miércoles, 26 de febrero de 2020

El Hermano Rafael, santo de la Trapa de Dueñas


La proximidad geográfica e histórica de los sanos nos invita particularmente a acudir a su intercesión y a tener presente su ejemplo. Hoy os recuerdo a uno.
A continuación reproduzco parte de mi intervención en la presentación del libro de F. Caballero, Hermano Rafael: el Camino de la Santidad, en Palencia, el 19 de diciembre de 2019.

“Llegar y besar el santo”, este dicho coloquial me lo puedo aplicar en relación al Hermano Rafael; resume de manera gráfica la suerte que me cupo al llegar como Obispo a la diócesis de Palencia. El día 19 de julio de 1992 tuvo lugar la celebración del comienzo de mi ministerio en la Catedral, y poco más tarde, fue beatificado el Hno. Rafael en Roma el día 27 de septiembre.

Mons. J. A. Martínez Camino, que con la intención de discernir su vocación pasó una larga temporada en la Trapa de San Isidro de Dueñas, ha escrito en el prólogo del libro que presentamos: “Los santos no sólo tienen una vocación, a la que Dios llama, sino también una misión que la Providencia les confía en el contexto histórico que les toca vivir”. Aunque se comparta con otros una vocación específica eclesial dentro de la común vocación cristiana, cada persona es irrepetible para la que Dios tiene un proyecto singular. Rafael fue descubriendo el perfil más concreto de su vocación, que formulaba en 1938 con las siguientes palabras: “Mi vocación es sufrir, sufrir en silencio por el mundo entero; inmolarme junto a la cruz de Jesús”. La vocación monástica del Hermano Rafael se fue concentrando en sufrir junto al Señor crucificado y en comunión profunda con Él. En la Trapa no tanto vivió cuanto sufrió y murió. Son una vocación y una misión inefables realizadas con obediencia a Dios y un gozo transparente como irradia el retrato que en la iglesia del Monasterio está junto a la arqueta con sus restos sagrados (cf. 1 Ped. 1, 6-9; 4, 13). Tanto las luces como las flores colocadas en ese rincón iluminan su sonrisa honda y serena. ¡Ha encontrado su lugar! No se puede negar la plenitud de su vocación y misión originales.

Nos atrevemos a afirmar que el Hno. Rafael es la historia personal, corta e intensa, de un despojo que vivió no como pérdida sino como identificación con Jesús crucificado. La diabetes sacarina le fue cortando los caminos, debilitando hasta la extenuación sus fuerzas y destruyendo la vida.

Vivió este despojo creciente con alegría y gozo profundos e incontenibles como reflejan su mirada y su rostro. “El que ama a Cristo, ama su cruz”. “Saber esperar” es la ciencia sublime de un trapense que vive y quiere ser fiel. Su alegría consiste en la esperanza cierta de que el Señor vendrá y nos llevará con Él. “Estad alegres, porque el Señor está cerca” (cfr. Fil. 4, 4-5). Un cristiano, también en el umbral de la muerte, puede esperar, porque morir es un paso, “morir es solo morir” (J.L. Martín Descalzo),la muerte es una puerta, hacia el encuentro con Dios, cuyo rostro sin velos podrá contemplar. “Rompe la tela de este dulce encuentro”, escribió San Juan de la Cruz.

Rafael murió en la Trapa. “Le di a Dios mi persona, mi alma, mi corazón, mi familia”. Hubiera deseado ser monje y sacerdote, pero Dios en su designio de amor y sabiduría decidió que muriera como oblato. Entró a mediados de enero de 1931. A los cuatro meses tuvo que salir por la diabetes grave. Dos años estuvo fuera de la Trapa. Regresó al monasterio por cuarta y última vez el 15 de diciembre de 1938. No profesó según hubiera deseado confiando que era la llamada de Dios; no pudo vivir y convivir con la comunidad; cada salida era un desgarrón personal, y siempre añoraba volver a su Trapa, el lugar que el Señor le había mostrado. Rafael escuchó una llamada de Dios y se puso en camino, pero Dios se atravesaba en cada recodo. Murió en la cruz con Cristo, como Cristo y por Cristo.

