jueves, 10 de noviembre de 2016

Prudencia contra escándalo



El pasado fin de semana llevé a mis nietos a un parque en el que hay una pequeña laguna con su fauna correspondiente, en varios puntos en torno a ella hay letreros en los que se indica que está prohibido dar de comer a los animales. Una de mis nietas me miró con cara de asombro e incrédula, al contemplar que nadie hacía caso a la orden, me preguntó que por qué la gente echaba de comer a los animales y no cumplían la recomendación.

En aquel instante me vino a la mente las palabras de Jesús:

“Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar” (Lc. 17, 2). Son muy duras, durísimas, de ahí el verdadero pánico que me producen.

         Es muy fácil escandalizar y no siempre uno es consciente de producirlo. El pasaje se refiere a los niños y, claro, la inocencia y la falta de madurez infantil favorecen la posibilidad de ser escandalizados fácilmente. Por ello las personas mayores y sobre todo los padres, abuelos y docentes debemos tener en cuenta esa fragilidad mental para no romperla. Hay que ser especialmente ejemplares con ellos, porque lo que en su mente se grabe será un referente para su vida en tanto en cuanto que no maduren y sean capaces de pensar y razonar por sí solos. Lo que vean, escuchen y actuaciones que presencien serán su norma de conducta y en torno a ello forjarán sus futuras actuaciones. Así, bajo este punto de vista, es lógica la contundencia de la cita evangélica por las graves consecuencias que acarrea el escándalo y el mal ejemplo.

         Pero yendo un poco más lejos, pondría a la misma altura que a los niños a aquellas personas adultas que, por sus características personales y específicas, también tienen unas mentes más débiles de lo que correspondería a su edad. Igualmente con ellas debemos tener especial cuidado en nuestras actuaciones. Son del mismo modo susceptibles de ser escandalizadas y en consecuencia se nos podrían aplicar aquellas mismas palabras citadas más arriba.

         Por otra parte, podríamos contemplar este asunto bajo el punto de vista de la clase de conciencia: laxa o escrupulosa. Aquí asimismo tropezamos con el escándalo, porque lo que para esta es pecaminoso, para aquella no es virtud, pero tampoco pecado.
         Llegado a este punto, solo nos queda la virtud recomendada también por el mismo Jesús: prudencia. Los cristianos siempre y en toda circunstancia debemos tenerla en cuenta y actuar bajo su recomendación.


Pedro José Martínez Caparrós

miércoles, 9 de noviembre de 2016

El amor está en lo que se tiende.




Estas palabras del poeta gallego José Ángel Valente me han dado pie para esta reflexión, porque si el amor está en lo que tendemos, vamos a empezar la jornada con una súplica: Que Dios nos conceda ser artesanos de la paz tendiendo puentes, que acerquen, que establezcan conexiones, que unan.

¿Qué son los puentes? El diccionario dice que son «estructuras de distintos materiales construidos para salvar niveles excesivos, para lograr la continuidad en lugares interrumpidos por la presencia de obstáculos difíciles de superar». Pero el fin de todos los puentes es siempre el mismo, acortar distancias, salvar desigualdades, soportar el rodaje de vehículos….

Nosotros podemos tender puentes que favorezcan la paz por donde puedan transitar toda clase de personas, puentes que les brinden ocasión de encontrarse, de reconocerse … Ser puente es también ser soporte seguro para el que se decida a cruzarlo.

Si en el campo de la técnica existe tanta variedad de puentes: levadizos, colgantes, transbordadores … algunos tan sofisticados que son un verdadero alarde de ingeniería

…¿Cuántas clases de puentes podemos construir en el plano humano-espiritual?

Veamos algunos.

Vamos a esforzarnos, hoy, en tender: puentes de comprensión, de cariño, de cercanía cordial, que rompen la soledad; puentes de amor, de ternura, que iluminan situaciones de desvalimiento o de enfermedad; puentes de palabras suaves, mansas, porque el gritar no es signo de paz; puentes de caridades ocultas, de delicadezas pequeñas con las que muchas veces podemos hacer felices a los demás; puentes que unen orillas muy distantes ocasionadas por prejuicios, por malentendidos, que alejan y son verdaderas amenazas para la paz; puentes que superan las diferencias, pasan por alto lo dispar, acogen las desigualdades para acrecentar la unidad; puentes recios que sirven de soporte a quienes los quieran cruzar agobiados por el peso del dolor, de la ansiedad y al mismo tiempo les sirvan de apoyo y estímulo; puentes de silencio, muy fecundo cuando las palabras no son capaces de expresar el consuelo que quisieran prodigar; puentes de armonía, de callada interioridad, de fraternidad; puentes de oración: son puentes gigantes, que abrazan los continentes, cruzan los ríos y el mar y son ayuda invisible pero real y llegan a los lugares más lejanos; puentes de autodominio, de servicio incondicional, de olvido propio, sólo aspiran a que otros puedan gozar ;puentes de reconciliación: es más difícil reconstruir sobre ruinas de lo que se ha roto que hacerlo de nuevo … pues también esa medida debemos alcanzar.

