sábado, 23 de enero de 2021

Domingo 3º T. Ord.

 

Marcos nos ofrece la confirmación de la llamada de Jesús a Andrés y a Pedro que vimos el domingo anterior.

 Esta llamada encierra una Promesa que sólo Dios puede cumplir; Jesús les dice: " Venid conmigo y yo os haré llegar a ser pescadores de hombres".

 Jesús no les presenta ni programa ni condiciones. El Evangelio no es un manual de perfección sino el Gran Don del Señor con el que forja nuestro seguimiento y discipulado.

 El Discipulado no es obra humana, por muchas renuncias que te impongas, es una obra de Dios de tal magnitud que llega un momento en el que pones tu vida en sus manos… y esto no lo haces porque hayas llegado a una perfección inaudita sino porque por medio del Evangelio que vas asimilando, sin fanatismos neuróticos 

 El alcanzará para ti la Plenitud. En definitiva uno que desea seguir a Jesús prescinde de programas, que al final los ha trazado él y deja a Dios actuar en él;  le deja las manos libres para que cree en el Discipulado.

 Quizás el mayor problema de mucha gente aparentemente buena y hasta comprometida es que el Evangelio de Jesús es ¡El Gran Desconocido para su alma!

 P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com

 

viernes, 22 de enero de 2021

Cuatro miradas para permanecer humanos

 

Creo que os habréis dado cuenta en muchas ocasiones, pero, por si os ha pasado desapercibido, quiero recordaros que el ser humano solamente se realiza si ejercita cuatro miradas: hacia fuera, es decir, hacia el mundo; hacia arriba, es decir, la trascendente; hacia dentro, es decir, hacia su interioridad, y hacia delante, es decir, si mira el fututo. Son cuatro movimientos esenciales que implican abrirnos al mundo (la naturaleza, los hombres), al misterio de Dios, a la íntima realidad humana y al sentido de la historia total. Cuando no se dan estos movimientos al mismo tiempo, se pierde la esperanza. ¿Qué está pasando en nuestra cultura en estos momentos? ¿Por qué hay desesperanza? Como no se dan estos movimientos a la vez y además se da una marginación u olvido de alguno de ellos, se produce una profunda soledad, que genera pesimismo y desesperanza.

La presencia de Dios, que se nos ha revelado en Jesucristo en la vida personal y en la historia de los hombres, tiene una importancia capital para el presente y el futuro de la existencia humana. El tema de Dios no es secundario en la construcción de un mundo con esperanza. Con la marginación de Dios de la conciencia del hombre y del horizonte de la sociedad, se pone en cuestión el significado mismo de la vida humana. Poner en cuestión a quien se nos ha revelado diciéndonos que es «el Camino, la Verdad y la Vida» es de tal trascendencia que nos podemos imaginar las consecuencias que trae. Suprimidos los criterios objetivos de verdad y moralidad, ¿qué importancia tiene la vida humana? La importancia que le quieran dar quienes tengan el poder y la fuerza. La importancia de Dios en la existencia del hombre para crear futuro, para ser creativos, para tener esperanza, es definitiva. Baste el ejemplo de todos los artistas que trabajaron delante de Dios, bajo su mirada. ¿Qué habría sido de la historia del arte sin ellos? Trabajaban para la eternidad. Y la contemplación de sus obras nos traslada a la eternidad. Cuando los artistas retiran a Dios de su horizonte, ¿es posible hacer un arte semejante en grandeza al que hemos conocido?

En esta línea, sin la presencia de Dios, ¿qué es del prójimo? En la parábola del buen samaritano vemos que, sin la presencia de Dios en el camino, peligra de una manera singular el prójimo. Peligró con el marxismo en Europa, que fue el último proyecto ético con pretensión de ultimidad y de universalidad. Pero hoy peligra por la absolutización del individualismo. Es más, hoy se quita de en medio al prójimo y se pone en el centro al individuo. El individuo se convierte en el centro del universo, no está dispuesto a ordenarse a ninguna meta comunitaria, ni a relativizarse a ningún valor absoluto, ni a elevarse a nada que le trascienda. Eso se está dando hoy en nuestra cultura. ¿Cómo no va a existir desesperanza? El ser humano se sitúa al margen de la esperanza porque no tiene a nadie a su lado que le entregue el presente y el futuro manifestados en Jesucristo.

