lunes, 2 de junio de 2025

Partiendo la Palabra En ti me refugio, Dios mío. (III)

 



Hoy vemos a Dios como refugio y fortaleza de quien a Él se acoge, partiendo de la experiencia de David. Sabemos que fue adúltero y asesino, pero que, siendo rey se humilló ante el profeta y Natán, enviado por Dios para denunciar su maldad. Que David se   humillase quizás nos parezca normal; pero en aquellos tiempos que un rey se humillase ante un subalterno, por muy profeta que fuese era algo inaudito, hasta el punto que sí le hubiese mandado matar, nadie hubiese dicho nada. David se humilló ante Dios y ante él, y Dios le concedió su Espíritu de Sabiduría, con la que pudo escribir los Salmos, Fuente de la Oración del Alma de Israel, y a partir de Jesucristo, de su Iglesia. Por eso David el asesino, el sanguinario, el adúltero es considerado el "Padre de la Mística". 

De hecho, si queremos penetrar en el Misterio de Dios empecemos por pedirle que nos enseñe a "Partir la Palabra" de los Salmos; a sumergirnos en ellos pues en sus ríos interiores fluyen infinidad de Catequesis, todas nuevas, pues son llamas que emergen del Horno de Fuego de Dios.

Fijémonos que Jesús, en cuanto hombre, buscaba en los Salmos -su refugio ante tantos desprecios y humillaciones. En cada uno de ellos, su alma veía la Luz del Rostro del Padre, que mantenían su Fidelidad a la misión que le había confiado.

 

P. Antonio Pavía 

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sábado, 31 de mayo de 2025

Partiendo la Palabra Ascensión de Jesús. (Lc 24,46-53) "Quiero estar contigo Señor"

 



Del Evangelio de hoy veo un dato que me llama poderosamente la atención. Los Apóstoles que deberían tener tristeza ante la separación de Jesús al subir al Padre, sienten una alegría nueva, desconocida: "Se postraron ante Él y se volvieron a Jerusalén llenos de alegría". Es que   veían como Jesús les bendecía mientras ascendía al Padre. Es la Bendición de su Presencia permanente en sus corazones. Veamos: Ben-dicción...o sea Bien-decir; sobre ellos mientras subía al Padre suponía   dejar sus Palabras de Vida Eterna en ellos. Sus almas serían permanentemente regadas -como un huerto- por él Agua Viva del Evangelio para poder dar como les dijo Jesús: “Frutos de Vida Eterna" (Jn 4,35-36).

 Jesús nos ha dejado la Bendición por antonomasia: Su Santo Evangelio. Jesucristo no engaña a nadie. Ojalá amemos su Bendición, o sea su Evangelio por encima de todo. Sólo así podremos un día, llegar a, “amar a Dios, con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas." (Dt 6,4-6).

 

P. Antonio Pavía 

comunidadmariamadreapostoles.com

 

miércoles, 28 de mayo de 2025

Partiendo la Palabra En ti me refugio, Dios mío. (II)

 




Nos hacemos eco de esta exhortación del profeta Isaías que nos invita a sopesar entre los bienes que sacian, que son los de Dios y los que podríamos decir que, sin ser necesariamente nocivos, podemos catalogarlos como un kit de supervivencia.

Escuchemos a Dios que nos habla por medio de Isaías: "¿Por qué gastar vuestro dinero en lo que no alimenta, vuestro jornal en lo que no sacia? …Aplicad el oído y venid a mí, escuchad y vivirá vuestra alma."(Is 55,2-3). Esto que nos dice Dios, es siempre actual y vigente. Todo aquel que acoge la Sabiduría de Dios que emerge de sus Palabras de Vida, abrirá su corazón a la Verdad y sus pasos se enderezarán ante Aquel que dijo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida "(Jn 14,69) Él que se ata “a su camino" “a su verdad " y “a su vida”, encasilla su alma, creada para la Plenitud, en una especie de círculo mil veces repetido, aunque cambien los decorados.

 No, no es bueno vivir con el alma encorsetada. No es bueno refugiarnos en nosotros mismos y más teniendo en cuenta de que Dios se nos ofrece como refugio del alma.

