jueves, 12 de diciembre de 2019

¿Dónde mi Belén?


                                                                 


     
Me puse a buscar el Belén entre las cajas de mi armario y no apareció por ningún lado. Quise recordar dónde la había puesto el año pasado, pero sin éxito me quedé pensando en qué hacer…

… Y lo ubiqué dentro de mí. No era un establo hecho de corcho y madera, era una parte del corazón ocupada por María, el Hijo de Dios y un Santo descendiente de la casa de David.

Entre ventrículos, sangre y arterias se cobijaba un Belén viviente que hablaba al son de los latidos. Fue genial. Ya no necesitaba mis mudas figuritas de barro, éste año el Misterio era diferente, palpitaba con la vida.  

María toca mi obediencia y protección y, se sitúa a la derecha en el corazón; José me alienta en la Fe, permaneciendo de pié a la izquierda; y el Niño Divino en el centro de los dos, para la liberación de mi alma. A cada personaje real, una labor a profesar por los sentidos de mi esencia. 

También vi los tres regalos que depositaron los Magos a Jesús: Reino, padecimiento y Divinidad, eran para mi crecimiento y perdón. 
  
Pero ni Reyes, ni pajes, ni pastores, ni animales, estaban ahí, permanecían fuera del Misterio, eran mi mundo, mi calle, mi gente preparando la Navidad con portal, barro, musgo, corcho y papel de plata…

Mi casa no lucía Navideña como la de los demás. Sí, es verdad, éste año no estaba fuera de mí en una mesa del salón, sino dentro de mí, con luces de esperanza y calor de gratitud.     

 Emma Díez Lobo
     

   
 

miércoles, 11 de diciembre de 2019

In memoriam


                                                          

                  
A ti, pequeñín de 16 semanas que no llegaste a ver la luz de la tierra aunque sí la del cielo; a ti, que por causas de la vida has partido al Reino antes de nacer, dile a Dios que tu alma limpia como la nieve, sea la luz de tus padres; que no piensen que ya no existes porque eso te haría llorar amargamente y, tú eres más grande que muchos que pueblan el mundo.

Te habrían llamado Hugo y hoy tus ojos bien abiertos tienen la Gracia de ver a todos los que dejaste en la tierra. Diles, a través del Libro de la Vida lo que estás viviendo, su alegría de saberte tan feliz les llenará el corazón.

Has dejado un vacío temporal, cierto, pero no eterno. Tu inmortalidad hará que te amen tanto como si estuvieras aquí aunque sus ojos sean ciegos a la realidad de tu ser: Un alma sin desperfectos y un cuerpo a imagen y semejanza de Dios. 

Genial

Para Hugo no hay tiempo, para Hugo estáis con él si así fuera vuestra voluntad. 

Procurad llegar allá donde mora y pensad que el alma y la resurrección de la carne, son hechos incuestionables.   

A quien más dolió su marcha fue a quien lo envió, Dios, pero si con esta tragedia llegáis a verle desde el corazón y la Fe, bendito sea Hugo que ya, desde su concepción, miraba por vosotros. Gracias Hugo por existir.

En memoria de los no nacidos que tomaron el rumbo del cielo. 
     
  Emma Díez Lobo


martes, 10 de diciembre de 2019

Preparad el camino, que viene el Señor


El Señor viene a salvarnos y nosotros somos invitados a colaborar con él, preparándole el camino. Cuando somos acogedores, serviciales y amables, estamos preparando sus caminos. Cuando compartimos y perdonamos, estamos preparando sus caminos. El Señor nos conceda su gracia para que tan buenos propósitos se conviertan en obras. Amén.

Preparad, preparad el camino, que viene el Señor,
enderezad los senderos. 
Allanad las montañas, rellenad los barrancos
que llega muy pronto el Hijo de Dios. 

Una virgen será su madre 

y su ley el amor.
"El Mesías" será su nombre
y su ley el amor.
Vivirá con nosotros
y ya nunca se irá. 
Preparad, preparad el camino, 
allanad, allanad las montañas que llega el Señor.

