sábado, 10 de junio de 2023

Partiendo la Palabra Corpus Christi (Jn 6,51-58) Déjate amar por Dios

 


Celebramos la Institución de la Eucaristía.

 

La noche en la que fue entregado al poder del mal, que había echado raíces en toda la Humanidad, Jesús tomó el Pan y dijo a los suyos:  " Tomad y comed esto es mi Cuerpo...tomad y bebed, está es mi Sangre derramada para el perdón de los pecados..." Nos centramos en la Sangre de Jesús, derramada voluntariamente (Jn 10,17-18) Su Sangre purifica de tal forma nuestro corazón, que San Pablo proclama   que Jesús nos presenta santos e inmaculados ante el Padre. (Ef 1, 4).

 Jesús y su Evangelio son nuestra Plenitud ante Dios Padre. Conocemos nuestras debilidades, caídas...etc. como para soñar con tan sublime santidad ante Dios Padre. A nosotros nos parece imposible, a Jesús no, de ahí su Sangre derramada por nosotros. Dice San Juan en el Apocalipsis que apareció en el Cielo una multitud de personas revestidas con túnicas blancas; preguntaron quiénes eran y respondieron: Estos son los que vienen de la gran tribulación - en referencia a los discípulos de Jesús odiados por el mundo (Jn 15,18...).

 - Continúa el relator: Estos han lavado sus túnicas con la Sangre del Cordero. (Ap 7,9-14).  He ahí la respuesta a nuestras reticencias: ¡Somos santos e inmaculados ante Dios nuestro Padre, gracias a la Sangre de su Hijo derramada por nuestra total purificación! Falta un problema por resolver: ¿Te dejarás amar así por Dios? 

¿Te dejarás...?

 

 

P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com

 

jueves, 8 de junio de 2023

«Corpus Christi-Día de Caridad. Tú tienes mucho que Ver»

 


El próximo domingo, día 11 de junio, es el día del Corpus, una fiesta que destaca la importancia del “cuerpo” en nuestra fe católica: por su encarnación, Jesús tuvo un cuerpo físico como el nuestro; en la transfiguración, su cuerpo se volvió blanco y luminoso; en la cruz sufrió pasión en su cuerpo y murió; en su resurrección fue su mismo cuerpo el que volvió a la vida; en su ascensión, entró con su cuerpo glorioso en lo alto del cielo… en la eucaristía es su Cuerpo real el que está presente bajo la especie de pan; la comunidad cristiana, la Iglesia, es el Cuerpo místico del que Cristo es la Cabeza.

 Muchas veces subrayamos tanto la importancia del alma que queda en penumbra la relevancia del cuerpo para la fe y para la salvación: la mística y la ascética van unidas. Nuestro cuerpo es Templo del Espíritu Santo, que podemos ofrecer como sacrificio vivo y santo; y será este cuerpo de carne mortal que tenemos ahora el que resucite al final de los tiempos.

 El día del Corpus dirige nuestra mirada a tantas personas que sufren en su cuerpo necesidades materiales por falta de trabajo, de alimentación, de vivienda, de libertad, de oportunidades, por enfermedades… Hay personas que padecen en esta vida males, mientras otros, a su vez, tienen a disposición más bienes de los que pueden disfrutar. Y lo peor es que la opulencia nos ciega y no vemos ni siquiera a los que están postrados en los umbrales de nuestros pueblos y ciudades. La indiferencia y el individualismo son dos males muy generalizados en la sociedad del bienestar.

 La fiesta del Corpus es el Día de la Caridad, en que celebramos la campaña nacional de Cáritas, cuya misión consiste en promover el desarrollo integral de todos, especialmente de los más pobres y excluidos. Y para ello es necesario poner “cara” a sus necesidades, sensibilizar a la sociedad y difundir el espíritu de caridad a la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia. Así se entiende el lema de la campaña de este año: “Tienes mucho que ver…”. Es una invitación a no cerrar los ojos ante las miserias humanas, la pobreza, la desigualdad, la exclusión social…, a no mirar para otro lado. Y, por otra parte, nos impide pensar: “Eso no tiene que ver conmigo”. ¡Sí, tiene que ver con nosotros y mucho! El amor cristiano nos apremia a comunicar esperanza con un estilo de convivencia más justo, más solidario y más fraterno.

