miércoles, 31 de julio de 2019

El pasaje de “avión”


                                                                                     

Todos tendremos que “volar”… ¿Has reservado tu pasaje?, yo lo pago a plazos y tengo asegurado el destino que quiero. Tú deberías hacerlo, si no, te llevarán a la fuerza gratis (lo barato sale caro) donde jamás habrías querido ir y, la estancia recuerda, es muy, muy larga…  
   
Muchos buscamos la tranquilidad, eligiendo la mejor Compañía y destino; la que “ellos” te ponen gratis en vuelos “low cost”, es horrorosa ¡Créeme! que he sido azafata y no me fio un pelo. Te dicen que es genial… Pues no hay nada genial en la vida que te salga gratis.  

Conozco a algunos que cuando vinieron, ya traían el pasaje de vuelta, eran unos escogidos que debían cumplir una Misión, pero lo pasaron fatal: A unos los quemaron, otros fueron decapitados, otros crucificados, otros fusilados… ¡Madre mía!

Nosotros en cambio ¡Ya nos podemos dar con un canto en los dientes!, que sin tener que pasar por esas torturas, podremos ir al mismo lugar fantástico. Pero ¡Ojo! comprando la vuelta.  
   
Yo aviso a que quienes pasen del tema y vivan como si se fueran a quedar aquí por siempre jamás, que se lo piensen muy seriamente porque aquí no se queda “ni Peter”.  

Las cinco Ps del viaje: Pasaporte (Bautismo), Pasaje (Confesión), Plata (virtudes Cristianas), Papeles para la estancia (Evangelio) y  Puñeteras (llaves que siempre se olvidan (imprescindibles para volver a CASA). Y te aseguro que viajarás en “business” (1ª clase).         

Emma Díez Lobo




martes, 30 de julio de 2019

¡Cómo hablar de esto!



 No es fácil hablar de esta enfermedad sin que te digan ¡Qué sabes tú! Bien, de momento no la padezco, pero puedo entender el sufrimiento del enfermo y de su entorno.  

Sí, hablo de esas células que se multiplican como les da la gana y nos invaden haciendo estragos en nuestro cuerpo. Gracias a Dios, no pueden con nuestro espíritu.

Pero es cierto, el ánimo cae por los suelos y nos inunda de miedo, un miedo que va desapareciendo a medida que pasa el tiempo… Y comenzamos a sentir cómo nuestro YO verdadero desplaza al ignorante. Un YO que ya no vive porque es lo que toca hacer, sino un YO que vive el prodigio de sentirnos únicos, de la prodigiosa etapa de hacernos “perfectos”.  

¡Claro que vivíamos sin pensar! Pero no era grandioso, sino rutinario, alegre, tedio… Ahora en cambio, al margen de las puñeteras incomodidades (Quimio…), es el tiempo de apostar por el AMOR de Dios.
  
Lo sé porque Dios lo dijo. Creer en Él es VIVIR, creer en Él es confiar ¡No estás solo! La diferencia entre quien no tiene esas células y el que las tiene a “bombo y platillo”, es que uno vive sin vivir y el otro, VIVE viviendo la verdad de la VIDA sin fin, así se quede, así se vaya...  

Si hubiera que tener “células pomposas y descontroladas” para elegir el gran viaje, me apuntaría, porque millones de personas sanas y fuertes, ignorantes de su YO eterno, se encuentran sin aviso el billete con su nombre… En paso de peatones, autopistas, en el mar, bajo la cornisa que se desploma…
   
   Emma Díez Lobo

lunes, 29 de julio de 2019

Rafael Arnaiz Barón, un modelo actual de joven creyente





Muchas veces, cuando pensamos en lo san­tos, lo hacemos sin pisar demasiado en la tierra y les subi­mos a una hornacina demasiada alta, por lo que se convierten en personas admirables, pero no imitables.

San Rafael Arnaiz fue declarado por el papa Benedicto XVI, con mo­tivo de la Jornada Mundial de la Ju­ventud en Madrid, patrono de la Ju­ventud.

A san Rafael se le conoce mucho en Castilla y León, especialmente en Palencia, pero, en general, no es un santo muy conocido.

