miércoles, 16 de enero de 2019

Poema






“Sí, me levantaré, volveré junto a mi padre.” (Lc 15,18) -  

 Volveré a casa de mi padre como el hijo pródigo y seré acogido.

Como hizo él, lo haré yo también. ¿No me escuchará?  

A tu puerta, Padre misericordioso, llamaré.

¡Ábreme, que entre, que no me pierda de nuevo y muera!

Tú me has constituido heredero tuyo, y yo he dilapidado mi herencia.

¡Trátame como a uno de tus jornaleros.
   
Como del publicano ¡ten piedad de mí y viviré!

Como a la pecadora ¡perdóname mi pecado, Hijo de Dios!

Como a Pedro ¡sácame de las aguas de mi bajeza, que no me hunda!

Como a la oveja perdida ¡búscame y me encontrarás y sobre tus hombres, Señor, llévame a la casa del Padre!

Como al ciego, ¡ábreme los ojos, que vea la luz!

Como al sordo ¡ábreme los oídos y escucharé tu voz!

Como al paralítico ¡cura mi enfermedad y alabaré tu nombre!

Como al leproso ¡con tu hisopo purifícame de mis inmundicias! (Sal 50,9)

Como a la niña, hija de Jairo, ¡dame la vida, oh Señor!

Como a la suegra de Pedro, ¡cúrame porque estoy enfermo!

Como al joven ¡hijo de la viuda, levántame!

 Como a Lázaro, ¡llámame por tu voz y desata mis vendas!

Ya que estoy muerto por el pecado, como por una enfermedad.

¡Levántame de mi desastre para que alabe tu nombre!

Te lo pido, Señor de tierra y cielo, ¡ven en mi auxilio y muéstrame el camino para que llegue hasta ti!

¡Llévame hasta ti, Hijo del Sumo Bien y colma tu misericordia!

Iré hacia ti y me saciaré de tu alegría.


Jacques de Saroug

martes, 15 de enero de 2019

LA VIDA





La vida te desilusiona para que dejes de vivir de ilusiones y veas la realidad.

La vida te destruye todo lo superfluo, hasta que quede sólo lo importante.

La vida no te deja en paz, para que dejes de pelearte, y aceptes todo lo que Es.

La vida te retira lo que tienes, hasta que dejas de quejarte y agradeces.

La vida te envía personas conflictivas para que sanes y dejes de reflejar afuera lo que tienes adentro.

La vida deja que te caigas una y otra vez, hasta que te decides a aprender la lección.

La vida te saca del camino y te presenta encrucijadas, hasta que dejas de querer controlar y fluyes como río.

La vida te pone enemigos en el camino, hasta que dejas de “reaccionar”.

La vida te asusta y sobresalta todas las veces que sean necesarias, hasta que pierdes el miedo y recobras tu fe.

La vida te quita el amor verdadero, no te lo concede hasta que dejas de intentar comprarlo con baratijas.

La vida se ríe de ti tantas veces, hasta que dejas de tomarte todo tan en serio y te ríes de ti mismo.

La vida te rompe y te quiebra en tantas partes como sean necesarias para que por allí penetre la luz.

La vida te enfrenta con rebeldes, hasta que dejas de tratar de controlar.

La vida te repite el mismo mensaje, incluso con gritos y bofetadas, hasta que por fin escuchas.

La vida te envía rayos y tormentas, para que despiertes.

La vida te humilla y derrota una y otra vez hasta que decides dejar morir tu ego.

La vida te niega los bienes y la grandeza hasta que dejas de querer bienes y grandeza y comienzas a servir.

La vida te corta las alas y te poda las raíces, hasta que no las necesitas, sino solo desaparecer de las formas y volar desde el Ser.

La vida te niega los milagros, hasta que comprendes que todo es un milagro.

La vida te acorta el tiempo, para que te apures en aprender a vivir.

