domingo, 16 de marzo de 2014
sábado, 15 de marzo de 2014
El hombre radio
Sorprende
ver como a lo largo de la historia muchos hombres han defendido sus ideas por
encima de todo, incluso de su propia vida y/o la de los demás. Yo, sin ir más
lejos, creo que lo mejor que tienen las ideas es que se van o, mejor dicho, que
se olvidan.
Reconozco
públicamente que soy un ignorante en muchas materias. Por ello, me niego a
adjudicarme cosas que no son mías y, mucho menos, a poner las ideas por encima
de la vida propia y/o la de los demás.
Realmente,
¿de quién son las ideas?
Yo
reconozco que la mayor parte de las ideas que “tengo” las he aprendido por ahí,
o bien, las he oído, las he leído, me las han contado y algunas las he deducido
fruto de la observación. Pero incluso de estas últimas tampoco puedo decir que
son mías, estaban ahí y mostraban una ley o una mecánica, que existía antes de
que yo me diera cuenta.
Quiero decir que las leyes no eran de
Newton, de Pitágoras, de Einstein, o de fulanito. Ellos simplemente
descubrieron algo que ya estaba ahí y nos lo enseñaron a los demás.
Las ideas se cogen de aquí y de allí
dependiendo del lugar, tradición, momento o influencias que uno recibe. De
pronto, las hace suyas, como si fueran parte de la propia persona. Es
exactamente igual que el que se pone una vestimenta para tapar su desnudez y
llega a pensar que su ropa es parte de su cuerpo.
Y así vemos como la gente viste
siempre con las mismas ideas, ya gastadas y descoloridas. Incluso me atrevería
a afirmar que, al igual que la moda, todo el mundo va con el mismo tipo de
ideas, aburridas y aprendidas en los mismos sitios, pero, eso sí, dispuestos a
defenderlas “a muerte”.
Resulta
doloroso ver cómo defender ideas (como las propias del Nazismo o el Comunismo
en Rusia y otros países) ha causado millones de muertes en el siglo pasado.
Las
ideas vienen a ser lo más parecido a las emisoras de radio; el hombre sería un
aparato receptor capaz de captarlas. Un gato no podría captarlas porque no
tiene acceso a esas frecuencias por la configuración de su mente; sólo la mente
humana es capaz.
Así
el “Hombre Radio” capta emisoras de
aquí y de allí (emisoras que otros hombres también captan), y acepta o rechaza
aquellas que le gustan o convienen para “vestir” su supuesta personalidad.
Pero
las ideas son en el mundo sutil lo que las herramientas son en el mundo físico,
es decir, uno debería utilizarlas y dejarlas hasta que fueran necesarias de
nuevo. Así por ejemplo, yo utilizo ideas de Newton, de Manning y otros físicos
en mi trabajo; pero, cuando termino ese trabajo, dejo las ideas para otra
ocasión y procuro no ir cargado con ellas, como un carpintero utiliza el
martillo o el serrucho y lo deja cuando acaba su trabajo.
Sin
embargo muchas veces cargamos todo el tiempo con “nuestras” ideas de forma que
se convierten en una pesada carga que llevamos siempre encima, como si un
carpintero llevase todo el día encima el martillo, el serrucho, la escuadra, la
lima etc, como para demostrar que, antes que un hombre, es un carpintero, o un
ingeniero o un filósofo, o un político o cualquier otra cosa.
Y
así el “Hombre Radio” se siente como un ente pensante al que le ocurren
cosas y cree ser una mezcla entre sus experiencias del pasado y sus ideas
actuales; hecho en parte a sí mismo y olvidado de su verdadera naturaleza
divina a imagen de su Creador.
Y
de esta forma, el “Hombre Radio”
(creyendo ser sus ideas y sus acontecimientos) crea su mundo propio que piensa
cada día: pensándose a sí mismo cada mañana, pensando a los demás y a todo,
juzgando lo que es bueno o malo en función de “sus ideas” sin ver el mundo real
que Dios le ha dado, ocultado de Dios y alejado del Paraíso. Vive en un mundo
onírico creado por él, donde él es el máximo protagonista, por encima de Dios y
de sus hermanos.
Y
ésta y no otra es la vida que Jesús dijo que un hombre debía perder para ganar
la vida eterna… …”la vida propia”.
Afortunadamente,
hombres sabios de todas las tradiciones (conscientes de este problema) han dado
fórmulas para poder aliviar la carga mental del hombre, a través de la
meditación, la contemplación y la Oración.
Pienso
que no es casualidad que la primera petición que se hace en la Oración que
Jesucristo nos enseñó sea… …”Hágase tu
voluntad así en la tierra como en el cielo”…, que para mí muchas veces es
como decir que deje ya todas “mis ideas”, mi aburrido mundo particular y alivies
mi carga, para que solo Tú Dios mío gobiernes mi vida y pueda ver la realidad: el Paraíso que nos has dado.
J.J.
Prieto Bonilla.
viernes, 14 de marzo de 2014
lunes, 10 de marzo de 2014
miércoles, 5 de marzo de 2014
martes, 4 de marzo de 2014
Cuaresma 2014
Cristo nos da la libertad,
Cristo nos da la salvación,
Cristo nos da la esperanza,
Cristo nos da el amor.
Cuando luche por la paz y la verdad, la encontraré;
cuando cargue con la cruz de los demás, me salvaré.
Dame, Señor, tu palabra;
oye, Señor, mi oración.