Yo creo que su vida puede ser un verdadero modelo a imitar en sus ac­titudes cristianas por muchos jóvenes y por los cristianos en general, si le conociéramos un poco mejor. Por eso, me he decidido a dedicarle esta sema­na esta carta pastoral, con el deseo de ofrecerlo a los jóvenes como modelo de joven, seguidor de Jesús y santo.

San Rafael nació en Burgos el 9 de abril de 1911, de familia profun­damente cristiana; joven de talante personal abierto y positivo, con gran sensibilidad y grandes inquietudes, inicia la carrera de arquitectura y sien­te la llamada de la vocación a la vida monástica, y la sigue, como diría él: «Siguiendo los dictados del corazón hacia Dios y deseando llenarse de Él».

El 15 de enero de 1934 ingresa en el monasterio de San Isidro de Due­ñas (Palencia) con un único bagaje personal: «Un corazón alegre y con mucho amor a Dios». Pronto cae en­fermo, lo que le obliga a dejar el no­viciado, y a hacer de su vida un ir y venir del monasterio a la familia y de esta al monasterio, hasta que defini­tivamente se queda en la enfermería del monasterio, donde muere el 26 de abril de 1938 a los 27 años.

El 27 de septiembre de 1992 fue de­clarado beato por el papa Juan Pablo II. El 11 de octubre de 2009 es canoni­zado por el papa Benedicto XVI.

 ¿Qué es lo que fascina del Herma­no Rafael?

 Aunque sea muy breve e incluso con el riesgo de ser superficial, qui­siera resaltar tres aspectos muy im­portantes de la vida y de la entrega al servicio de Dios en el Hermano Ra­fael, entresacados todos, de sus obras completas:
§  Es un hombre enamorado plena­mente de Dios, que ha sentido sobre él la mirada de Cristo y se ha dejado fascinar por él. Que ante la llamada del Señor no tiene otra respuesta que aquella que siempre dio, en la salud y, de manera especial, en la enfermedad: «Voy, Señor». Él lo diría así: «Si hubie­ras visto la dulzura de los ojos de Jesús, sin pensar en ti para nada…te hubieras unido, aunque hubieras sido el último de la comitiva de Jesús y le hubieras dicho: …“Voy, Señor, no me importan mis dolencias, ni comer, ni dormir…Si me admites, voy. Voy, Señor, porque tú eres el que me guía. Eres tú el que me prometes una recompensa eterna… Eres tú el que perdona, el que salva… eres tú el único que llena mi alma”».

Rafael es un joven plenamente ena­morado de Dios, que descubre en su vocación una gran gracia de Dios, una predilección especial por su parte, que nunca agradecerá suficientemente y a la que responderá siempre con verda­dera generosidad y entrega, porque su gran amor, que es Dios, es el único que llena su alma.

§  El joven Rafael Arnaiz es alguien que, en ese seguimiento de las huellas de Jesús, de su camino, y en la respues­ta a su llamada, es plenamente feliz:
«La verdadera felicidad se encuen­tra en Dios y solamente en él…amando a Dios serás feliz en esta vida, tendrás siempre paz y algún día morirás con­tento…las ilusiones del mundo como juguetes de niño, hacen feliz cuando se espera., después, todo es cartón… feliz, mil veces feliz soy, cuando a los pies de la cruz de Cristo, a Él, solo a Él le cuento mis cuitas…y no sé más que pedirle amor…»
El está convencido de que la felici­dad no la dan el mundo ni las cosas, que estos, cuando uno pone en ellos el corazón, parece que va a encontrar en la felicidad, sin embargo, esta re­sulta totalmente pasajera, y deja va­cío al hombre.

§  En el seguimiento de Jesús, Ra­fael siente la protección de María, su Virgen de la Trapa:
«Cuántas veces, cuando nadie me veía, le hablaba de mis proyectos, de mis deseos, le hablaba de su Hijo Jesús… a mí me gusta hablar a la Virgen en voz alta, como si estuviera a mi lado…»

Así vivió este joven, que moría con 27 años. Toda su vida fue un «sí, voy» a la llamada del Señor.