La vida te ridiculiza hasta que te vuelves nada, hasta que te haces nadie, y así te conviertes en todo.

La vida no te da lo que tú quieres, sino lo que necesitas para crecer y evolucionar.

La vida te lastima, te hiere, te atormenta, hasta que dejas tus caprichos y berrinches y agradeces respirar.

La vida te oculta los tesoros, hasta que emprendes el viaje, hasta que sales a buscarlos.

La vida te niega a Dios, hasta que lo ves en todos y en todo.

La vida te acorta, te poda, te quita, te rompe, te desilusiona, te agrieta, te rompe… hasta que sólo en ti queda AMOR.

(Berth Hellinger)


lunes, 14 de enero de 2019

El Rosario imaginado


                                                            

                  

Me puse a pensar en el Rosario de la Virgen y me inventé algo que nos puede servir si no lo tenemos encima y, queremos rezarlo en cualquier momento.

La parte primera del Rosario, a nadie se le olvida, pero cuando vamos a los misterios con sus 50 Ave Marías, como que sin “bolilas” nos liamos y nos podemos equivocar -que no pasa nada…- Solución:

Después del Misterio del día y Padre Nuestro, viene el invento. Imaginaros a Cristo en la Cruz, primero “limpio” sin nada que Le duela:

La cabeza de Cristo, primer Ave María; el Cuerpo, 2º Ave María; las Piernas, 3º  Ave María; Brazo derecho, 4º Ave maría; Brazo izquierdo, 5º Ave María. Ya tenemos 5.

Ahora empezamos a repetir su Cuerpo pero con “los sufrientes”:

La Corona de espinas, 6º Ave María; la Llaga del pecho, 7º Ave María; el Clavo de los Pies, 8º Ave María; el Clavo del Brazo derecho, 9º Ave María; el Clavo del Brazo izquierdo, 10º Ave María y, ya están los 10. Después el Gloria y Letanía a la Virgen en cada tramo del nuevo misterio.

¿Cómo acordarse de las veces que te quedan? Pues muy fácil:

Los primeros 10, nos imaginamos a la Virgen; los segundos 10, S. José; los terceros 10, a Juan el Bautista; los cuartos 10, a los apóstoles; y los quintos 10, al golpazo en la mejilla que Le dieron.

Antes me volvía loca buscando el Rosario, ahora lo tengo en mente como un cuadro; pero cada cual puede hacer una “historia” diferente ¡Claro!, el caso es acordarse.

Emma Díez Lobo 

domingo, 13 de enero de 2019

La Humildad de Juan


                                                                                
¡Es increíble! Cuando pones en práctica la humildad, te lo pasas genial, porque además te salen frases y actos que la gente te mira como diciendo y ¿a esta que le pasa? Pues no pasa nada, simplemente que quieres ser la última con una sonrisa que descuadra.

Mirad que hay situaciones en la vida… Dios me puso, desde hace algún tiempo, en medio de “collares de oro, marinos de guerra, amigas de los Condes del pompillo o esposas de banqueros“… -ya sabéis a qué me refiero- y ves como en “esas grandezas”, hay una falta de conocimiento y caridad, terrible.
  
Lo peor o lo mejor, es que te das cuenta y obras en consecuencia, aunque sea con un pequeño acto de ponerles una silla para que se sienten en tu mesa -enana-, porque ya no hay sitio para tomar el café y te encoges en una triste esquina, donde el café se ha quedado a metro y medio de ti… ¡Fantástico!  

¡Qué curioso! Piden a Dios por sus vidas para que no les falte de nada… Y, genial, porque les falta la humildad de Juan -no saben qué es ni a qué se refiere…-. 
    
Abrigos de pieles fantásticas y yo con el de mi abuela del año 14 (pero del siglo pasado) Me encanta decir que aprovechar lo útil, es lo mejor que uno puede hacer, que el calor de una prenda no depende de la moda… En fin ¡me parto!, y que tengo un amigo que busca en la basura (contenedor de enfrente), que cada vez que nos vemos nos damos un abrazo y nos deseamos paz.   

