lunes, 6 de enero de 2025

Partiendo la Palabra Buscadores de Dios (I)

 



Iniciamos una serie sobre, Buscadores de Dios, que siempre los ha habido, hay y habrá. Son personas que, a un cierto momento de su vida, y no necesariamente porque les vaya mal, deciden prestar atención a esas "intuiciones del alma" así las llamó Henry Bergson, que se hacen notar en forma de preguntas como: Mi vida ¿empieza y termina en este mundo? Mis afanes, angustias, alegrías y penas, mis metas alcanzadas o aun por coronar... ¿Tienen un final irrevocable? Entonces es cuando el empieza el hombre a sondear su "posible Trascendencia "...es como un rasgar el pesado telón que le instala en el absurdo del ser, solo para morir eternamente.

Cuando una persona elevándose sobre sus inercias se atreve a preguntarse estas cosas, ya está llamando persistentemente a Dios, quien le eleva hacia Él. El autor del Libro de la Sabiduría nos ofrece algunos rasgos que definen a estos Buscadores de Dios: "La Sabiduría es radiante, Fácilmente la contemplan los que la aman, la encuentran los que la buscan. Se anticipa a darse a conocer a los que la anhelan…Ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de ella...

(Sb 6, 12-16).

 En los próximos textos sondearemos   algunas personas del Nuevo Testamento que buscaron a Dios y le encontraron. Su experiencia nos ayudará a todos. 

 

P. Antonio Pavía 

comunidadmariamadreapostoles.com

domingo, 5 de enero de 2025

…y el Verbo era Dios (Jn 1, 1)

 



       “Verbum”, palabra. Fijémonos la importancia de la esta palabra, “palabra”, por su significado: Dios.

       Nuestros mayores sí que lo entendían, pues cuando daban su palabra, la cumplían pasara lo que pasara y por encima de todo porque era signo de honor, honestos consigo mismos y con los demás. Empeñar la palabra significa al pie de la letra que esa palabra es fiadora de uno mismo, es nuestro aval, garantía de nuestra conducta; lo cual significa que en y a ella confiamos nuestro ser, todo nosotros íntegros. Si no la cumplimos, perdemos todo nuestro prestigio y honor, seremos aquella persona que no tiene credibilidad y del que todos desconfían y en consecuencia no vale nada ante los demás.

También la palabra es la facultad de transmitir, comunicarse con otras personas. Dar a conocer nuestro interior, aflorar nuestros sentimientos, exponerlos ante los demás. Abrirnos para que los otros conozcan lo que siente nuestra alma. Pero, claro, lo que demos ser es calidad, no podemos ni debemos ser unos defraudadores. Lo que mostremos será calidad, no baratija. Debemos ser joyas, no bisutería.

Y todo ello porque la Palabra es el propio Dios. Dios viene a hacerse hombre, acampa entre nosotros, o sea, vive como uno más y con ello nos eleva a dioses. Por esto es por lo que debemos ser excelentes guardadores de la Palabra, porque nos ha transformado en el “súmmum”, Dios. Si somos los transmisores de Dios debemos ser asépticos y objetivos, no defraudadores de la Verdad y la Luz. Íntegros y cabales porque ya no somos Pedro, Juan o Andrés, sino que somos seres imbuidos en la calidad divina y por tanto obligados a ser y actuar en consecuencia. Gran responsabilidad la nuestra que vamos disfrazados de hombre, pero dentro somos Dios. Si en todo instante actuáramos en consecuencia, otro gallo nos cantaría, el mundo sería un verdadero paraíso. Convirtamos la palabra en Palabra.

 

Pedro J. Martínez Caparrós

 Valencia, comienzo de 2025

sábado, 4 de enero de 2025

Partiendo la Palabra Dom. III de Navidad Quiero encontrarme con Dios (Jn 1,1-18)

 


Igual que el corazón, también el alma tiene sus propios latidos que, aunque los queramos ignorar, no es fácil acallarlos. La Buena Noticia es que, a pesar de nuestros desplantes, Dios viene al encuentro de nuestros latidos, por medio de su Encarnación, como lo profetizó Isaías:" Me he hecho el encontradizo de quienes no preguntaban por mí...diciéndoles:

¡Aquí estoy, aquí estoy...! (Is 65, 1...).

 La Encarnación de Jesús es el cumplimiento del "aquí estoy de Dios " anunciado por Isaías.  Es como si Dios dijera: Los quiebros de vuestra alma me han traído hasta vosotros. A la luz de la Encarnación de Jesús y la experiencia de sus primeros discípulos, podemos intuir la Luz interior que invadió el alma de San Juan y que le indujo a glorificar así a Dios - Palabra: "En el principio existía la Palabra, la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios... En ella estaba la Vida y la Vida era la Luz de los hombres... Luz que domina toda tiniebla..."(Jn 1,1...).

Está fue y sigue siendo la respuesta de Dios a nuestros latidos interiores. Bienaventurados aquellos que  "haciendo valer su alma" deciden buscar a Dios, hasta que lo encuentran. Si, le encuentran pues el mismo Dios le sale al paso, como dijimos al principio, diciéndoles: ¡Aquí estoy...! 