+ Gerardo Melgar
Obispo de Ciudad Real


domingo, 28 de julio de 2019

Aspirar




Aspirar el aire y aspirar a Ti.
Aspirar a saber, a comprender que eres parte nuestra.
Aspirar a reconocerte en nuestras acciones, en nuestros pensamientos.
Aspirar a ser Tú.
Aspirar a no batallar, batallar por el mundo.
Aspirar a dejarse, a dejar que Tú hagas.
Mi gloria en tus manos, aspirando a hacerse eterna.
No conformarse con la limitación de este tiempo.
Aspirar a sentirte, morando en nuestros ojos, en nuestra mirada.
Ver el mundo con un filtro, el de tu amor.
Aspirar y respirar, respirar tu presencia.
Llenar nuestra alma de Ti, de tu Palabra.
Aspirar y no movernos, aspirar y esperar.
¡Cuánto nos cuesta creer en Ti!.
Y sólo vienes a corazones que no pueden, a corazones que aspiran.
A corazones que preparan espacios limpios para que Tú los ocupes.
Aspirar a no pesar, a ser ligeros, a ser Tú y no yo.
Esperamos y aspiramos, Señor, porque no hay sueño más alto.
Porque merece la pena, apostar la vida entera a tu segura promesa. 

(Olga Alonso) 
comunidadmariamadreapostoles.com


sábado, 27 de julio de 2019

XVII Domingo del Tiempo Ordinario






Primera lectura:
Gén 18,20-32: Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando.
Salmo Responsorial:
Sal 137,1-2a. 2bc-3. 6-7ab. 7c-8: Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.
Segunda lectura:
 Col 2,12-14: Os vivificó con Cristo, perdonándoos todos vuestros pecados.
Evangelio:
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11,1-13: Padrenuestro.


Contenido de la oración cristiana

El texto del evangelio de hoy contiene la oración breve del Padrenuestro, seguida de una exhortación a la perseverancia en la oración, confirmada con algunos ejemplos. Como la exhortación a la perseverancia reaparecerá el domingo 29º de este tiempo ordinario, este comentario se centra en el contenido de la oración.

Es interesante conocer el momento en que Jesús enseñó esta fórmula para conocer su finalidad. Estuvo orando durante la noche y, por la mañana, los discípulos le piden que les enseñe a orar como Juan Bautista enseñó a sus discípulos, es decir, no piden aprender a orar sin más, porque ya lo sabían, ya que todo judío aprende a orar en su familia y en la sinagoga. Lo que piden es un modo de orar acorde con el mensaje que está proclamando, lo mismo que hizo Juan Bautista con sus discípulos. Seguramente Juan enseñó a sus discípulos una forma de orar acorde con su predicación de conversión. En el Padrenuestro Jesús enseña a sus discípulos a orar de acuerdo con su mensaje, que se centra en que Dios es Padre y que va a reinar. Esto explica perfectamente el contenido de la oración. Por ello la finalidad de esta oración no es que se repita la fórmula sin más como si fuera una oración mágica (se puede hacer, despacio, siempre que sea expresión de los sentimientos del corazón) sino decir los elementos que tiene que tener la oración del discípulo de Jesús.

La oración de Jesús nos ha llegado en dos formulaciones, la de san Lucas y la de san Mateo. Aquella es más breve y los especialistas la consideran más cercana a la que enseñó Jesús, pues san Mateo explicitó algunos elementos para que quedara más claro su contenido.

Lo primero que ha de hacer el discípulo es invocar a Dios como Padre, es decir, ponerse en la presencia de Dios como Padre y sintonizar con él, sintiéndose confiadamente unido a él como hijo (san Mateo explicita que es Padre nuestro, lo que implica que hay que sintonizar también con todos los hermanos; y además que es el que está en el cielo, el Dios transcendente). A continuación lo primero que tiene que hacer el discípulo es alabar al Padre, pues la relación con el Padre debe desarrollarse en contexto de gratuidad y alabanza. La fórmula usada expresa un deseo de que todos los hombres lo alaben y reconozcan su bondad. A continuación el discípulo desea que se realice plenamente el plan del reino de Dios. Hasta aquí todo es teocéntrico. El discípulo se siente hijo, alaba al Padre y se identifica totalmente con su plan salvador y sus implicaciones.