¿No se puede, con la debida distancia, comparar la historia de la fe del Hno. Rafael con la historia de Abrahán, el padre de los creyentes? Dios mandó a Abrahán salir de Ur de los Caldeos, prometiéndole una tierra y una descendencia más numerosa que las estrellas del mar. Pero tuvo que peregrinar hasta entrar en la tierra prometida. La descendencia tardó en llegar, y cuando concibe su esposa, pasada la edad y él anciano, y ha crecido Isaac, inexplicablemente le pide el mismo Dios que sacrifique al hijo de la promesa en el monte donde Dios provee.

La Carta de los Hebreos al hacer el elogio de los testigos de Dios (cf. 12, 1), subraya tres momentos de la historia creyente de Abrahán: Le manda salir de su tierra a una tierra desconocida y él obedece; le promete un hijo y sabiendo que Dios puede cumplir lo prometido se fía de Él; y contra toda razón humana le pide la vida de Isaac, y Abraham reconociendo que para Dios nada es imposible, se dispone a sacrificarlo y lo recobra en el momento del peligro (cf. Heb. 11, 8-19) (cf. Gén. 12-25 y más en concreto 12, 1-3; 15, 2-8: 18, 10-15; 21, 1-7; 22, 1-19; 24. 1-3. 51-66).

Dios cumple su promesa, cuyos ejes centrales son la descendencia y el don de la tierra, rompiendo los esquemas y proyectos de Abrahán. Dios cumple la promesa también a Rafael por unos caminos y unos tiempos insospechados, pero se fía de Dios, que en la Cruz de Jesús resucitado lo espera, acompaña y fortalece. “¡Solo Dios!”

Antes de terminar, felicito sinceramente al periodista, autor del libro, D. Fernando Caballero, que ha nacido en Dueñas y crecido en la proximidad geográfica y cordial del Hno. Rafael. Estudia sobre todo los procesos de beatificación y canonización en torno a los cuales nos aporta muchas informaciones. Está escrito con claridad, con respeto al secreto del alma de Rafael y con capacidad de comunicación. Se lee con gusto y sin fatiga. Merece la pena dedicarle el tiempo requerido para su lectura reposada y atenta. 

Os invito a ello.

+ Card. Ricardo Blázquez
Arzobispo de Valladolid


domingo, 23 de febrero de 2020

Una llamada escandalosa




La llamada al amor es siempre seductora. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.

Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general de odio que se respiraba en su entorno, proclamó con claridad absoluta su llamada: “Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os calumnian”.
Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios, no introducirá en el mundo odio ni destrucción de nadie.

El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús, dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos incluso de sus enemigos.
Cuando Jesús habla del amor al enemigo, no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón.

Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor alguno hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando el odio y la sed de venganza.

Pero no se trata solo de no hacerle mal. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos alegrándonos de su desgracia.

El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias a la persona se le puede hacer en aquel momento prácticamente imposible liberarse del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar.

Ed. Buenas Noticias


sábado, 22 de febrero de 2020

VII Domingo del Tiempo Ordinario




PRIMERA LECTURA:
Lectura del libro del libro del Levítico 19,1-2. 17-18: Amarás a tu prójimo como a ti mismo
SALMO RESPONSORIAL:
Salmo 102,1-2, 3-4, 8 y 10, 12-13: El Señor es compasivo y misericordioso
SEGUNDA LECTURA:
Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios 3,16-23: Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios. 
EVANGELIO:
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5,38-48: Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.


sed perfectos como el padre celestial

        La 1ª lectura manda ser santos como Dios y como consecuencia se prohíbe odiar, vengarse y guardar rencor al hermano, el Evangelio, por su parte, ser perfectos como el Padre y como consecuencia se da un paso más ordenando amar incluso al enemigo. Dios es amor y santo y ambas realidades son intercambiables, por eso el AT deduce una conclusión lógica: si el israelita participa de la santidad de Dios, que es lo mismo que decir del amor de Dios, tiene que amar a sus hermanos y amigos. Jesús deduce la última consecuencia, hay que amar a todos, incluso a los enemigos. 

