viernes, 25 de diciembre de 2015
jueves, 24 de diciembre de 2015
viernes, 18 de diciembre de 2015
Visión de la Navidad
"He visto que la luz que envolvía a la
Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas
encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido
desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la
medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el pecho. El resplandor
en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una
emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados
el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía.
Luego ya no vi más la bóveda. Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en
claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un
movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y
aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. La Virgen
Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las
miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno,
débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de María".
»Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño
todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre
una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba
creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan
potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen
permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin
tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos. Poco tiempo después vi al Niño que se
movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí
misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo
tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda
ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces
en torno a los ángeles, en forma humana, hincándose delante del Niño recién
nacido para adorarlo.
»Cuando había transcurrido una hora desde el
nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que estaba aún orando con el
rostro pegado a la tierra. Se acercó, prosternándose, lleno de júbilo, de
humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su
corazón el Don sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus
brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don
recibido del Cielo.
»María fajó al Niño: tenía sólo cuatro pañales. Más
tarde vi a María y a José sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban,
parecían absortos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño
común, estaba recostado Jesús recién nacido, bello y brillante como un relámpago.
"iAh, decía yo, este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie
lo sospecha!"...
"Gloria a Dios en las
alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad".
Ana
Catalina Emmerich
miércoles, 16 de diciembre de 2015
«¡Déjate curar!»
JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA
MISERICORDIA
Nos
está tocando vivir tiempos recios, marcados por la inestabilidad e
incertidumbre social, política y económica. La mayoría de las personas
experimentan, con frecuencia, no sólo esta inclemencia exterior sino también un
profundo desarraigo y desgarro interior que suele dejarlas «tocadas»,
«deshabitadas», «desorientadas», «solas», «vacías», «rotas»…
El Papa Francisco,
tan sensible a las necesidades humanas y con esas «entrañas de madre-padre» que
le caracterizan, ha convocado un tiempo de GRACIA, el jubileo extraordinario de
la misericordia, para que cada uno de sus hijos pueda volver a casa, sanar sus
heridas –por profundas que sean–, y experimentar la «ternura»y la «caricia» de
Dios. El logotipo que ha escogido –obra del jesuita Marko I. Rupnik– representa
al «Buen Pastor» que carga con la humanidad herida, verdadera síntesis
teológica de la misericordia divina.
Durante este año jubilar te invito
encarecidamente que, a través de tu humilde pero eficiente testimonio, salgas a
los caminos para llamar a los que andan errantes y busques a los que se hallan
perdidos. Rastrees aunque te desgarren las zarzas del bosque, husmees todos los
escondrijos, indagues en todas las matas hasta encontrar la«oveja perdida», la
cargues sobre tus hombros, la traigas a casa, le vendes las heridas y le ayudes
a reencontrar su propia dignidad, la de ser el ‘hijo amado del Padre’.
Como
preparación de este gran acontecimiento eclesial, teniendo como trasfondo la
parábola del ‘Padre misericordioso’ que narra el evangelista Lucas, voy a
tratar de sumergiros en este «MISTERIO DE GRACIA», para que puedas sentir
personalmente el abrazo de Dios. ¡Dejarse abrazar por Dios!–según refiere Henri
J.M. Nouwen en su libro «El regreso del hijo pródigo»– no resulta ni tan obvio,
ni tan fácil ni sencillo, aunque sea realmente lo que más desees o necesites.
¡Es paradójico que en la vida nos afanemos en buscar amigos en Facebook, que
mendiguemos afecto, reconocimiento, prestigio, poder… y después nos resistamos
a dejarnos querer y abrazar por Dios, a través del hermano (del próximo)!