La segunda parte es antropocéntrica. Jesús nos enseña que, en este contexto del primado de la voluntad de Dios, expongamos nuestras necesidades existenciales, la primera es el pan necesario de cada día, es decir, nuestras necesidades materiales (el pan, el vestido, la vivienda, el trabajo, la salud...), la segunda es la virtud de la penitencia, es decir, vivir constantemente en el perdón de Dios y perdonando mutuamente a los que nos ofenden, la tercera y última es la perseverancia en la fe, que es la gran tentación que acecha al discípulo.

Toda oración del cristiano debe contener explícita o implícitamente estos elementos para que sea cristiana.

Todo ello está contenido en la celebración de la Eucaristía. En ella todas las oraciones van dirigidas al Padre por medio de Jesús y además están dirigidas en primera persona del plural, es decir, oramos como Iglesia, unidos a los hermanos. En ella domina el tema de la alabanza, que culmina en un crescendo continuo en la doxología final. Hay quien dice que la misa “no le dice nada”; realmente “no tiene nada que decir”, puesto que no es ni un concierto ni una conferencia sino celebración comunitaria de nuestro agradecimiento al Padre en que le ofrecemos nuestra existencia y le pedimos su ayuda. En ella nos habla el Padre por Jesús en orden a su reino, sugiriéndonos motivos de conversión y colaboración en la obra del reino. En ella presentamos nuestras necesidades existenciales, materiales y espirituales. En ella el Padre nos renueva su amor entregándonos a su Hijo en la comunión.  Todo ello implica una preparación remota e inmediata, pues es sacramento de la fe, y esta es oscura.

Dr. Antonio Rodríguez Carmona



viernes, 26 de julio de 2019

Mis “tres” Marías, mis tres Ejércitos



                                          
Tierra, Mar y Aire… La Inmaculada Concepción, la Virgen del Carmen y la Virgen de Loreto. Madre de los Ejércitos en defensa de nuestra Patria y Fe cristiana. España es el País de la Virgen María.

Yo nací en una tierra cristiana, defendida por María ante paganos e invasores pocos años después de la Muerte de Jesús. Era el 2 de Enero del año 40 d.C., cuando en España se produce el gran milagro de la Virgen -aún en vida- junto al río Ebro. Su aparición a Santiago Apóstol.

Me sublima ver como nuestros Ejércitos son amparados por María y nombrada su Patrona. No conozco ningún Ejército extranjero con Patrón que les ampare, ni siquiera en el mar… No saben lo que se pierden.

Todos nuestros Ejércitos de las FF.AA del Reino de España, tienen su Patrón o Patrona. Eso encanta a Dios y a María porque en sus manos y con la Eucaristía, son protegidos nuestros soldados antes de las contiendas. Para el cielo o para la tierra, allí estará María.   

Juana de Arco debió ser nombrada Patrona del Ejército Francés por impedir a los ingleses “comerse Francia”; por el contrario, fue quemada viva por mística -la incredulidad de lo místico-.  Menos mal que más tarde reconocerían su Santidad y la nombrarían Patrona de ese País. 

Sin Ejércitos con Dios y María, no hay País donde perdure la paz, solo habrá tristeza o muerte, pobreza o esclavitud y, sobre todo… Condena.       

 Emma Díez Lobo


jueves, 25 de julio de 2019

Las abuelas y los abuelos



El 26 de julio, fiesta de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen y abuelos de Jesús, es “el día de los abuelos”. Debería ser un día para una sincera acción de gracias a los abuelos por su inestimable aportación en el pasado y por su sencillo, heroico y valioso testimonio en el presente. El papa Francisco nos recuerda que “un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque no tiene memoria”.

 Los abuelos deberían ser tratados con verdadero amor y con mucho cariño. Pero a menudo, los ancianos parece que estorban: los dejamos solos en sus casas o los llevamos a residencias. Es loable que les busquemos una buena atención, pero nunca que los olvidemos. En un tiempo en que se valora sobre todo la eficacia, la juventud y la belleza física, no se estima la “sabiduría del corazón” de nuestros mayores.