Preparad, preparad el camino, que viene el Señor,

enderezad los senderos.
Allanad las montañas, rellenad los barrancos 
que llega muy pronto el Hijo de Dios. 

Siendo grande nació pequeño,

como un pobre mortal.
Los humildes son sus amigos
y los hombres su afán.
Vivirá con nosotros
y ya nunca se irá.
Preparad, preparad el camino,
allanad, allanad las montañas, que llega el Señor.

Preparad, preparad el camino, que viene el Señor,

enderezad los senderos. 
Allanad las montañas, rellenad los barrancos 
que llega muy pronto el Hijo de Dios. 

lunes, 9 de diciembre de 2019

El cielo es una Nación



                                                             
La más grande Nación, con un Ejército infranqueable de espadas y justicia; con una  Bandera espectacular del color de la sangre y de la luz. Yo nací en esa Patria que borraba todo mal; me crié al amparo de sus cuidados y aprendí a rezar por ella.

Yo besé su Bandera envuelta entre soldados de la Armada de Dios, acompañada de uno muy especial asignado desde mi cuna; Él iba de blanco, yo del color de la vida.

Me dijeron que era la Nación del mundo, no solo mía. Me dijeron que San Juan escribió y dibujó en ella un águila que llevaba y traía su Evangelio; me dijeron que nunca dejara de luchar por ella y la guardara en el corazón.

Es celeste como el cielo, su emblema el perdón y su fin, vivir el Amor más absoluto. Es la Patria del mundo del tamaño de 12.000 estadios con cuatro murallas y doce puertas: Al Norte, a Oriente, a Occidente y a Medio día.

Sus Parlamentarios protegen la Constitución inspirada por Dios a cuatro Legisladores. Son geniales ver como jamás se olvidan de su pueblo; su Presidente, una Mujer Inmaculada elegida por el Rey, Hombre magistral sin mancha e Hijo de la máxima Inteligencia Suprema del universo.

Cada año el Rey viene a la tierra a renovar sus Leyes en el mes de Diciembre y se va en  abril, pero se queda entre mayo y noviembre.

Decidme si no vale la pena enrolarse en los tercios de esa Nación donde nunca se pone el sol; en la que mis pies pisan, tampoco se ponía hace 500 años… 
      
   Emma Díez Lobo



domingo, 8 de diciembre de 2019

María, mujer del SI



                                             libéranos del pecado…

 Dios ha decidido intervenir en nuestra historia para reconducirla y convertirla en «historia de salvación». Dios anuncia su intervención para que el poder del pecado y del mal no tengan la última palabra. Y en ese plan de saneamiento María ocupa un lugar especial: la que va a ser la madre del Salvador es liberada de todo pecado desde el instante mismo de su concepción. De esta manera María aparece como el perfecto contrapunto de Eva.
La historia de estas dos mujeres en parte coincide y en parte se contrapone. Hay en las dos una experiencia de seducción, pero de signo contrario. Eva es la mujer seducida por el tentador, María es la mujer seducida por Dios. Si Eva se deja engañar por lo que entra por los ojos y por las pasiones interiores. María aparece como la enamorada de Dios que ante Él ni duda, ni desconfía. Eva es la mujer del NO, María es la mujer del SÍ incondicional. De forma que en María empiezan a hacerse realidad las promesas de Dios sobre la derrota del mal y del pecado. Por eso la llamamos «Purísima» y «llena de gracia».
Todo esto afecta de forma decisiva a nuestra historia. «La Inmaculada Concepción de María es el anticipo y la prenda, el lejano principio y el sentido final de nuestra redención. Con razón la Iglesia celebra con alborozo a la Inmaculada en medio del Adviento. Al hacerlo, no sólo celebra el misterio de María, sino también su propio misterio: celebra la bendición de María y su propia bendición» (H. Rahner). Con toda razón Pablo exclamaba agradecido: «¡Bendito sea Dios, que nos ha bendecido en la persona de Cristo!».
Cada uno tenemos la gracia, ofrecida por Dios, de poder vencer al mal y al pecado en nuestra vida. Dios, que intervino en nuestra historia saneándola, nos llama ahora a todos a recorrer ese camino de liberación que abrió Jesús y que María recorrió la primera entre todos. Es verdad que el mal sigue estando ahí, lo sentimos con fuerza dentro y fuera de nosotros mismos.
Podemos luchar contra él o podemos alimentarlo. Podemos resistirlo con esfuerzo y rechazarlo de corazón o podemos aceptarlo y hacerlo nuestro. En esto cada uno decide desde su libertad.
Cuando estamos a punto de alcanzar el ecuador del Adviento, la liturgia pone ante nuestros ojos a María. No nos quedemos en la simple admiración. Que la libertad que Ella mantuvo frente al mal sea para nosotros aliento y ejemplo en nuestra lucha diaria contra el pecado.
José Manuel Hernández Sánchez