Espero que algún día “la humildad de Juan”, quien no era digno ni de atar las sandalias de Cristo, corra por sus venas. Desnudos vinimos y desnudos nos iremos. ¿Qué llevaremos en las manos a Dios?   
    

Emma Díez Lobo


sábado, 12 de enero de 2019

Fiesta del Bautismo de Jesús




Jesús hace un gesto de solidaridad con los pecadores

        La actuación de Juan Bautista tuvo un gran eco en el país, hasta el punto de que las autoridades enviaran una delegación para indagar de qué se trataba. La noticia llegó también al pequeño poblado de Nazaret, donde Jesús llevaba una vida oculta de ciudadano solidario con sus vecinos, esperando que llegara el momento decidido por el Padre para comenzar otro tipo de ministerio. En sus largos ratos de oración había llegado a la conclusión de que Dios le pedía que anunciara su decisión de reinar de una manera especial como Padre y que realizara esta tarea no de forma violenta ni ostentosa sino en la humildad, solidaridad y misericordia, como aparece en las cuatro profecías de Isaías en que anuncia la actuación de un Siervo especial de Yahvé.  Él se identifica con este Siervo de Dios. Por eso decide ir a Juan para recibir el bautismo de pecadores, no porque se sintiera pecador, sino como gesto de solidaridad con los pecadores, pues el Siervo tiene que ser el cordero de Dios que echa sobre sí el pecado del mundo.

Con estos sentimientos se presenta ante Juan. Los relatos de Marcos y Mateo presentan a Jesús solo ante Juan, recibiendo él solo el bautismo, pero Lucas lo presenta de otra forma, orando y mezclado con un grupo de pecadores, es decir, unido a Dios padre, cuya voluntad quiere realizar, y solidario con los pecadores. En este contexto el Padre le unge con el Espíritu Santo como Hijo suyo, citando las primeras palabras del 1º poema del Siervo de Yahvé, es decir, como Mesías-Siervo, que realizará su tarea en la línea del Siervo, solidario con la humanidad pecadora.
Es el camino adecuado al Hijo de Dios que quiere realizar su misión como sacerdote misericordioso: por eso sintonizó con la humanidad, participando plenamente la naturaleza humana en todo igual a nosotros, menos el pecado, y realizando su ministerio como servicio solidario.

Las otras dos lecturas facilitan la comprensión de la escena. La 1ª lectura   recuerda el primer poema del Siervo de Yahvé, citado por el Padre, en la la segunda san Pedro presenta el bautismo de Jesús como el contexto en que el Padre le ungió con el poder del Espíritu Santo.

        Gracias a su obra de Siervo de Yahvé, que culminó en su muerte y resurrección, Jesús ha creado un nuevo bautismo que nos une a él y nos capacita para vivir como él, llevando a cumplimiento las primeras palabras que hemos escuchado a Juan Bautista, el bautismo con Espíritu Santo y fuego.

        Hoy se nos invita a agradecer la obra de Jesús y el bautismo que hemos recibido, valorándolo y viviendo sus exigencias. ¿Quién recuerda el día de su bautismo? ¿Quién lo celebra como su “cumple” más importante del año? Vivir las exigencias del bautismo es entrar por el camino de la misericordia, haciendo de nuestra existencia un servicio a los hermanos necesitados.

        Cuando entramos en el templo y tomamos agua bendita, nos santiguamos y recordamos nuestra consagración al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es una forma breve de renovar nuestro compromiso bautismal de vivir cristianamente. Pero donde renovamos de una manera especial nuestra consagración es en la celebración de la Eucaristía. Ahora el Espíritu nos une de modo especial a Jesús y por él al Padre. Es momento privilegiado de agradecer la obra de Jesús y pedir fuerza para seguirle.