Permíteme que concluya esta motivación con la imagen elocuente que Paul Claudel
describe en ‘La Anunciación’:
«Cuentan que Violeta era una muchacha muy dichosa
porque había encontrado su verdadera vocación. –‘¡Qué feliz soy! –exclamaba –,
¡Dios me ha regalado poderme consagrar a Él’. Violeta era una mujer sencilla,
que hacía gala a su nombre (sabéis que las violetas crecen en la oscuridad y
que desprenden un olor más intenso cuando son estrujadas), se cuestionaba «¿de
qué sirve la vida si no es para darla?»… y derramaba caridad. Una tarde se
encontró con Pierre de Craon, un famoso constructor de catedrales, acaso el más
famoso. A pesar de su fama, Pierre sufría una desgracia que le marcaría toda su
vida, tenía una enfermedad incurable, la lepra. Violeta sentía compasión por
aquel ilustre leproso al que todo el mundo requería para construir grandes
edificios pero al que nadie podía acercarse. Violeta, movida por la caridad y
la compasión, un día se acercó a Pierre. Al despedirse, le besó en la frente.
Pierre, pensando que estaba ya en el cielo, sonrió. Y comenzó a vivir con una
esperanza nueva. Poco tiempo después, en primavera, Violeta descubrió que en su
cuerpo había aparecido una pequeña mancha, era lepra y, paradójicamente, esa
misma mañana, Pierre se sorprendió al descubrir su cuerpo totalmente limpio.
Aquel beso de Violeta había tomado su lepra.
¡QUÉ ADMIRABLE INTERCAMBIO!
¿No
será éste el verdadero secreto del cambio? ¿el anhelo del Papa Francisco?
Descubre que Dios mismo se ha puesto en tu «pellejo», «intercambia los
papeles», «indulta TODA tu deuda moral», «formatea el disco duro (corazón)»,
besa tus llagas (estigmas), las asume y las cura definitivamente…? ¡Déjate
besar (curar) por el Señor! Y recuperarás la paz y tu alegría interior.
Con
mi afecto y mi bendición.
Ángel
Pérez Pueyo Obispo de Barbastro-Monzón
La luz que me coge de la mano
Conocemos el amor que tú nos has dado, amor sin
límite, indecible, que nadie puede abarcar; el amor que es luz inaccesible, luz
que actúa en todo.
¿Qué es lo que no hace esta luz, qué es lo que no es esta
luz?
Ella es belleza y gozo, dulzura y paz, misericordia sin límite, abismo de
compasión. Cuando la poseo no la percibo; sólo la veo cuando se aleja. Me echo
a correr para retenerla y ella se escapa del todo. No sé qué hacer y me siento
consumido por el anhelo. Aprendo a pedir y buscar con humildad y entre
lágrimas; aprendo a no considerar como posible aquello que sobrepasa la
naturaleza, ni considero como efecto de mi capacidad y esfuerzo humano aquello
que proviene únicamente de la compasión de Dios y de su infinita
misericordia...
Esta luz nos coge de la mano, nos fortalece, nos enseña pero ser revela huidiza cuando más la necesitamos. No viene en nuestra ayuda cuando nosotros lo queremos- esto sólo es de los perfectos-, sino cuando nos encontramos turbados y completamente agotados. Aparece de lejos y se hace sentir en mi corazón. Me pongo a gritar hasta ahogarme por el deseo de agarrarla, pero todo permanece en la noche y me quedo con las manos vacías. Olvido todo, me siento a llorar, sin esperanza de volverla a ver nunca más. Cuando cesa el llanto y consiento en pararme, entonces, misteriosamente, me coge entre sus manos y me deshago en lágrimas sin saber quién está conmigo iluminando mi espíritu de una suave luz.
Esta luz nos coge de la mano, nos fortalece, nos enseña pero ser revela huidiza cuando más la necesitamos. No viene en nuestra ayuda cuando nosotros lo queremos- esto sólo es de los perfectos-, sino cuando nos encontramos turbados y completamente agotados. Aparece de lejos y se hace sentir en mi corazón. Me pongo a gritar hasta ahogarme por el deseo de agarrarla, pero todo permanece en la noche y me quedo con las manos vacías. Olvido todo, me siento a llorar, sin esperanza de volverla a ver nunca más. Cuando cesa el llanto y consiento en pararme, entonces, misteriosamente, me coge entre sus manos y me deshago en lágrimas sin saber quién está conmigo iluminando mi espíritu de una suave luz.
