jueves, 27 de agosto de 2020

La teología de la lentitud



Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo.
Porque no es lo que importa llegar solo ni pronto,
sino llegar con todos y a tiempo.

León Felipe
(1884-1968)

Cuando en Junio de 1967 visité la Heriot-Watt University en Edimburgo poco podía pensar que en aquel mismo año había nacido en Escocia y en la misma ciudad Carl Honoré que había de ser y conocer como una de las figuras más importantes del “slow movement” que lucha “contra el acelerado ritmo de vida actual”. El mundo se mueve con más rapidez que nunca. Nos esforzamos por hacer las cosas más deprisa para ser más eficientes, pero pagamos un precio muy alto por someternos a un ritmo de vida vertiginoso y descontrolado y lo pagamos con la ausencia del sabor y del placer de la contemplación. Tal vez, dice, necesitamos recuperar ese arte tan humano que es la lentitud. Gandhi también nos dice que en la vida hay algo más importante que incrementar su velocidad. Desde 2005 tenemos ya traducido por RBA el libro sobre Elogio de la Lentitud que en su versión original mereció el título de In Praise of Slow.

Los teólogos también tienen algo que decir. Fragmenta Editorial ha publicado recientemente un libro de José Tolentino sobre la Teología de la Lentitud. Su primer capítulo nos abre al arte de la lentitud pero sin llegar a la teología de la misma: “Pasamos a vivir en un espacio abierto, sin paredes, sin márgenes, sin días diferentes, sin rituales transformadores”.  Tal vez, dice, necesitamos recuperar el arte de la lentitud, “no queremos perder el tiempo; queremos alcanzar las metas lo más rápidamente posible; los procesos nos desgastan, las preguntas nos retrasan, los sentimientos son un puro despilfarro; nos dicen que lo que más importa son los resultados. El ritmo de las actividades se ha tornado despiadadamente inhumano”. En la rapidez se nos escapan los detalles que podrían enriquecer nuestras acciones y pasiones. No nos damos cuenta tampoco de los valores intangibles y pasamos de largo sin contemplar de cerca o de lejos la profundidad de las cosas y de su interacción entre ellas.

Qué puede pensar la teología de todo esto. Qué diría la lógica del proyecto divino a este desenfreno de la excesiva velocidad y competitividad con tantos escapes de felicidad que nos alejan de la consciencia de los pequeños tránsitos de sentido, las variaciones de sabor y sus minucias fascinantes para poder palpar lo íntimo y diverso de la vida misma. Aunque el programador no tiene prisa, nosotros, a través de nuevos métodos y a toda prisa, quitamos el trabajo a los demás robotizando sus rutinas. Muchos ni siquiera tienen la necesidad de dejar de tener prisa, porque no tienen nada que hacer, y al mismo tiempo no tenemos prisa para que tengan la oportunidad de disfrutar de la lentitud a través de un trabajo estable. Les sobra tiempo y no saben qué hacer con él.

La vida nos permite robotizar lo repetitivo, aumentar la productividad, pero no nos preocupa encontrar alternativas a los parados que no necesitan más lentitud sino dinamismo y creatividad. La evolución del cosmos físico y humano es un proceso lento de millones de años, bajo la mirada creativa del Creador del Universo que no nos da las cosas hechas. Asegura las estructuras y el soporte y en ello no hay que forzar nada sino insistir que, con medida,  apoyemos su crecimiento sin excesiva rapidez pero sin excesiva lentitud. El proyecto no quiere que algunos trabajen demasiado rápido para aumentar excesivamente la productividad, y otros trabajan muy poco aumentando en exceso su fatal disponibilidad.

Desearíamos que el proyecto divino fuera más rápido, pero su promotor quiere que a través de la inteligencia, la libertad y la paciencia encontremos y lleguemos donde quiere que lleguemos, a un espacio lleno de posibilidades, para contemplar y gozar de un nuevo cielo y una nueva tierra, sin dejar de disfrutar de una lentitud rica que nos llenará de sentido. En ese reino no cabrán las prisas, sino la satisfacción de tantos deseos acumulados y jamás conseguidos.

Salvador Guasch



lunes, 24 de agosto de 2020

Atraídos por Dios




Comparto  lo que el Señor me ha inspirado esta mañana...

Si el salmista al intuir la Majestad de Dios por la creación se queda atónito y exclama: ¿Que es el hombre para que pienses en él? (Sl 8)

Qué podremos decir nosotros ante lo que dice de nosotros el autor del Salmo 45. 

Partamos los versículos 11 y 22

Escucha hija - el alma - mira y pon atento el oído olvida tu pueblo y la casa paterna- es decir escucha, contempla y átate a  Palabra con tal fuerza que nada de lo que tienes te ate.

Átate por mi Palabra, con mi Evangelio a mí y....el rey, Dios- se prendó de tu belleza. ¡Atentos con la Palabra, el Evangelio guardado- prendido en nuestro corazón, en nuestra alma!

