jueves, 19 de septiembre de 2019

¿No nos conoces? Pero…


  


                                                                              
Pues no os conoce ¡No!, fariseos y fariseos responsables de la condena de muchos. No solo se inventan su propio evangelio sino que arrastran a otros… Al final todos condenados ¡Vaya panorama macabro!

El Evangelio advierte de ello… Pero la gente no Lee y cree que por ser millones los que no Leen y hablan sin saber, tienen más razón que un solo Hombre que Habló por boca de Dios. 
     
La “Puerta estrecha” ¿Crees que entrarás? Si el Evangelio lo has confeccionado a tu medida pero dices “seguirLe”, tendrás que oír esto: “No sé de dónde eres, retírate de mi… Allí será el  llanto y el rechinar de dientes” (Lc 13, 22-30).

La Palabra de Dios se dio para ser escuchada y leída, no para adornar bibliotecas y; dice muchas cosas que se ignoran y que conforman un “régimen alimenticio sano”, que si no se lleva, ni de perfil se entrará por esa puerta, ni de perfil.
   
Madre mía, qué pocos se salvan… De haber bastado el A.T. y las Tablas de la Ley, Jesús no habría venido para ampliar las Leyes, perdonar y abrir el cielo con su Resurrección.

El A.T. encauza al hombre, pero no habla de Misericordia, solo el Evangelio de Cristo en manos de Pedro (Ipse Christus, Alter Christus), es quien nos salva con la Remisión de los pecados (Confesión).    

No seamos uno de los que desgraciadamente dirá: “Pero si yo… ”. Creerse “buena persona”, es un engaño brutal.  
  
Por Amor te habló para salvar tu alma; por ti, escúchaLe.

Emma Díez Lobo

martes, 17 de septiembre de 2019

Descendiste




Descendiste aquí. 

Viniste al lugar de la miseria, al mundo que casi nunca te llama pero escuchaste a unos pocos que te pidieron venir.

Descendiste y nos hablaste, nos miraste y nos dijiste que la vida verdadera se descubre desde abajo

Descendiste y denunciaste, defendiste la verdad en un mundo que prefiere la mentira a la claridad, la oscuridad a la luz.

Descendiste y  salvaste a muchos de sus vidas sin sentido y otros muchos se sintieron denunciados por tu Luz. 

Descendiste y te entregaste, te rebajaste y aceptaste el lugar de los malhechores

Te mataron, te colgaron de una Cruz, te insultaron, te vejaron y se rieron de ti.

Y, justo en aquel momento, desde aquella Cruz de vida, descendiste y regresaste al amparo de tu madre que te recogió en sus brazos y  te entregó con amor  de nuevo al seno del Padre, desde dónde nos esperas a los que peregrinamos por este mundo, aprendiendo a descender.

(Olga)
comunidadmariamadreapostoles.com


domingo, 15 de septiembre de 2019

El gesto más escandaloso


                                                                         Dios perdona todo…

El gesto más provocativo y escandaloso de Jesús fue, sin duda, su forma de acoger con simpatía especial a pecadoras y pecadores, excluidos por los dirigentes religiosos y marcados socialmente por su conducta al margen de la Ley. Lo que más irritaba era su costumbre de comer amistosamente con ellos.
De ordinario, olvidamos que Jesús creó una situación sorprendente en la sociedad de su tiempo. Los pecadores no huyen de él. Al contrario, se sienten atraídos por su persona y su mensaje. Lucas nos dice que «los pecadores y publicanos solían acercarse a Jesús para escucharle». Al parecer, encuentran en él una acogida y comprensión que no encuentran en ninguna otra parte.
Mientras tanto, los sectores fariseos y los doctores de la Ley, los hombres de mayor prestigio moral y religioso ante el pueblo, solo saben criticar escandalizados el comportamiento de Jesús: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». ¿Cómo puede un hombre de Dios comer en la misma mesa con aquella gente pecadora e indeseable?
Jesús nunca hizo caso de sus críticas. Sabía que Dios no es el Juez severo y riguroso del que hablaban con tanta seguridad aquellos maestros que ocupaban los primeros asientos en las sinagogas. El conoce bien el corazón del Padre. Dios entiende a los pecadores; ofrece su perdón a todos; no excluye a nadie; lo perdona todo. Nadie ha de oscurecer y desfigurar su perdón insondable y gratuito.
Por eso, Jesús les ofrece su comprensión y su amistad. Aquellas prostitutas y recaudadores han de sentirse acogidos por Dios. Es lo primero. Nada tienen que temer. Pueden sentarse a su mesa, pueden beber vino y cantar cánticos junto a Jesús. Su acogida los va curando por dentro. Los libera de la vergüenza y la humillación. Les devuelve la alegría de vivir.
Jesús los acoge tal como son, sin exigirles previamente nada. Les va contagiando su paz y su confianza en Dios, sin estar seguro de que responderán cambiando de conducta. Lo hace confiando totalmente en la misericordia de Dios que ya los está esperando con los brazos abiertos, como un padre bueno que corre al encuentro de su hijo perdido.
La primera tarea de una Iglesia fiel a Jesús no es condenar a los pecadores sino comprenderlos y acogerlos amistosamente. En Roma pude comprobar hace unos meses que, siempre que el Papa Francisco insistía en que Dios perdona siempre, perdona todo, perdona a todos…, la gente aplaudía con entusiasmo. Seguramente es lo que mucha gente de fe pequeña y vacilante necesita escuchar hoy con claridad de la Iglesia.
Ed. Buenas Noticias