Dr. Antonio Rodríguez Carmona



viernes, 11 de enero de 2019

El Señor mira desde el Cielo





El Óbolo de la viuda (Mc 12,41)

“…El Señor mira desde el Cielo, se fija en todos los hombres, desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra…” (Sal 32).

¿Es posible que nada pase desapercibido a los ojos de Dios? El salmista nos lo acaba de aclarar. Hay un Evangelio en el que Jesucristo está sentado viendo las personas que echan la  limosna en el templo. Y se fija en una viuda pobre, que da una pequeña limosna, en contraposición con las grandes o mayores cantidades de dinero que daban los poderosos de la época. Es el llamado “El óbolo de la viuda” en (Mc 12,41).

A primera vista, puede parecer incluso algo que podríamos decir “banal”, quizá indiferente, propio de quien no tiene otra cosa que hacer. Nos paramos aquí. Nada de lo que aparece en el Evangelio es así; cuando esto nos parece, hemos de interpretar como una señal para detenernos a meditar.

Jesús aprovecha esta situación para hacernos entender que esa pobre viuda echó más que nadie, porque los demás echaban la limosna de lo que les sobraba, y ella, en cambio, de lo que tenía para vivir. Es una mujer de una gran generosidad, pero, sobre todo, de una gran fe. Ella comprende que recibirá el ciento por uno de su generosidad. Ha comprendido el mensaje, aunque no se haya percatado de la mirada de Jesús.

Como dice el Salmo del encabezamiento, el Señor mira desde el Cielo, y nada se escapa de su calor. Jesús, como Sol que nace de lo alto,-nos lo recuerda el Canto del Benedictus, compuesto por Zacarías, padre de Juan Bautista-,  ilumina y da calor a justos e injustos, y su Palabra, cual lluvia fina, cae sobre buenos y malos. Ya llegará el tiempo de la siega, y los ángeles separarán el trigo de la cizaña; pero ahora no es el momento. Deben crecer juntos, para evitar que al arrancar la cizaña, también el trigo salga malherido.

Tomas Cremades Moreno

jueves, 10 de enero de 2019

¡Si yo Te viera!!!



                                                                 
Y no, no te veo y me encantaría

- Si me vieras te llevarías el susto del siglo. Mi luz te cegaría porque tu indignidad no sería capaz de soportarla.

- Entiendo… En cambio los Santos Te veían y seguían tan felices ¡Sana envidia!

 Así es genial, ser Santo… Pero nosotros “los normales” como que no hay manera de verte.  

- Perdona, primero fueron Santos y después Me vieron, no al revés. Mis elegidos fueron para la humanidad, no para Mí; y es cierto que con algunos hablé, pero una vez dije: “Benditos los que creen sin ver”... Y YO bendigo tu fe. 
   
- Pues yo soy de las que no Te veo y si no aumentas mi fe, mi santidad será un desastre.

- ¿Has pensado en el sufrimiento que padecían cuando no Me tenían?, era peor que la más grande enfermedad.

- Bueno, como no soy tan fuerte y además bastante miserable… Mejor, Tú en el cielo escondido a mis ojos, y yo a la espera… Ya Te veré el día que Tú quieras.

- Bien, pero escucha, aunque no Me veas, mi Espíritu va dentro de ti y jamás dudes de que en la Eucaristía Me tienes realmente.  

- Ya, pero reconoce que no es lo mismo imaginarte, que…  

- Mejor que imaginar ¡Siénteme!, porque oír, me oyes en la Iglesia. Mi voz es parecida, no te preocupes.

- Tienes razón; además que ni metiéndome en un convento, Te vería.

- ¡Claro que no! Pues a conformarse toca y ayuda al mundo en Mi Nombre. Yo estoy contigo

- Y yo Contigo.

Cada uno con su misión y su “denario”, sin olvidarnos de devolverlo con “intereses”. 