 Cáritas nos da “una oportunidad” de practicar la caridad cristiana en el día del Corpus aportando nuestro donativo, pero lo más importante es que nos recuerda que hay “muchas oportunidades” cada uno de los días del año para comprometernos en la atención a los más desfavorecidos. Cáritas necesita nuestra ayuda económica, pero sobre todo necesita nuestro compromiso y nuestra colaboración, cada uno en la medida de sus posibilidades, de su tiempo, haciéndonos voluntarios para los programas de acogida, de empleo, de alimentos, de familias desestructuradas, de migrantes, de mayores, de personas sin hogar… Son tantas y tan variadas las necesidades que socorre Cáritas, que –estoy seguro– todos encontraremos un lugar donde colaborar y aportar nuestro granito de arena.

 Quisiera hacer una llamada a los jóvenes que completan su iniciación cristiana con la confirmación. El Espíritu suscita múltiples carismas entre ellos para que se incorporen como miembros activos al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Cáritas es el brazo tendido del amor fraterno. También quisiera extender esta llamada a tantas personas que están en paro o que se jubilan en la plenitud de la vida, y pueden asumir tareas de voluntariado al servicio de los demás. Mi llamamiento es que no resistan al Espíritu que los llevará siempre a entregarse a Dios en el prójimo.

 El cuerpo que un día resucitará a veces experimenta el infierno aquí en la tierra, y tiene más difícil creer y esperar en la vida eterna. Para preparar los materiales del Reino prometido, hemos de evitar que algunos hermanos nuestros experimenten la condena en su propio cuerpo.

 Con mi bendición,

 

+ Jesús Pulido Arriero

Obispo de Coria-Cáceres

miércoles, 7 de junio de 2023

Partiendo la Palabra Sígueme (Jn 21,15...) [II]

 


Me seguirás más tarde, vimos que dijo Jesús a Pedro. Pedro amaba a Jesús con todas sus fuerzas; el problema es que todas sus fuerzas eran insuficientes para dar la vida por El. Sólo cuando Jesús cargó con su debilidad y murió por él pudo darla. A orillas del mar de Tiberiades, Jesús Resucitado le otorgó la Gracia de "dar la vida por El y por su Santo Evangelio"          (Mc 8,35) )

Nos imaginamos a los dos, cara a cara. Imposible captar el Amor de Jesús en cada mirada, cada gesto, cada palabra, eso sí; lo intuimos y pienso que eso es como un anticipo de lo que nos espera en el Cielo. Le dice Jesús: Pedro, ¿Me amas? ¡Nuestro amigo no podía creer que...! El perdón de Jesús llegase a tanto. Como balbuceando le responde: ¡Jesús, tú sabes que te quiero!  Entonces Jesús le dice: ¡Apacienta mis ovejas!   ¡Le está dando la Fuerza para ser Buen Pastor, que da su vida por sus ovejas! (Jn 10,11) también su Sabiduría para apacentarlas con sus palabras que son espíritu y vida (Jn 6,63).

 Caerá sobre el "el odio del mundo (Jn 15, 18...)  pero Pedro permanecerá fiel, y además con el gozo inmensurable de poder dar también su vida por Jesús representado en las ovejas que le confía. Pedro sabe que puede acoger su misión porque se cumple en él la profecía-promesa dada por Dios…" Con amor eterno te he amado" (Jr 31,3).

 Por eso dijo alborozado a Jesús:  Aquí estoy, ante su Sígueme, a orillas del mar. Atentos, lo de Pedro, vale y Jesús lo cumple, en todos sus discípulos y discípulas.

