lunes, 16 de enero de 2017

Inténtalo



Vitaminas para caminar

1.- Dios quiere que seas más. Inténtalo. La arcilla mientras sólo es barro vale poco. Pero modelada por el ingenio del artista se hace obra de arte. Del lodo de los caminos pasa a los museos del arte. ¿Qué podrás hacer con la arcilla de tu vida?

2.- Dios quiere que seas más. Inténtalo. Un tronco de árbol puede podrirse en el bosque, como puede ser cortado para leña. Pero tocado por el genio del artista se convierte en estatua de exposición. ¿Qué podrás hacer con el tronco de tu vida?
3.- Dios quiere que seas más. Inténtalo. El estiércol puede quedarse para siempre en estiércol. Pero aplicado a la tierra y a las raíces de las plantas se hace vida en ellas. La vida es y vale aquello que tú haces con ella.
4.- Dios quiere que seas más. Inténtalo. Después de mil trescientos años, se encontraron unas semillas secas en las pirámides. Todos pensaron que ya no servían. Alguien las sembró. Volvieron a brotar en trigo. Nunca tu vida estará tan seca que no pueda reverdecer.
5.- Dios quiere que seas más. Inténtalo. La tierra puede ser puro erial seco y estéril. O puede ser lugar de sementera donde la primavera hace florecer de espigas los tallos. O puede ser alfombra de flores. De ti depende ser desierto o un oasis en la vida.
6.- Dios quiere que seas más. Inténtalo. No pidas que sea Él quien lo haga todo en ti. Lo que tú no hagas en ti, Dios no lo podrá hacer. Que nadie diga que tú eres menos de lo que Dios quiso que fueses.
7.- Dios quiere que seas más. Inténtalo. Todo depende de tu decisión. Decídete. No estés jugando con tus miedos ni con tus indecisiones. Juega a ganar. Juega a ser. Y lo serás.

J. Jáuregui

domingo, 15 de enero de 2017

Llamados y apasionados por mostrar a quien es la Vida



Acabamos de comenzar el año nuevo. Para los cristianos la novedad nos viene con Jesucristo. Lo nuevo es Cristo. No hay nada nuevo sin Él. Como muy bien señala el profeta Isaías cuando nos habla del Mesías, «así dice el Señor: mirad a mi siervo […] Sobre él he puesto mi espíritu […] Promoverá fielmente el derecho». Es el derecho de Dios, que va más allá de lo que cada uno se merece, pues Él nos da a todos lo suyo, nos hizo partícipes de su Vida. Aquí precisamente está la novedad de los años que, mientras vivimos en el tiempo, nos va regalando el Señor: mostrar en medio de la historia, en las circunstancias reales en las que vivimos, el rostro vivo de Jesucristo. ¿No es esta novedad la que necesita la humanidad? Cuando estamos en un mundo que se queda dormido, viviendo y buscando la comodidad, aceptando que el egoísmo sea una regla en nuestro vivir, la misión de los discípulos del Señor es la misma que Él nos regaló: despertar a este mundo y mostrarle la novedad más grande.

A la Iglesia el Señor le propuso salir a los caminos de los hombres, hacerlo con alegría; esa que viene del encuentro con Jesucristo, esa que hace visible la misericordia misma de Cristo, que hace cercano a Dios, que hace superar obstáculos, que se manifiesta en comunidades concretas que son verdaderos oasis de caridad y afecto en medio de nuestras ciudades y pueblos donde la soledad y la indiferencia se manifiestan de muchas maneras. Vive en apertura a todos los que encontremos en el camino de nuestra vida, sin hacerles más preguntas y ofreciéndoles esperanzas que se hacen concretas en obras y que manifiestan las maravillas de Cristo.

