domingo, 5 de abril de 2020

La perseverancia



Sólo existe un camino para conocer a Dios, el de la perseverancia.

A él se llega cuando se comprende y se abraza el convencimiento de que, si estamos en Dios, todo lo que ocurre, conduce a Dios.

Cada vez que te sientas pequeño y abandonado, asediado por la vida.

Cada vez que no tengas fuerzas y te falte la respiración, piensa que Dios te mira y convertirá cada una de tus lágrimas en razones para asegurar tus pasos y conducirte a la luz.

Es difícil entenderlo pero esa es la forma en la que Dios nos descubre su Vida.

Despacio, perseverando, con nuestra mirada fija en Él  cargados de una fe que no traiciona y apoyados en la promesa que nuestro Señor selló con su muerte en la Cruz.

(Olga) 
comunidadmariamadreapostoles.com


sábado, 4 de abril de 2020

Domingo de Ramos




Hoy celebramos la Pasión y Muerte del Señor Jesús. 

No es que le mataran porque se encarrilaran mal las cosas, sino que ofreció libremente su vida, como lo dejó bien sentado: "Nadie me quita la vida yo la doy voluntariamente.Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo" (Jn 10,18).

 La entregó para que todo hombre tuviese acceso a la Vida. ¡Qué impacto tuvo que tener Pablo ante esta entrega de Jesús que como fuera de sí, nos dijo : 

"...Me amó y entregó su vida por mí.." ( Gal 2,20). Este "..se entregó por mí" que traspasó a Pablo, nos alcanza a todos. Jesús no establece un baremo de méritos para decidir quién es digno de la Vida y quien no. Prueba de ello es que el último en el baremo o escalafón de Israel, que era Barrabás, salvó su vida a costa de la condena a muerte, repito voluntariamente aceptada, de Jesús... toda una declaración de intenciones que indica que nadie está perdido para Jesús el Señor. Bien dijo que había venido al mundo para que todos, incluído Barrabás, 
 "..tuviesen vida en abundancia" (Jn 10,10).. ¡LA VIDA! 




(P.Antonio Pavía- Misionero Comboniano) 
comunidadmariamadreapostoles.com

viernes, 3 de abril de 2020

‘Semana Santa del corazón y la familia’




Me dirijo a vosotros para ayudaros a vivir esta Semana Santa, que celebraremos de manera tan distinta a otros años. Estamos en casa, sin poder salir, cumpliendo las directrices de las autoridades sanitarias, colaborando así a detener la pandemia que estamos sufriendo. Nos cuesta, pero lo hacemos por el bien de todos.

En esta situación, oiremos a veces la expresión “este año no hay Semana Santa”. No es así. Sí hay Semana Santa, aunque la celebraremos de forma diferente: no habrá procesiones en las calles; las celebraciones litúrgicas se realizarán sin presencia de fieles y, sin embargo, “habrá Semana Santa”, porque los cristianos no podemos dejar de hacer memoria de Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros.

La luna de primavera señala la fecha de la Pascua. Los judíos se reunían para cantar la salida de la esclavitud de Egipto, sacrificando el cordero y comiendo el pan ácimo. Jesús, el Señor, celebró la cena de Pascua y como manso cordero fue crucificado, muerto, sepultado y resucitó al tercer día. Desde ese momento, la Iglesia de todos los tiempos se reúne “cada semana, en el día que llamó del Señor, conmemora su resurrección, que una vez al año celebra también, junto con su santa pasión en la máxima solemnidad de la Pascua” (Sacrosanctum Concilium, 102).

Celebramos la Pascua de manera solemne y recordamos, paso a paso, los acontecimientos culminantes de nuestra redención, comenzando por el domingo de Ramos, con la entrada de Jesús en Jerusalén, hasta el domingo de su santa resurrección.

Dentro de esa Semana Santa nuestra piedad se concentra en el Triduo Sacro, “punto culminante de todo el año litúrgico”, que comienza el jueves santo por la tarde con la conmemoración de la última cena. El viernes santo, la Iglesia contempla la pasión y muerte de su Señor. El sábado santo, día de silencio, permanece junto a su sepulcro. Y en la noche santa del sábado al domingo, vela en oración para exultar de júbilo por la resurrección de Cristo, “que muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida”. La Semana Santa no es sólo recuerdo. El Señor es el viviente, está entre nosotros y actualiza su amor y su salvación.

Otros años nos reunimos en las iglesias para celebrar solemnemente estos santos misterios y salimos a las calles para contemplar los “pasos” del Señor y de su Santa Madre, que nuestras hermandades muestran como una catequesis llena de arte y belleza. Este año no podrá ser así. Soy consciente de lo duro que resulta para todos los creyentes no poder participar en esta liturgia y, especialmente, para los cofrades, no poder vivir como en otras ocasiones lo que preparáis con tanta ilusión y esfuerzo.