 

 

P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com

 

lunes, 5 de junio de 2023

Partiendo la Palabra Sígueme [I] (Jn 21,15-19)

 


Infinidad de personas que de una forma u otra hemos sido alcanzados por Jesús, por la grandeza de su amor y de su perdón, hemos sentido el vibrar de nuestros corazones, ante su invitación a ser sus discípulos.  Les pasó a los Apóstoles cuando Jesús les dijo: ¡Seguidme!

 Sin embargo, en el Evangelio vemos que el seguimiento de estos a Jesús, fundamentado solo en su generosidad, chocó contra su debilidad, su miedo a perder su vida, también sus proyecciones...etc. “a causa de Jesús y su Evangelio” (Mc 8,35).

 Figura emblemática de esta debilidad paralizante es Pedro, que nos representa a todos. Nos situamos en la Ultima Cena. Jesús anuncia a los suyos la inminencia de su Pasión y que nadie, tan solo su Padre, estará con Él (Jn 16 32). Pedro, impetuosamente, le asegura: Te seguiré... daré mi vida por ti. Jesús que jamás dejó de amarle le responde: "Todavía no puedes”! ¡Me seguirás más tarde! (Jn 13,36-37).  Pedro no puede dar la vida por Jesús, porque antes la tiene que recibir de Él, con su muerte.

 Sólo al morir por él, por todos, recibimos la Fuerza del Espíritu Santo que nos posibilita decir al Hijo de Dios: Aquí estoy, ya puedo seguirte...

 -->Lo veremos el miércoles

 

 P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com

domingo, 4 de junio de 2023

Un viaje para la esperanza

 


 Salió pronto la caravana. Había que madrugar pues no es sencillo trasladar tantas personas, algunas de las cuales tienen serias limitaciones físicas. La meta del recorrido estaba en Lourdes, donde un año más se desplazaba nuestra Hospitalidad de enfermos, además de un buen grupo de peregrinos. En total hemos estado allí 170 cristianos de Asturias, a los que he podido acompañar: enfermos, peregrinos, médicos y enfermeras, voluntarios, sacerdotes y diáconos, religiosas. Lo que más brillaba en nuestras miradas era la luz de la esperanza, dentro de esa alegría sencilla de quien se sabe cuidado, abrazado y sostenido por un Dios que siempre nos brinda su cercanía y ternura como un buen padre que vela por quien más quiere, que son sus hijos a los que hace entre sí hermanos.

 Es un enclave profundamente mariano, con una historia centenaria que tiene su punto de partida en la visita que María hizo a una pequeña pastorcita llamada Bernardette. Fue un día cualquiera, un 11 de febrero de 1858, mientras iban a recoger leña a las afueras del pueblo Bernardette y otras dos niñas, junto al río Gave y al lado de una gruta llamada Massabielle en la ladera de la empinada colina. Curioso escenario elegido por la Virgen para dirigirse a una interlocutora así de joven e inocente, una niña. Pero dejó un mensaje que ha pervivido: hacer penitencia, es decir, cambiar nuestra vida convirtiéndola a la verdad y belleza del Evangelio, a la bondad de la vida cristiana; hacer oración, teniendo la certeza de sabernos mirados en todo momento por Dios, de sabernos amados y esperados por Él cada vez que nos distraemos perdiendo el tiempo y el camino; llevar una vida sencilla sin ninguna opulencia que nos haga esclavos de tantas cosas que nos enajenan de Dios y de los hermanos; y finalmente, levantar allí una capilla como lugar de encuentro con el Señor, con María y con todos los hermanos.