Cuando sepa perdonar de corazón, tendré perdón;
cuando siga los caminos del amor, veré al Señor.
Dame, Señor, tu palabra;
oye, Señor, mi oración.
Cuando siembre la alegría y la amistad, vendrá el Amor;
cuando viva en comunión con los demás, seré de Dios.
Dame, Señor, tu palabra;
oye, Señor, mi oración.
sábado, 1 de marzo de 2014
Israel, ciego y sordo
Esto
nos lleva a una reflexión muy importante: la de que la Biblia no es tanto
objeto de estudio cuanto de deseo y amor. Los judíos conocían muy bien los
textos bíblicos acerca del Mesías; sin embargo, los dejaron de lado porque sus
pretensiones chocaban con los anuncios proféticos. Por eso, si la Palabra está en la mente pero no está sembrada en el
corazón, éste la manipula a su antojo. El corazón es el elán vital donde se fragua
la búsqueda y el encuentro con Dios.
Vamos
a ver algunos textos proféticos que nos dan pie para afirmar que los judíos
estaban más que suficientemente instruidos acerca de la misión del Mesías que
esperaban.
El
profeta Isaías anuncia al Mesías bajo la figura de siervo. Esta palabra tiene dos
significados en la espiritualidad bíblica: hace referencia al esclavo y también
al Cordero. Oigamos al profeta: “Yahvé desde el seno materno me llamó; desde
las entrañas de mi madre recordó mi nombre… Ahora, pues, dice Yahvé: el que me
plasmó desde el seno materno para siervo suyo, para hacer que Jacob vuelva a
Él, y que Israel se le una” (Is 49,1-5). El profeta señala al Mesías como aquel
que hará que Israel, y con él toda la humanidad, entre en comunión con Dios.
Jesucristo es el eslabón que hace posible la comunión de todo hombre con Dios.
Dios
envía a su Hijo con esta misión porque, como dicen los profetas, Israel se ha
separado de Yahvé y se ha emparentado, unido, a los ídolos de los dioses de los
pueblos vecinos. Israel está de espaldas a Yahvé y de cara a la idolatría. A
esta realidad los profetas le dan un nombre: adulterio. Es evidente que los
judíos que escuchan a Jesús conocen perfectamente su misión. Tengamos en cuenta
que los judíos, también los judíos piadosos de hoy, aprenden a leer con la
Biblia. Y ello hasta el punto de que un niño de diez años se sabe los Salmos,
el Éxodo, etc.
A
pesar de esto, vemos cómo el corazón perverso y manipulador de los oyentes de
Jesús, se olvida de lo que bien sabe, y corre tras sus deseos: ¡hagámosle
nuestro rey! Él hará de nosotros
nuevamente un pueblo fuerte, soberano y temido. No importa lo que hemos oído en
la Palabra, hagamos lo que pide nuestro corazón. En realidad no hay mucha
diferencia entre el corazón de este pueblo y el de cualquier hombre. Es una
forma más de las muchas en las que se presenta la tentación y el deseo de Adán
y Eva: querer ser como dioses (Gén 3,5).
En
el mismo capítulo 49 de Isaías, leemos que, a causa de la misión del Mesías,
“no tendrán hambre ni sed, ni les dará el bochorno y el sol, pues el que tiene
piedad de ellos los conducirá y los guiará a manantiales de agua. Convertiré
todos mis montes en caminos, y mis calzadas serán levantadas” (Is 49,10-11).
Vemos en este texto un Mesías liberador que conduce al hombre a un descanso total
y completo que va mucho más allá de los pequeños horizontes del hombre.
Sin
abandonar nuestro contexto, entresacamos esta cita del profeta: “Haré andar a
los ciegos por un camino que no conocían, por senderos que no conocían los
encaminaré. Trocaré delante de ellos la tiniebla en luz y lo tortuoso en llano”
(Is 42,16).
En
la primera predicación que Jesús hace en Nazaret, dice a sus oyentes: todo
aquello que Dios os había prometido que el Mesías iba a hacer entre vosotros,
se cumple hoy. Sabemos que, llegando a la Sinagoga, desenrolló un texto de la
Escritura y proclamó: “El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido
para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la
liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los
oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4,18-19). Cuando terminó
de leer dijo: Esta Palabra que acabáis de oír se ha cumplido hoy. La promesa
que Dios ha dado a través de los siglos,
por medio de los profetas, se cumple conmigo.
El
problema es que, hasta que el hombre no se convierte según la Verdad, no le
interesa Dios, sólo le interesan sus milagros. Ante el Mesías, los judíos
hicieron oídos sordos a todo lo que rezaban sin cesar en sus sinagogas, y
desean hacerle rey. La cuestión es que Israel ya tiene la experiencia histórica
de haber tenido reyes. Recordemos cómo, con David y Salomón, conocieron el
poder, el dominio, la riqueza y el respeto de sus enemigos. Bajo su reinado, se
llevó a cabo la construcción del Templo, signo de su identidad religiosa y de
su grandeza.
Sin
embargo, mucho Templo, mucha magnificencia, mucho rito, muchas palabras, pero
Dios no pasa de ser sino una figura decorativa. Y fue justamente cuando se
embriagaron con tanta opulencia, hasta el punto de situarse en la cresta de la
ola, que Israel quedó ciego y sordo. Siempre pasa así cuando Dios no es más que
un objeto de adorno, y que, además, viene muy bien para adormecer la
conciencia.
Jesús camina sobre
las aguas
A. Pavia.
Editorial Buena Nueva
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