En este mundo nuestro en que nos movemos, de redes sociales y
opinionistas profesionales, donde se premia lo agresivo e incluso se admira lo
incorrecto, es difícil encontrar una medida adecuada en la que sin faltar a la
verdad no se olvide la caridad. Quiero pensar que esto es lo que intentan estos
bien intencionados sacerdotes cuando impostan su voz o utilizan términos que no
ofendan, aunque no puedo dejar de recordar que yerran en su obrar.
Es cierto que lo políticamente
incorrecto ha encontrado un eco en nuestra sociedad porque supone una especie
de rebeldía contra lo establecido. Pero la libertad para hablar no debe
confundirse con la libertad para herir. Hay quien ha adoptado la posición de lo
políticamente incorrecto simplemente con la idea de provocar. Detrás de las
verdades incómodas que postulan no encontramos en ellos la convicción sino el postureo que se alimenta
siempre de la opinión ajena.
La caridad en el hablar es un arte olvidado. Seguramente sea
porque es costoso ponerse en el lugar del otro y vivir siempre desde el amor
que busca en todo momento el bien ajeno. No mentir, no humillar, no buscar
imponerse, no callar por cobardía, por el miedo a ser rechazado, hablar desde
la verdad y el amor, porque el otro me importa, esto es caridad en el hablar; y
para esto, no es necesario aflautar la voz o usar palabras inocuas, sino vivir
desde la convicción. La caridad no suaviza la verdad, la hace habitable.
Si la búsqueda de atención tan potenciada en redes premia lo
agresivo y lo incorrecto, es cierto que no podemos caer en la tentación de
quienes disfrutan teniendo atención. Nuestro camino es otro, parecernos al que
es la Verdad y nos ha enseñado a vivir amando.
Jesús Martín Gómez
Párroco de Vera

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