 En estos 165 años de historia de Lourdes se han dado muchos milagros, pero como tales validados por la Iglesia y por la comunidad científica, son tan sólo unos 70 milagros. Obviamente, ha habido muchísimos más, pero que no se han podido demostrar, aunque no exista una explicación ni médica ni eclesial para tales fenómenos. De modo especial, los milagros morales cuando personas desesperadas recobran la esperanza, o gente descreída recupera o estrena su fe, o situaciones imposibles de reconducir humanamente hablando, que de pronto hallan el camino de un verdadero recomienzo volviendo al amor que se había roto, a la alegría que se había perdido, a la fidelidad que se había adocenado en algo mediocre y sin salida. Tantos milagros cotidianos que están en los anales discretos de tantos años de una historia excepcional, que tantas personas podrían relatar tras su paso por este enclave de esperanza mariana.

 La Virgen María sabe bien, en las bodas de la vida como sucedió en las de Caná, cuándo nos quedamos sin el vino que nos alegra el corazón y enciende la luz en nuestra alma para recorrer el camino al que hemos sido llamados como sendero seguro para alcanzar nuestro destino último. Ella es nuestra mejor aliada en esta aventura de vivir las cosas en una clave cristiana. Las cosas no cambian por el hecho de ser creyentes, pero pueden ser miradas y abrazadas, pueden ser vividas de otra manera distinta. Y esto es lo que nos diferencia a los cristianos de los demás: no en que a nosotros no nos suceden determinadas cosas por el hecho de haber conocido a Jesús o a María, sino que esas mismas cosas las miramos de un modo diferente. Las logramos mirar con los ojos de Dios, con los ojos de María. No cambia la circunstancia, pero sí que es distinta nuestra forma de asomarnos cada día a cuanto nos acontece por fuera o por dentro del alma. Ha sido una hermosa peregrinación. Todos hemos vuelto con la alegría propia de una experiencia sencilla que tanto nos ha regalado en la entrañable cita con María.

 

Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

sábado, 3 de junio de 2023

Partiendo la Palabra La Santísima Trinidad Jesús se entregó por mi (Jn 3,16-18)

 

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo para salvarlo, dice Jesús. Lo realmente impactante es que Jesús no opuso resistencia al ser entregado en, como El mismo dice, manos de pecadores (Mc 14,41).

 Veamos la secuencia de la entrega de Jesús en manos de pecadores:  Judas entregó a Jesús en manos de los miembros del Sanedrín que, perversamente ufanos, le condenaron y entregaron en manos de Pilato. Este sabía que Jesús era inocente pero no estaba dispuesto a malograr su honorable gloria, de ser gobernador de Judea por El, y le entregó al pueblo de Israel. Los israelitas, en general estaban molestos con Jesús porque su Evangelio ponía al descubierto sus apariencias de piedad, sacando a la luz que sus corazones eran extraños a Dios, por lo que salvaron a Barrabás y entregaron a Jesús a la muerte.  El Apóstol Pablo entendió muy bien el significado de la entrega de Jesús al escarnio de todos, que culminó con su muerte en la Cruz. Lo entendió de forma personalísima al decirnos: " Me amó y se entregó por mi " (Gal 2,20) Bien sabia Pablo que Jesús no se entregó por él a causa de sus méritos.

 Nos dice que Jesús le llamó al Discipulado a pesar de " haber sido un blasfemo y un perseguidor insolente." (1 Tm 1,12-13) Al reconocer su realidad de pecador, se desvaneció la distancia entre Jesús y él; las Palabras de Vida del Evangelio saltaron hacia su corazón y se tatuaron en su alma.

 Ojalá hagamos nuestra su   experiencia, que transcribimos: " Me amó y se entregó por mí, Pablo"

 Cambia el nombre Pablo por el tuyo.

 

P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles

 

viernes, 2 de junio de 2023

«Vivir regalando la ternura de Dios»

 

Todo ser humano es obra de Dios, es criatura de Dios y tiene que seguir regalando, reflejando y brindando la ternura de Dios. Fue creado a su imagen y tiene que reflejar algo de su gloria. ¡Qué fuerza tiene y qué compromiso alcanza para cada uno de nosotros ser conscientes de que somos objeto de la ternura de Dios! Y, si es que somos así, reflejo de la gloria de Dios, hagamos el compromiso de regalar nuestro cariño y nuestra entrega a todos los seres humanos que encontremos en nuestra vida.