 

P. Antonio Pavía 

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sábado, 28 de diciembre de 2024

Partiendo la Palabra Fiesta Sagrada Familia (Lc 2,41-52) Quienes son los Pobres de Espíritu?

 


 José, María y Jesús peregrinan a Jerusalén. A la vuelta, ven que Jesús, no está con ellos ni entre los peregrinos. Con la angustia en sus almas vuelven a Jerusalén y le encuentran en el Templo disertando con los Doctores de la Ley. María, llena de angustia le dice: Hijo, ¿Porque nos has hecho esto?, la respuesta de Jesús, nos alcanza a todos: ¿No sabíais que debo de ocuparme de las cosas de mi Padre? Si, nos alcanza a todos los que deseamos alcanzar el Discipulado.

Es una catequesis bellísima que nos mueve a amar "las cosas de Dios, más que nuestras cosas". Es el amor que nos libera de nosotros mismos con nuestros castillos de paja y nos permite llegar a ser: "Pobres de espíritu" (Mt 5,3).

María y José acogen la respuesta de Jesús con humildad y sabiduría. Lo sabemos por lo que nos dice Lucas de María, que es extensible a José: "María guardaba cuidadosamente estas cosas en su corazón" (Lc 2,51b).

A estos "Pobres de espíritu" como María y José, se refirió Jesús al decir estremecido de alegría al Padre: "Te bendigo Padre...porque has ocultado estás cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a los pequeños" Y recordemos que en el Nuevo Testamento, pequeño es sinónimo de discípulo...de Jesús.

 

P. Antonio Pavía 

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sábado, 21 de diciembre de 2024

Partiendo la Palabra IV Dom. Adviento (Lc 1,39-45) La Alegría de sentir a Dios.

 



Este Evangelio ayuda muchísimo a quienes queremos ser Discípulos de Jesús, ya que conforme vamos acogiendo sus palabras, tomamos libremente decisiones como: "devolver bien por mal” , nuestra relación con el dinero (Mt 6,24), el pedir perdón (Mt 5,24 ,)…etc,  que los sabios según el mundo no entienden.

La Buena Noticia es que no tenemos que explicar nada...Dios es quien se explica por nosotros y lo vemos hoy en María. Ha dicho sí a Dios; a una propuesta suya que rompe todos los esquemas de la normalidad y también   de la cómoda religiosidad. La vemos entrando en casa de su prima Isabel, cuando, contra todo pronóstico, el Espíritu Santo provoca saltos de alegría en Juan Bautista, en el seno de su madre, que nada sabía del embarazo de María.   Si, Juan Bautista se alegró ante la Presencia de Jesús, en el seno de María. Isabel, movida por el Espíritu Santo, proclamó gozosa estas santas y benditas palabras: ¿De dónde que venga a mí la Madre de mi Señor? (Lc 1,43 ).

 Si, este Evangelio nos mueve a confiar en Dios ya que es Él mismo quien sale garante de nuestra adhesión al Evangelio que tanto escandaliza a "los buenos según la sabiduría del mundo, pero no a la de Dios".

 

P. Antonio Pavía 

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miércoles, 18 de diciembre de 2024

Partiendo la Palabra ¿Dónde está tu Dios? (XII)

 



 A lo largo de esta serie, hemos preguntado a distintas personas como Gedeón, María de Nazaret, Pablo...etc. donde estaba el Dios en quien creían.

Cerramos el ciclo preguntando a la multitud de Discípulos de Jesús dispersos por el mundo: ¿Dónde está vuestro Dios, que ha hecho por vosotros? Nos responderían que viven en un mundo que les desprecia (Jn 17,14 )  sostenidos por la Fuerza de Dios de la que Pablo nos habló: "Llevamos este tesoro- El Discipulado-  en vasos de barro para que se vea que una Fuerza tan extraordinaria, viene de Dios, no de nosotros...llevamos en nuestros cuerpos el morir de Jesús a fin de que la vida de Jesús resplandezca en nuestro cuerpo (2 Co 4,7-12 ).

 Los Discípulos de Jesús, no somos héroes ni altruistas gigantes, dotados de una prodigiosa generosidad. Somos hombres y mujeres que no nos consideramos mejores que los demás en nuestra forma de servir y actuar y amar. Anunciamos con nuestra vida a Jesús como Aquel que moldea nuestro Discipulado. Somos lo que somos, gracias a la Fuerza de la que nos reviste Jesús, que nos eligió para ser suyos. Dice Pablo: "Por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mi (1 Co 15,10)

 O sea que, si preguntamos a la multitud de los Discípulos anónimos diseminados por el mundo: ¿Dónde está vuestro Dios? Nos darían la misma respuesta que Pablo: ¡Está dentro de mí! Así fue como nos lo dijo:  "Ya no soy yo quien vive, es Jesús quien vive en mi " (Gal 2,20) .

 

P. Antonio Pavía 

comunidadmariamadreapostoles.com