Emma Díez Lobo

miércoles, 9 de enero de 2019

El primer mandamiento




Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?”. Respondió Jesús:” El primero es: “Escucha Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que éstos”. El escriba replicó:” Muy bien ,Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo, y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. (Mc 12,28 b-34)

Este acontecimiento se produce después de la controversia de Jesús con los saduceos, secta que no aceptaba la resurrección de los muertos; en ese conflicto, los saduceos le tienden una trama dialéctica sobre el tema de la resurrección. Pues, inmediatamente después, un escriba que había escuchado la predicación de  Jesús, le interpela con otra pregunta: ¿Cuál es, a su juicio, el primero de los Mandamientos, el más importante? El Evangelio no nos dice si es para “pillar” a Jesús, o, más bien, para conocer realmente su opinión. Podemos deducir que es la segunda posibilidad, a raíz de la contestación que el Señor le da: “No estás lejos del Reino de Dios”.

 Jesús le contesta con el Shemá, según el libro del Deuteronomio (Dt 6,4). Es algo que los judíos conocían muy bien. Y no podía ser de otra manera; Jesús no ha venido a abolir la Ley, sino a darle cumplimiento mayor. Después del “Discurso Evangélico de las Bienaventuranzas” (Mt 5 17-19) Jesús nos dirá: “No penséis que he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i, ni una tilde de la Ley, sin que todo se cumpla”

Y hay una palabra que no puede pasar desapercibida: “todo”. Amar con todo el corazón, con toda el alma…No con una parte. Nosotros probablemente, estemos dispuestos, sí, a amar a Dios. Pero con TODO…ya es más difícil. Ahí entran nuestros afectos, el uso que damos al dinero, la posibilidad de otorgar el perdón de quien nos ha ofendido… ¡amar con todo el corazón! No es tan fácil.

El escriba, doctor de la Ley, lo entiende a la primera. Recuerda lo que dice el Salmo 51: “Dios quiere el sacrificio de un espíritu contrito, un corazón contrito y humillado tú no lo desprecias…”

Es más, el Salmo (40,7) dice:”…No has querido sacrificio ni oblación, en cambio me has abierto el oído…” Y, entonces reconoce que en Jesús se cumple el Salmo: Jesucristo, cumpliendo el Salmo, pues todos los Salmos se cumplen en Él,  le abre el oído, le penetra con su Palabra.

Hay dato curioso sobre este mismo tema, y es en la Carta a los Hebreos (Hb10, 4-8): “…Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: ¡He aquí que vengo- pues así está escrito en el rollo del Libro -, a hacer, oh Dios, tu Voluntad!

Como sabemos, la Carta a los Hebreos no se atribuye a Pablo, directamente. Su estilo elegante, sin saludo inicial ni final, como era su costumbre, inducen a pensar en una persona de cultura helénica, próxima a Pablo, como pudiera ser Silas, Priscila, Apolo, Bernabé…de una época posterior a Jesús, como del año 70.
Y Jesús le responde con algo muy agradable: “No estás lejos del Reino de Dios”. El Reino de Dios, que no es otra cosa que el mismo Jesucristo; no estás lejos de Mí, le quiere decir.

Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Es tan claro, tan sencillo, tan evidente el lenguaje de Jesús, en aquel tiempo y ahora también, que el que no quiera entender será por eso: por falta de voluntad; pero nunca porque Él no lo explique con tanta sencillez como para que cualquier persona no versada ni tan siquiera en la Ley pueda recibir completamente su Mensaje. Por eso dirá Jesús: “El que tenga oídos para oír, que oiga…” (Mt 13, 9).  Sabias palabras en la Parábola del Sembrador.

Tomas Cremades Moreno


martes, 8 de enero de 2019

Desde lo hondo, a ti grito, ¡Señor! (Sal 130)





Desde  lo más profundo de mí ser, desde lo más profundo de mi corazón, desde esos rincones de mi alma donde no entra nadie más que Tú… desde ahí… ¡a Ti grito Señor!