¡Qué fuerza tienen para nosotros, al comenzar el año nuevo, aquellas palabras de Cristo en la sinagoga de Nazaret, cuando proclama y anuncia que se cumplen en Él! ¿No será esta la gran novedad, el empeño que hemos de tener y que debemos solicitar para todos los hombres? «Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor […] Y Él comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido esta escritura que acabáis de oír”» (cf. Lc 4, 16-21). Cuando hacemos presente esta novedad, la Iglesia aparece siempre con su rostro verdadero, es joven y puede pensar y proyectar un presente y un futuro cargados de esperanza para todos los hombres.

Nunca podemos hacernos sordos ante las necesidades y gritos de los hombres. Para eliminar esta sordera en el mundo te propongo hacer un quinteto que lleva por título Llamado a la Vida y tiene estas notas: alegría, amor, compasión, esperanza y serenidad-sorpresa. Estoy convencido de que si hacemos esta composición tendremos la verdadera novedad del año 2017:

1.   Llamado a la Vida, llénate de alegría: regala lo que Dios mismo te ha dado, haz ver el horizonte amplio que tú tienes como regalo de Dios. No eres el desesperado que sabe que por sus propias fuerzas poco puede alcanzar. No eres ese que somete a tristeza a los hombres, alegrándose del mal ajeno o no importándole nada lo que hace que el ser humano esté triste. Muestra que vives del triunfo mismo de Dios, que se hace presente en tu vida y te hace salir de ti mismo y vivir en una entrega incondicional hacia todos los hombres. Vive la alegría del triunfo de Dios que se hizo Hombre. Vive en la alegría del Evangelio. Conoce, contempla esta alegría que es Cristo mismo. En su triunfo está el nuestro, pues nos lo ha regalado y nos hace partícipes del mismo. Dar vista a quien no ve más allá de sí mismo, abrir las prisiones que atan a los hombres y que les dejan vivir en la mezquindad de sus fuerzas, abrir mazmorras que nos esclavizan y no nos dejan libres, esta es la alegría que Dios mismo te da cuando abres la vida a Él. Llénate de su alegría.

2.   Llamado a la Vida, acoge el Amor: déjate amar por Dios mismo. Su amor se ha manifestado en el mismo Jesucristo. Es un amor que te envuelve y te muestra lo que has de vivir y cómo lo has de hacer. Llena la vida de la Vida que es el mismo Cristo y sabrás hacerte presente en medio del mundo con la novedad que necesitan los hombres para vivir. Nuestra fe nos hace tomar conciencia del amor de Dios que se revela en el corazón traspasado de Jesús en la Cruz y que suscita a su vez amor. El amor es una luz, diría que la única, que ilumina permanentemente a un mundo oscuro y que es capaz de darnos la fuerza para vivir y actuar. Dios es amor. El amor es el alma de la vida de la Iglesia y de su actividad pastoral. Hay que vencer la violencia con amor, ya que el amor es más fuerte que el odio. El ser humano es un mendigo del amor; propongamos a Cristo, rostro verdadero del amor, a todos los hombres.


3.   Llamado a la Vida, muestra compasión: sintonizar con los sentimientos de otros es una importante facultad humana y es el presupuesto de la compasión. Por eso, sintonizar con los sentimientos de Cristo es la única manera de mostrar la compasión. Hay personas que confunden la compasión con la debilidad. Es todo lo contrario, la compasión es de los fuertes. Recordemos las palabras de Jesús en la Cruz, cuando, sometido a toda clase de vejaciones, se dirige al Padre y le dice: «Perdónales porque nos saben lo que hacen». ¡Qué hondura tiene el sentir con el otro, el padecer con el otro! Cuando Jesús habla de compasión –la palabra que utiliza–, quiere decir que se le conmovieron las entrañas. Y las entrañas son, para los griegos, el lugar de los sentimientos maravillosos. San Lucas nos dice cómo Jesús exhorta a ser compasivos como Dios mismo es compasivo y misericordioso (cf. Lc 6, 36). De tal manera que el compasivo es quien está más cerca de Dios y tiene parte con Él.

