miércoles, 13 de mayo de 2015

¡Ayúdame a ayudarte!




¡Ya llega, ya llega la Consagración!… Me pongo nerviosa y, de rodillas veo cómo la hostia es elevada ante mis ojos y bajo la mirada de Jesús. ¡Se ha convertido en Carne de su Corazón! Se me saltan las lágrimas y Le dije:

- Ahora que estás tan cerca, ¿cómo puedo ayudarte?

Después el Cáliz, con el vino en lo alto bajo el amor de un Cristo Redentor. ¡Se ha convertido en su Sangre!, la misma de aquél día derramada desde las 8 de la mañana… Lloré con gran pena por Él y Le dije:

- ¿Qué puedo hacer por ti?

No escuché respuesta y le increpé:

- ¡Ayúdame a ayudarte!, me siento inútil si no me hablas.

Y al momento entendí que podía ayudarle escribiendo lo que había sentido. No somos en absoluto conscientes del dolor que Le provocamos hiriéndonos una y otra vez: Criticando, juzgando, odiando, quitando la vida, no perdonando, profanando nuestro cuerpo… 
  
¿Tanto nos cuesta entender el amor? Yo no digo que ames a tu verdugo, pero tampoco le odies, ni le juzgues, pues en nosotros está no “crearlos” si reconocemos que Dios nos los envió. ¡Tremendo esto, tremendo!!!  

Y lo mejor, ¿nos damos cuenta de que nos lo traemos vivo a casa dentro de nosotros? Ojalá todo el mundo lo hiciera y si no pudiera ser, rezar porque haya discípulos por el mundo propagando que nos lo podemos traer con nosotros para que nos indique el camino del bien, el de la verdad y el de la vida que nos espera.    
  
Estamos a tiempo de cambiar, pero espabilemos ¡por el amor de Cristo!, y cada hijo que venga, cuidémosle con el alma, hay que devolverlo a Dios.

Pensé: “Yo quiero un poco de su Sangre en un frasquito para venerarla noche y día”. Pero menos mal que es imposible, gracias a Dios. No soy más que una de sus ovejas que muchas veces se despista del redil…   


Emma Díez Lobo

domingo, 10 de mayo de 2015

Salvados








“Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres”
Jn 8,36

 
Salvados , de un destino incierto que coloca sobre nuestros hombros cargas  muy pesadas con el pretexto de ser dueños de nuestro propia vida.

Salvados de creer en nosotros como principio y fin, salvados de agotar las oportunidades de la vida en nuestro mapa de deseos.

Salvados de envenenar el mundo con nuestra vida, sin saberlo, de vivir soñando vidas que no nos pertenecen aunque vivamos engañados y engañando a los demás.

Incapaces de abrir las alas de nuestro alma y despojarnos de nuestra imagen
Autistas porque nuestros ojos repiten una y otra vez el camino a nosotros mismos.

Mentirosos por inventar disculpas para todo, disculpas que anestesian, bálsamo para el alma inquieta.

Salvados de nosotros mismos, salvados de nuestra indigencia, salvados de nuestra ceguera, salvados en tu cruz.

¿Por qué no hemos levantado antes los brazos al cielo para ser salvados por ti?


¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!
Salmo 1,1-2


Olga Alonso

sábado, 9 de mayo de 2015

Díselo sin miedo…



- Hoy Domingo, no he ido a misa…

- ¿Y?... Lo habrás comentado con Dios ¿no?

- ¡Siempre estás con las mismas historias…! ¡Pues claro que no, como que es tan fácil!

- Simplísimo, se lo dices y ya… Pero ten cuidado al cruzar de acera. ¡Vamos a ver! Tú por quien vas a misa por Dios o por ti…

- Pues porque hay que ir, ¡es un pecado no aparecer en Domingos y fiestas de guardar!

- ¡Jesús, María y José!, ¿qué tú vas a misa por Dios?