Tendamos puentes de la mañana a la noche, en la familia, en el trabajo, en la amistad, en la profesión, en la sociedad. No olvidemos que ser puente es servir de vínculo, de conexión, de enlace. Aspiremos a ser puentes que brinden encuentros; pero puentes, sólo puentes olvidados de lo que ofrecen y dan. Vivamos este día tendiendo puentes. Aspiremos a ser peritos en esta tarea hasta llegar a convertirnos nosotros en puentes para los demás. Seamos puentes en lo cotidiano y que nuestros puentes sean siempre porta-paz.


J. Jauregui

martes, 8 de noviembre de 2016

La misericordia tiene siempre rostro joven



Celebramos HOY, dia 9 Noviembre, la fiesta de la patrona en Madrid: la Virgen de la Almudena. En María encontramos la plena correlación con el Señor: al hilo divino se entrelaza así, en la historia, un hilo mariano. Si hay alguna gloria humana, algún mérito nuestro en la plenitud del tiempo, es ella, nos dice el Papa. Ella es ese espacio, preservado del mal, en el cual Dios se ha reflejado; ella es la escala que Dios ha recorrido para bajar hasta nosotros y hacerse cercano y concreto; ella es el signo más claro de la plenitud de los tiempos.

En la vida de María admiramos esa pequeñez amada por Dios, que ha mirado la sencillez de su esclava y enaltece a los humildes. (Lc 1,48.52) Él se complació tanto de María, que se dejó tejer la carne por ella, de modo que la Virgen se convirtió en Madre de Dios, como proclama un himno muy antiguo, continúa el Papa.

 María nos ofrece su cercanía, y nos ayuda a descubrir lo que falta a la plenitud de nuestra vida. Ahora como entonces, lo hace con cuidado de Madre, con la presencia y el buen consejo. Como Madre de familia, nos quiere ver reunidos y proteger a todos juntos.

La Virgen demostró en Caná mucha concreción: es una Madre que toma en serio los problemas e interviene, que sabe detectar los momentos difíciles y solventarlos con discreción, eficacia y determinación. No es dueña ni protagonista, sino Madre y sierva.

Como María de Nazaret, la misericordia tiene siempre rostro joven. María se lanza con su sí a la aventura de la misericordia, y todas las generaciones la llamarán feliz.

Pidamos a María la gracia de hacer nuestra su sencillez, su fantasía en servir al necesitado, la belleza de dar la vida por los demás, sin preferencias ni distinciones. Que ella, causa de nuestra alegría, que lleva la paz en medio de la abundancia del pecado y de los sobresaltos de la historia, nos alcance la sobreabundancia del Espíritu, para ser siervos buenos y fieles.


Himno a la Virgen de la Almudena

SALVE, SEÑORA DE TEZ MORENA
VIRGEN Y MADRE DEL REDENTOR
SANTA MARÍA DE LA ALMUDENA
REINA DEL CIELO, MADRE DE AMOR.
SANTA MARÍA DE LA ALMUDENA
REINA DEL CIELO, MADRE DE AMOR.

1. Tú que estuviste oculta en los muros
de este querido y viejo Madrid,
hoy resplandeces ante tu pueblo
que te venera
y espera en ti.

SALVE SEÑORA...

2. Bajo tu manto, Virgen sencilla,
buscan tus hijos la protección.
Tú eres patrona de nuestra villa,
Madre amorosa,
Templo de Dios.

SALVE SEÑORA...

lunes, 7 de noviembre de 2016

El día del peligro



Hay muchos Salmos y textos en la Escritura que hablan de esta “enigmática” expresión: “el día del peligro”
“Que te escuche el Señor el día del peligro
Que te proteja el Nombre del Dios de Jacob…” (Sal 19)

Y también:
“En el día del peligro te llamo, y tú me escuchas…” (Sal 85)

¿Y cuál es ese día del peligro? En la Escritura, en los tiempos en que fue escrita, el pueblo de Israel estaba en continuas luchas con los pueblos vecinos. Estos Salmos, eran peticiones que se hacían a Yahvé para salir victoriosos en las contiendas.

Actualmente siguen existiendo las contiendas, aunque de forma distinta a como se producían antaño. Los que vivimos en el primer mundo, Europa y América, sobre todo América del Norte, vemos muy de lejos las contiendas de los enemigos. Es cierto que existen, se envían ejércitos a la guerra, pero es algo que…vemos en la televisión, leemos en la prensa, y, al final, pasa como cuando conocemos un enfermo que nunca muere: nos acostumbramos a que esté siempre enfermo. Es una triste realidad, esta insensibilización del ser humano.