 

P. Antonio Pavía 

comunidadmariamadreapostoles.com

 

 

martes, 27 de mayo de 2025

Hogar de acogida en nuestras intemperies

 


La historia de la humanidad es el relato de un largo éxodo, una inacabada peregrinación hacia una tierra nueva en donde la bondad y la belleza que perdimos en aquel primer edén, puedan ser otra vez acogidos para siempre sin traición ni sobresalto. Según el viejo y ancestral relato de la creación en el libro del Génesis, el hombre y la mujer fueron expulsados, o mejor, autoexpulsados de un jardín en el que la armonía, la paz y la concordia presidían todas las miradas, latían en todos los pálpitos, y fundamentaban las relaciones con el mismo Dios Creador, con quien paseaban a la hora de la brisa cada atardecer. Pero también entre Adán y Eva existía esa relación amable y amorosa de saberse iguales en su diferencia, complementarios en sus anhelos y necesidades. E, incluso, la misma vida se hacía cómplice de esta serena convivencia entre todos los seres cuya presidencia el Señor había querido asignar precisamente al hombre y a la mujer. El punto de quiebra, verdadera inflexión en esa historia, lo introduce lo que llamamos “pecado original”, por ser el primero y el originante de todos los demás que han venido después como torpe comentario de la trasgresión de la inocencia del principio.

Dios ya no será el amigo con el que compartir paseo vespertino y participación en su obra poniendo nombre a cada cosa, como Él confió a Adán. Será más bien el rival y enemigo de quien hay que huir y esconderse, tapándose las vergüenzas con una hoja de parra. El otro, se llame Adán o se llame Eva, tampoco será ya la “ayuda adecuada” que nos corresponde complementando lo que cada uno no puede o no sabe o le viene a faltar. Más bien el otro será el objetivo de un señalamiento para poder imputar a los demás acusándolos como culpables de los males que nos puedan acechar. Y la vida misma se tornará hostil, de modo que habrá que trabajarla con el sudor de la frente, o habrá que parirla con los dolores del parto. Así, en síntesis, se describe esa deriva que nos dejó a la humanidad al pairo de los sobresaltos, contradicciones, miedos y violencias diversas en una convivencia tocada y hundida de modo fatal.

Sin embargo, esta historia ha tenido otro punto de inflexión que no se ha seguido de la insidia de quien engaña con sus mañas consabidas como diablo de marras. El Creador quiso recrear su obra y restañar las heridas de sus hijos proponiéndoles con calma y sin prisa un camino de vuelta a la inocencia original. Así nos fue hablando por sus enviados como padres y profetas que nos alertaban en cualquier circunstancia, nos animaban con anuncios bondadosos o nos reprendían con sus denuncias sanadoras. Pero a un cierto punto, ese acompañamiento a través de tantos desiertos y avatares varios, se hizo especialmente intenso, definitivo y cierto, mandándonos a su propio Hijo el bienamado, que sin dejar su condición divina se hizo hombre como nosotros naciendo virginalmente de una doncella nazarena llamada María.

Cuanto Jesús nos dijo con sus palabras y nos mostró con sus gestos, quedó en las manos de su comunidad, en la memoria viva que es la Iglesia. Dos mil años de camino atravesando todos los espacios de un sinfín de geografías, y abrazando todos los escenarios de cada historia en nuestros sucesos escrita. La Iglesia es el hogar del encuentro con el Dios samaritano que venda y cura mis heridas, es el ventanal al que asomarse cuando hay horizontes que nos secuestran la libertad detrás de sus mentiras, es la casa encendida en la que siempre luce una luz que no se apaga en nuestras oscuridades y arden las brasas para compartir la mesa de la esperanza. No hay afueras humanas que no hallen en la Iglesia la puerta de entrada, ni tampoco desviación o fuga que no encuentren en ese hogar el punto de regreso para volver a la casa nutricia donde nos esperan cada día. Un auténtico refugio que nos ofrece la acogida en nuestras intemperies y la esperanza que no defrauda como un alba pascual que amanece para mi dicha.

Es bueno recordar estas idas y venidas, estos aledaños y periferias, para redescubrir el hogar que representa la comunidad cristiana en el día de la Iglesia diocesana.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

 

 

lunes, 26 de mayo de 2025

Partiendo la Palabra "Mi alma se refugia en ti Señor" (I).

 




Un problema que nos aflige a los Discípulos de Jesús es no saber esperar "los tiempos de Dios” ante ciertas pruebas. Problema que alcanza su virulencia al no saber   valorar las veces que Dios ha actuado en nuestro favor en situaciones adversas. Actuaciones que hicieron crecer nuestra alma ante tanta cercanía amorosa de Dios junto a nosotros.  

Hablamos de nuestra debilidad, bien conocida por el demonio. Ante nuevas pruebas, sentimos desconfianza e incluso fatigas; y los recuerdos de lo que Dios hizo anteriormente por nosotros, casi se nos borran.