 Sin embargo, los abuelos son un inestimable tesoro para la familia, la sociedad y la Iglesia. No pocos de ellos son una ayuda imprescindible para los matrimonios que, abocados al trabajo fuera del hogar tanto el marido como la mujer, ven en sus padres el mejor seguro para la custodia y la educación de sus hijos. En ocasiones son un factor integrador en la vida familiar; ellos son de mil maneras creadores de afectividad, cariño y comprensión así como creadores de un clima de paz y de sosiego en el hogar, necesario para lograr la madurez en la formación de los nietos. Además los abuelos ayudan muchas veces en tareas domésticas de sus hijos y continúan sacrificándose económicamente en favor de sus hijos y nietos.

También la comunidad cristiana recibe mucho de la serena presencia de los abuelos por su experiencia, perseverancia y oración. En muchos casos, los nietos han recibido de los abuelos la primera educación en la fe y en los valores y virtudes cristianas; les han enseñado a rezar desde pequeños, les han hablado de Dios, les han ofrecido una visión del mundo y del ser humano en la que Dios ocupa el centro de la existencia personal, comunitaria y social. Abuelas y abuelos: Seguid haciéndolo; es algo tarea impagable. Vuestra tarea tiene una importancia capital en la preciosa pero di­fícil tarea de la transmisión de la fe cristiana a las generaciones más jóvenes. Las abuelas y los abuelos sois -hoy ­quizá más que nunca- ver­daderos agentes de evan­gelización. Seguid respondiendo con generosidad a lo que le Señor os encomienda. La Iglesia os lo agradece sinceramente. Y vuestros nietos os lo agradecerán siempre.

+ Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón


lunes, 22 de julio de 2019

Ellos también pecan





Ministros de Dios para trasmitir el Evangelio, también pecan. Escribo para esas personas que NO teniendo base ni “conocimiento” del Evangelio, ponen en juego su fe y se apartan de la Iglesia por esta causa. 
      
La cuestión no es que un sacerdote peque, sino creer que no puede pecar ¡FALSO! De los “doce” (ahora son miles) que Jesús eligió, uno Le traicionó, otro Le negó y otro se condenó.

La ignorancia del “creyente” es el problema: Juzga la parte humana del sacerdote y a la vez, la Divinidad de su Consagración.  
       
Por pertenecer a Cristo, el maligno se ensaña con ellos para apartar a media humanidad Católica de la Iglesia; pero seamos inteligentes y distingamos al hombre de su Imposición de manos para administrar El Espíritu Santo -otra Persona de Dios- Quien perdona.

Sus pecados, por graves que fueren, no afectan a tu perdón (Misericordia de Dios). Ese Poder nada tiene que ver con lo humano y, solo ellos Lo pueden servir por mandato de Dios (Mt 16:19). Los Sacramentos de Consagración y Penitencia son para toda su vida, aún apartados de la Iglesia.  
Recemos por su santidad. “Muchos los llamados y pocos los escogidos” (Mt 22,14). No todos ellos van al cielo… 

No les juzguemos, las Leyes lo harán y qué Dios les perdone  en confesión. Judas apóstol se condenó, no por su traición sino por no creer en la Misericordia de Dios. No hagas lo mismo y pide perdón al Ministro de Dios: “Alter Christus, Ipse Christus (como Otro Cristo, como el Mismo Cristo”). 