Podemos prender-cautivar al Hijo de Dios- Él se prenderá de ti, de nosotros, y  ¡Atentos a la bomba! Prender en este sentido también tiene la acepción de ¡Seducir! Es decir que seducimos al mismo Dios cuando ve que su Evangelio ya ha llegado a ser !Alma de nuestra alma!

Bendito sea Dios,

P. Antonio Pavía

domingo, 23 de agosto de 2020

Llamados para seguir al Señor



Desde su creación, este blog pretende de una manera especial la necesidad y urgencia de despertar vocaciones al sacerdocio y vida consagrada en este siglo XXI que tanto necesita de Dios- al que se quiere dejar de lado- en la vida pública... y ahora también en la privada.

Creo que estos textos "que no son de la cosecha de nadie" sino que han sido inspirados por Dios son nuestra aportación...¡¡¡SI, TAMBIÉN LA TUYA!!! Por eso ¡¡¡EN NOMBRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO!!! Te animo a que hagas llegar "este material" a toda persona que creáis oportuno, especialmente a esos tan cercanos a tu entorno social, conventual, laboral y de apostolado. 

Le devuelvo la palabra al Beato Manuel Domingo y Sol, a mi entender, el mayor fomentador de las vocaciones eclesiásticas:

"No sabemos si estamos destinados
a ser un río caudaloso,
o si hemos de parecernos
a la gota de rocío que envía Dios
en el desierto a la planta desconocida.
Pero más brillante o más humilde
nuestra vocación es cierta:
No estamos destinados a salvarnos solos"

Bella frase que nos obliga a todos.

La mayoría sí que lo sabemos. No estamos destinados a brillar como una estrella de primera magnitud, pero si a iluminar, aunque sea como una pequeña luciérnaga. Todos debemos ser testigos del Evangelio y animadores de vocaciones sacerdotales y de vida consagrada. La barca de Pedro, para que pueda avanzar con seguridad, necesita numerosas tareas escondidas que, junto con otras más visibles, contribuyen al desarrollo regular de la navegación.

El Papa Francisco da un mensaje sobre las redes sociales y como son un centro de encuentro para la acción pastoral.

Nosotros seguimos adelante, ilusionados por continuar evangelizando, en la era digital, con estos instrumentos  que hacen  humanamente plena la comunicación.

La vocación es una inspiración interior por la que Dios llama a una persona para una misión. Hoy las vocaciones de vida consagrada son el reto de la fuerza de la esperanza, que sostiene la fe.




sábado, 22 de agosto de 2020

Domingo XXI T. O.





Jesús pregunta a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo?

Pedro responde: "Tú eres el Cristo - el Mesías- el Hijo de Dios vivo".

Un judío celoso e intransigente  por la Transcendencia de Dios jamás diría que un "hombre" es Dios, sino se lo inspirase Dios Padre, como el mismo Jesús hizo saber a los doce.

Fijémonos en las últimas palabras de esta confesión de Pedro: Eres el Hijo de Dios vivo.

Los hombres  tenemos esa centella interior, por pequeña que sea, que nos mueve a buscar la Vida, el Fuego que dio origen a nuestra centella. Tenemos también el peligro de orientar nuestro destello  hacia divinidades ficticias, siempre las hubo. Antes se las erigían estatuas, ahora pedestales virtuales en los que entronizamos ideas, planteamientos, proyecciones que hoy son y mañana se cambian por otros, porque quedaron caducos.

Los discípulos de Jesús no somos mejores que nadie pero sí tenemos la sabiduría de buscar   "al Dios vivo", al que, precisamente por estar vivo, abre sus oídos a nuestros lamentos y tristezas (Sl 130). El Dios que está pendiente de tus súplicas (Si 35,17)... En definitiva, el Dios vivo de quien dice el salmista..." hace tanto por mi " (Sl 57,3) Y la buena noticia es que...

"El Dios vivo  salió en nuestra búsqueda" 

¡Hablamos del Señor Jesús!


P. Antonio Pavía


viernes, 21 de agosto de 2020

TU PALABRA


Guardar tu palabra, con la esperanza en la voz escuchada, con el temor de no ver nada pero confiar, apostar y creer.

Creer en el imposible y dejar hacer.

Escoger un espacio en el interior donde cuidarla, elegir un lugar para ti y  esperar, guardarla y esperar.

Sentirse turbado por ella al descubrir que se prenderá en tu alma y que cambiará tu vida.

Guardarla, acariciarla, soñar que se hace verdad: verdad en mi vida.

Perseverar, insistir, como miran los hombres sus campos sembrados al atardecer.

Un día, otro día, dentro, guardada tu Palabra, mi imposible y tu posible.

Y, un día, despertar viéndola crecer en tu vida, cambiándolo todo; tu sentir, tu reír, tu mirar, tu sufrir.

Todo distinto en mí por tu amor, todo cumplido en mí por tu Palabra.