 Mirémonos en Israel. pueblo que vio con sus propios ojos las maravillas que Dios hizo en medio de ellos:  al salir de Egipto, su protección en el desierto...etc.  Sin embargo, desconfiaban de Él una y otra vez,  Dios no desechó a los israelitas; les envío sin cesar hombres y mujeres Santos que mantuvieron con su fidelidad la Presencia de Dios entre ellos. Si...A lo largo de la Historia Dios cumplió sus promesas con Israel y actualmente con su Iglesia porque nunca faltaron ni faltarán en ella "Sus Verdaderos Buscadores":  Hombres y mujeres como nosotros que guardando él Evangelio de Jesús en sus entrañas como su Tesoro...el Tesoro de todos los tesoros, son la Luz del mundo y la Sal de la tierra. (Mt 5,13-16 ).

Nuestro mundo conoce una evolución que nuestros mayores jamás pudieron imaginar. Sin embargo, no ha encontrado ni encontrará una respuesta a las angustias y fatigas del alma. Es que la única respuesta es Dios...y en nuestros tiempos, una vez más los Buscadores de Dios por esa Luz especial que Él "dibuja" en nosotros mostramos sin alardes ni condenas de ningún tipo, el Evangelio, Palabras de Vida Eterna (Jn 6,68) que nos liberan de toda opresión.

 

P. Antonio Pavía 

comunidadmariamadreapostoles.com

 

sábado, 24 de mayo de 2025

Partiendo la Palabra VI Dom. Pascua (Jn 14,23-29): Somos Sagrarios de Jesús

 



Jesús empieza hoy diciéndonos: "El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos morada en él".

 Los primeros cristianos que alimentaban su fe, gracias a la predicación de la Palabra por parte de los Apóstoles y sus sucesores, llamaban a Jesús: La Palabra del Padre. A la luz de la vivencia de estas comunidades, de tantos Santos, muchos de ellos Mártires, entendemos mejor el título que encabeza este texto: Somos Sagrarios de Jesús.

Si, Sagrarios Vivientes en él mundo. Es un título que nada tiene que ver con sensacionalismos ni devocionismos...¡¡Es muchísimo más que eso!!... ¡¡Es nuestro sello de identidad como discípulos de Jesús!! Acoger en nuestras entrañas él Evangelio de Jesús, nos define como verdaderos hijos de María la que al decir: "Hágase en mi tu Palabra" dio paso a la Encarnación del Hijo de Dios. Cuando tú dices al Señor: Hágase en mi tu Evangelio, y por medio de sus Palabras él Discipulado, ya empiezas a ser su "Sagrario en el mundo" porque ya puedes decir, como San Pablo, estremecido de gozo: "no soy yo quien vive, es Jesús quien vive en mí"(Gal 2,20). Por eso eres su Sagrario-Luz entre los hombres.

 

P Antonio Pavía 

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miércoles, 21 de mayo de 2025

Partiendo la Palabra (Jn 12,20-32) Si el grano de trigo no muere (XIV)

 




Fijamos nuestros ojos en Jesús Crucificado y vemos que fue en el Calvario donde nos atrajo a todos. Si, fue allí donde Israel y Roma, representantes de los pueblos de la tierra le reconocieron como él Hijo de Dios. El centurión romano que dirigió la ejecución de Jesús proclamó: "Verdaderamente este era Hijo de Dios" (Mc 15,39). También Dimas uno de los ladrones, que representa lo más ínfimo del ser humano al buscar situarse en la vida a costa de hacer el mal a los demás dio testimonio de Jesús. A pesar de su bajeza moral tuvo conciencia de la inocencia de Jesús, y con ella la Sabiduría para proclamar que era Rey de los Cielos. También tuvo la "Santa Audacia" para suplicarle: ¡Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino! (Lc 23,42).

 Por último, los escribas y fariseos que espolearon a la multitud para burlarse con una maldad inhumana de Jesús Crucificado, (Lc 23,35-48) al ser testigos del perdón de Jesús (Lc 23,34)"Se volvieron del Calvario golpeándose el pecho".

Con su actitud prepararon sus corazones a la acogida de la primera predicación de la Iglesia, que les llegó tan al corazón...que dijeron a Pedro... ¿Qué tenemos que hacer? (Hch 2,37...). 

!... ¡Atraeré a todos hacia mí, dijo Jesús! Vimos que los atrajo. Nos sigue atrayendo. Y… ¿Nos dejaremos atraer por Él? O …" vamos a nuestro aire …"

P. Antonio Pavía 

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