4.   Llamado a la Vida, engendra esperanza: en definitiva es vivir lo que Jesús quería de nosotros, cuando nos dice así: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí» (Jn 14,1). La esperanza cristiana es el ancla de salvación que nos ayuda a vencer las dificultades y nos permite vislumbrar la luz de la alegría más allá de la oscuridad del dolor y de la muerte. Cristo engendra hombres y mujeres de y con esperanza. ¿En qué consiste la esperanza? Con su muerte y resurrección, Jesús nos reveló el rostro de un Dios con un amor tan grande, que comunica una esperanza tan inquebrantable, que ni siquiera la muerte puede destruir, ya que la vida de quien se pone en manos de Dios se abre a la perspectiva de la bienaventuranza eterna. Esperanza para mí y para los otros, ya que nunca es tarde para tocar el corazón del otro y nunca es inútil. Mi pregunta ha de ser siempre: ¿qué puedo hacer yo para que otros se salven y para que surja en ellos la estrella de la esperanza?


5.   Llamado a la Vida para generar serenidad y sorpresa: muy a menudo tenemos la pretensión de cambiarlo todo. Sin embargo, la serenidad tiene que ver con la confianza, que por principio es lo que nos da Dios cuando nos revela que el ser humano está creado a su imagen y semejanza. Y que tengo la obligación de vivir junto a los otros, haciendo todo lo posible para que esas imágenes no se estropeen. Precisamente por ello, la serenidad tiene que ver con esa actitud de dejar de una vez por todas que las cosas y las personas sean como son, como las creó Dios y para lo que las creó. Tiene serenidad quien descansa en Dios. Nos lo ha dicho el Señor: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré».

Por otra parte, la serenidad contagia sorpresa. ¿No decimos nosotros a un amigo o a alguien de nuestra familia: «Vaya sorpresa que me has dado»? Alegra poder dar una sorpresa a las personas. Eso es lo que hace Dios con nosotros, nos sorprende y nuestro rostro queda iluminado. ¿No os habéis dado cuenta de que la experiencia de Dios es siempre sorpresa? Él sale a nuestro encuentro. Es cierto que la oración y meditación ayudan. Pero Dios sorprende, sale a nuestro encuentro, es gracia. No ganamos la sorpresa con nuestras fuerzas. Dejémonos sorprender por Dios siempre, ello nos provoca admiración y gratitud.

Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra,
Arzobispo de Madrid


sábado, 14 de enero de 2017

II Domingo del Tiempo Ordinario



El sacrificio existencial de Jesús

Otra faceta de la obra de Jesús como Siervo de Yahvé: su vida fue un sacrificio existencial. El Evangelio ofrece otra presentación general de la obra de Jesús, otro eco de la fiesta de Epifanía, recordando la presentación pública que hizo Juan de Jesús como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La imagen remite al cuarto poema  del Siervo de Yahvé (Is 52,13-53,12, esp. 53,4-7), donde se le presenta como un cordero que toma sobre sí el pecado del mundo y sufre en nombre de la humanidad como su representante. El salmo responsorial (salmo 39)  añade otro elemento que remite al sacrificio: Dios no quiere sangre de animales, sino el corazón del hombre. Por ello la respuesta del salmista que anuncia el ofrecimiento de Jesús en la encarnación: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Sacrificio en nuestra cultura es un concepto con implicaciones de dolor. Sin embargo no es éste su sentido primitivo. Etimológicamente significa lo hecho sagrado, y puesto que sagrado  por antonomasia es Dios, sacri-ficio es lo hecho sagrado, es decir, lo acercado a Dios, lo divinizado, y con ello lo perfeccionado, puesto que Dios es la perfección y la felicidad plena. El sacrificio pertenece a la historia de la humanidad. En todas las culturas el hombre ha expresado su hambre de  felicidad y perfección  intentando acercarse a la divinidad. El sacrificio era una forma concreta en la que el hombre ofrecía a Dios de diversas formas algo valioso  que lo representara, como un animal. En el AT consistía en una ofrenda de algo  aceptada por la divinidad.  El hombre ofrecía algo valioso que le representaba y por medio del sacerdote lo ponía en un lugar que representaba a Yahvé como expresión de que Dios la aceptaba. Todo era externo y simbólico. Con frecuencia los profetas denunciaron el carácter vacío de estos ritos, porque eran rutinarios y no significaban la entrega del corazón del hombre a Dios (Salmo responsorial).

