Muchas veces, al acercarnos a la Palabra de Dios en el
domingo, nuestra atención se centra casi exclusivamente en el Evangelio. Sin
embargo, Dios nos habla de muchas maneras, y la segunda lectura de este domingo
nos invita a detenernos y escuchar un mensaje profundo -y práctico- de san
Pablo, un verdadero referente para quienes buscamos comunicar con sentido y
verdad.
San Pablo nos recuerda que somos elegidos de Dios, sí,
pero esa elección viene acompañada: vivir con compasión, bondad, humildad y
paciencia. Cualidades que, en la vorágine diaria, con frecuencia se nos
escapan. Y, paradójicamente, muchas veces es con quienes más cerca estamos
—aquellos que “nos sacan de quicio”— donde se hace más difícil practicarlas.
Allí es donde Pablo nos exhorta: “Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando
alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo”.
Como si no fueran suficientes “deberes” para nuestra
vida diaria, el apóstol añade algo fundamental: el amor: “Por encima de todo
esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta”. “Que la paz de Cristo
reine en nuestros corazones”.
Y, más aún, nos invita a vivir la gratitud y que la
Palabra de Cristo habite entre nosotros. Cada palabra, cada acción, cada gesto
de nuestra vida debería ser un reflejo de este amor agradecido, todo en nombre
de Jesús, dando siempre gracias a Dios Padre.
Tenemos, entonces, una verdadera “lista de propósitos”
para este nuevo año: vivir con paciencia, perdonar, amar y dar gracias. No será
fácil, pero será lo que Dios quiere. Pero es un desafío que nos acerca a Dios y
nos transforma de adentro hacia afuera. Que este tiempo sea, entonces, no solo
un inicio de calendario.
Diocesis de Coria-Cáceres

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