jueves, 11 de junio de 2026

NADA DE LO HUMANO ME ES AJENO

 


Cuando escuché al Papa León hablar a los jóvenes en Madrid y decirles que les encargaba la misión de ser humanos, inmediatamente vino a mi cabeza la sentencia de Terencio: ¡Hombre soy, nada de lo humano me es ajeno!

El Papa desglosó muy bien en qué debía consistir esa tarea. Cito textualmente: “Hombres y mujeres de carne y hueso. No las apariencias, sino rostros dignos de confianza. Personas que buscan la justicia porque la anhelan, como el pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta, porque voluntariamente tratan a los demás como les gustaría que los trataran a ellos”. Animaba el Papa a seguir este camino como la forma de seguir a Cristo anunciándolo en un mundo que sufre pobreza espiritual y material. Me parece mucho más que un reto esta invitación del Santo Padre.

Pienso que este pensamiento choca frontalmente con esas espiritualidades que basándose en el sentimiento se quedan solo en la superficie de las cosas. También con aquellas que ponen l la estética o la experiencia efímera por encima de la verdadera entrega.

En definitiva, atreverse a ser humano es atreverse a vivir. Nuestra fe cristiana no ha pretendido nunca otra cosa más que esto. Tener la suficiente valentía para vivir y dejarnos herir sabiendo que nos va la vida en ello. Arriesgar y apostar por un estilo de vida contracorriente en el que prime lo verdaderamente humano.

Ser cristiano no es una pose o una moda. Es dejar que la gracia de Dios haga más humano nuestro corazón, más limpia nuestra mirada y más generosa nuestra entrega. Y en un tiempo de apariencias, quizá no haya testimonio más revolucionario que ese.

Porque cuanto más auténticamente humanos somos, más transparentamos la presencia de Cristo.

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

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