En el Evangelio de hoy san Mateo emplea el término perfecto: sed perfectos como el Padre. En nuestra cultura este término se refiere a una realidad exactamente igual a otra, como la copia de un cuadro que se considera perfecta si reproduce exactamente el original. Desde este punto de vista la criatura limitada nunca será igual a Dios infinito. Pero san Mateo emplea perfecto con el sentido que tiene en la cultura semita donde significa “ser lo que se debe ser”, “actuar como se debe actuar” de acuerdo con la propia naturaleza. Por eso como Dios es Padre y siempre actúa como padre con todos sus hijos, aunque se porten mal, pues por eso no dejan de ser hijos (lo muestra al llover y al hacer salir el sol), igualmente el discípulo, que ha recibido un corazón de hermano, debe comportarse bien con todos sus hermanos, aunque se porten mal. Por eso está obligado a amar a sus enemigos. (En el AT no se manda nunca aborrecer al enemigo. Lo deja libre, se puede amar o no. Aborrecer es un semitismo que equivale a decir: No estás obligado.)

        En otro lugar del Evangelio se usa otra palabra como equivalente a perfecto, misericordioso (Lc 6,36), es decir, la naturaleza íntima de Dios es ser amor misericordioso y siempre actúa como tal. Amor misericordioso es un amor que se caracteriza por sintonizar con la persona y actuar con ella de acuerdo con su necesidad objetiva. Dios Padre nos conoce perfectamente, sintoniza plenamente con nuestra situación, y siempre actúa con nosotros de acuerdo con nuestra necesidad.   Pues si Dios es así, sus hijos tienen que obrar así. En esto se conocerá que son sus hijos y “comparten la misma sangre”.

        Jesús nos da esta norma como criterio que debe mover al discípulo en el cumplimiento de todas las leyes, cuya finalidad última es prestar un servicio de amor al hermano en las diversas circunstancias de la vida. El salmo responsorial invita a agradecer y a imitar a Dios que siempre actúa como padre, pues perdona, cura, colma de gracia y de ternura, siente ternura por sus hijos...

        En la 2ª lectura san Pablo invita a ejercer una faceta concreta del amor al hermano, que es el apostolado. Recuerda primero que se puede actuar de tres maneras, construyendo con buenos materiales, como es invitando a compartir la cruz de Jesús, construyendo con paja, como es presentar una vida cristiana sin la cruz del Señor, y una tercera abominable que es destruir la comunidad. Todo será sometido al juicio del Señor, que aprobará y premiará al primero, declarará inútil el trabajo del segundo y condenará al tercero (la lectura seleccionada solo recoge el último caso). Ante esta realidad el apóstol tiene que proceder sabiamente, consciente que lo suyo es edificar la comunidad y evitar servirse de ella como pedestal para su fama y provecho personal. El apóstol es para la comunidad y no la comunidad para el apóstol. Esto vale hoy día para todos los que están en el apostolado activo: sacerdotes, diáconos, catequistas... Lo dice Pablo a propósito de las divisiones en la comunidad de Corinto donde el culto a la personalidad de los diversos apóstoles que habían trabajado entre ellos, los tenía divididos. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios,  este es el orden correcto.

        En la Eucaristía damos gracias por Cristo al amor misericordioso del Padre, que nos conoce y ayuda, nos ha hecho miembros de su pueblo y nos dice cómo tenemos que crecer como tales. Participar la Eucaristía es unirse al que vivió toda su existencia al servicio del amor.

Dr. Antonio Rodríguez Carmona  


viernes, 21 de febrero de 2020

Jesucristo, roble de justicia (Meditaciones al Salmo 79)




Es admirable – no encuentro otra palabra más adecuada -, observar cómo la Palabra de Dios, revelada en las Escrituras, y concretamente en los Salmos, se nos presenta en este Salmo. Mucho más, si tenemos en cuenta que se escribió muchos siglos antes que incluso naciera Jesús. Digo esto porque hay unos versículos que retratan exactamente sus inicios. Dice así: “…Sacaste una vid de Egipto, expúlsate a los gentiles y la trasplantaste, le preparaste el terreno y echó raíces hasta llenar el país…” 

Jesucristo se proclamará más tarde como la Vid verdadera: “…Yo Soy la Vid verdadera, y vosotros los sarmientos…” (Jn 15, 1-8).

