jueves, 24 de diciembre de 2015

Gratitud


Gracias a todos los que han caminado juntos en este blog y han hecho suya la cosecha.



viernes, 18 de diciembre de 2015

Visión de la Navidad



  

 "He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el pecho. El resplandor en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía. Luego ya no vi más la bóveda. Una estela lumi­nosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. La Virgen Santísima, levantada de la tie­rra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de María".



»Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos. Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pare­ció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces en torno a los ángeles, en forma huma­na, hincándose delante del Niño recién nacido para adorarlo.



»Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que esta­ba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, prosternándose, lleno de júbilo, de humildad y de fer­vor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don recibido del Cielo.



»María fajó al Niño: tenía sólo cua­tro pañales. Más tarde vi a María y a José sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecían absor­tos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño común, estaba recostado Jesús recién naci­do, bello y brillante como un relámpa­go. "iAh, decía yo, este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie lo sospecha!"...



"Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad".



Ana Catalina Emmerich

miércoles, 16 de diciembre de 2015

«¡Déjate curar!»



JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA


Nos está tocando vivir tiempos recios, marcados por la inestabilidad e incertidumbre social, política y económica. La mayoría de las personas experimentan, con frecuencia, no sólo esta inclemencia exterior sino también un profundo desarraigo y desgarro interior que suele dejarlas «tocadas», «deshabitadas», «desorientadas», «solas», «vacías», «rotas»…
El Papa Francisco, tan sensible a las necesidades humanas y con esas «entrañas de madre-padre» que le caracterizan, ha convocado un tiempo de GRACIA, el jubileo extraordinario de la misericordia, para que cada uno de sus hijos pueda volver a casa, sanar sus heridas –por profundas que sean–, y experimentar la «ternura»y la «caricia» de Dios. El logotipo que ha escogido –obra del jesuita Marko I. Rupnik– representa al «Buen Pastor» que carga con la humanidad herida, verdadera síntesis teológica de la misericordia divina.
Durante este año jubilar te invito encarecidamente que, a través de tu humilde pero eficiente testimonio, salgas a los caminos para llamar a los que andan errantes y busques a los que se hallan perdidos. Rastrees aunque te desgarren las zarzas del bosque, husmees todos los escondrijos, indagues en todas las matas hasta encontrar la«oveja perdida», la cargues sobre tus hombros, la traigas a casa, le vendes las heridas y le ayudes a reencontrar su propia dignidad, la de ser el ‘hijo amado del Padre’.
Como preparación de este gran acontecimiento eclesial, teniendo como trasfondo la parábola del ‘Padre misericordioso’ que narra el evangelista Lucas, voy a tratar de sumergiros en este «MISTERIO DE GRACIA», para que puedas sentir personalmente el abrazo de Dios. ¡Dejarse abrazar por Dios!–según refiere Henri J.M. Nouwen en su libro «El regreso del hijo pródigo»– no resulta ni tan obvio, ni tan fácil ni sencillo, aunque sea realmente lo que más desees o necesites. ¡Es paradójico que en la vida nos afanemos en buscar amigos en Facebook, que mendiguemos afecto, reconocimiento, prestigio, poder… y después nos resistamos a dejarnos querer y abrazar por Dios, a través del hermano (del próximo)!
Permíteme que concluya esta motivación con la imagen elocuente que Paul Claudel describe en ‘La Anunciación’:
«Cuentan que Violeta era una muchacha muy dichosa porque había encontrado su verdadera vocación. –‘¡Qué feliz soy! –exclamaba –, ¡Dios me ha regalado poderme consagrar a Él’. Violeta era una mujer sencilla, que hacía gala a su nombre (sabéis que las violetas crecen en la oscuridad y que desprenden un olor más intenso cuando son estrujadas), se cuestionaba «¿de qué sirve la vida si no es para darla?»… y derramaba caridad. Una tarde se encontró con Pierre de Craon, un famoso constructor de catedrales, acaso el más famoso. A pesar de su fama, Pierre sufría una desgracia que le marcaría toda su vida, tenía una enfermedad incurable, la lepra. Violeta sentía compasión por aquel ilustre leproso al que todo el mundo requería para construir grandes edificios pero al que nadie podía acercarse. Violeta, movida por la caridad y la compasión, un día se acercó a Pierre. Al despedirse, le besó en la frente. Pierre, pensando que estaba ya en el cielo, sonrió. Y comenzó a vivir con una esperanza nueva. Poco tiempo después, en primavera, Violeta descubrió que en su cuerpo había aparecido una pequeña mancha, era lepra y, paradójicamente, esa misma mañana, Pierre se sorprendió al descubrir su cuerpo totalmente limpio. Aquel beso de Violeta había tomado su lepra.
¡QUÉ ADMIRABLE INTERCAMBIO!
¿No será éste el verdadero secreto del cambio? ¿el anhelo del Papa Francisco?
Descubre que Dios mismo se ha puesto en tu «pellejo», «intercambia los papeles», «indulta TODA tu deuda moral», «formatea el disco duro (corazón)», besa tus llagas (estigmas), las asume y las cura definitivamente…? ¡Déjate besar (curar) por el Señor! Y recuperarás la paz y tu alegría interior.

Con mi afecto y mi bendición.

Ángel Pérez Pueyo Obispo de Barbastro-Monzón






La luz que me coge de la mano




Conocemos el amor que tú nos has dado, amor sin límite, indecible, que nadie puede abarcar; el amor que es luz inaccesible, luz que actúa en todo.