La vida de Jesús fue un sacrificio existencial, desde la encarnación a la resurrección. El ofrecimiento tuvo lugar en la encarnación, en que hizo suyas las palabras del salmo: Heme aquí que vengo a hacer tu voluntad   (cf Hebr 10,5). Su vida fue la realización de esta entrega al Padre: por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios (Hebr 9,14). La primera lectura, el tercer poema del Siervo, ofrece una faceta de la ofrenda existencial de Jesús-siervo, su constancia en ella, a pesar del rechazo y de su aparente inutilidad. No fue inútil, fue luz-salvación para toda la humanidad, pues el Padre aceptó esta ofrenda resucitándolo. Así Jesús consiguió el objetivo de todo sacrificio, se hizo-sagrado, divinizó su humanidad para él y para toda la humanidad, a la que representaba. Realmente lo que Dios quiere del hombre no son sus cosas, sino su corazón, traducido en una vida entregada al servicio, pues Dios es amor. Así Jesús es sacerdote existencial y convierte a todos los que aceptan su obra en un pueblo sacerdotal.

En la Eucaristía ejercemos como pueblo sacerdotal en unión con Jesús. En ella se actualiza su sacrificio existencial como ocasión privilegiada para que nos unamos a él y así poder llegar al Padre, pues él es el camino, la verdad y la vida, y nadie va al Padre sino por él (cf Jn 14,6). En la consagración, Jesús  está dinámicamente presente, actualizando su entrega al Padre. Participar en la Eucaristía no consiste simplemente en asistir, cantar, responder... Lo fundamental es ofrecer la propia existencia al Padre por medio de Jesús, uniéndose a su dinamismo junto con toda la Iglesia.

D. Antonio Rodríguez Carmona


viernes, 13 de enero de 2017

Demandantes de perdón



Se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme”. Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero, queda limpio” (Mc 1, 40).

Creo que este versículo de san Marcos nos da las claves de nuestra actitud como demandantes de perdón.

Primeramente tenemos que tener conciencia de estar sucios y después sentir el deseo de limpiarnos; si no lo deseamos, es imposible limpiarnos. Normalmente en la vida no vienen a nosotros a resolvernos nuestros problemas, sino que nosotros tenemos que buscar los medios de hacerlo. Aquel leproso era consciente de la grave enfermedad que tenía y sentía necesidad de sanar, en consecuencia pone los medios para conseguir el fin: Se acerca a Jesús.

Una vez encontrada la persona que nos puede solucionar el asunto, es importante la actitud que debemos tener ante ella. No se nos ocurre descarada y desvergonzadamente exigir que nos resuelva el problema. Lo lógico y normal es que con respeto expongamos nuestra súplica e incluso que la acompañemos con un ritual de gestos, mirada y tono de voz acordes. El leproso no demanda, sino que suplica. Además escenifica, valga la expresión, la petición con el gesto de sumisión máximo que el ser humano puede tener para mostrar la humillación: de rodillas.

Después estudiamos y elegimos muy bien las palabras con las que vamos a exponer nuestra petición a esa persona en la que tenemos fe ciega. No divagamos, sino que concentramos todo nuestro saber en las palabras precisas y claves. El leproso descarga toda la responsabilidad en Jesús cuando le dice si quieres, puedes. Utiliza la fuerza de los verbos querer y poder. Causa la sensación de que con esas tres palabras está obligando, como acorralando a Jesús a limpiarlo.
Llegado a esa tesitura y, puesto que él lo que desea es perdonar, extiende la mano y lo toca. Él también gesticula. Esa extensión de la mano y el toque físico nos adelanta el perdón, es la expresión de su voluntad incluso antes de pronunciar las palabras decisivas.