Y es que Jesús fue llevado nada más nacer a Egipto, por orden de Dios, enviando un ángel a José, para huir de las garras de Herodes. Y desde allí, cuando se cumplió el tiempo oportuno, volvió a Nazaret. En palabras del salmista, fue “trasplantado”. No fue arrancado, sino que, “trasplantado”, conservó todo su poder, belleza, y Sabiduría, para ejercer su Misión: el envío del Padre. 

Y este “trasplante” fue perfecto, como no podía ser de otra manera, pues era Voluntad de Dios. Sabemos que al trasplantar un árbol, - en este caso, el Roble de Justicia, por excelencia: Jesucristo-, se ha de abonar el terreno. Pues en este caso, Dios Padre preparó el terreno, la venida de Jesús,  con el anuncio del Bautista: “…Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo, porque irás delante de Dios a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados…” profecía de Zacarías, esposo de Isabel, exultando de gozo por el nacimiento de su hijo, Juan. 

Continúa el Salmo: “…su sombra cubría las montañas…” Curiosa apreciación que no nos puede pasar desapercibida. En la anunciación del ángel Gabriel a María, después del saludo, le dice: “…la Fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra…”, para explicarle cómo se produciría la Encarnación de Dios en ella. Identifica la Sombra del Altísimo con su Fuerza, que, como sabemos, significa en la Escritura el Poder de Dios, su Santo Brazo.  Pues este Poder, esta Sombra, cubría hasta las montañas…su Poder prevalecía sobre los montes, que, representan los lugares donde habitan los dioses humanos…Toda la Escritura, Palabra revelada por Dios, está sí perfectamente construida, perfectamente ensamblada.

Si vamos a Isaías, aclararemos un poco la expresión “Robles de Justicia”. En hebreo, roble se traduce por “ayil”, que, literalmente significa: Algo fuerte, un apoyo fuerte. Y Roble de Justicia, es pues algo que siendo fuerte se ajusta a Dios. ¡Qué maravillosa revelación!.

Cuando Jesús inicia su vida pública, se presenta un día en la sinagoga y le eligen para la lectura. Abre el rollo del libro, y lee en Isaías 61: “…El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido: para anunciar la Buena Nueva a los pobres, vendar los corazones rotos, pregonar la libertad a los cautivos, y anunciar un año de gracia de Yahvé…” (Is 61, 1-3) Y continúa más adelante: “…se les llamará “robles de justicia”, plantación de Yahvé, para manifestar su Gloria…” .

Cuando Jesús terminó esta lectura dijo: “…Esto que habéis oído se cumple hoy en Mí…” (Lc 4, 16-23) En Él se cumple la Escritura, como Él mismo revela, es el excelso “Roble de Justicia” que se ajusta a Yahvé, es el “Ayil” hebreo, la Roca firme, el apoyo del cristiano, del discípulo. 

Para terminar, podemos pensar aquella frase de Isaías: “…sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación…”(Is 12,1-6), para indicar que, las aguas que Dios nos permite meditar, son el mismo Jesucristo, el agua Viva, que nos alimenta de su Fuente, tal y como explicó a la Samaritana. Y entonces podremos exultar de gozo: “…

¡Qué grande es, en medio de Ti, el Santo de Israel…”

(Tomás Cremades) comunidadmariamadreapostoles.com


jueves, 20 de febrero de 2020

Pero... ¿Qué lugar buscamos?




Pero qué lugar buscamos en el mundo, si tenemos el mejor: la primera fila, ante ti, capaces de verte y capaces de escucharte.

¿Qué otro lugar, inventado por los hombres o por nosotros mismos en nuestra carrera errática puede superar el que me reservaste el día que lanzaste un hilo desde el cielo y ataste mis sentidos a ti para poder verte, escucharte y entenderte?.

Me diste la necesidad de buscarte desde el momento que abro mis ojos al nuevo día, retiraste el velo de tu voz que resuena en la tierra sólo para los que tú quieres, los que pequeños, casi nada, que levantan sus ojos al cielo pidiendo tu luz.

¿Qué otro sitio puede haber mejor que éste?.

¿A qué gloria aspiramos si vivimos envueltos en tu atenta mirada, si nos has puesto ojos en el alma y vemos el mundo por detrás de su escenario y descubrimos el dolor de los hombres más allá de lo que muestran?.