sábado, 14 de septiembre de 2019

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario





Primera lectura: 
Ez 37,1-11.13-14: El Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado.
Salmo Responsorial
Sal 50,3-4.12-13.17.19: Me pondré en camino donde está mi padre.
Segunda lectura
1 Tim 1,12-17: Cristo vino para salvar a los pecadores.
Evangelio:
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 15,1-32: Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se arrepienta.

Dios es amor que perdona y transforma en hijos.

El mensaje de Jesús se resume en que Dios es su padre y que quiere compartir esta paternidad con todos los hombres, “reinando sobre ellos” por su medio. Si reinar es ejercer un poder, el reinado de Dios como padre es ejercer un poder para que los hombres puedan ser sus hijos. Sólo puede llamarse padre el que tiene hijos. A Dios se le puede llamar padre de la humanidad en cuanto que es su creador y cuida de todas sus criaturas, pero aquí de trata de una relación especial, compartir la filiación de Jesús. Destinataria es la humanidad, toda ella débil y pecadora. Por ello, la primera acción de Dios-rey es ofrecer el perdón de los pecados al hombre, para que éste libremente acepte ser hijo suyo, compartiendo su naturaleza de forma especial. Y puesto que Dios es amor, compartir la vida divina es vivir en el amor, situación incompatible con vivir en el pecado, que no es más que las diferentes encarnaciones del egoísmo. Una acción es pecado, no por capricho divino, sino porque destruye o debilita nuestra relación con Dios y los hermanos en el amor.

Ésta es la idea de fondo de la liturgia de la palabra, por la que el Padre nos habla en la Eucaristía de este domingo. Porque quiere ser padre, constantemente nos invita a aceptar su amor transformador, combatiendo en nuestra vida todas las manifestaciones del pecado-egoísmo. En el antiguo Testamento Dios perdona al pueblo que adora un becerro de oro, un ídolo, poco después de comprometerse a servirle en la alianza sinaítica. Es el primer pecado que se nos narra del pueblo y también el comienzo de una indefinida oferta de perdón. En el evangelio Jesús nos recuerda que Dios se alegra y organiza una fiesta siempre que un pecador se arrepiente, pues así consigue su objetivo paternal. Por eso el hombre debe acercarse con confianza a recibir el perdón. San Pablo nos ofrece el motivo del que tenemos que presumir los cristianos: no somos un pueblo de héroes sino de testigos de la misericordia del padre que a todos perdona y capacita como hijos para tareas concretas.

En su ministerio público Jesús comía con los pecadores, previamente perdonados, para significar el reino que estaba anunciando. Este banquete se renueva ahora en la Eucaristía, en la que nuestro Padre nos invita a compartir como hijos y hermanos. Es siempre el banquete de los perdonados. Por eso el hijo menor lo acepta sin problemas como regalo inmerecido, después de su experiencia negativa. En cambio, el mayor se niega a compartir el banquete organizado para el perdonado, porque se había hecho la ilusión de que con su comportamiento se había ganado otro tipo de banquete como premio. El banquete de los perdonados es el único posible, porque todos somos pecadores. Es verdad que se comportaba bien, pero no tenía conciencia de su debilidad y de que todo lo que había  hecho era gracia de Dios; creer que todo era mérito propio le lleva a creerse superior y especialmente a no compartir las entrañas de misericordia del Padre. A pesar de eso, el padre “se rebaja” y le ruega que entre. Quiere a todos sus hijos en el banquete. ¿Entró o no entró?  Jesús deja abierta la parábola. La respuesta la debemos dar cada uno de nosotros.