Sin embargo, hemos de procurar vivir la Semana Santa como una oportunidad nueva: vivirla desde el corazón, avivando nuestra fe y haciéndolo en familia, como “iglesia doméstica”. Es esta, pues, la Semana Santa del corazón y de la familia.

Como el pueblo de Dios en el exilio, sin templo y sin celebraciones, descubrió que podía agradar a Dios con un culto que tenía como centro su corazón, así nosotros en estas circunstancias reconoceremos que Dios aprecia, sobre todo, un corazón cercano a Él, humilde y obediente (Cf. Dn 3, 38-39).

Nosotros no hemos elegido esta situación que nos llena de preocupación y tristeza, sobre todo a quienes han vivido situaciones más dramáticas en el seno de sus familias. Todos estamos haciendo un gran esfuerzo quedándonos en casa. Los padres estáis cuidando a vuestros pequeños, convirtiendo vuestros hogares en escuela y “patio”. Los mayores deseáis abrazar a vuestros hijos y nietos, mientras permanecéis solos. Los sacerdotes sufrís por celebrar sin la presencia del pueblo y no poder acompañar a las familias como quisierais. Todos los trabajadores que lucháis en primera línea contra esta pandemia estáis sobrecargados, dándonos un ejemplo extraordinario de dedicación, entrega y profesionalidad, que admiramos y agradecemos.

A todos os invito a vivir la Semana Santa en esta situación, poniendo los ojos en el Señor, recordando que Cristo, pobre y humilde, está presente en medio de nosotros porque, cuando dos o más nos reunimos en su Nombre, Él habita en nuestro corazón por la fe. Cristo el Crucificado está al lado del que sufre; Cristo el Resucitado nos da a todos su luz y esperanza.

Estoy seguro de que estáis deseando vivir una intensa Semana Santa en estas nuevas y sorprendentes circunstancias. Pero quizás os preguntáis cómo o qué hacer para poder aprovechar esta nueva oportunidad de acercarnos al Señor estando confinados. Con humildad os escribo esta carta con el deseo de ofreceros unas sencillas sugerencias que os puedan ayudar:

1º. En primer lugar, os invito a seguir por la televisión las celebraciones del Papa, cuyos horarios os envío y podréis consultar en nuestra web www.diocesisdehuelva.es. Una Semana Santa unidos al Sucesor de Pedro en este momento de dolor para la humanidad entera. A las mismas horas que el Papa, yo celebraré los sagrados misterios en casa, unido al Papa y a todos vosotros. Seguid estas retransmisiones, con respeto y devoción, participando con todo el corazón.

2º. Pensando en los más pequeños, procurad poned en vuestras casas un pequeño “altar” con el crucifijo o una reproducción de la imagen del Señor y de la Santísima Virgen, una Biblia y una vela, donde podáis comenzar y terminar la jornada con una sencilla oración, recordando el misterio que contemplamos cada día, ayudados por los textos de la Sagrada Escritura que también os envío. Rezad intensamente por los difuntos, enfermos y familiares afectados por esta enfermedad del coronavirus.

3º. Los cofrades sentiréis una “añoranza” especial el día en que vuestras cofradías tenían previsto salir a la calle. Os sugiero que a la hora de vuestra “salida”, cada uno, desde casa, se una en oración a sus hermanos con el rezo del Vía Crucis u otras oraciones apropiadas. Esta será vuestra estación de penitencia este año.

4º. El viernes santo es día de ayuno y abstinencia. Otros años quedabais dispensados de esta práctica porque resultaba difícil llevarla a cabo. Este año podéis redescubrirla: abstenernos de carne y los adultos (no los mayores de 65 años) hacer una sola comida. Con esta privación nos unimos así a los sufrimientos de Cristo y a las necesidades de nuestros hermanos más pobres. Unamos nuestro ayuno a la limosna que, a través de Cáritas, llegará a las personas vulnerables, no solo en estos momentos, sino también cuando se experimenten las dificultades económicas que seguramente llegarán tras el paso de la pandemia.

Tendremos que hacer un gran esfuerzo para seguir apoyando a los más necesitados. En los momentos de prueba se despierta lo mejor de nosotros mismos. Demostremos nuestras posibilidades de ayudar y comprometámonos aún más para cumplir el mandato nuevo del Señor: Amaos como yo os he amado.

 Buscad momentos de silencio en cualquier rincón de vuestra casa. Recordad las palabras del Señor, meditad sus gestos, sus sufrimientos: “Me amó y se entregó por mí” (Gal 2, 20). El Resucitado está a nuestro lado para llenarnos de su alegría y abrirnos horizontes de amor y de esperanza. “Cristo vive y nos quiere vivo”, como nos recuerda el papa Francisco (Cf. ChV, 1).

