jueves, 30 de abril de 2026

LIBRES PARA AMAR

 



En el imaginario contemporáneo la libertad suele identificarse con la ausencia de límites. Se supone que cuantos menos condicionamientos tengamos somos más libres. No diría, sin más, que esta idea es errónea. Pero parece que está incompleta y que vacía de contenido la verdadera libertad. Al fin y al cabo, “hacer lo que nos da la gana” nos ha llevado en multitud de ocasiones a caer en hábitos, miedos o expectativas ajenas, paradójicamente, nos ha llevado a ser menos libres.

Ser libre significa liberarse de todo para entregarnos plenamente a algo o alguien. Aunque nuestra sociedad sospecha de todo cuanto signifique compromiso, hemos de reconocer que aquellas cosas que ensanchan y dan sentido a la vida son precisamente las que nos obligan a renunciar. Son las decisiones que nos configuran y nos hacen madurar. Amar, formar una familia, elegir una profesión de servicio, cuidar a alguien… todas ellas nos ayudan a entender que hay limitaciones que posibilitan la libertad.

La libertad cobra sentido cuando nos ayuda a elegir un bien mayor. En último término somos libres incluso de elegir nuestra actitud ante las situaciones, por adversas que estas nos puedan resultar. Necesitamos cultivar nuestra libertad interior. Quien se deja llevar por los impulsos no es libre porque en ellos damos rienda suelta a aquellas cosas que nos condicionan interiormente. La libertad interior consiste en elegir desde lo más verdadero de uno mismo en un proceso en que poco a poco vamos descubriendo cuántas cosas nos condicionan.

Al crecer la libertad interior aparece una mayor coherencia. No es necesario fingir, no se vive pendiente de una imagen, se alcanza una cierta transparencia que no es ofensiva o agresiva, sino que responde a la verdad profunda de cada uno. Somos nosotros mismos en toda circunstancia o ante cualquiera. Porque la meta de la auténtica libertad es la respuesta al amor recibido y conduce a amar.

En el evangelio nos encontramos con el ejemplo de Cristo, la libertad encarnada, él no se deja amedrentar ni por la presión social, ni por la opinión de los demás o el miedo al rechazo. Jesús es plenamente libre porque ama plenamente. Seguirlo a él significa ser libres porque dejamos de acumular opciones y comenzamos a dar sentido a nuestra vida desde la entrega. La persona que vive desde el amor comienza a sentir una cierta alegría que no proviene de la facilidad de las cosas sino del sentido que poco a poco va adquiriendo.

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

 


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