Dr. don Antonio Rodríguez Carmona

jueves, 12 de septiembre de 2019

Me encontrarán




Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón. (Jeremías 29,13 - 14)

Yo soy un peregrino que voy caminando tras el rastro del Señor, te estoy buscando desde hace tiempo y no te encuentro mi Dios, debo de ir por un camino equivocado, así nunca te hallaré, tengo que cambiar de rumbo y entonces te encontraré.

Yo te busco, sé que estás ahí, pero Tú no te dejas ver, eres como una sombra, estás en todas partes, pero no te podemos coger.

Para poder encontrarte tengo que creer en Ti, creer en Ti sin verte, es un acto de fe.

Quiero encontrarte sin demora pues si no se puede marchitar mi fe.

Yo continuo con mi peregrinación, te busco con todo mi corazón, y si me quedo en el camino será por cansancio, por hambre, por sed, nunca será por falta de amor, pues mi corazón está lleno de este alimento tan necesario para el alma y el corazón, así tendré fuerzas para encontrarte a ti, mi Dios.

Nada me apartará del camino que he elegido con todo mi corazón. Peregrino has elegido un camino, que está adornado con guirnaldas de amor, si este camino está dotado de algo tan especial, debe de ser el camino de la verdad en él te llenarás del Evangelio de La Palabra.

Peregrino ya has encontrado a Dios.

Elia
comunidadmariamadreapostoles.c



miércoles, 11 de septiembre de 2019

Amemos la Liturgia-16- La mano de Yahveh



 No podemos olvidar los cristianos católicos, que procedemos o somos hijos del pueblo de Israel, en lo que a nuestra fe se refiere. Y así, es bueno conocer muchos de los ritos, modos y costumbres del pueblo de Israel para amar nuestra fe, pues no se puede amar lo que no se conoce.

En muchos ritos de los israelitas, aun hoy en día, vemos a los fieles judíos cubrirse la cabeza con una especie de gorro que se llama (ϗιπα), que se lee KIPÁ. Es un ornamento reservado solo a los hombres, que se usa obligatoriamente en las celebraciones judías de todo tipo incluso en los enterramientos, oraciones, etc.

Representa “LA MANO DE YAHVÉH” que protege al que la lleva. En estas celebraciones, incluso en las visitas a lugares de culto judío, es obligatorio su uso incluso aunque el visitante no sea de esta religión judía.

En la entrada a la Biblioteca situada en la muralla de Jerusalén hoy en día, hay un lugar donde ofrecen esta Kipá a todos los que entran de forma gratuita. Cuando por desconocimiento de este asunto preguntas a un judío por el sentido de este ornamento, Él, gustosamente, te lo explica curvando su mano con los dedos juntos imitando la forma en que Dios Yahveh posa su Mano sobre la cabeza del fiel.

Es interesante saber que esta Biblioteca está situada en la parte izquierda de la muralla, y no por casualidad; se coloca en ese lugar como referencia al lugar del corazón humano también colocado a la izquierda. Es, por así decir, el lugar del amor, donde se ha de leer y meditar las Escrituras judías, no sólo desde el intelecto, sino desde el corazón. Todo una enseñanza para todo fiel.

Si nos remontamos al libro del Génesis, en el capítulo 3, leemos cómo Moisés recibe las instrucciones de Dios sobre la misión que le va a encomendar: “…Ya se, - dice Yahveh -, que el rey de Egipto no os dejará ir, a no ser forzado por una Mano Poderosa. Pero Yo extenderé mi Mano y heriré Egipto con toda suerte de prodigios que obraré en medio de ellos, y entonces os dejará salir…” (Gen 3, 19-21)

La Iglesia Católica toma este ornamento con toda su simbología, y lo coloca sobre los obispos con el nombre de SOLIDEO, que significa: “solo Dios”

Es hermoso meditar cómo la Mano de Dios sobre nuestras cabezas, representa la protección divina, sobre el pueblo de Israel, del que nosotros también somos herederos de su Promesa.

