domingo, 7 de mayo de 2023

Mayo con andanza montañera

 


Mes de mayo, florido donde los haya. Mes de madres, donde hacemos fiesta agradecida a quien debemos tanto por haber sido el precioso cauce por el que vinimos a la vida tras ser concebidos en sus senos y protegidos durante nueve meses de espera bienaventurada. Mes de María, que nos permite desgranar con piedad filial el rosario de la gratitud mientras pasamos las cuentas de la vida con sus momentos de gozo, de dolor, de luz y de gloria. Un mes así es un motivo de grande alegría en el que confluyen todos estos factores a tener en cuenta.

 En este trasiego de flores, de madres, tenemos una cita consabida que siempre nos convoca al comienzo de estas semanas de mayo: la peregrinación anual de jóvenes al Santuario Covadonga. Se trata de una marcha por los bosques y montañas que termina en ese emplazamiento tan querido y especial. Cada primer sábado del mes de mayo, realizamos esa andadura que nos lleva hasta un bendito lugar donde la roca nos muestra la herida de una oquedad que abre en la piedra su estancia, como una morada horadada que nos ofrece la acogida de un hogar habitado por una presencia maternal.

 La Santa Cueva nos brinda así en ese rincón del valle del Auseva, la memoria viva de una historia a la que pertenecemos y en la que tuvo su punto de partida la identidad de un pueblo cristiano que no se quiso resignar a una expropiación intrusa e indebida, arrancando los valores que nos constituyen para sustituirlos por otros ajenos que terminaban por enajenar lo que somos y tenemos. De ahí que llamemos “reconquista” a ese gesto de recuperación de lo más nuestro, de lo más querido e identitario, como hijos de Dios, como parte de una historia, como ciudadanos de un reino cristiano. Hoy la reconquista pasa por otros lances, y no es con piedras lanzaderas ni con espadas afiladas como nos hacemos nuevamente con lo que perdimos y nos enajenaron. Pero siempre hemos de estar ojo avizor muy atentos para saber defender lo que nos identifica como creyentes en medio de un mundo neopagano, lo que nos permite seguir alimentando nuestra fe y nuestra esperanza.

 Ese rincón serrano en los aledaños de los Picos de Europa, hace que Covadonga sea también un enclave de una belleza natural que a todos los que nos allegamos nos deja enamorados y boquiabiertos por su hermosura inocente y agreste. Poder hacer una ascensión hasta la Santa Cueva de la Santina de Covadonga con un grupo numeroso de cientos de jóvenes (llegamos a subir un año hasta ochocientos), es aprender a asomarse a esa belleza que nos deja heridos de su intrínseca bondad. Tantas veces vivimos con prisa, y sin más horizonte que nuestras propias tapias cotidianas, o lo que permite que oteemos desde el teléfono móvil y sus redes sociales que con demasiada frecuencia nos dejan enredados a costa de nuestra verdadera libertad.

 Subir por esos bosques, merodear esas montañas que nos ascienden valle arriba, es asistir a un espectáculo de increíble belleza sonora, belleza cromática, belleza de pureza sin igual. Porque junto a los mil colores que se pintan ante nosotros, hay un concierto increíble de trinos diversos de pájaros, del murmullo de los riachuelos que nos saludan a nuestro paso mientras cruzamos los puentes de madera y de piedra, o del silbido del viento hermano que entona su cantata jugando con las ramas y las hojas de los árboles.

 Hay que tener temple en el alma y limpieza en la mirada, para asistir a tamaño regalo y tomar nota de su encanto embellecedor que nos llena de todas sus bondades. Y así, subiendo, subiendo, entre los sudores y fatigas de toda caminata, llegar gozosos al hogar donde somos esperados por una Madre que nos brinda su acogida, una Madre que sabe nuestro nombre y que acierta a enjugar nuestros pesares, mientras con nosotros brinda por nuestras alegrías.

 

+ Jesús Sanz Montes

Arzobispo de Oviedo

sábado, 6 de mayo de 2023

Partiendo la Palabra Dom. V Pascua (Jn 14,1-12) Yo soy el Camino, Verdad la Vida

 


Nos hacemos eco de la angustia que golpea el corazón de los Apóstoles en la Última Cena. Están al corriente de la traición de Judas y también de las tres negaciones de Pedro; el mismo Jesús se las ha anunciado. El abatimiento de estos hombres es desolador. Jesús a quien " le duele el dolor” de los suyos les dice: No temáis; ¿Creéis en Dios, en Yahvé que escogió a Abraham, Isaac, Jacob, Moisés...etc.?

¡Creed también en mí!! creed en mi porque Yahvé inspiró a sus enviados: ¡Patriarcas, Profetas, Salmistas...etc. palabras que habían de cumplirse en mí! Palabras como, por ejemplo: "La piedra que rechazaron los arquitectos se ha convertido en piedra angular" (Sl 118, 22).