Claro, el culmen llega cuando dice quiero, queda limpio. Utiliza las mismas palabras claves del demandante de perdón para reafirmarlo, darle fuerza, decirle que sí que ha hecho muy bien con acercarse a él.

Aprendamos la lección y cuando veamos que alguien se nos acerca en demanda de perdón, extendamos nuestra mano.


Pedro José Martínez Caparrós

jueves, 12 de enero de 2017

Algo que Jesús no explicó

                                                
Pues no, no lo hizo y es una pregunta que todos nos hacemos y que preferimos no profundizar porque nos liamos a tope.

Bueno, hay que entender que en aquellos tiempos, los humanos no salíamos de la tierra y por tanto nadie Le preguntó. Ahora es distinto, viajamos al espacio y es cuando nos preguntamos:

-¿Señor porqué elegiste la tierra para venir?
-¿porqué son tan raros los “aliens” que ve la gente?
-¿Por qué hacen experimentos con nosotros y se llevan nuestro “verde”?
-Señor, la ciencia avanza sin fin y ellos han llegado a crear “cuerpos sin alma” medio- robots vivientes…

-¿Ellos también saben de Ti?, mira que viniste aquí hace sólo 2017 años y llevan milenios o millones de años por delante de nosotros.

No hablo por hablar. Si vuelas como profesional, acabas tropezándote con “esta gente”, incluso con “sol y moscas” (argot de vuelo): Te siguen, te imitan, encienden luces o juegan contigo alterando la ruta normal o chafándola con vuelta a la Base, por precaución. En documentos TOP SECRET (que para eso están), se informaba del incidente al Ministerio del Aire y de ahí a Washington.
Y el Señor me contestó:

-Si hubiera nacido en estos tiempos, seguro que me lo preguntaríais  y voy a responder:

Yo creé TODO. A ti y a ellos en sus comienzos. Creé las leyes del universo, estrellas y planetas habitables. “Ellos” como tú les llamas no “fueron” más que tú, ni tú, menos que ellos. Llegué a sus vidas ancestrales hace mucho, mucho tiempo. 
  
La Ciencia y sus avances son fundamentales PARA BIEN DE LA HUMANIDAD, pero si así no se hiciere… En su futuro, veréis el vuestro. ¿Tenéis que llegar a eso?, mírate en ellos intentando recuperar “su humanidad” y sus mundos. Os investigan, desaparecéis… Muchos de “ellos” han perdido el sentido de la eternidad Conmigo. 

Por eso vine a vosotros, por eso dije que volvería pronto otra vez, por eso mis Evangelios para la tierra donde nací. Tú sigue siendo fiel a Mí, no te preocupes por nada ni te hagas preguntas inútiles. Preocúpate de tu alma y déjame a Mí ser Dios.

Genial… Qué feos son ahora ¿verdad?

-¡Horrorosos! Pero tú te pareces a Mí, os elegí para Nacer entre vosotros.

Emma Díez Lobo


miércoles, 11 de enero de 2017

Este enseñar con autoridad



“…se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. […] Este enseñar con autoridad es nuevo”.

La autoridad viene dada cuando se  respalda la doctrina con las obras, o sea, no se divorcian las palabras de los hechos. Si las palabras dicen una cosa y el actuar otra distinta, esas palabras no infunden confianza y en consecuencia no reciben la certidumbre necesaria para tener autoridad.