Os invito a tener la misma actitud de san Agustín para volver a la esperanza. Más que una actitud, fue la decisión de dejarse convertir por Dios, contemplando la condición humilde y encarnada del Dios cristiano. Qué fuerza tiene siempre reconocer que es precisamente la humildad de Dios la que revela su gloria. Qué expresión de tanta belleza la de san Agustín: «Yo no era humilde para reconocer por mi Dios al humilde Jesús, ni sabía de qué cosa pudiera ser muestra su flaqueza» (Confesiones, 7, 18, 24). Quien deja que se acerque a su vida Jesús y le sigue, sabe quién es Dios y quién es su prójimo, sabe que tiene que ser hombre para Dios y hombre para los demás, con los mismos gestos y actitudes que Jesús. Y sabe que la esperanza le acompaña siempre. Contemplar a Jesucristo es contemplar cómo se solidariza Dios con el hombre: hay un abajamiento de Dios a las criaturas con la consiguiente elevación de la criatura a la dignidad de Dios. Donde Dios se hace debilidad y donde Dios se hace servicio, allí la igualdad tiene su cátedra, la bondad su norma, la compasión su medida.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos, Cardenal Osoro Sierra

Arzobispo de Madrid

 

miércoles, 20 de enero de 2021

CORAZÓN DE PIEDRA O DE CARNE

Un corazón de piedra no puede ser atravesado por la espada del Mal del mundo, su pétrea dureza hace que rebote; es lo que llamamos devolver mal por mal. Cuando Jesús dice a sus discípulos que no devuelvan mal por mal no les está imponiendo una carga inhumana, les está ofreciendo una promesa que sólo puede venir de Él en cuanto Hijo de Dios, y que había sido anunciada por los profetas: "Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne" (Ez 36,26).

 Un corazón de carne, como el de Jesús atravesado por una lanza, se deja atravesar por la espada del Mal... ¡Venciéndole! Un verdadero hijo de María… para empezar se mira en ella. Simeón le dijo proféticamente que una espada le atravesaría el alma… que en este contexto es sinónimo de corazón (Lc 2,35).

 Pues bien, María silenciosa al pie de la Cruz sintió como la espada del Odio del mundo hacia Jesús atravesaba su alma… como hemos dicho… su corazón. La espada no rebotó en él en forma de maldiciones e insultos… se había cumplido en ella la profecía de Ezequiel... y para nuestra sorpresa y gozo infinito también en el Discípulo Amado de cuya boca tampoco salió ninguna palabra vengativa.

 No nos engañemos… sólo al pie de la Cruz, Jesús cambia nuestro corazón de piedra en uno como el suyo y el de su Madre: de carne… el único que vence al Mal.

 P. Antonio Pavía

Comunidadmariamadreapostoles.com

 

martes, 19 de enero de 2021

La virtud de hacer discretamente el bien

 

 Hay una virtud humana que siempre suscita admiración, porque viene a ser el marco existencial de una persona, a partir del cual los demás talentos encuentran su lugar justo y adecuado. Me estoy refiriendo a la discreción. Una persona discreta es la que no hace alarde de sus logros ni maquilla sus fantasmadas, no pasa factura para cobrar a los incautos, ni se aprovecha de cualquier cosa para hacer su propio agosto en cualquier época del año. Una persona discreta es la que sabe estar siempre haciendo lo que le corresponde y un poco o un mucho más, sin darse jabón ni recabar homenajes, ni votos electorales, ni aplausos lisonjeros, ni una calle en la ciudad o una capilla en la catedral de turno.

Precisamente, en la gran historia cristiana que tiene su comienzo en Jesús, en María y en José, la figura de este último representa el gran modelo de discreción. San José acertó a situarse en su taller de artesano en aquel pueblecito de Nazaret. Tomó sobre sí el cuidado de María y del pequeño Jesús, ante los cuales adoptará con enorme generosidad su custodia con toda la ternura y todo el afecto que cabe pensar, sin dejarse notar.