 Yo soy esta Piedra Angular rechazada sobre la que mi Padre levantará el Nuevo Israel cuyos fieles vivirán la Adoración “En espíritu y verdad" (Jn 4,23-24). Las palabras de Yahvé en quien creéis se cumplen en mí su Hijo, que como veis he sido rechazado.

 Sin embrago os repito:  No temáis:  Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. El Camino porque soy el Buen Pastor que os guiará hasta el Padre. La Verdad. Si, porque gracias a la Fuerza de mi Evangelio conoceréis la verdadera libertad: El Discipulado (Jn 8,31-32).   Y la Vida porque todo el mal del mundo y ni siquiera la muerte os podrá arrancar de mi mano (Jn 10,28).

 Este es Jesús... ¿Cómo no anunciarle habiendo tantísimas personas asfixiadas por el mal?

 

 

P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com

 

miércoles, 3 de mayo de 2023

Partiendo la Palabra Lo que agrada a Dios (II) (Sb 9,9-11)

  

Ya nos hemos preguntado si nuestras obras agradaban o no a Dios. Hoy señalo, que el hecho de que nosotros, que apenas somos un mini puntito en el Universo, podamos agradar a Dios su Creador, parece más bien algo de ciencia-ficción. Sin embargo, Isaías profetiza lo siguiente acerca de Jesús y también de sus discípulos: "Eres precioso a mis ojos, de valor incalculable. Yo te amo. (Is 43,4).

 No son palabras humanas; salen de las entrañas de Dios que las cumple, "por el honor de su nombre" como dice por ejemplo el autor del Salmo 23. Por el honor de su nombre, Dios envió a su Hijo al mundo, no para juzgarlo sino para salvarlo (Jn 3,17).

 Por la Fuerza Divina de su Palabra, Jesús llama amigos a sus discípulos de todos los tiempos a quienes dio y da las Palabras de Vida que Él recibió de su Padre. (Jn 15,15).

 Recordemos que en la Biblia la palabra amigo significa: "Mi otro yo "Pues sí, con el Evangelio guardado en el corazón, no hay duda de que nuestras obras sí que agradan a Dios... somos " El otro yo de su Hijo" 

  

P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com

lunes, 1 de mayo de 2023

Partiendo la Palabra ¿Agradamos a Dios? (I) (Sb 9,9-11)

 

Todos nos hemos hecho alguna vez esta pregunta:

¿Le agrada a Dios lo que hago? Creo que el autor del Libro de la Sabiduría nos da pistas claras para sacarnos de esta duda y sobre todo para tomar decisiones si fuera necesario.

 Leamos el soliloquio que tiene su autor con Dios: "Contigo está la Sabiduría conocedora de tus obras...y que sabe lo que es agradable a tus ojos" Anteriormente había dicho esto a Dios: "Aunque uno sea perfecto ante los hijos de los hombres, sin la Sabiduría que procede de ti será estimado en nada" (Sb 9,6).

  Estos y otros textos parecidos serían suficientes para saber si agradamos o no a Dios con nuestras obras; sin embargo, el broche final nos lo ofrece el mismo Jesús. Él, desde su experiencia de obedecer siempre al Padre tiene autoridad para darnos este testimonio irrefutable: "Lo que el Padre me ha enseñado es lo que os hablo…y no me ha dejado solo porque yo hago siempre lo que le agrada" (Jn 8,28b-29).

  No, Jesús no enseña teorías aéreas, sino que hace lo que agrada a su Padre: su voluntad.

 

P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com

 

domingo, 30 de abril de 2023

Tras los incendios cenicientos

 

Atrás quedaron los incendios que semanas atrás nos asolaron. La chamusquina queda patente en nuestros bosques y campos, en las casas y ermitas que quedaron arrasadas. Pero especialmente en el fondo de tristeza que se imprimió en los ojos de cuantos veían arder su pasado, dejando incierto y difícil el futuro mientras el presente quedaba en el entredicho de no saber qué hacer.

 Un incendio arroja siempre el pánico y el miedo. Las llamas se hacen indómitas y esquivas cuando deciden devorar sin compasión todo lo que encuentran a su paso. Nuestros excelentes y heroicos bomberos, tantas veces con recursos insuficientes que ponen en riesgo sus vidas, así como los generosos voluntarios que también se arremangan para inventarse mangueras improvisadas mientras, como saben y pueden echan una mano, todos ellos han sido testigos de esa debacle. No en vano el fuego es sinónimo también del castigo fatal cuando se quiere infligir una pena ejemplar, decretando la hoguera impía al disidente. Más aún, el eterno castigo se llama “infierno”, como una tortura irredenta e irredimible para quienes han cometido un pecado de mortalidad inmensa.