sábado, 7 de diciembre de 2019

II Domingo de Adviento



PRIMERA LECTURA:
Lectura del libro del  profeta Isaías 11,1-10: Con equidad dará sentencia al pobre
SALMO 71,2.7-8.12-13.17:
Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente
SEGUNDA LECTURA:
Lectura del apóstol san Pablo a los Romanos 15,4-9: Cristo salvó a todos los hombres
EVANGELIO:
Lectura del santo evangelio según san Mateo 3,1-12: Haced penitencia porque se acerca el Reino de los Cielos.

La esperanza exige conversión

La palabra de Dios nos vuelve a recordar la promesa de salvación (1 y 2 lectura) y, por otra parte, el Evangelio proclama que ya está llegando el cumplimiento de esta promesa con la cercanía del Reino de Dios y que esto exige conversión.

La esperanza cristiana se apoya en la palabra de Dios, que ya se cumple en la Pascua de Jesús, y por otra parte, en nuestra conversión. Espera algo el que no lo tiene y lo desea; por eso el que no desea, no espera, tampoco el autosuficiente que no necesita nada. Jesús viene como Salvador. Sólo lo recibirá el que es consciente de sus limitaciones y desea ser salvado. 

En este contexto convertirse  es, por una parte, ver con realismo la propia pobreza para desear colmarla y, por otra, hacer vacío para que lo llene Dios. Es una acción que implica esfuerzo, pero no va en detrimento de la correcta autoestima del hombre,  al contrario, la defiende, al  exigir evitar una falsa idea de la sí mismo, orgullosa  y que vuelve la cabeza ante  las limitaciones físicas y morales.

Dios ha puesto en el corazón del hombre ansia de infinito y plenitud: Nos hiciste, Señor, para ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en ti (S. Agustín), pero el hombre puede embotar este hambre con pequeñas satisfacciones materiales. Convertirse es vigilar para que no se embote la esperanza: Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las inquietudes de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros (Lc 21,34).

La experiencia del pueblo judío durante la primera Alianza debe ser una lección viviente para nosotros. Todos esperaban la llegada del reino de Dios y del Mesías, pero, cuando llegó, la mayoría no lo aceptó.  El NT reflexiona sobre este hecho señalando las causas, que son las mismas que pueden frustrar hoy día nuestra esperanza. Repasar algunas  ayudará a concretar nuestra conversión:  Todo esto les acontecía en figura, y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos. (1 Cor 10,11):
* Vivir centrado en el amor propio, en los propios intereses, en la propia gloria, y no en el amor de Dios: Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? (Jn 5,42-44).

* Poner condiciones al plan salvador de Dios. Los judíos rechazaron la propuesta de Jesús de un mesías siervo, pues preferían un hijo de David  triunfalista: Como dice Pablo, Testifico en su favor que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento.  Pues desconociendo la justicia de Dios y empeñándose en establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios (Rom 10,2-3).