   Emma Díez Lobo

domingo, 21 de julio de 2019

Necesario y urgente



a los pies del Señor…
Mientras el grupo de discípulos sigue su camino, Jesús entra solo en una aldea y se dirige a una casa donde encuentra a dos hermanas a las que quiere mucho. La presencia de su amigo Jesús va a provocar en las mujeres dos reacciones muy diferentes.
María, seguramente la hermana más joven, lo deja todo y se queda «sentada a los pies del Señor». Su única preocupación es escucharle. El evangelista la describe con los rasgos que caracterizan al verdadero discípulo: a los pies del Maestro, atenta a su voz, acogiendo su Palabra y alimentándose de su enseñanza.
La reacción de Marta es diferente. Desde que ha llegado Jesús, no hace sino desvivirse por acogerlo y atenderlo debidamente. Lucas la describe agobiada por múltiples ocupaciones. Desbordada por la situación y dolida con su hermana, expone su queja a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».
Jesús no pierde la paz. Responde a Marta con un cariño grande, repitiendo despacio su nombre; luego, le hace ver que también a él le preocupa su agobio, pero ha de saber que escucharle a él es tan esencial y necesario que a ningún discípulo se le ha de dejar sin su Palabra «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán».
Jesús no critica el servicio de Marta. ¿Cómo lo va a hacer si él mismo está enseñando a todos con su ejemplo a vivir acogiendo, sirviendo y ayudando a los demás? Lo que critica es su modo de trabajar de manera nerviosa, bajo la presión de demasiadas ocupaciones.
Jesús no contrapone la vida activa y la contemplativa, ni la escucha fiel de su Palabra y el compromiso de vivir prácticamente su estilo de entrega a los demás. Alerta más bien del peligro de vivir absorbidos por un exceso de actividad, en agitación interior permanente, apagando en nosotros el Espíritu, contagiando nerviosismo y agobio más que paz y amor.
Apremiados por la disminución de fuerzas, nos estamos habituando a pedir a los cristianos más generosos toda clase de compromisos dentro y fuera de la Iglesia. Si, al mismo tiempo, no les ofrecemos espacios y momentos para conocer a Jesús, escuchar su Palabra y alimentarse de su Evangelio, corremos el riesgo de hacer crecer en la Iglesia la agitación y el nerviosismo, pero no su Espíritu y su paz. Nos podemos encontrar con unas comunidades animadas por funcionarios agobiados, pero no por testigos que irradian el aliento y vida de su Maestro.
Ed. Buenas Noticias

sábado, 20 de julio de 2019

XVI Domingo del Tiempo Ordinario





Primera lectura:
Gén 18,1-10a: Señor, no pases de largo junto a tu siervo
Salmo Responsorial:
Sal 14,2-3ab.3cd-4ab.5: Señor, ¿Quién puede hospedarse en tu tienda?
Segunda lectura:
Col 1,24-28: El misterio escondido, revelado ahora a los Santos
Evangelio:
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10,48-32: Marta le recibió en su casa. María escogió la mejor parte.

La oración es fundamental en la vida cristiana

Este domingo y el siguiente los evangelios hablan de la oración. Para evitar repeticiones, éste está dedicado a la importancia y necesidad de la oración, especialmente en contexto eucarístico, y el siguiente, a su contenido.

El episodio de Marta y María no quiere contraponer en absoluto vida activa y contemplativa. Viene inmediatamente después de la parábola del Buen Samaritano, en la que se nos pide a todos hacernos cercanos del necesitado y por ello implicados en la vida activa. Lo que se critica es una dedicación a la vida activa que impida estar con Jesús, que es lo principal.

Es importante trabajar para Jesús, pero esto debe ser consecuencia de una amistad y relación personal con él, que es lo importante. La oración es el tiempo especial de relación con Jesús y por él con Dios, nuestro padre. No basta decir que yo trabajo pensando en Jesús; eso está bien, pero no excluye el rato de soledad íntima con él, como no le basta a un padre trabajar para su familia pensando en ella y por ello procura tener tiempos especiales de trato íntimo con su esposa e hijos. Por eso hoy se critican las condiciones de trabajo que impiden o dificultan la vida familiar. En esta misma línea el episodio de Marta y María invita a programar de tal forma la vida que siempre quede a salvo la relación inmediata y directa con Jesús en la oración. Hay que trabajar por el reino de Dios, pero en definitiva “Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles, si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas...” (Sal 127,1)