Entonces, ya no hay que temer “ese día del peligro”. Para nosotros ya no existe. Y lo que es aun peor: lo que dice o dijo la Escritura, era para aquellos tiempos, no para ahora. ¡Craso error! Nosotros somos el nuevo pueblo de Israel, y los problemas y preocupaciones de aquellos, son, de alguna manera igual a los tiempos actuales. La Palabra de Dios es Eterna, inmutable, verdadera, y ¡Se cumple siempre!

Para nosotros, ese “día del peligro” es cuando el hombre entabla una batalla contra su enemigo: contra el dinero, contra su egoísmo, contra sus pecados capitales, que le arrastran a otros más graves… Ese es el peligro que acecha al hombre. Ya nos recordaba Pedro:”…Mirad que vuestro enemigo, el diablo ronda como león rugiente esperando a quién devorar…” (1 P, 5-8)

 Por eso, volvamos la vista a Dios. Y si no podemos volvernos– que es lo que significa convertirse - , “volverse hacia”, pidamos a Dios que se vuelva Él hacia nosotros, que escuche nuestras súplicas, cuando las hacemos, y, sobre todo, cuando ni siquiera somos conscientes de que le necesitamos. Así ganaremos la batalla de ese “día del peligro”

¡Vuélvete, Señor, restablece mi vida, ponme a salvo por tu misericordia! (Sal 6,5)
Alabado sea Jesucristo.


Tomas Cremades

domingo, 6 de noviembre de 2016

Fiel en lo poco


  
Con frecuencia, Señor, tus seguidores, los cristianos, nos complicamos la vida buscando cosas extraordinarias, tareas sublimes, a veces hasta por encima de nuestras posibilidades, para intentar agradarte, porque creemos que debemos estar por encima de nuestras facultades, conseguir acciones sobrehumanas para alcanzar la santidad, que es a lo que aspira nuestra alma. Todo esto está muy bien, pero corremos el peligro de caer en la desesperanza o incluso en la desesperación a causa de no alcanzar las grandes y altas metas.

Deberíamos fijarnos en lo escrito por Lucas 16,10 para encontrar la pauta de nuestro obrar: “El que es fiel en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado”. Aquí tenemos nuestra guía.

Fidelidad y honradez son las dos virtudes o cualidades humanas que nos recomiendas en tus palabras. En aquellas pretendes que nos fijemos o, mejor, que las practiquemos, pero las aconsejas en lo menudo, en las cosas pequeñas, sin grandes alharacas, sin estridencias, como no queriendo llamar la atención; así eres Tú y aconsejas que seamos nosotros: actuar en lo poco para conseguir lo mucho.

Esta es la sencilla interpretación que saco del mensaje: actuar en el quehacer diario, ganarnos en nuestras relaciones con los demás el calificativo de fiel y honrado porque en realidad lo somos; que nadie nos tenga que mirar con desconfianza o tenga que prevenir a los demás en contra nuestra por cualquier razón o en cualquier circunstancia; que a ojos cerrados nos confíen cualquier encargo, trabajo o misión porque tienen la certeza de que no les fallaremos, de que no diremos una cosa y después actuaremos de otra, según conveniencia; que por encima de que nos venga bien o nos perjudique siempre procedamos con honestidad; que caminemos por la vida no de cara a quedar bien, sino de obrar bien y con justicia.

Creo que, una vez alcanzadas estas virtudes de orden humano, tendremos la base para poder pasar a otros objetivos más espirituales. Tú, Señor, quisiste que tus elegidos fuesen seres humanos de cualidades sencillas y que se comportaran como tales; solo después de pulirlos en este orden humano le encomendaste otros destinos más elevados. Creo que el cristianismo y lo espiritual están sustentados en una buena base humana.


Pedro José Martínez Caparrós

sábado, 5 de noviembre de 2016

Domingo 32 del Tiempo Ordinario



jesús ofrece la salvación plena y total.

         Todos deseamos felicidad, gozar, realizarnos plenamente y buscamos dónde encontrarla. En la calle domina una oferta que sitúa la salvación en tener, dominar, placer de todo tipo, ser admirados... Y son mayoría los que corren detrás de esta salvación. Jesús, por una parte, critica y relativiza estos medios: el dinero, bienestar, autoestima y otras realidades son necesarias para vivir, pero no se deben absolutizar, porque no salvan. Por otra, ofrece la verdadera salvación, que es radical, plena y total. Primero, porque comienza por la raíz de la persona, por su corazón,  con el perdón de los pecados y la transformación del corazón de piedra en corazón de carne, sensible a Dios y a los hombres. En segundo lugar, porque concede la posibilidad de resucitar, superando la muerte y transformando la vida actual en vida eterna, cosa imposible para las salvaciones paganas, que no afrontan con realismo el enigma de la muerte.