Y escúchame, abre tus oídos… Tú, que tantas veces te quejaste del pueblo de Israel, para que abriera su oído, ahora: ¡Estén tus oídos abiertos al clamor de mi súplica!

Y, al mirarme para dentro, donde sólo lo conoces Tú, si llevas cuenta de mis delitos, ¿cómo podré resistir? Sólo Tú tienes entrañas de Misericordia, Tú amas al hombre con la fortaleza de un Padre, y con la Ternura de una Madre… De Ti procede el perdón… (Sal 130)

 ¡Acuérdate de mí, que soy un pobre desamparado! (Sal 86, 1-2)

Yo espero en Ti, en tu Palabra, en tu Evangelio, aguardando tus promesas pues Tú eres fiel. Y te espero con la confianza, como el centinela espera el amanecer.
El amanecer es el paso de las tinieblas a la luz. Y el centinela, sobre todo en aquellos tiempos que nos relata la Escritura, está inquieto en la noche ante los posibles ataques del enemigo. La noche, las tinieblas, donde todo parece más tenebroso, y se agrandan los problemas…ahí el centinela está inquieto hasta el amanecer.

Y el hombre también es consciente de la presencia del Maligno en las tinieblas de tantas noches donde no encuentra a Dios. Donde no encuentra una pronta respuesta a sus problemas… ahí espera el adversario, el diablo, ronda como león rugiente esperando a quién devorar… (1 P 5,8)

Pero Tú, Señor, lento a la cólera, rico en piedad y leal, ¡ten compasión de mi! (Sal 86,15)

Pero yo,  Invoco al Dios Altísimo, desde el Cielo me enviará la salvación, confundirá al que me acosa, envíame, Señor, tu amor y tu Verdad (Sal 57, 3-4).

Tomas Cremades Moreno

lunes, 7 de enero de 2019

ECOS DE JOSÉ Y MARÍA EN LA NAVIDAD






2.- ORO, INCIENSO Y MIRRA

Aunque solo lo cuenta Mateo, pocos elementos materiales han dado tanto juego para conocer la verdadera persona de nuestro Señor, el Cristo Jesús de Nazaret, como el oro, el incienso y la mirra, signo para muchos de su realeza, divinidad y humanidad.

En el hecho de la adoración de unos magos de oriente, guiados por una estrella que llenaba de alegría a unos y de temor y odio a otros, engloba Mateo el Misterio que Lucas proclama con ángeles, pastores, “todos los que los oyeron”, pañales y humilde pesebre en un establo.

Los elementos de Mateo son más mistéricos, porque el oro, el incienso y la mirra, pudieran no ser tan comunes como creemos. Dejando volar un poco la imaginación sobre datos reales, pero sin querer hacer un estudio ni siquiera de las múltiples tradiciones, pudo ser así.

ORO.  Si los Magos eran sacerdotes o seguidores de Zoroastro, su moneda sería la persa, posiblemente el Darío de oro, y en su más alto valor, con una sola moneda de oro podía sustentarse una familia israelí humilde un año o más, si era un complemento del trabajo de hombre y mujer. ¿Cuantas monedas regalaron los magos como ofrenda? ¿No serían siquiera cien monedas?. Era un cofre de tesoro, dice Mateo, por cada mago. No creo que hiciesen un viaje tan largo, que empezó y acabó en el misterio de la estrella señalando al adorable Rey estelar de Israel, para dar una miseria.

Misterio hay mucho en los magos, pero el oro, además de ser signo de un gran rey, era un valor en comercio real y medible en bienes de consumo. Quizás también por eso, además de su indudable fe, José no temía salir inmediatamente de viaje cuando el ángel de sus sueños lo avisaba. Y no es que desconfiara de la Providencia, sino que el cuidado de Dios Padre se le pudo manifestar así, anticipándose a todas sus necesidades. Suele hacerlo el Padre con los que llama. Doy testimonio personal de ello.