- A ver, noo, si te parece…

- ¡Pues no, no me parece! Tú vas a misa por TI. Dios no te necesita para nada, pero “nazin de nazin” aunque te quiera horrores; pero tú a Él sí. Ufff, yo no sé cómo hacer entender que la misa no se celebra para Dios, sino para ti de parte de Dios. Te entrega su Cuerpo y Sangre para aumentar tu fe y por si las moscas…  

Dios, el pobrecico, tampoco sabe ya cómo decirles que en sus Palabras está tu salvación. ¡Gratis lo hace solo por ti!, que no te enteras… 
  
Desde luego ante esta perspectiva, mejor pensar que estamos “obligados”, porque si no, más de uno se habría ido “pal otro lado”, con eso de que creemos que nunca nos va a tocar y… ¡Hala! accidente de moto, aéreo, coche, un infarto... (Cuando estamos activos, nos pilla casi siempre con el carrito del helado, ¡vamos, vamos!)

Todo absolutamente lo hace por el continuo peligro al que estamos abocados y más nos vale “marcharnos de aquí”, estando a un piñón con Él.

Yo, cuando no he podido se lo he dicho para que me proteja hasta que pueda ir, es muy muy importante. Después en confesión lo he contado, pues las manos Consagradas con el Espíritu de Dios en mi ser, es algo mágico, como si saliera de una santa lavadora.   

También hay que ir para glorificarle, ¡no es para menos después de todo lo que hizo! Y a la vez me diga ese día, la frase o palabra especial necesaria que me hará “run run” en la cabeza y que es “diferente” para cada uno de nosotros. Sí le escuchas, lo sabrás. 

Ya sabes, cuando no puedas ir, díselo sin miedo; Él siempre espera. La pena sería poder ir y no escucharle…

    
Emma Díez Lobo

martes, 5 de mayo de 2015

Centinela en mis labios



Cuando repasamos nuestra vida pasada, y recordamos la fe recibida, no podemos por menos de meditar el camino que hicimos como el pueblo de Israel por el desierto que nos tocó andar. Seguro que no había arena, ni sol sofocante; no había serpientes que nos mordieran y que necesitasen del árbol que le encargó Yahvé para la curación ante las mordeduras. Cuando alguien era mordido por una serpiente, miraban al árbol en que se encontraba “la serpiente” de bronce, y quedaba curado.

Esta serpiente clavada en una cruz, ordenada por Yahvé, es una clara imagen de Jesucristo crucificado, de tal manera que, al mirarle a Él, nuestros pecados, nuestras miserias-la mordedura del diablo=serpiente-, quedaban sanados. Es bellísima esta imagen.

La fe que recibimos era más moralista que ahora, se tenía más conciencia de pecado, y se consideraban determinados pecados- sobre todo los relativos al sexo- de un grado superior frente a otros, como pueden ser los pecados de corrupción, murmuración, mentira o difamación, calumnia…

Sin quitar la gravedad que corresponde a estos pecados,-naturalmente-, aun ahora se mantiene la idea de que la difamación, la murmuración, etc son menos graves, siendo así que no es cierto. No podemos quitar la fama de nadie, ni juzgar a las personas. Nunca sabremos las circunstancias que han sucedido para que alguien caiga en determinada situación. Eso sólo le corresponde a Dios, único Juez Supremo.

Ahí entramos ya en el pecado de Adán, que no es otro que el de poner uno mismo el baremo de la Ley. Yo digo lo que está bien y lo que está mal, y dicto sentencia. Y juzgo; y cuando juzgo inmediatamente condeno.
Nuevamente el lenguaje de la Escritura viene a poner las cosas en su sitio. 

Meditando el Salmo 140, leemos:

“Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios, no dejes mi corazón  inclinarse a la maldad, ni a cometer crímenes y delitos, en compañía de los malvados…” (Sal 140)

Es lo que en la Escritura se define como tener “las manos manchadas de sangre”. Por ello, en la Eucaristía, al rezo del Padrenuestro, enseñamos nuestras manos a Jesucristo, crucificado por nuestros pecados, que nos enseña las suyas, limpias, manchadas con la sangre de nuestras maldades, crucificado como cordero manso llevado al matadero. Y aun así, no nos reprochó nada, solo nos amó hasta el extremo.

¡Cuántas veces nos habremos arrepentido de una conversación desafortunada! 