 Finalmente, el domingo de Resurrección festejad en familia esta victoria que sostiene nuestra esperanza. No olvidéis que es el día central del año cristiano y debe resonar en nosotros la alegría del Aleluya. Os propongo un gesto sencillo: sacad vuestro mejor mantel y decorad la mesa, tal vez con algún adorno que puedan hacer vuestros hijos, y bendecid la comida, aún modesta, con una especial solemnidad.

Estos son sencillos y pequeños consejos que os pueden ayudar. Estad atentos a las indicaciones y sugerencias de vuestros sacerdotes. Sé que están desarrollando muchas iniciativas, a través de las redes sociales, para estar cerca de vosotros. Ellos están rezando por vosotros, celebrando solos y, sin embargo, teniéndoos presentes en el altar. Doy gracias a Dios por nuestros sacerdotes que están viviendo también una nueva forma de celebrar estos santos días.

A todos os deseo una santa semana en casa y, sin embargo, más unidos que nunca en el Señor. Que la Santísima Virgen nos proteja con su manto maternal y el Señor nos bendiga y nos haga sentir su amor y su presencia.

Con todo mi afecto,

Mons. José Vilaplana
Obispo de Huelva

Transforma la escoria en DIAMANTE


 Corremos el peligro de buscar milagros en vidas de Santos, historias .etc y quedarnos sin el Milagro de todos los milagros...El que Jesús quiere hacer en nosotros...el mismo que hizo con Pedro. Después de haber jurado y perjurado que no fallaría a Jesús, le negó tres veces sin el menor asomo de resistencia. Entramos ahora en el Gran Milagro. Jesús Resucitado se encuentra con Pedro que en ese momento solo es escoria, un pobre hombre (Jn 21,1...) Jesús se acerca a él y para estupefacción de cielos y tierra le pregunta: ¿Pedro, me amas?!! El Hijo de Dios solicitando el amor de Pedro!!

 Quien va tras milagros por supuesto que válidos y descuida e ignora este que Jesús quiere hacer con él porque Pedro es signo de todo discípulo de Jesús pierde lo esencial de lo que Jesús quiere hacer en su ser: transformar la escoria de su vida en un Diamante Precioso a sus ojos, los del Hijo de Dios. La historia de Amor de Jesús a Pedro no hubiesen sido capaz de inventarla ni todos los guionistas de Hollywood juntos. Solo la podía inventar Dios y la invento para ti.

Cuándo Pedro oyó que Jesús le preguntaba por tres veces que si le amaba, apenas acertó a balbucear! Señor  tu sabes que te quiero. Aunque soy escoria. Jesús le dijo entonces ...ya no eres escoria, he dado mi vida por ti..! Eres un Diamante precioso a mis ojos!..! Apacienta mis ovejas!. Esta es la historia de amor jamás escrita. Está escrita por Jesús. Está escrita por y para ti...y te preguntas…

¿Cómo voy a apacentar tus ovejas, Señor?!!!! Eso déjaselo a Él…!! 

P. Antonio Pavía
comunidadmariamadreapostoles.com


jueves, 2 de abril de 2020

Diario de un pastor ante el Covid-19.



La pandemia del Covid-19 que azota al mundo y en concreto a nuestro país, es horrible en todos los aspectos de la existencia. Hemos pasado del estrés de la vida ordinaria moderna, de la cual nos quejábamos de que no teníamos tiempo para la familia, los amigos…a un severo confinamiento en nuestras casas y con gran impedimento para completar las tareas que eran rutinarias hasta hace solamente dos semanas. De pronto, la realidad se reduce al hogar con los tuyos, a tratar más al vecino de al lado que ante apenas saludabas y llevar una comunicación por medio de los móviles y las redes sociales.

Curiosamente, en tan poco tiempo estamos descubriendo una nueva cara del vecindario y hasta te ha llamado aquel viejo amigo que se esfumo. Parece que esta situación del coronavirus nos está haciendo redescubrir muchos elementos positivos que teníamos olvidados. ¿Será verdad aquel viejo adagio: “de grandes males, grandes bienes”? Esta aparente contradicción entre la existencia del mal, la bondad divina y la capacidad de supervivencia del ser humano, plantea la toma de conciencia de recuperar el Misterio. Dicho en termino más coloquial, recobrar la “capacidad de sorpresa” que habíamos perdido por el pragmatismo positivista de la cultura materialista dominante.

El ser humano, por mucha ciencia que posea, no dominará nunca los secretos de la naturaleza. La prueba más evidente es la situación que estamos padeciendo ¿Por qué no se atisbó antes esta pandemia que nos ha llegado, tan global y en poco tiempo? ¿Qué ha fallado antes y que es lo que está fracasando ahora en detener este mal? Estos y otros interrogantes pensados y madurados en una reflexión sensata, nos lleva a la conclusión que, muchos pueden que se resistan, pero que no hay más salida que la expresada por san Pablo: “¡Que abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondable sus decisiones y que inescrutables sus caminos!” (Rom 11,33).