El papa Francisco ha querido dedicar un año jubilar a la memoria de San José, el discreto. Pero el Santo Padre ha querido subrayar la discreción de San José, alargándola a tantos que en nuestros días la viven también dentro de esta circunstancia que tanto nos asola y nos deja temerosos ante la incertidumbre que está sembrando la pandemia Covid-19. Esta es la conexión que ha dibujado el papa Francisco al respecto y que reproduzco por su belleza y oportunidad:

«Al cumplirse ciento cincuenta años de que el beato Pío IX, el 8 de diciembre de 1870, lo declarara como Patrono de la Iglesia Católica, quisiera —como dice Jesús— que “la boca hable de aquello de lo que está lleno el corazón” (cf. Mt 12,34), para compartir algunas reflexiones personales sobre esta figura extraordinaria, tan cercana a nuestra condición humana. Este deseo ha crecido durante estos meses de pandemia, en los que podemos experimentar, en medio de la crisis que nos está golpeando, que “nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. […] Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos”. Todos pueden encontrar en san José —el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta— un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. A todos ellos va dirigida una palabra de reconocimiento y de gratitud».

Son hermosas estas palabras y de acuciante actualidad cuando vemos que no está sólo en nosotros salir airosos de la crisis de la pandemia. Hemos de encomendarnos a este santo discreto e importantísimo, San José, en momentos de profunda dificultad para nuestras vidas. Que su discreción sea un acicate para hacer también nosotros el bien que vemos en Dios, mientras somos instrumentos de la paz que Él reparte con nuestras manos.

Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo de Oviedo

lunes, 18 de enero de 2021

Mi único oficio es glorificar a Dios

 

Tal vez son los años o son las impresiones de nuestro corazón o son los caminos de la sabiduría que cuanto más se avanza en el tiempo más sentimos que lo único que motiva nuestros quehaceres diarios es la Gloria de Dios. No quiero ser pretencioso y menos aplicar a nuestra vida algo que aún debe madurar, pero si decir que si algo significa la experiencia humana es mirar cara a cara la realidad más honda que es la de saber que Dios nos ama y que todo lo que salga fuera de esta coordenada lleva al nihilismo más absoluto. La destrucción más honda que existe y que deshumaniza al ser humano es cuando él mismo se glorifica a sí mismo y sólo a sí mismo. Es una de las dificultades que hoy se manifiesta muchas veces en nuestra sociedad y además con la pretensión más engañosa puesto que se quiere revestir de auténtica libertad cuando por el contrario es esclavitud. Es un engaño envuelto en un manto de progreso pero que por dentro está sostenido en una realidad vacía y corrupta.

El mismo Cristo, al que contemplábamos en la Navidad, es quien nos hace caer en la cuenta de nuestros errores. En el centro de la fe descansa la convicción de que el Dios invisible, desconocido, creador de todo, amó tanto a la humanidad que se puso en nuestro lugar y asumió la naturaleza humana para sacarnos del pozo ciego, donde estábamos sumidos, para llevarnos a la luz. Jesucristo ha querido compartir su propia vida de Hijo de Dios con cada persona humana y no para aniquilar ni disminuir nuestra naturaleza sino para darla valor del cual el ser humano estaba ausente. Nada es comparable a este amor concreto de Dios que nos acompaña, es más, asume nuestra propia naturaleza y la eleva a la dignidad más grande.

Un gran Padre de la Iglesia, San Irineo de Lyón, que nació en el siglo II, en la ciudad de Esmirna, en la costa occidental de la actual Turquía escribe unos textos impresionantes sobre la auténtica fe de la Iglesia en contra de las herejías reinantes. Oyendo predicar al viejo Obispo San Policarpo, discípulo del apóstol San Juan, se sintió interpelado y dedicó todo su quehacer a desmontar los engaños de los errores extendidos por los ámbitos intelectuales de aquel momento histórico. San Irineo llegó a ser más tarde el segundo Obispo de Lyón (Francia). Hay una frase de este gran evangelizador que siempre me ha impresionado y es la siguiente: “La vida en el hombre es la gloria de Dios, la vida del hombre es la visión de Dios” (Tratado contra las herejías, libro 4,20:7). Podemos decir que el hombre está “vivo”, es decir, que cada ser humano tiene el deseo de una vida plena y verdadera. Es lo único que realiza a la persona en su madurez humana.