¿Qué es lo que no hace esta luz, qué es lo que no es esta luz?

Ella es belleza y gozo, dulzura y paz, misericordia sin límite, abismo de compasión. Cuando la poseo no la percibo; sólo la veo cuando se aleja. Me echo a correr para retenerla y ella se escapa del todo. No sé qué hacer y me siento consumido por el anhelo. Aprendo a pedir y buscar con humildad y entre lágrimas; aprendo a no considerar como posible aquello que sobrepasa la naturaleza, ni considero como efecto de mi capacidad y esfuerzo humano aquello que proviene únicamente de la compasión de Dios y de su infinita misericordia...

Esta luz nos coge de la mano, nos fortalece, nos enseña pero ser revela huidiza cuando más la necesitamos. No viene en nuestra ayuda cuando nosotros lo queremos- esto sólo es de los perfectos-, sino cuando nos encontramos turbados y completamente agotados. Aparece de lejos y se hace sentir en mi corazón. Me pongo a gritar hasta ahogarme por el deseo de agarrarla, pero todo permanece en la noche y me quedo con las manos vacías. Olvido todo, me siento a llorar, sin esperanza de volverla a ver nunca más. Cuando cesa el llanto y consiento en pararme, entonces, misteriosamente, me coge entre sus manos y me deshago en lágrimas sin saber quién está conmigo iluminando mi espíritu de una suave luz.



(Simeón, el Nuevo Teólogo (hacia 949-1022) monje ortodoxo
Himno 18, SC 174 pág. 74-82)


martes, 15 de diciembre de 2015

Con los años…


                       

                                     

Dime Tristeza ¿Vienes para quedarte?

- ¡No! Entro, descanso y me voy.

Dime Alegría, te doy lo que puedo ¿Te quedas?

- ¡No! Vengo, me estrujo, marcho y vuelvo.

Dime pesada Conciencia ¿Te irás?

- No hay billete de vuelta, moriré contigo a pesar del perdón.

Dime Amor ¿Te quedarás?

- ¡No! Te lo cambio por años, cariño y vida.

Dime Mentira ¿Puedes desaparecer?

- ¡Sí! Siempre que la verdad me aparte.

Dime Perdón ¿Puedes vivir conmigo?

- ¡Sí! Cuando entiendas la vida.

Dime Rencor ¿Puedes no venir?

- ¡Sí! Si hay humildad, no llegaré.

Dime Paz ¿Por qué no estás?

- Porque no entendiste la felicidad.

Dime Dolor ¿Cuándo te vas?

- Cuando el tiempo lo diga.

Dime Felicidad ¿Quieres vivir junto a mí?

- Si me quedo, me abandonarás; si me voy, querrás que vuelva.

Dime Desprecio ¿Porqué vienes?

- Me envían… No me abras la puerta.

Dime Resentimiento ¿Vas a venir?

- Si me adelanta el perdón, no tengo sitio.

Dime Odio ¿Por qué deseas entrar?

- Porque te quiero para mí…

Dime Liberación ¿Me puedes llevar?

- ¡Sí! Cuando creas que Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
 Emma Díez Lobo         

lunes, 14 de diciembre de 2015

Repartir con el que no tiene






Vivir de otra forma

(Lucas 3,10-18)



La Palabra del Bautista desde el desierto tocó el corazón de las gentes. Su llamada a la conversión y al inicio de una vida más fiel a Dios despertó en muchos de ellos una pregunta concreta: ¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que brota siempre en nosotros cuando escuchamos una llamada radical y no sabemos  cómo concretar nuestra respuesta.



El Bautista no les propone ritos religiosos, ni tampoco normas, ni preceptos. No se trata propiamente de hacer cosas ni de asumir deberes, sino de ser de otra manera, vivir de forma más humana, desplegar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa, digna y fraterna.



Lo más decisivo y realista es abrir nuestro corazón a Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren. El Bautista sabe resumirles su respuesta con una fórmula genial por su simplicidad y verdad: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Así de simple y claro.



¿Qué podemos decir ante estas palabras quienes vivimos en un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria luchando cada día por sobrevivir, mientras nosotros seguimos llenando nuestros armarios con toda clase de túnicas y tenemos nuestros frigoríficos repletos de comida?



Y ¿qué podemos decir los cristianos ante esta llamada tan sencilla y tan humana? ¿No hemos de empezar a abrir los ojos de nuestro corazón para tomar conciencia más viva de esa insensibilidad y esclavitud que nos mantiene sometidos a un bienestar que nos impide ser más humanos?



Mientras nosotros seguimos preocupados, y con razón, de muchos aspectos del momento actual del cristianismo, no nos damos cuenta de que vivimos “cautivos de una religión burguesa”. El cristianismo, tal como nosotros lo vivimos, no parece tener fuerza para transformar la sociedad del bienestar. Al contrario, es ésta la que está desvirtuando lo mejor de la religión de Jesús, vaciando nuestro seguimiento a Cristo de valores tan genuinos como la solidaridad, la defensa de los pobres, la compasión y la justicia.



Por eso, hemos valorar y agradecer mucho más el esfuerzo de tantas personas que se rebelan contra este “cautiverio”, comprometiéndose en gestos concretos de solidaridad y cultivando un estilo de vida más sencillo, austero y humano.





ED. Buenas Noticias