hace presente en el mundo algo del misterio de Dios.

Frente a la cultura del "yo", la Trinidad nos propone el "nosotros". Frente a la división, la comunión. Frente al egoísmo, el amor.

 Porque el cielo no es otra cosa que vivir para siempre dentro de esa inmensa corriente de amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Y esa vida puede comenzar ya, aquí y ahora, en nuestras familias, en nuestras parroquias y en nuestras relaciones cotidianas.

La Trinidad no es un problema matemático que resolver; es una familia divina que nos invita a entrar en su abrazo.

 Javier Leoz

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