Señor, tú sí que confirmas tus palabras con las obras. Predicaste una nueva doctrina por la que igualas a todos los hombres; ya no hay libres y esclavos, sino que todos somos libres y hermanos. Eso lo llevas a la práctica cuando eliges a tus apóstoles de entre la gente humilde, vas a comer con los pecadores, te mezclas en medio del pueblo llano y no haces distinción. Predicas el amor y continuamente das prueba de ese amor al socorrer al necesitado que tiene fe en ti y te lo pide: curas al enfermo, limpias al leproso, resucitas al hijo único de una viuda, das de comer a tus seguidores después de mostrar lástima por ellos…

La mayor prueba de tu amor y la suma coherencia entre el hablar y el actuar fue el dar tu vida para salvar a la humanidad del pecado. Nunca jamás alguien ha actuado de una manera semejante.

En este mismo pasaje increpas al espíritu inmundo “Cállate y sal de él”. Y el espíritu inmundo salió, te obedeció. Otra prueba de autoridad, Dios tiene dominio sobre el pecado.

Por otra parte, la autoridad se adquiere por el reconocimiento de los seguidores u oyentes de la persona que se presenta como tal. Si esos seguidores no se la reconocen, en realidad no la hay. Tus oyentes sí te la reconocieron en aquel momento: “Este enseñar con autoridad…”

Y todos tus posteriores seguidores también te la reconocemos. Reconocemos que tú eres el único Dios y Señor de nuestras vidas, reconocemos que has dado pruebas, más que suficientes, para seguirte a ojos cerrados y sin cuestionar, ni por un instante, tu merecida autoridad. Además, estamos muy orgullosos de tener una autoridad como la tuya para que nos dirija.

Gracias, Señor, por presentarte voluntario para ser nuestra autoridad de referencia y perdona las veces y a las personas que no hemos sabido reconocerlo así.


Pedro José Martínez Caparrós

martes, 10 de enero de 2017

Bautismo desdibujado


Así es, Jesús. Parece mentira que tu bautismo, tan solemne en las aguas del Jordán (con el Espíritu Santo y la voz del Padre como fondo) haya derivado con el tiempo hasta el punto que algunos locos han hablado de inventar el bautismo civil. O sea que tú, fuera. ¡Vivir para ver!

Como aquí quiero tomarme en serio las cosas, te pregunto algo: ¿vale la pena seguir bautizando cuando se sabe que ni los padres ni padrinos serán incapaces de responsabilizarse de la educación cristiana de su hijo? ¿Es lícito bautizar a un niño sabiendo que sus padres viven en una situación inmoral? ¿Qué principios cristianos recibirá ese niño durante su futuro desarrollo?

Si el bautismo es algo sagrado, habrá que tratarlo con respeto, digo yo. Y no vale decir que el niño no es culpable de la situación de los padres o padrinos. Tampoco un alumno tiene la culpa de que su profesor sea un inútil e irresponsable, pero por si acaso no se encomienda a un niño a un profesor así.

Sé que esta cuestión es un punto candente en la pastoral de los sacramentos. Me gustaría saber qué tal de cómodo te sientes en la mayoría de los bautizos que se celebran en tu Iglesia. ¿Habrá que seguir utilizando la manga ancha y seguir acogiendo indiscriminadamente a cualquiera que pida ser bautizado, como algunas veces se hace? ¿O se impone llevar a la práctica las normas de la Iglesia y establecer un filtro a fin de cuidar un poco la calidad de los nuevos bautizados?

Una última pregunta: ¿cómo te gustaría que fuera tu Iglesia: un almacén de bautizados, pero con una vida cristiana desdibujada, o una Iglesia viva, quizás con menos bautizados, pero con una clara conciencia de su identidad católica? ¿Calidad o cantidad?
Disculpa, Jesús, que me haya salido una oración un tanto radical, pero son bastantes años lidiando con este tema y resulta muy lamentable que miles que se bautizan se diluyan al día siguiente en el mar de la masificación y pierdan contacto con la nueva comunidad en la que se inscribieron -o les adscribieron—de manera voluntaria.

Te felicito, Jesús, por aquella soleada mañana en el Jordán en la que Juan Bautista tuvo el privilegio de bautizarte y exclamar: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo y se posaba sobre él”.

¡Aquello sí que fue bautismo! ¡Enhorabuena!

J. Jáuregui