Ante las dificultades de la vida y las contrariedades que vienen y los sufrimientos de todo tipo que acosan la experiencia humana, uno se pregunta: “¿Mi vida tiene sentido? ¿Merece la pena luchar?” Y la respuesta que es auténtica y válida, que nada tiene que ver con la magia y menos con huidas a imaginaciones vacías, es: “Mi vida tiene sentido porque tengo a un Dios que me ama, que ha apostado en Cristo por mi vida y es el único que me salva”. Tal es así que en los estudios de sicólogos y siquiatras afirman que el gran peligro que el ser humano padece y le lleva a la desesperación es el haber perdido el sentido de la transcendencia. Otros afirman que conviene potenciar el “optimismo inteligente” que lleva consigo superar las circunstancias más duras. Y en este sentido se habla, hoy en día, de “alienación” o de “absurdo” porque es precisamente debido a esa toma de conciencia de que algo importante le falta a nuestra vida, algo que buscar más allá, en vez de satisfacciones instantáneas que provoca la sociedad de consumo y relativista donde todo vale.

Estamos invitados a entrar en una vida que es simplemente el amor de Dios que quiere y desea compartir con nosotros. Esta es la máxima Gloria de Dios y gloria para nosotros. Lo más importante es saber gustar con el aroma del amor que procede de Dios el misterio escondido de cada vocación. “Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios, de los que son llamados según sus designio” (Rm 8, 28). Muchas decepciones matrimoniales, sacerdotales, religiosas… tienen como raíz y quicio el no haber sabido situarse y de modo especial apreciando que su vocación sólo tiene sentido si se vive sólo y exclusivamente para la Gloria de Dios. Nuestro único oficio es glorificar a Dios. Con este sentido la vida es vida.

+ Mons. Francisco Pérez

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

 

domingo, 17 de enero de 2021

Ni unos ni otros

 

                                                           

Una mañana en Larache, yo era aún una cría, salí de la casa cruzando la calle y entré en una panadería de un “amigo” judío para charlar con él. “Desaparecí” por un largo rato y cuando volví, encontré a mis padres muy preocupados; lo único que me dijo mi madre cuando se enteró de dónde venía, fue:

- Ni moros ni judíos se te permite, -la población  judía o sefardí en el Magreb norte era considerable- eres aún muy joven…

Y crecí con la idea de que estas personas no pensaban igual que yo pero no sabía por qué…

Escuchaba a mis abuelos hablar el árabe en el “Zoco Chico” de la Medina o en los bakalitos. Ellos llevaban allí desde 1912-. Al tiempo, yo aprendía algo el idioma gracias a Fátima que trabajaba en casa pues en las calles, fuera del centro musulmán o judío, se hablaba español.

Más tarde, mi familia se trasladó a Louisgentil -hasta 1956, Maroc francés- cerca de las montañas del Alto Atlas donde se encuentran las mayores minas de fosfato; y daba igual donde residieras, las comunidades judío-marroquíes o musulmanas no se mezclaban con los europeos así se “conviviera” en un mismo territorio. Cine árabe, cine español, café árabe, café español o francés…

Y sí, a medida que cumplía años, me daba cuenta del sentido de las palabras de mi madre; efectivamente, las dos culturas eran muy diferentes a la mía. Mi educación y mi Fe nada tenían que ver ni con unos ni con otros.        

Gracias mamá, era demasiado joven y tal vez hoy no estaría hablando de mi Dios…     

Emma Díez lobo

   

   

sábado, 16 de enero de 2021

Domingo 2 T. Ord.

  


Leemos en este Evangelio que Jesús fijo sus ojos en Pedro y le llamó, y el noble pescador inició su andadura como discípulo suyo. Pedro no sabía que su Discipulado estaba por hacer, Jesús sí, y no le importó y esta es la garantía de quienes nos vamos abrazando al Discipulado.

 Las carencias de Pedro salieron a la superficie cuando tuvo que escoger entre él y Jesús… se escogió a sí mismo negándole  a Él. Lo que aconteció esa noche rompe todos los esquemas de perfeccionismo inventados por los hombres...

 Sucedió que Jesús, atado entre soldados, se volvió hacia Pedro y volvió a mirarle como la primera vez (Lc 22,61). No hubo reproche en los ojos de Jesús sino confirmación en su llamada.  Es como si le dijera… ¡Ánimo, que te estoy haciendo discípulo mío!

 Y ¿qué diremos de la última mirada? Fue a la orilla del mar… Jesús Resucitado ha entregado su Vida por él… y ya puede decirle… ¿Me amas? Pedro no retira sus ojos, los mantiene ante su Rostro y le responde, y ya para siempre: ¡Señor tú sabes que te amo!

 Así es como Jesús nos hace-crea como discípulos suyos, repitiendo la historia de Pedro. ¡Bendito seas Señor Jesús!


  P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com