Pongamos, pues, un centinela en la entrada de nuestra boca, a la puerta de nuestros labios, cuando sintamos la tentación de una mala conversación, o tengamos el valor de denunciar en conversaciones entre amigos, cuando uno de ellos aun no conozca el Salmo 140. Le habremos hecho un gran bien. Pero nuestra reflexión habrá de ser siempre con caridad, sin poner a nadie en ridículo, con el amor con que Él nos amó. Es la “corrección fraterna”.

Alabado sea Jesucristo.


 Tomás Cremades

domingo, 3 de mayo de 2015

Jesús a la fuga

                                                                                  

- ¿Oye mamá cuando me porto mal, Jesús se va de mi cuerpo? Sabes que Comulgué el Domingo pasado y ya me he peleado hoy en el cole… ¡Le tiré otra vez de los pelos!

- ¡Que pregunta nena!  Para empezar eres un bicho de cuidado… Pero te voy a decir algo: Cuando tú Comulgas, Jesús se hace presente en tus virtudes de amor, comprensión y bondad para tu familia y compañeros. Pero esa promesa de portarte bien, debe ser real; pues has de saber que el demonio estará al acecho para que caigas en sus manos, porque llevas a Dios dentro y en tu caso ¡bichejo! Para que dejes calva a tu compañera.

- Y ¿Entonces cuando Jesús ve eso, se da a la fuga?

- ¡Pues no hija, no! Faltaría más… Jesús no sale corriendo de tu corazón, sólo que si fueras más lista, te darías cuenta de que cuando Comulgas, no lo haces pensando en tus compañeros (el prójimo), sino en ti y tenías que confesarte para Comulga: pero no pusiste seria atención al acto de contrición.

- Ya, es verdad, me confieso y me repito como el ajo… ¿Pero se va a ir de mí?

- ¡Te he dicho que no, pero eso de los pelos se ha terminado Manola!, ¡le vas a dejar pelona,  hija mía! Además has de saber que de nada te sirve una confesión así… Lo que consigues de Jesús es que ponga una cara de vinagre…

- ¿?

- Pues sí hija sí, pero no por Él, sino por ti. Él desea lo mejor para tu entrada en el cielo… Y tú ¡ancha es Castilla!, ¡a seguir tirando del pelo!

- Mamá, te prometo que ¡nunca más!,  de verdad.

- A mí no hija, a tu compañera. Jesús tenía sus “pelos contados” y ahora le faltan la mitad de los que Él le había puesto… ¿Ves que has hecho ante Jesús?

- ¡Pufff!  Pues tendrá que restárselos, pero con una cara…

- Cuando confieses, hazlo con verdadero arrepentimiento y si se meten contigo ¡Párate y recuerda! Ya te he dicho que Jesús no se da a la fuga, se enfada por ti, pero siempre te espera. 

Eso lo preguntaba yo también de pequeña. ¡Qué no diremos o haremos los adultos que llevamos más años que Matusalén repitiéndonos como los pimientos! Y lo peor, la cara De Jesús, me la imagino…


¡Anda, que si no fuera por su sempiterna misericordia! Ya nos vale… No tenemos años para darle continuamente las gracias.

Emma Díez Lobo

sábado, 2 de mayo de 2015

Itinerario humano y espiritual de San José



«La meditación sobre el itinerario humano y espiritual de San José nos invita a apreciar la magnitud de la riqueza de su vocación y del modelo que él representa para todos los que han querido consagrar su vida a Cristo, tanto en el sacerdocio como en la vida consagrada o en diversas formas de compromiso en el laicado.
En efecto, José ha vivido a la luz del misterio de la Encarnación. (…) José nos desvela el secreto de una humanidad que vive en presencia del misterio, abierta a él mediante los detalles más concretos de la existencia. En él no hay separación entre fe y acción.
Su fe orienta de manera decisiva su acción. Paradójicamente, es actuando, asumiendo por tanto las propias responsabilidades, como mejor se aparta él, para dejar a Dios la libertad de llevar a cabo su obra, sin interponer obstáculos. José es un «hombre justo» (Mt 1,19), porque su vida está «ajustada» a la Palabra de Dios.»

[… el Papa Benedicto XVI, El 18 de marzo de 2009, en Yaundé, Africa]

Texto completo de la Homilia aquí

Publicación original de “Un minuto con Maria”

                                                                        Tomado de "Camino en la fe"

viernes, 1 de mayo de 2015

De la Encíclica «Mes de Mayo» de S.S. PABLO VI


POR LA QUE SE INVITA A REZAR A LA VIRGEN MARÍA EN EL  MES DE MAYO.