Todo esto, que no entendemos porqué está pasando, las situaciones límites que estamos viviendo, necesariamente conducen a un replanteamiento del sentido de la vida y la razón de Dios. Porque como diría en su momento Luckmann: “La estructura social se ha secularizado, el individuo no”.

Además, es tan intenso lo que se está viendo que no solamente nos lleva a las grandes cuestiones, sino también a modificar actitudes personales que reporten mayor humildad, sencillez de vida y una menor autosuficiencia cultural. Todo eso redunda en un tipo de convivencia más sensible para ver al vecino con otros ojos, más libre de prejuicios. Tú mismo, te has sorprendido gratamente por el ofrecimiento y ayuda de algunos de ellos, con los cuales no habías hablado en mucho tiempo. También las acciones de distracción de las comunidades de vecinos que desde los balcones arrancan el júbilo de los pequeños y el gozo de los mayores. Sin olvidar la solidaridad vecinal con los más vulnerables. Todo ello, está demostrando que el individualismo feroz en que vivíamos era enfermizo.

Por último, qué decir de la cantidad de llamadas que efectúas interesándote por tanta gente con la que no hablabas hace tiempo y de esas otras que tú recibes llenas de cariño y amistad de gente cercana, pero también de lejanos familiares de los que apenas sabias. Todo eso pone en evidencia que “Es propio del amigo hacer el bien a los amigos, principalmente a aquellos que se encuentran más necesitados” (Tomás de Aquino).

  + Juan del Río Martín
Arzobispo Castrense de España


miércoles, 1 de abril de 2020

El descanso del alma



Nada de lo que forma parte de nuestra vida excepto Dios se sostiene por sí mismo: salud, trabajo, bienes temporales, incluso personas que queremos…etc.

Hablamos de personas y realidades magníficas sin embargo al no sostenerse por sí mismas tarde o temprano nos abandonan o las abandonamos y...solo nos queda Dios, Él es el Único que se sostiene por sí mismo y sostiene a ti enfatizando en Él tus ansias vitales. Entendemos ahora el grito del salmista: " Solo en Ti descansa mi alma" (Sl 62,3)… grito que Jesús convirtió en confesión de fe durante la Última Cena cuando dijo a sus discípulos atenazados como estaban  por el miedo: "Llega la hora en la que os dispersareis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo pero no estoy solo porque el Padre está conmigo" (Jn 16,32) Jesús entrelazó su voluntad a la del Padre y venció la soledad y la muerte y precisamente por esta su victoria tiene autoridad y poder para decir a todo aquel que quiera escucharle : "Venid a mí los que estáis angustiados y abatidos …y encontraréis descanso para vuestras almas"..( Mt 11,28..)

Rvdo. Antonio Pavía

martes, 31 de marzo de 2020

Ángeles que despiertan





Da la impresión de que nuestro primer mundo tan orgulloso de " tocar el cielo" ha quedado sumido en un "valle de tinieblas y sombras" (Lc 1,79) a causa de un virus casi microscópico. Lo de tocar el cielo fue la pretensión de los constructores de la Torre de Babel para quienes no había otro dios que ellos mismos y que el Otro, el supuesto Dios no tenía que inmiscuirse en su vivir de cada día. Así pensaban aquellos y una buena parte de nuestra sociedad hasta que vino el bichito y nos puso a su altura creando miedos y desconciertos.

También es cierto que está situación ha sacado de a la luz lo mejor de nuestra sociedad. No voy a citar profesiones ni gremios, seguro que dejaría de nombrar alguno, tengo pues presentes a todos, quiero no obstante decir que los discípulos de Jesús además de ayudar en este movimiento de ayuda a los demás tenemos una misión única. Tengo presente el grito de Isaías a Dios ante el abatimiento de Israel cautivo en Babilonia: " No hay quien se despierte para asirse a Ti" (Is 64,6) Golpeados contra su realidad limitada cuando casi habían tocado el cielo…!! Como les gustaría a muchos que este Dios que ignoraron se hiciese presente en sus vidas y les liberase de su letargo. Esta es nuestra bellísima misión ante los hombres que nos rodean y que ya no se ríen ante los chistes wassappianos...

Tenemos que despertarles cada cual sabrá cómo y decirles que se agarren a Dios porque si bien es cierto que se olvidaron de Él, Él no se olvida de nadie, ni siquiera de los que le ignoraron y arrojaron al desván donde se almacena lo inservible.

Antonio Pavía, Misionero Comboniano
Comunidadmariamadreapostoles.com