        Los cristianos tenemos necesidad de ser conscientes del don que hemos recibido para vivirlo con alegría. Es una suerte ser cristianos. Esto es estar evangelizados.

Las lecturas de hoy subrayan la alegre noticia de que resucitaremos. Resucitar es seguir viviendo, no con la vida limitada y frágil que tenemos en este mundo, sino participando la vida de Dios, plena, ilimitada, gozosa. Dios transformará y divinizará todo lo positivo de nuestra personalidad corporal y eliminará todo lo negativo.

Nuestra personalidad – mi yo que vivo como una identidad permanente – es el fruto de la herencia de nuestros padres, que nos condiciona, y de las experiencias que vamos viviendo, que nos van configurando. Todo lo positivo será transformado. Como parte de estas experiencias han sido la aceptación de Dios como Padre,  de Jesús como salvador y de María como madre, por eso en el mundo de Dios mantendremos divinizadas estas relaciones. Igualmente nos han configurado las relaciones positivas mantenidas con padres, hermanos, amigos... por eso todas estas relaciones continuarán en el mundo de Dios. Será vivir en plenitud de felicidad, ni el ojo vio ni el oído oyó lo que Dios tiene reservado a los que lo aman (Is 64.4; 52,15; 1 Cor 2,9). Jesús compara esta situación con un banquete, dónde hay felicidad y mutuo compartir. Dentro de una cosmovisión evolucionista, la resurrección es la plenitud de evolución a la que aspira el ser humano.

        Todo esto es posible por la resurrección de Jesús, primogénito de entre los muertos (1 Cor 15,20; Col 1,18). Por el bautismo el hombre se une a su muerte, recibe un corazón nuevo y comienza una vida nueva (Rom 6,3-4). Y si persevera en ella, el mismo Espíritu que resucitó a Jesús, resucitará al creyente (Rom 8,11). Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre (Jn 11,25-26).

        La Eucaristía es presencia del futuro en Cristo resucitado, y alimento y garantía para conseguirlo: El que come mi carne y bebe mi sangre, está en mí y yo en él. Así como me envió mi Padre el viviente, y yo vivo por mi Padre, así también el que me come, vivirá por mí.  Este es el pan bajado del cielo, no como el pan que comieron los padres y murieron; el que come este pan vivirá para siempre (Jn 6, 56-58).

D. Antonio Rodríguez Carmona


viernes, 4 de noviembre de 2016

Reina y Madre de Misericordia




Estamos en la etapa final del Jubileo de la Misericordia, que en Radio María ha estado muy presente en todos estos meses, y cuyo trasfondo queremos seguir viviendo con intensidad creciente: confianza en el Amor Misericordioso del Señor, y obras de misericordia con los más necesitados. Para ello contamos con la intercesión de quien acaba de ser canonizada, la M. Teresa de Calcuta, que decía que la mayor pobreza es la falta de amor. Si ella tenía conciencia de ser un sencillo lapicero con el que Jesús escribía una carta de amor a cada persona, experimentamos también cada día que las ondas de RM son un pobre hilo que, en manos de María, se convierte en instrumento de consuelo, compañía, conversión..., en definitiva, de anuncio de la Buena Noticia de que todos somos amados hasta el extremo.

Para seguir llevando ese anuncio a todo tipo de personas renovamos cada año nuestra programación en el mes de octubre -os la adjuntamos-, y trabajamos en todo tipo de mejoras a nuestro alcance. Una tarea en la que cada vez experimentamos con más claridad que no estamos solos. Nos conmueven las muchas personas que ejercitan su misericordia -amor gratuito- con Radio María, asegurándonos su oración por nuestras intenciones, comprometiéndose a alguna de las muchas formas de voluntariado de colaboración con la Radio, y ofreciendo sus donativos, pequeños o grandes, periódicos o puntuales, en vida o en legados testamentarios, que nos permiten seguir  cubriendo los crecientes costes de emisión y extendiendo nuestra cobertura. Gracias de corazón a todos. Un día comprobaréis cómo el Señor os recompensa y cumple su palabra: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.

El Hijo de Dios, Amado eternamente por su Padre, recibió también el cariño humano a través de una Madre. Como Él, sentados en las rodillas de María y cogidos de su mano, acudimos la Reina y Madre de Misericordia, y le pedimos: “Muéstranos -a nosotros y al mundo entero, especialmente a los más pobres de entre los pobres- a Jesús, fruto bendito de tu vientre”.

Muy unidos en sus Corazones.

P. Luis Fernando de Prada
Director Editorial Radio María