El creyente es peregrino siempre en camino. Pero no se trata de andar por andar sino de recorrer el camino querido por Dios Padre haciendo su voluntad, ayudados con la luz y fuerza del Espíritu Santo. Y esto exige estar siempre conectados con el Padre. La oración tiene una función análoga a los GPS (guía por satélite), que, por una parte, van indicando el camino correcto hacia la meta desde el punto concreto en que se encuentra el automóvil, pero, por otra, exigen estar siempre conectados y escuchando. San Lucas en su doble obra –Evangelio y Hechos de los Apóstoles- presenta a Jesús y la Iglesia primitiva como modelos de oración. Jesús comienza su ministerio, en el bautismo, orando; en contexto de oración supera la tentación; durante su ministerio pasa largos ratos de la noche en oración, especialmente siempre que va a realizar algo importante, como la elección de los Doce o cuando les pregunta sobre su identidad, pero especialmente antes de su pasión. Igualmente aparece en Hechos. La oración es fundamental para el discípulo que tiene que recorrer ahora su etapa de camino.

Orar es un tú a tú con un amigo para tratar de cuestiones comunes. Esto implica primero conectar con quien queremos hablar, igual que hacemos con el teléfono cuando queremos hablar con alguno. Podemos conectar con  Dios, nuestro padre, directamente, o por medio de Jesús, que es el mediador necesario y todo trato con él nos lleva al Padre. En esta tarea es importante que pidamos la ayuda del Espíritu Santo, pues sin ella es imposible la oración. Una vez conectados, debe comenzar un diálogo animado por el amor en que se habla de agradecimiento por los beneficios recibidos, se exponen nuestros deseos y dificultades y se pide por los problemas presentes. Como en todo diálogo, hay que hablar y escuchar y esto último exige silencio de escucha. Por eso no hay que estar todo el tiempo hablando, hace falta ratos de silencio para acoger lo que se nos dice de varias maneras, como puede ser comprender y convencerse de la verdad de una frase del evangelio o de un consejo recibido o de un paso que estamos pensando dar... El Señor siempre responde, a veces su mismo silencio es respuesta que nos educa en la gratuidad. Naturalmente este diálogo se realiza en la oscuridad de la fe. La oración es una exigencia de la fe y solo tiene sentido dentro de ella.
No confundir la oración con actos útiles que la preparan, pero no son propiamente oración, como puede ser la preparación psicológica, que ayuda para centrarse en este diálogo o como la meditación, pues meditar es reflexionar sobre la palabra de Dios e iluminar la vida con ella en la situación concreta. Esta debe ser la puerta inmediata que lleve al diálogo y con ello a la oración propiamente dicha, pero si no hay diálogo, no hay oración.

Oramos como miembros de la familia de Dios, en primera persona del plural, solidarios con todos los miembros de la Iglesia, pues Jesús nos enseñó a orar diciendo Padre nuestro,  no Padre mío.  La oración del discípulo debe ser eclesial.  La celebración de la Eucaristía es la máxima expresión de la oración eclesial, por lo que es importante que nos entrenemos a participarla como acto de oración. Esto implica una preparación remota, leyendo previamente las lecturas para que las meditemos y preparemos la respuesta que vamos a dar al Padre por medio de Jesús, y una preparación inmediata, yendo al templo antes de empezar la celebración para conectar  con Jesús y con Dios Padre. De esta forma la celebración de la Eucaristía será celebración de un acto de oración en que nos habla el Padre por Jesús y respondemos por medio de él.

Dr. Antonio Rodríguez Carmona




miércoles, 17 de julio de 2019

EL PADRENUESTRO, enseñanza de Jesús





De sobra conocido el texto del PADRENUESTRO, en Mateo 6: “Cuando recéis no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo; danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”. Porque si perdonáis a los hombre sus ofensas, también os perdonará vuestro padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas”. (Mt 6, 7-15).

Podríamos llamar a este Evangelio como: “la Oración más bella salida de los labios de Jesús”. Antes de que Jesucristo enseñase esta oración a sus discípulos, los israelitas fieles a Yahvé rezaban con los libros sagrados del Pentateuco: Génesis, Éxodo, Números, Levítico y Deuteronomio.