Tomás Cremades
comunidadmariamadreapostoles.com


martes, 10 de septiembre de 2019

Las armas de “Texas”


                                                                                   
Armas, armas, armas en defensa propia y resulta que nadie tiene defensa, ni siquiera el  criminal armado que acaba abatido a tiros como sus víctimas; pero ningún país se libra de sus armas, o es que ¿No son  armas las catanas, los cuchillos, las navajas o las dagas?

Lo decía Mateo en su Evangelio 25, 51-52: “Quien a hierro mata, a hierro muere”, y Juan en el Apocalipsis 13,1-17 (las dos bestias): “El que mata con la espada, a espada morirá”.  Es la Ley del Evangelio donde todo se vuelve contra uno.  

Hay un dicho: “Las armas las carga el diablo”, y es que la bestia convive con el hombre… Armas en manos de civiles: En E.U 393,3 millones de armas (327,2 mill. de habs.), India 71,1 mill., China 49,7 mill., Paquistán 43,9 mill., Rusia 17,6 mill… Y así se van sumando países, ciudades y pueblos del planeta en el juego de la muerte fácil.

Es la bestia de hierro causante además de la bestia del suicidio. ¡Madre de Dios, cuánta bestia asesina real y en potencia entre nosotros!  

Y de bestias nos cuenta demasiado el Apocalipsis: “Dragones” en medio de inocentes… Que ni tienen “7 cabezas ni llevan diademas”, sino una sola cabeza y llevan pistola...

Pero llegará un día ¡Oh Dios! Que el mundo será restaurado y los amantes de la bestia del plomo y cuchillo, serán exterminados. 

Armas para “Texas”, últimas matanzas de inocentes, agosto 2019… Mañana, más…
    
 Emma Díez Lobo


lunes, 9 de septiembre de 2019

Con conciencia de enviados



Cuando me puse a escribir esta carta al comenzar el curso, recordé la página del Evangelio que el lunes pasado nos regalaba la Iglesia: esa que relata la vuelta de Jesús a Galilea y, en concreto, a Nazaret, que era donde había sido criado. Nos ayuda a asumir el realismo con el que tenemos que vivir nuestra vida cristiana, porque también todos nosotros volvemos a los lugares donde vivimos, trabajamos, o estudiamos. Como Nazaret para Jesús, esos lugares a los que volvemos son significativos para nosotros. En ellos hemos de vivir y dar lo mejor de nosotros mismos, al tiempo que vamos a aprender de quienes nos rodean: familia, amigos, compañeros de trabajo, profesores que nos enseñan y nos regalan todo lo que nos ayuda a crecer como personas… Comenzar un nuevo curso en nuestro Nazaret, cada uno en el lugar donde esté, es una aventura maravillosa para todos, en la que podemos acentuar nuestra misión como cristianos, cada uno según la edad y las responsabilidades que tenga. Es una gran oportunidad para dar un salto cualitativo en nuestra vida; es una gracia inmensa que, si la acogemos como discípulos de Cristo, siguiendo sus huellas, nos permite vivir de un modo singular en medio de nuestras tareas y participar en la transformación de nuestro mundo.

¿A qué transformación me refiero? A esa que proclamó Jesús en su tierra cuando dijo: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido: me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4, 18-19). El Señor llama a todos los hombres y mujeres de este mundo. Los que un día dijimos que sí y deseamos asumir este compromiso de transformación del mundo, que hemos recibido la vida del Señor, hemos sido invadidos por su Espíritu y ungidos, damos gracias a Dios por su llamada y por mantener nuestro entusiasmo en la misión. También le pedimos que mueva el corazón de todos los hombres que aún no lo conocieron o que, habiéndole conocido, sintieron que su entusiasmo decaía al ver la falta de testimonio de quienes creemos en Él.

Sí, el Señor llama e invita a tomarnos en serio la transformación de este mundo; llevando una vida que demuestre que esta transformación es sinónimo de honestidad y justicia y antónimo de cualquier forma de corrupción. Esto es posible. Hay que hacerlo siempre con la alegría y el entusiasmo que nos reclama y nace del encuentro con Cristo, que nos hace libres, sensibles a todas las necesidades de la humanidad, con capacidad crítica, con ese liderazgo que proviene de vivir una vida conforme a la dignidad con la que nos ha revestido el Señor. Os invito a vivir este compromiso con trasparencia y responsabilidad concreta por los demás y por el mundo.