 Cuando finalizamos este mes de mayo en el que la Virgen María ha tenido un protagonismo especial en la vida de la Iglesia, sintamos el gozo de entrar en la dinámica de esa ternura que Ella nos ha regalado. Sintamos la urgencia de anunciar el Evangelio mirando su manera de ser y hacer la evangelización. ¿Qué nos acerca María a nuestra vida en la inmediatez de su cercanía? Su ternura. La ternura de una mujer que, sintiendo la cercanía de Dios en su vida, tal y como se lo manifiesta el ángel en la Anunciación, con su sí lleno de ternura, se lanza con valentía y fortaleza a colaborar en el plan que Dios tenía para la salvación y la vida de todos los hombres. A María le interesó que todos los hombres conociesen a Dios e hizo esa gran revolución de la ternura. Ella permitió que Dios entrase en su vida con todas las consecuencias y realizase la revolución de la ternura. ¡Qué belleza tiene la vida de nuestra Madre María cuando la contemplamos no poniendo ningún impedimento a la grandeza del amor de Dios!

Hace muy pocos días fui a rezar el rosario con los sacerdotes mayores de nuestra casa sacerdotal. ¡Qué belleza más grande ver a todos manteniendo en sus manos los remos de la barca, de la Iglesia! ¡Qué hondura alcanza la vida cuando se ve que nuestro tiempo, el que nos toca vivir, no es inútil! Que podemos seguir dando frutos, que tenemos una nueva misión. Miran el futuro desde ese número largo de años que nos hacen más humanos, pues hacen una elección de amor. Es la ternura de Dios, el estilo del anciano, que se manifiesta en tres actitudes: cercanía, misericordia y ternura. ¡Qué bueno es contemplar a cierta altura de la vida que Jesús es fiel, que no se rinde ante las ingratitudes o rechazos, que siempre espera, siempre perdona, siempre nos conquista con su amor y nunca con el poder absoluto que tiene, en todos los momentos y circunstancias, en cada época de nuestra vida, sea en la niñez, en la juventud, la adultez o la ancianidad!

Cuando veo a los mayores en su cercanía, con su experiencia de vida, con sus palabras llenas de sabiduría que les ha dado el libro de la vida, pienso que la tristeza o los miedos no pueden quitar espacio a la alegría que nace de personas en las que los años les han llenado de capacidad para entregar misericordia y esperanza. ¿Te has dado cuenta de que la Iglesia de la que somos parte, con tu vida, con tus manos, con tus obras, con tu amor, con cercanía, es la que acaricia y cura heridas con tu vida vivida sirviendo a los demás?

 Me decía un sacerdote de 90 años: «Quien pasa por la vida sin conocer las caricias del Señor, está perdido». ¡Qué gracia más grande es conocer la alegría que viene de Dios, sus caricias, su consolación! ¡Reconozcamos el poder de Dios que consuela, que nos acaricia habiendo dado la vida por nosotros para que la tengamos y en abundancia! Volvamos la mirada a Jesús que dio su vida por nosotros para que nos haga ver que el corazón de piedra, Él es capaz de convertirlo en corazón de carne. Y la piedra más bruta y menos bella, Él es capaz de hacerla preciosa. ¿Cómo? La coge con sus manos, la mira con ternura, la trabaja con la acción de su Espíritu y la coloca en el lugar de la Iglesia, en la que tiene que estar y no sobra. Al contrario, da belleza y luz a todos los hombres desde su pertenencia a la Iglesia.

 Con gran afecto, os bendice,


+ Carlos Osoro Sierra

Cardenal arzobispo de Madrid