 Si, además, esas llamas no son fruto de un accidente natural con la chispa de un rayo, sino más bien como consecuencia de una calculada opción de destruir campos, incendiar bosques, a pesar de poner en riesgo máximo la vida de las personas, la destrucción de sus haciendas, sus casas, y las ermitas o iglesias que cobijaban sus esperanzas, entonces hablamos de una tragedia añadida por tener la firma malvada de quien así se las toma tan a despecho, ofendiendo a Dios y maldiciendo de este modo a los hermanos. No es fácil entenderlo. No se entiende, de hecho. Es incomprensible tanta maldad cuando viene provocada por las acciones humanas, que se constituyen en jueces de la vida para disponer de la misma en aras de sus intereses vengativos y rencorosos, o de dudosos objetivos de unas presuntas ganancias empobreciendo tan cruelmente a los otros.

 Pero, más allá de la tragedia en sí misma, la vida sigue adelante. Hay que beberse las lágrimas que tan dolorosamente se vierten, hay que levantarse de nuevo en tamaña postración que nos ha dejado tan tocados y hundidos, y lograr reponerse con Dios y ayuda (sí, con los dos). Porque los incendios, ya sean naturales o ya sean provocados, arrasan de cruel manera todo un pasado: archivos y bibliotecas, enseres y aperos, campos y casas, todo cuanto representaba el diario paisaje de una vida cotidiana tejida de escenarios, de recuerdos, de patrimonio heredado, cuidado y trabajado. Todo eso sucumbe irremediable en el fragor de unas llamas que reducen a cenizas tantas cosas justas y necesarias.

 En ese pasado ceniciento, estaba en ciernes nuestro presente, porque éste consiste en el recorrido actualizado hoy de todo ese ayer que nos preside en el recuerdo y en el agradecimiento. No hay manera de desvincular estos dos momentos: el pretérito de nuestras herencias y el presente de nuestro patrimonio, y cuando son alcanzados por las llamas traicioneras, nos dejan pobres de la noche a la mañana.

 Pero hay algo que las llamas no podrán nunca alcanzar. Se trata del futuro que se dibuja humilde por delante. Porque atrás quedan nuestros llantos y nuestra pena, pero la esperanza es lo que queda pendiente de nuestro esfuerzo ilusionado, acompañado y sostenido por el Dios de la esperanza que hace nuevas todas las cosas, y por las personas buenas que Él ha puesto a nuestro lado para ayudarnos de mil modos al deseado recomienzo. Poco a poco se irán superando los soponcios, se irán restañando las precariedades, se irán redimiendo tantos sofocos, pero con Dios y ayuda (sí, con los dos), se hará sitio la esperanza que nos permita de nuevo trabajar y soñar.

 

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo de Oviedo

 

sábado, 29 de abril de 2023

Partiendo la Palabra Domingo IV de Pascua (Jn 1,10) Señor, dame tu mano.

 


Evangelio de Jesús, el Buen Pastor. A la luz del Salmo 23 sabemos que quien acoge a Jesús como su Buen Pastor, un día podrá decir como el Salmista: Nada me falta.

 Después de este testimonio, el autor va explicándonos porque no le falta nada. Dice que El Señor le apacienta en prados de hierba fresca; los prados de las Santas Escrituras nos hacen saber San Agustín. Prados de hierba fresca; es decir Palabras de Vida nuevas, jamás oídas, que Jesús nos parte cada día y que provocan estremecimientos en nuestra alma.

 Volvemos al salmista; su Buen Pastor le conduce a las aguas de reposo, a Dios, Manantial de Aguas, vivas como le llama Jeremías (Jr 2,13) Jesús promete que hará brotar en las entrañas de sus discípulos, una Fuente perenne de Agua Viva (Jn 7,37-38) El Salmista añade que su Buen Pastor conforta su alma.  Dios Padre, El Buen Pastor de su Hijo, confortó su alma desolada en el Huerto de los Olivos (Lc 22, 43).

 Todo esto y muchísimo más es lo que nos tiene preparado Jesús cuando le acogemos como nuestro Buen Pastor.

 

P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com

 

jueves, 27 de abril de 2023

Jornada Mundial de oración por las vocaciones

 


Si siempre tiene sentido rezar por las vocaciones, en estos momentos lo tiene de manera especial. Por eso la Iglesia ha instituido esta jornada de oración por las vocaciones consagradas.

 Estamos viviendo en toda la Iglesia una situación de verdadera sequía vocacional. Una nación como España, que en otros tiempos ha sido un verdadero vergel de vocaciones a la vida consagrada, un verdadero semillero y tierra fecunda de vocaciones, hoy está atravesando por un momento de verdaderas dificultades. Esta sequía de vocaciones a la vida consagrada que sufre toda la Iglesia, reclama de todos los que la formamos una oración especial por el cultivo de estas vocaciones, que den respuesta a las necesidades que tienen nuestra Iglesia y nuestro mundo.