* Concebir la salvación como una compra entre iguales, a base del propio esfuerzo, y no como un regalo de Dios. Esto se manifiesta de diversas formas, como el legalismo, que cree que se puede comprar la salvación a base de cumplir materialmente la letra de las  normas, descuidando su espíritu  (Mc 2,23-3,5); la rutina en las prácticas con etiqueta religiosa (Mc 2,18-22). Leyes y prácticas deben ser expresión del amor a Dios y a los hermanos, no medios para comprar la salvación y quedarse tranquilos y autosatisfechos de que la compra va por buen camino. Ambas prácticas dan lugar al puritanismo del que se siente tranquilo y sin pecado, excluyéndose así de la salvación de Jesús, pues no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos; no vine a llamar justos sino pecadores (Mc 2,17). Igualmente se manifiesta en el dogmatismo doctrinal y moral del que se cree en pleno conocimiento y posesión de los planes de Dios. Muchos judíos rechazaron a Jesús en nombre de Dios! (Mc 2,1-12; Jn 16,2). Dios se ha revelado y nos ha dado a conocer su verdad, pero todavía conocemos parcialmente (1 Cor 13,8-12). La teología tiene que ser radicalmente humilde y debe ayudar a aceptar los caminos de Dios, que frecuentemente tienen aspecto necio y débil, pero que son sabiduría y poder de Dios (cf 1 Cor 1,17-24).

La conversión es un proceso permanente en la vida cristiana y capacita para acoger las constantes venidas de Jesús. Por eso es también fundamental para celebrar la Eucaristía, que es presencia del Salvador, que se vuelca en los que desean y esperan su salvación. Jesús quiso  ofrecer un primer anuncio de ella cuando comía con los pecadores. En la Eucaristía Jesús comparte su sacrificio con sus amigos, que se reconocen pecadores perdonados.

Dr. Antonio Rodríguez Carmona



viernes, 6 de diciembre de 2019

Fiesta Inmaculada Concepción





LA ALEGRÍA POSIBLE

La primera palabra de parte de Dios a sus hijos, cuando el Salvador se acerca al mundo, es una invitación a la alegría. Es lo que escucha María: «Alégrate».

Jürgen Moltmann, el gran teólogo de la esperanza, lo ha expresado así: «La palabra última y primera de la gran liberación que viene de Dios no es odio, sino alegría; no es condena, sino absolución. Cristo nace de la alegría de Dios, y muere y resucita para traer su alegría a este mundo contradictorio y absurdo».

Sin embargo, la alegría no es fácil. A nadie se le puede forzar a que esté alegre; no se le puede imponer la alegría desde fuera. El verdadero gozo ha de nacer en lo más hondo de nosotros mismos. De lo contrario será risa exterior, carcajada vacía, euforia pasajera, pero la alegría quedará fuera, a la puerta de nuestro corazón.

La alegría es un regalo hermoso, pero también vulnerable. Un don que hemos de cuidar con humildad y generosidad en el fondo del alma. El novelista alemán Hermann Hesse dice que los rostros atormentados, nerviosos y tristes de tantos hombres y mujeres se deben a que «la felicidad solo puede sentirla el alma, no la razón, ni el vientre, ni la cabeza, ni la bolsa».

Pero hay algo más. ¿Cómo se puede ser feliz cuando hay tantos sufrimientos sobre la tierra? ¿Cómo se puede reír cuando aún no están secas todas las lágrimas y brotan diariamente otras nuevas? ¿Cómo gozar cuando dos terceras partes de la humanidad se encuentran hundidas en el hambre, la miseria o la guerra?

La alegría de María es el gozo de una mujer creyente que se alegra en Dios salvador, el que levanta a los humillados y dispersa a los soberbios, el que colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos vacíos. La alegría verdadera solo es posible en el corazón del que anhela y busca justicia, libertad y fraternidad para todos. María se alegra en Dios, porque viene a consumar la esperanza de los abandonados.

Solo se puede ser alegre en comunión con los que sufren y en solidaridad con los que lloran. Solo tiene derecho a la alegría quien lucha por hacerla posible entre los humillados. Solo puede ser feliz quien se esfuerza por hacer felices a los demás. Solo puede celebrar la Navidad quien busca sinceramente el nacimiento de un hombre nuevo entre nosotros.

Ed. Buenas Noticias