(Simeón, el Nuevo Teólogo (hacia 949-1022) monje ortodoxo
Himno 18, SC 174 pág. 74-82)
Himno 18, SC 174 pág. 74-82)
martes, 15 de diciembre de 2015
Con los años…
Dime
Tristeza ¿Vienes para quedarte?
- ¡No! Entro,
descanso y me voy.
Dime
Alegría, te doy lo que puedo ¿Te
quedas?
- ¡No! Vengo, me
estrujo, marcho y vuelvo.
Dime
pesada Conciencia ¿Te irás?
- No hay billete
de vuelta, moriré contigo a pesar del perdón.
Dime
Amor ¿Te quedarás?
- ¡No! Te lo
cambio por años, cariño y vida.
Dime
Mentira ¿Puedes desaparecer?
- ¡Sí! Siempre
que la verdad me aparte.
Dime
Perdón ¿Puedes vivir conmigo?
- ¡Sí! Cuando entiendas
la vida.
Dime
Rencor ¿Puedes no venir?
- ¡Sí! Si hay
humildad, no llegaré.
Dime
Paz ¿Por qué no estás?
-
Porque no entendiste la felicidad.
Dime
Dolor ¿Cuándo te vas?
- Cuando el
tiempo lo diga.
Dime
Felicidad ¿Quieres vivir junto a mí?
- Si me quedo,
me abandonarás; si me voy, querrás que vuelva.
Dime
Desprecio ¿Porqué vienes?
- Me envían… No
me abras la puerta.
Dime
Resentimiento ¿Vas a venir?
- Si me adelanta
el perdón, no tengo sitio.
Dime
Odio ¿Por qué deseas entrar?
- Porque te
quiero para mí…
Dime
Liberación ¿Me puedes llevar?
-
¡Sí! Cuando creas que Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Emma Díez Lobo lunes, 14 de diciembre de 2015
Repartir con el que no tiene
Vivir de otra forma
(Lucas 3,10-18)
La Palabra del Bautista desde el desierto tocó el
corazón de las gentes. Su llamada a la conversión y al inicio de una vida más
fiel a Dios despertó en muchos de ellos una pregunta concreta: ¿Qué debemos
hacer? Es la pregunta que brota siempre en nosotros cuando escuchamos una
llamada radical y no sabemos cómo concretar nuestra respuesta.
El Bautista no les propone ritos religiosos, ni
tampoco normas, ni preceptos. No se trata propiamente de hacer cosas ni de
asumir deberes, sino de ser de otra manera, vivir de forma más humana,
desplegar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa,
digna y fraterna.
Lo más decisivo y realista es abrir nuestro corazón a
Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren. El Bautista sabe
resumirles su respuesta con una fórmula genial por su simplicidad y verdad: «El
que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga
comida, haga lo mismo». Así de simple y claro.
¿Qué podemos decir ante estas palabras quienes vivimos
en un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria luchando
cada día por sobrevivir, mientras nosotros seguimos llenando nuestros armarios
con toda clase de túnicas y tenemos nuestros frigoríficos repletos de comida?
Y ¿qué podemos decir los cristianos ante esta llamada
tan sencilla y tan humana? ¿No hemos de empezar a abrir los ojos de nuestro
corazón para tomar conciencia más viva de esa insensibilidad y esclavitud que
nos mantiene sometidos a un bienestar que nos impide ser más humanos?
Mientras nosotros seguimos preocupados, y con razón,
de muchos aspectos del momento actual del cristianismo, no nos damos cuenta de
que vivimos “cautivos de una religión burguesa”. El cristianismo, tal como
nosotros lo vivimos, no parece tener fuerza para transformar la sociedad del
bienestar. Al contrario, es ésta la que está desvirtuando lo mejor de la
religión de Jesús, vaciando nuestro seguimiento a Cristo de valores tan
genuinos como la solidaridad, la defensa de los pobres, la compasión y la
justicia.
Por eso, hemos valorar y agradecer mucho más el
esfuerzo de tantas personas que se rebelan contra este “cautiverio”,
comprometiéndose en gestos concretos de solidaridad y cultivando un estilo de
vida más sencillo, austero y humano.
ED. Buenas
Noticias
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