 Entre los factores que pueden estar contribuyendo a la actual situación de sequía, de escasez y de raquítica respuesta de los jóvenes a embarcar su vida por las distintas opciones que la vida consagrada ofrece, podríamos mencionar, entre otras, tres que yo considero especialmente significativas:

 A. La reinante situación de falta de fe que domina la sociedad actual.

 El materialismo, el secularismo, la descristianización reinante en nuestra sociedad, la crisis de valores, el menosprecio de quienes se plantean para sí la vida consagrada; hacen sentir al joven un peso tan grande que difícilmente puede surgir en dicho ambiente el interrogante por la vocación al sacerdocio o a la vida religiosa.

 Este ambiente de falta de fe y de valoración de Dios y de la vida del Espíritu lo hemos ido creando entre todos, y todos tenemos la responsabilidad de restituir a la sociedad los valores del evangelio y la valoración de la fe como el ambiente desde el que pueda haber personas que se planteen su vida de entrega radical a Dios y al servicio de los hermanos.

 No se trata solo de un problema de la Iglesia o de los seminarios o de las distintas congregaciones religiosas a las que les faltan las vocaciones, es un problema de todos los que formamos esta sociedad y de todos los que nos decimos cristianos. Nos hemos dejado arrebatar la valoración de Dios y de la fe de nuestra vida y, sin dicha valoración, ciertamente es muy difícil que surjan vocaciones a la vida consagrada.

 B. La descristianización de la familia.

 Estamos asistiendo hoy, en las familias, a una ausencia casi total de la inquietud religiosa. Incluso las familias que nacieron del sacramento del matrimonio y que, en otro tiempo, fueron las que alimentaban y transmitían la fe de unas generaciones a otras.

 Esta falta de inquietud religiosa lleva a las familias a animar a sus hijos por otras profesiones con mayor prestigio social y económicamente más valoradas y rentables y a poner dificultades cuando un hijo manifiesta una inquietud vocacional de entrega a Dios y al servicio de los hermanos, sin pensar en la felicidad de los mismos, que tantas veces está en juego.

 Cuando falta el apoyo, la ilusión y el empuje de la familia, el clima familiar en el que se respira la valoración de Dios y su llamada, y solo se valora los contante y lo sonante, es muy difícil que surjan en los hijos planteamientos de este camino al sacerdocio o a la vida consagrada como vocación posible para ellos.

Hemos de ir, no solo a lamentar la realidad de la escasez de vocaciones a la vida consagrada, hemos de ir a las raíces, a lo que origina dicha situación y, desde luego, a preguntarnos cómo estamos transmitiendo en las familias la valoración de Dios en nuestra vida, cómo está presente Dios en nuestros hogares, cómo se vive y se transmite la fe de padres a hijos y cómo estamos creando una familia en la que pueda surgir la pregunta por la vocación en la que una persona va poder servir mejor a Dios y a los hermanos.

 C. La falta de testimonio que, a veces, podemos estar dando las personas consagradas.

 Todas las personas consagradas tenemos que preguntarnos si nuestra vida está siendo realmente un reclamo para otros en el que vean que, consagrando su vida a Dios en la vida religiosa o en el sacerdocio, se puede ser muy feliz.

 La vivencia alegre de nuestra consagración motiva a otros a plantearse su vida por este camino, lo mismo que la tristeza, la desgana y la forma de vivir nuestra consagración de cualquier forma, con poca ilusión y con menos alegría desanima cuando alguien se lo plantea.

 Es verdad que Dios puede sacar hijos de Abraham de las piedras, pero no es menos verdad que el testimonio de la vida religiosa y sacerdotal vivida con alegría, como lo mejor que nos ha podido pasar en la vida, es también un elemento muy importante para mover en el corazón de los jóvenes la llamada a seguir al Señor por el camino que ven en nosotros, para ser felices, como ven que lo somos nosotros.

 Todos debemos tener muy claras estas tres realidades bien concretas: A. Que Dios sigue llamando hoy. B. Que el mundo y la Iglesia necesitan que siga habiendo personas que entreguen su vida al servicio de Dios y de los hombres. C. Que, hoy, como siempre, sigue habiendo jóvenes sensibles a la llamada de Dios y de las necesidades del mundo, pero que necesitan de apoyos, de mediaciones, de alguien que les haga la propuesta, la anime y la alimente con su testimonio de vida para que ellos puedan responder con generosidad.

 Pidamos al Señor por todas las vocaciones, pero especialmente pidamos por las vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio, para que siga habiendo quien rece por los que no rezan y quienes entreguen su vida a llevar el evangelio de Cristo al corazón del mundo, para que este siga creyendo y valorando la presencia de Dios en el mismo.

 + Gerardo Melgar Viciosa

Obispo de Ciudad Real