Todos estamos de acuerdo en que podemos embellecer el mundo en el que vivimos si somos fieles a la belleza que, en su pueblo de Nazaret, Jesús expresó que traía y ofrecía a todos los hombres. ¡Qué palabras más precisas tiene el Señor para decirnos su misión e invitarnos a la misma! Ofrezcamos con obras y palabras la Buena Noticia, que es Jesucristo, a los más pobres; cada uno de nosotros puede pensar en estos momentos quiénes son los más pobres y cómo los tenemos en nuestro corazón. Regalemos la libertad que Dios ha dado y garantizado a todos los hombres y que, a menudo, nosotros retenemos a personas o grupos, dando la posibilidad de que todos tengan horizontes en la vida, visión auténtica de quiénes son y de quiénes son también los que viven junto a ellos. Rompamos toda opresión, toda atadura que nos limite desarrollar las dimensiones que tiene el ser humano, entre las que se encuentra la dimensión trascendente.

A modo de grito os ofrezco estas ideas para acoger en este nuevo curso:

1. ¡Qué grande es Jesucristo!
2. Quién sino Él nos ofrece tantas y tan bellas tareas para que los hombres nos sintamos ofreciendo una nueva imaginación a la humanidad.
3. Quién sino Él es capaz de desafiar miradas miopes y cortoplacistas, seductoras de resignación por la avidez de ese juego peligroso que es la competitividad.
4. Quién sino Él es huésped de sueños que desafían tantas certezas para nuestro tiempo y es generador de horizontes de vida que señalan nuevas miradas, llenas de compasión para todos los hombres.
5. Quién sino Dios nos hace testigos fuertes de apertura a todos los hombres porque todos ellos son hermanos nuestros.
6. Quién sino Él nos ofrece nuevos canales de entendimiento, de solidaridad, de creatividad, de ayuda mutua.
7. Quién sino Jesucristo nos da las medidas reales que nos impulsan al compromiso, a romper el anonimato y el aislamiento.
8. Quién sino Él nos invita a construir de una manera nueva la historia.
Comencemos el nuevo curso con conciencia de enviados. Esto es ser discípulos misioneros.

Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Cardenal Osoro,
Arzobispo de Madrid


domingo, 8 de septiembre de 2019

Ídolos privados



El que no renuncia a todos sus bienes…
(Lc 14, 25-33)
Hay algo que resulta escandaloso e insoportable a quien se acerca a Jesús desde el clima de autosuficiencia y afirmación personal del hombre del siglo XX. Jesús es radical a la hora de pedir un adhesión a su persona. El hombre debe subordinarlo todo al seguimiento incondicional a Jesús.
No se trata de un «consejo evangélico» para un grupo cristianos selectos o una élite de esforzados seguidores. Es la condición indispensable de todo discípulo. Las palabras de Jesús son claras y rotundas. «El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».
El hombre siente desde lo más hondo de su ser el anhelo la libertad. Y sin embargo, hay una experiencia que se sigue imponiendo generación tras generación: el hombre condenado a ser «esclavo de ídolos». Incapaces de satisfacernos a nosotros mismos, nos pasamos la vida entera buscando algo que responda a nuestras aspiraciones y deseos más fundamentales.
Cada uno buscamos un «dios», algo que nos parece esencial para vivir, algo que inconscientemente convertimos en lo esencial de nuestra vida. Algo que nos domina y se adueña de nosotros profundamente. Paradójicamente, buscamos ser libres, independientes y autónomos, pero, al mismo tiempo, parece que no podemos vivir sin entregarnos a algún «ídolo» que oriente y determine nuestra vida entera.
Estos ídolos son muy diversos. Dinero, salud, éxito, poder, prestigio, sexo, tranquilidad, felicidad a toda costa… Cada uno sabe el nombre de su «dios privado» al que da culto y rinde secretamente su ser.
Por eso, cuando en un gesto de «ingenua libertad» hacemos algo «porque nos da la gana», debemos preguntarnos honradamente qué es lo que en aquel momento nos domina y a quién estamos obedeciendo en realidad.
La invitación de Jesús es provocativa. Sólo hay un camino para acercamos a la libertad y sólo lo entienden los que se atreven a seguir a Jesús incondicionalmente: vivir en obediencia total a un Dios Padre, origen y centro de referencia de toda vida humana, y servir desinteresadamente a los hombres sentidos como hermanos.
Ed. Buenas Noticias