(Olga)

lunes, 17 de agosto de 2020





Solemne Himno a San Agapito


Las campanas repican a gloria

con tañido solemne en tu honor

celebrando la santa victoria

 tú fe en Jesucristo nuestro Redentor.


Santo mártir que diste a los hombres

vivo ejemplo de ardiente fervor,

oye a Rágol que invoca tu nombre

y a tu nombre se acoge, Señor.


Patrón San Agapito

con palma de martirio,

el corazón de lirio

y el alma de azahar,

a ti Patrón bendito

mi devoción renuevo

con este salmo nuevo

que reza mi cantar.


Gloria y honor,

Aleluya,

Santo Patrón


Aleluya.




Oración

Permíteme, San Agapito mártir,

mi salutación más fervorosa,

¡Tú haces la historia de Rágol!

derrama sobre nosotros la fe,

con tu mirada amorosa.


¡Oh! Mártir niño San Agapito.

Que nuestros corazones estén unidos,

glorificándote hasta el infinito,

y perdure para siempre,

a través de siglos y siglos.


Te ofrecemos con devoción

nuestras, tradiciones y alabanzas

de aquellos tiempos pasados

cuando, en acción de gracias,

a Ti, Santo Patrón,

los hombres que de las minas llegaban

la dinamita explosionaban.


¡Oh! Mártir niño San Agapito.

el pueblo entero te implora,

con gratitud y devoción

te suplica a todas horas,

pidiendo tu bendición.

Que así sea,


*Felicidades a quienes llevan este nombre*

Miguel Iborra Viciana

Tres nuevas invocaciones de las Letanías lauretanas



«Mater Misericordiae», «Mater Spei» y «Solacium migrantium», que mientras esperamos una traducción oficial aprobada por la Santa Sede, podemos traducir como «Madre de la Misericordia«, «Madre de la Esperanza«, y «Consuelo de los migrantes» son las tres nuevas invocaciones marianas incluidas recientemente, por voluntad del Papa  Francisco, en la lista de las Letanías lauretanas, que sobre todo decimos al acabar el santo Rosario. Eran hasta ahora 52 invocaciones -desde Sta. María, hasta Reina de la Paz-, y a partir de ahora serán 55 invocaciones, todas de alabanza, de súplica y de ternura para con nuestra Madre del cielo.
Desde la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos se han presentado las tres nuevas invocaciones como «oraciones vinculadas a la actualidad de la vida». Y afirman que «son incontables los títulos e invocaciones que la piedad cristiana, a lo largo de los siglos, ha reservado a la Virgen, camino privilegiado y seguro para el encuentro con Cristo». También se ha especificado el lugar de la lista donde habrá que situarlas: la primera invocación irá tras Mater Ecclesiae, Madre de la Iglesia; la segunda después de Mater divinae gratiae, Madre de la divina gracia; y la tercera después de Refugium peccatorum, Refugio de los pecadores.
Las letanías son una rogativa o súplica que se hace a Dios poniendo por mediador a Jesucristo, e invocando a la Virgen María y los Santos. Son procesionales y se rezan con aclamación y respuesta. Las letanías más antiguas después de las de los Santos son las de la Virgen. Llamadas «lauretanas», por el Santuario de la Santa Casa de Loreto (Italia) que las hizo famosas, fueron aprobadas por el Papa Sixto V en 1587 y luego Clemente VIII las ratificó. Varios Papas han incluido invocaciones a las Letanías. El más reciente fue S. Juan Pablo II que añadió la invocación a la «Madre de la familia».
Las letanías son una forma recomendada de oración a Santa María, con una larga serie de invocaciones dirigidas a la Virgen, que, al sucederse una a otra de manera uniforme, crean un flujo de oración caracterizado por una insistente alabanza-súplica. En el Rito Romano hay dos formularios de letanías: las lauretanas, muy estimadas por los Papas, y las letanías para la coronación de una imagen de la Virgen. Si se quieren tomar en consideración otros formularios antiguos o nuevos será necesario que resulten notables por su solidez estructural y la belleza de sus invocaciones. Por más que desde León XIII concluyan la recitación del Rosario, son un acto de culto por sí mismas y pueden ser rezadas ellas solas, ya que pueden ser el elemento fundamental de un homenaje a la Virgen, un canto procesional, formar parte de una celebración de la Palabra o de otras estructuras cultuales (Cf. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia del año 2002, nº 203).
Las Letanías tienen una fuerte conexión con los momentos de la vida de la Iglesia y la humanidad. En los actuales momentos de pandemia, marcados por razones de incertidumbre y desconcierto, el recurso lleno de afecto y confianza a la Virgen María, y sobre todo cuando lo unimos al rezo del Rosario, será de gran ayuda para el pueblo de Dios, sobre todo cuando invocaremos a la Madre de la misericordia y de la esperanza, que es consuelo y ayuda de los migrantes y consuelo de los afligidos.
+Joan-Enric Vives,
Arzobispo de Urgell