Pero los Apóstoles, al ver al Señor rezar a su Padre, le instaron: “…enséñanos a orar” (Lc 11,1-13). Concretamente fue uno de sus discípulos el que le pidió este maravilloso deseo. Y el Evangelio no dice quién fue el discípulo que lo solicitó. Se ha mantenido en el anonimato este discípulo, que ni siquiera sabemos que fuera uno de sus apóstoles. Sería hermoso imaginar que este discípulo anónimo pudiera ser cada uno de nosotros…Y es que esta petición, arranca del corazón humano, al ver cómo rezaba Jesús.

Dicen los Santos Padres de la Iglesia que un cristiano no lo es hasta que no ha visto a otro cristiano. Es decir: Al ver la vida que vive un cristiano en sus múltiples facetas, ese ejemplo arrastra un deseo incontenible que le impulsa a ser también cristiano. Lo cual, dicho sea de paso, nos interpela enormemente.

Pues éste es el caso de ese discípulo. Y Jesús le enseña, curiosamente, con siete “enseñanzas”, que por el número indicado, el siete, ya nos lleva a la plenitud. El siete, como otros muchos números de la Escritura, tiene un significado simbólico, que nos acerca a la revelación. El siete es “la plenitud”. Siete son los sacramentos, siete los dones del Espíritu Santo…siete los días de la Creación, siete pecados capitales…y así podríamos continuar. 

Sirva este “entreacto” como un aperitivo que dejamos al lector como parte de la meditación, que debe siempre acompañar a cualquier ocasión que tengamos en donde se hable de Dios y sus enseñanzas.

Estas siete peticiones que elevamos en el Padrenuestro, ya nos indican que la plenitud de nuestra oración está encaminada por ahí.

La oración comienza con la llamada a un interlocutor: el Padre de Jesús. Pero tiene algo esencial: Dice: “Padre nuestro”, no “Padre mío”. Jesús nos está diciendo claramente que el discípulo que invoca a Dios reconoce en Él a su Padre, no solo al Padre de Jesús. Lo que implica que Jesús es nuestro excelso Hermano.

Y nos dice que está en los Cielos. Sabemos que el Cielo no es un lugar físico, sino que es un “estado” del alma donde se encuentra Dios.

El fiel orante pide claramente que sea  su Nombre santificado. El nombre para un israelita no tiene el mismo significado que para nosotros, que procedemos de una cultura greco-romana, y que nos sirve para diferenciar una persona de otra, simplemente. En el pueblo de Israel el nombre representa “la esencia del ser”. Recordemos que Adán “puso el nombre “a todo lo creado”. (Gen 2, 18-20).

Y en la Carta a los Filipenses dice Pablo: “…por eso Dios le concedió el Nombre sobre todo nombre, de modo que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble en el Cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Fp 2,6-11).

Así, pues, pedimos al Padre que el Nombre de Jesús, su Esencia de Dios, sea reconocido en todo el Universo, como criterio de salvación y honra y honor a Él.
Que venga su Reino es pedir que Jesucristo,- verdadero Reino de Dios-, venga a nuestros corazones. Y al pedir que se haga su Voluntad en la tierra y en el Cielo, podemos volver la oración por pasiva así: En el Cielo es indudable que se hace la Voluntad  de Dios; entonces podemos decir, sin temor a errar,  que donde se hace la Voluntad de Dios, ahí está el Cielo. Y de aquí deducimos que el Cielo comienza ya desde ahora y continuará después de la muerte.

Pedimos su pan; pero: “…no sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios…” (Mt 4,4).

El Padre conoce nuestras necesidades, no nos dejará sin el alimento que no perdura, el pan, pero hemos de pedirle el “Pan de su Palabra” que es su Evangelio, para alimento del alma, que perdura.

Dios es consciente de nuestras debilidades, conoce nuestro barro, por eso dice que pidamos: “…perdona nuestras ofensas…”. Sabe que vamos a pecar, y está dispuesto a perdonarnos si nosotros hacemos lo mismo con nuestros hermanos. Además nos brinda el auxilio para “no caer en el tentación”, librándonos de “ese mal” que es el Maligno Satanás. Este es el camino de salvación que nos enseña Jesús, Hijo del Padre, nuestro Hermano.

(Tomás Cremades) 
comunidadmariamadreapostoles.com