sábado, 7 de septiembre de 2019

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario





Primera lectura: 
Sab 9,13-18: ¿Quién puede comprender lo que Dios quiere sin su Espíritu?
Salmo Responsorial
Sal 89,3-4.5-6-12-13.14.17: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Segunda lectura
Flm 9b-10.12-17: Recíbele, no como esclavo, sino como hermano querido.
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14,25-33: El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser mi discípulo.


Jesús, primer valor del cristiano

Estamos en el comienzo de un nuevo curso, una nueva etapa en nuestra vida, y la Iglesia nos invita a preguntarnos a dónde caminamos. No basta con estar caminando, es necesario caminar en la dirección justa para llegar a la meta. Y si la meta es compartir la gloria de Jesús, el camino justo es vivir compartiendo sus valores.

La primera lectura recuerda que para conocer los valores de Jesús necesitamos la luz del Espíritu Santo, pues nuestra mente está muy condicionada por nuestras limitaciones personales físicas y morales, y por el ambiente en que vivimos. Como resultado tenemos tendencia a justificar posturas y actitudes que son contrarias al Evangelio. Hay que pedir al Espíritu Santo vivir en la verdad, que normalmente implicará ir contracorriente, tomar la cruz.

La segunda lectura ofrece un ejemplo concreto de juicio de valores, la visión que tenemos de la persona humana. Onésimo era un esclavo de Filemón, cristiano acomodado de la ciudad de Colosas. Huyó de su dueño y marchó a Éfeso, donde Pablo estaba predicando. Allí oye a Pablo,  se hace cristiano y desea quedarse a su servicio, pero este no lo acepta; quiere que antes arregle su situación social de esclavo huido  y lo envía a su dueño con una carta en que le pide que perdone al huido y lo acoja, no como esclavo sino como hermano en Cristo. Realmente a la luz del Evangelio todos somos iguales, hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Ser cristiano es vivir esta realidad con todas sus consecuencias.

Finalmente en el texto evangélico Jesús invita a su seguimiento. Ser cristiano es una aventura de amor, conocer, amar y seguir a una persona concreta. Es una relación personal de amor entre Jesús y su seguidor. Pues bien, esta relación exige realismo para no engañarse. Implica vivir con una categoría clara de valores, en la que Jesús es el primero que hay que anteponer a todos los demás, entre los que se nombran los más cercanos al hombre (su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas) y uno mismo, que es lo que más solemos querer. Mantener esta categoría de valores no es fácil, pues son frecuentes las colisiones entre ellos; por ello el resultado es “llevar la cruz en pos de Jesús”.

Vivimos en un mundo donde reinan los valores de lo “políticamente correcto”, los valores del mercado, las exigencias de la familia y del trabajo, etc. En este contexto el cristiano tiene que vivir de acuerdo con los valores de Jesús. Por eso los ejemplos del constructor de la torre o del rey que va a la guerra invitan a pararnos y examinar cómo vamos, a dónde caminamos. Y entre todas las dificultades se resalta una, la inquietud por los bienes, lo que explica la invitación de Jesús a renunciar a todos los bienes para ser su discípulo. No se trata de una renuncia efectiva, sino afectiva, como puede verse leyendo todo el evangelio de Lucas. Necesitamos de bienes, que son buenos como creados por Dios, pero como medios y para todos. Una renuncia afectiva implica usarlos de esta forma, como medio y con un uso social.

El salmo responsorial ayuda a la reflexión a la que se nos invita, subrayando el carácter efímero de nuestra existencia y de los bienes, que a veces queremos poner por delante de Jesús. Todo ello pasará y sólo quedará él: «Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó, una vela nocturna. Los siembras año por año, como hierba que se renueva; que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato».

         En la celebración de la Eucaristía  renovamos nuestro compromiso de amistad personal con Jesús dentro de su familia eclesial; en ella le damos gracias por su amistad y le pedimos que él sea nuestro primer valor.