Si supiéramos que el mundo no nos humilla porque tú nos recoges, si nos diéramos cuenta que todo lo que somos y tenemos está guardado en tu seno, viene de ti y vuelve a ti, no habría tiempo para lamentar, para buscar en el mundo lo que ya hemos ganado, lo que tu mano de Padre nos entrega cada día. 

(Olga) 
comunidadmariamadreapostoles.com


miércoles, 19 de febrero de 2020

La ley del talión




Dijo Jesús a sus discípulos: “Habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿Qué premio tendréis? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 43-48)

No falta en estos tiempos que corren, quien diga que todas las religiones son iguales, o parecidas, que los preceptos que indican son similares… ¡gran error! Sólo la religión Católica, basada en los Evangelios y la Sagrada Escritura conserva íntegra la revelación de Dios, transmitida a su Hijo Jesucristo. Sólo Él nos enseña a amar a los enemigos, a los que no nos quieren, a los que nos hacen daño, a los que nos persiguen, a los que nos difaman.

Y lo dice con un pensamiento de los más lógico: ” … si amáis a los que os aman, ¿Qué premio tendréis? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? ...”
En el libro del Éxodo, al comienzo de los tiempos, escrito por Moisés, libro revelado de la Escritura, se contempla algo totalmente diferente; es lo que se denomina: “la ley del talión” o “la ley del ojo por ojo y diente por diente”. Lo podemos leer en Éxodo 2 y ss.

Y es lo que realmente “nos pide el cuerpo”: si alguien me ha hecho daño, yo respondo igual, y, si puedo, con el doble de daño. Así se sacia mi venganza. Un refrán castellano nos dice: “la venganza es el placer de los dioses”. Y, como todos los refranes, que son fruto de la sabiduría popular, tiene una gran, grandísima, parte de razón.

La venganza es el placer de los dioses, sí. Pero de esos “dioses” que todos llevamos dentro, fruto del pecado original: el dios venganza, que me ofrece placer personal, el dios “ego”, que eleva mi pedestal” desde donde me elevo por encima de los demás, considerándolos inferiores…Esos “dioses” fruto de nuestra propia maldad.

Entonces, ¿por qué está así en la Escritura, siendo revelación de Dios? Dios hace un camino de fe con el hombre, de la misma forma que el pueblo de Israel hizo su propio camino de fe durante cuarenta años por el desierto. Ya sabemos que el número cuarenta es un número simbólico, que representa “toda una vida”. Y en este camino de fe progresiva, va amasando nuestro barro. No en vano dijo Jesús: “…no creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darle cumplimiento…· (Mt 5,17)

Y, así, va poco a poco, con paciencia, limando nuestros pecados y defectos. Pedro nos dirá: “…tened presente que la Paciencia de Dios es la garantía de nuestra salvación…” (2P. 3,15)

Continúa Jesús: “el Padre hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos”.

No podemos hacer pasar desapercibida esta frase. Parece que se sale del contexto el sol y la lluvia. Es verdad que el sol y la lluvia caen sobre buenos y malos. Pero aquí toma otra fuerza mucho más sutil. El Sol, con mayúscula, representa a Jesucristo; lo leemos en el canto del Benedictus; “…nos visitará el Sol que nace de lo Alto…” (Lc 1, 78). Ahí está la revelación: Jesucristo visita constantemente a buenos y malos, sale en su busca como el Buen Pastor (Jn 10,14).

De la misma forma, la lluvia, en el lenguaje bíblico representa la Palabra de Dios, que, igualmente, cae sobre justos e injustos, sobre buenos y malos. Si leemos el libro de Ezequiel, el Señor dice textualmente: “…derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará…” (Ez 36,25) En el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, le dice:”… el que beba de Esta agua ya no tendrá más sed… (Jn 4,14). Más adelante dirá: “…si alguno tiene sed venga a mi y beba el que crea en mi…” (Jn 7,37)

Textos todos en los que Jesús se declara como esa Agua purificadora, profetizada ya por Ezequiel. Pues bien: esta lluvia es derramada sobre justos e injustos. Y “justo”, no es el que no ha pecado, sin el que “ajusta” su vida al Señor Jesús.