INCIENSO. No era lo que nosotros creemos. En Israel, por mandato directo de Yahvé a Moisés, como dice el libro del Éxodo, era cosa sacratísima que solo podía usarse en el culto y por los sacerdotes, como el óleo sagrado. Leído desde la vida pública de aquel Niño Jesús, ya hombre, tiene una luz nueva.

Exodo 30:34-38
Dijo Yahveh a Moisés: Procúrate en cantidades iguales aromas: estacte, uña marina y gálbano, especias aromáticas e incienso puro.
Prepara con ello, según el arte del perfumista, un incienso perfumado, sazonado con sal, puro y santo; pulverizarás una parte que pondrás delante del Testimonio, en la Tienda del Encuentro, donde yo me encontraré contigo. Será para vosotros cosa sacratísima.
Y en cuanto a la composición de este incienso que vas a hacer, no la imitéis para vuestro uso. Lo tendrás por consagrado a Yahveh.
Cualquiera que prepare otro semejante para aspirar su fragancia, será exterminado de en medio de su pueblo.

No es este el sitio de profundizar el estudio del incienso, pero en el contexto de la Navidad, y viniendo de unos “magos de oriente”, tiene más enjundia de la que aparece a primera vista. No solo tiene relación con el culto, sino con la salud de cuerpo y alma, con el ambiente donde se produce el verdadero encuentro de Dios con el hombre. Seguro que María, guardadora de aquel tesoro, tenía siempre su casa perfumada para el Niño que ella y José sabían bien quién era, de dónde venía y cuál era su misión: salvar a su pueblo, `saludar´, dar la salud, como indica su nombre, Jesuhá. Aquel incienso de magos de oriente, —podía decirse mágico—, pudo estar relacionado con la manifestación de poderes curativos, de expulsión de demonios y limpiadores de todo pecado que manifestó Jesús, aquel que fuera niño adorado de Belén.

MIRRA.- Su propiedad de ocultar olores y perfumar ambientes preservando la materia orgánica de la corrupción, le hacía apto para embalsamar cadáveres,  y conservar la carne lo más parecida a lo que fue en vida. Evitaba,  o al menos retrasaba, la putrefacción hasta la ceniza.

Tiene mucho que ver con el ansia humana de perpetuarse tras la muerte. Los Magos de Oriente no sabrían aún de la resurrección de Jesús, aquel niño precioso  y tranquilo en brazos de su Madre, ni de los nuevos parámetros de energía que se estaban regalando a la naturaleza humana, —o quizás sí lo sabían—, pero su regalo ha quedado convertido en Evangelio para la vida eterna.

¿Y si María guardó cuidadosamente el regalo mágico, y siendo la primera que visitó el sepulcro de su hijo la madrugada del domingo, lo ungió con él antes de resucitar? ¿Y si la Resurrección de Jesucristo, el Rey de los Judíos, no fue solo una respuesta a las promesas y profecías de Israel, sino el cumplimiento de la esperanza de toda la humanidad desde miles de años antes de que ocurriera la suya definitiva? Los faraones hubiesen dado la mitad de Egipto por tener aquella unción de mirra, la unción del Cristo eterno. Pero solo un Rey de Israel, anunciado por sus profetas, y por las estrellas y astros del cielo, sería el elegido para abrir la puerta de la vida eterna a la humanidad. Los magos de oriente lo supieron.

La adoración de los magos que nos cuenta Mateo de forma tan simple, y que ha supuesto un desarrollo folclórico extraordinario, tiene un fondo de misterio que no hemos acabado de desentrañar ¡gracias a Dios! Que definitivamente es el Dios de todos los hombres, de todos los tiempos.

Solo falta  que sea conocido y reconocido, y esa es nuestra tarea con su ayuda.

Manuel Requena