Dr. don Antonio Rodríguez Carmona



viernes, 6 de septiembre de 2019

Comenzamos un nuevo curso en Lourdes




Comenzar el curso pastoral acompañando a la Hospitalidad diocesana de Ntra. Sra. de Lourdes, que ha llevado este año al Santuario francés 260 peregrinos entre estos, enfermos y voluntarios,  es comenzarlo con este convencimiento: “al mundo lo salvará la ternura”.  Los seguidores de Jesús sabemos que es la ternura de Dios Padre la que nos acompaña en la vida y la que tenemos que “copiar”. Hemos de ofrecer al mundo la ternura de Dios y disfrutar más el lado positivo de las personas y de los acontecimientos. Peregrinar a Lourdes es querer ver con los ojos de Dios las realidades del mundo y. especialmente, las limitaciones humanas que en este lugar se palpan de una manera concreta y viva. Ya os he comentado otras veces que “la enfermedad de este mundo es la miopía”. No ver al otro, no compadecer, no estar junto al otro que tiene cualquier carencia, es estar ciego. Hemos de ver con los ojos de Dios, son “las gafas de la fe”. Y contar con la ayuda de la Virgen María: ella es el atajo para llegar a Dios.

Con qué falsedad viven hoy tantos ante la enfermedad, o la discapacidad, o la ancianidad. Comprender el verdadero sentido de la vida incluye la aceptación del sufrimiento y de la limitación. “El mundo no será mejor cuando esté compuesto sólo por personas aparentemente perfectas, sino cuando crezca la solidaridad entre los seres humanos, la aceptación y el respeto mutuo”. (Papa Francisco. Jubileo de los Enfermos. Año 2016).

Al hilo de esto, os ofrezco tres reflexiones concretas:

1.- “Ser es mejor que hacer”. Dios me quiere no porque haga muchas cosas o porque le demuestre que soy valioso. Soy amado por Dios antes y más allá del tiempo y él quiere que esté siempre con él.

2.- “El corazón, en el contexto de lo que vengo diciendo, es más importante que la mente”. Lo que hace que el ser humano sea humano es poder dar y recibir amor. Esto es un don divino que nos permite confiar en Dios y, también, en nuestros padres, en nuestra familia, en nosotros mismos, en nuestro mundo.
Suele suceder que las personas con discapacidades físicas o mentales dejan fácilmente hablar al corazón y revelan así una mística inalcanzable para muchas personas intelectualmente agudas.

3.- “Hacer la cosas juntos es más importante que hacer las cosas solos”. Hemos de aprender a trabajar en equipo, en comunidad, buscando juntos y trabajando unidos. Y juntos hemos de intentar construir una sociedad en la que los más débiles tengan apoyo, justicia y soluciones. “Una sociedad que no logra  aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado interiormente, es una sociedad que no es humana”. (Benedicto XVI. Jornada Mundial de la Juventud. Año 2011).

 Agradezco a la Hospitalidad diocesana de Ntra. Sra. de Lourdes, a sus voluntarios, y a todos los que queréis construir un mundo mejor, todos vuestros trabajos.

Con mi afecto y mi bendición,
+ Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón



jueves, 5 de septiembre de 2019

Todo en Ti permanece, no cambia



En un mundo donde todo se consume, todo se diluye, todo pasa, Tú permaneces.

Permaneces como todo lo que has creado y permaneces en mí, me afianzas, creces en mí y me sostienes, alimentas mis raíces que son las tuyas y las extiendes por el suelo de tu Eternidad.

Ser uno de esos árboles que a lo largo de la historia vivieron deseando crecer en tus atrios, ser parte del jardín de tus delicias. 

Árboles que cada mañana despiertan a la luz del sol de tu mirada; árboles que viven y crecen alimentados por Ti.

Árboles que no mueren porque son tus elegidos, tus obras y por eso, permanecen.

Si me dejas elegir, Señor, quiero escoger esta vida.

Déjame ser uno más de esos árboles que cuidas con tus manos y en los que te recreas cuando levantas cada día tu mirada.

Déjame ser vida para ti y sentir tu vida corriendo por mis ramas y sintiendo mis raíces abrazando la tierra de tu Palabra. 

(Olga Alonso) 
comunidadmariamadreapostoles.com