Al acercarse el mes de mayo, consagrado por la piedad de los fieles a María Santísima, se llena de gozo Nuestro ánimo con el pensamiento del conmovedor espectáculo de fe y de amor que se ofrecerá en todas partes de la tierra en honor de la Reina del Cielo. En efecto, el mes de mayo es el mes en el que en los templos y en las casas particulares sube a María desde el corazón de los cristianos el más ferviente y afectuoso homenaje de su oración y de su veneración. Y es también el mes en el que desde su trono descienden hasta nosotros los dones más generosos y abundantes de la divina misericordia.


Nos es por tanto muy grata y consoladora esta práctica tan honrosa para la Virgen y tan rica de frutos espirituales para el pueblo cristiano. Porque María es siempre camino que conduce a Cristo. Todo encuentro con Ella no puede menos de terminar en un encuentro con Cristo mismo. ¿Y qué otra cosa significa el continuo recurso a María sino un buscar entre sus brazos, en Ella, por Ella y con Ella, a Cristo nuestro Salvador, a quien los hombres en los desalientos y peligros de aquí abajo tienen el deber y experimentan sin cesar la necesidad de dirigirse como a puerto de salvación y fuente trascendente de vida?


Precisamente porque el mes de mayo nos trae esta poderosa llamada a una oración más intensa y confiada, y porque en él nuestras súplicas encuentran más fácil acceso al corazón misericordioso de la Virgen, fue tan querida a Nuestros Predecesores la costumbre de escoger este mes consagrado a María para invitar al pueblo cristiano a oraciones públicas siempre que lo requiriesen las necesidades de la Iglesia o que algún peligro inminente amenazase al mundo. Y Nos también, Venerables Hermanos, sentimos este año la necesidad de dirigir una invitación semejante al mundo católico. Si consideramos, en efecto, las necesidades presentes de la Iglesia y las condiciones en las que se encuentra la paz del mundo, tenemos serios motivos para creer que esta hora es particularmente grave y que urge más que nunca hacer una llamada a un coro de oraciones de todo el pueblo cristiano.

Pero la paz, Venerables Hermanos, no es solamente un producto nuestro humano, sino que es también, y sobre todo, un don de Dios. La paz desciende del Cielo; y reinará realmente entre los hombres, cuando finalmente hayamos merecido que nos la conceda el Señor Omnipotente, el cual, juntamente con la felicidad y la suerte de los pueblos, tiene también en sus manos los corazones de los hombres. Por esta razón, Nos procuraremos alcanzar este insuperable bien orando; orando con constancia y diligencia, como ha hecho siempre la Iglesia desde los primeros tiempos; orando de modo particular con el recurso a la intercesión y a la protección de la Virgen María que es la Reina de la paz.

A María, pues, Venerables Hermanos, se eleven en este mes mariano nuestras súplicas para implorar con crecido fervor y confianza sus gracias y favores. Y si las grandes culpas de los hombres pesan sobre la balanza de la justicia de Dios, y provocan su justo castigo, sabemos también que el Señor es el "Padre de las misericordias y el Dios de toda consolación" <2 Cor.1,3> y que María Santísima ha sido constituida por El administradora y dispensadora generosa de los tesoros de su misericordia. Que Ella, que ha conocido las penas y las tribulaciones de aquí abajo, la fatiga del trabajo cotidiano, las incomodidades y las estrecheces de la pobreza, los dolores del calvario, socorra, pues, las necesidades de la Iglesia y del mundo, escuche benignamente las invocaciones de paz que a Ella se elevan desde todas partes de la tierra, ilumine a los que rigen los destinos de los pueblos y obtenga de Dios, que domina los vientos y las tempestades, la calma también en las tormentas de los corazones que luchan entre sí, y "det nobis pacem in diebus nostris", la paz verdadera, la que se funda sobre las bases sólidas y duraderas de la justicia y del amor; justicia al más débil no menos que al más fuerte, amor que mantenga lejos los extravíos del egoísmo, de modo que la salvaguardia de los derechos de cada uno no degenere en olvido o negación del derecho de los otros.