(Tomás) 
comunidadmariamadreapostoles.com


martes, 18 de febrero de 2020

“Glosa sobre los 10 Mandamientos”


1. Amarás a Dios. Lo amarás sin retóricas, como a tu padre, como a tu amigo. No tengas nunca una fe que no se traduzca en amor. Recuerda siempre que tu Dios no es una entelequia, un abstracto, la conclusión de un silogismo, sino Alguien que te ama y a quien tienes que amar. Sabe que un Dios a quien no se puede amar no merece existir. Lo amarás como tú sabes: pobremente. Y te sentirás feliz de tener un solo corazón y de amar con el mismo a Dios, a tus hermanos, a Mozart y a tu gata. Y, al mismo tiempo que amas a Dios, huye de todos esos ídolos de nuestro mundo, esos ídolos que nunca te amarán pero podrán dominarte: el poder, el confort, el dinero, el sentimentalismo, la violencia.
2. No usarás en vano las grandes palabras: Dios y Amor. Tocarás esas grandes realidades de año en año y con respeto, como la campana gorda de una catedral. No la uses jamás contra nadie, jamás para sacar jugo de ellas, jamás para tu propia conveniencia. Piensa que utilizarlas como escudo para defenderte o como jabalina para atacar es una de las formas más crueles de la blasfemia.
3. Piensa siempre que el domingo está muy bien inventado, que tú no eres un animal de carga creado para sudar y morir. Impón a ese maldito exceso de trabajo que te acosa y te asedia algunas pausas de silencio para encontrarte con la soledad, con la música, con la Naturaleza, con tu propia alma, con Dios en definitiva. Ya sabes que en tu alma hay flores que sólo crecen con el trabajo. Pero sabes también que hay otras que sólo viven en el ocio fecundo.
4. Recuerda siempre que lo mejor de ti lo heredaste de tu padre y de tu madre. Y, puesto que no tienes ya la dicha de poder demostrarles tu amor en este mundo, déjales que sigan engendrándote a través del recuerdo. Tú sabes muy bien, que todos tus esfuerzos personales jamás serán capaces de construir el amor y la ternura que te regaló tu madre y la honradez y el amor al trabajo que te enseñó tu padre.
5. No olvides que naciste carnívoro y agresivo y que, por tanto, te es más fácil matar que amar. Vive despierto para no hacer daño a nadie, ni a las personas, ni animal, ni a cosa alguna. Sabes que se puede matar hasta con negar una sonrisa y que tendrás que dedicarte apasionadamente a ayudar a los demás para estar seguro de no haber matado a nadie.
6. No aceptes nunca esa idea de que la vida es una película del Oeste en la que el alma sería el bueno y el cuerpo el malo. Tu cuerpo es tan limpio como tu alma y necesita tanta limpieza como ella. No temas, pues, a la amistad, ni tampoco al amor: ríndeles culto precisamente porque les valoras. Pero no caigas nunca en esa gran trampa de creer que el amor es recolectar placer para ti mismo, cuando es transmitir alegría a los demás.
7. No robarás a nadie su derecho a ser libre. Tampoco permitirás que nadie te robe a ti la libertad y la alegría. Recuerda que te dieron el alma para repartirla y que roba todo aquel que no la reparte, lo mismo que se estancan y se pudren los ríos que no corren.
8. Recuerda que, de todas tus armas, la más peligrosa es la lengua. Rinde culto a la verdad, pero no olvides dos cosas: que jamás acabarás de encontrarla completa y que en ningún caso debes imponerla a los demás.
9. No desearás la mujer de tu prójimo, ni su casa, ni su coche, ni su vídeo, ni su sueldo. No dejes nunca que tu corazón se convierta en un cementerio de chatarra, en un cementerio de deseos estúpidos.
10. No codiciarás los bienes ajenos ni tampoco los propios. Sólo de una cosa puedes ser avaro: de tu tiempo, de llenar de vida los años poco o muchos que te fueran concedidos. Recuerda que sólo quienes no desean nada lo poseen todo. Y sábete que, ocurra lo que ocurra, nunca te faltarán los bienes fundamentales: al amor de tu Padre, que está en los cielos, y la fraternidad de tus hermanos, que están en la tierra.
(José Luis Martín Descalzo.)