miércoles, 22 de mayo de 2019

Ciudades de hielo



“Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, nos visitará la luz de lo alto – Jesucristo – para iluminar a los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte.”

Lc 1; 78-79

Tienen frío…   
Les han enseñado  veces a llenar sus vidas  y a cubrir sus almas  con cientos de cosas,  pero… tienen frío.

Nadie les ofrece
una alternativa.
Nadie se preocupa
realmente por ellos.

Les venden formatos
de vida feliz.
Les hacen promesas
que nunca se cumplen.
Les hablan de rutas,
de sitios, de espacios
de itinerarios
para conseguir
su felicidad.

Y nada les sirve
porque, en el camino
han abandonado,
sin saberlo ellos
la única ruta:
la del corazón.

Y por eso…
tienen frío.
No te amamos, Padre,  si permanecemos   ausentes  impávidos   ante tanto frío.

No hemos comprendido
la muerte de Cristo
si nos limitamos
a compadecernos
de tanto dolor.

El dolor que sufre
tanta y tanta gente
que vive en ciudades
cubiertas de hielo.

Gente que daría
hoy toda su vida
por salir de allí.

Son los convocados
por Cristo aquel día
en aquel sermón
desde la montaña.

Son los abatidos
porque no encuentran
nadie que les guíe.

Y en su soledad
y en su vejación
levantan sus ojos
y nos interpelan:
¿dónde está tu Dios?
porque tengo frío.

Y los que tenemos
las antorchas llenas,
llenas de tu Luz,
debemos correr,
correr a su encuentro.

No descanses, Padre,
dinos dónde están,
todos esos hombres,
para así, poder
pasarles la antorcha
de tu Luz eterna,
de la única Vida
que viene de Ti.

“En lo excelso y sagrado yo moro, y estoy también con el humillado y abatido de espíritu, para avivar el espíritu de los abatidos, para avivar el ánimo de los humillados.” (Is. 57; 15)

(Olga Alonso)   comunidadmariamadreapostoles.com


lunes, 20 de mayo de 2019

Con María, seguid diciendo “sí” al sueño de Dios






Indecisión, poca generosidad, miedo al riesgo, desconfianza, no al compromiso definitivo… Sería larga la lista que marca el clima dominante poco favorable, en medio del cual se han de tomar decisiones. Por otra parte, existe la cultura vocacional que oxigena el ambiente y favorece en cualquier lugar y circunstancia que la llamada —ese sueño de Dios para cada uno— impregne el corazón y toda la vida del que ha descubierto la palabra que Dios le ha dirigido y le pide respuesta. Ya lo hemos dicho mucho y desde hace años, que la crisis vocacional no está en la llamada sino en la falta de respuesta.
Qué hacer, pues, si tenemos detectado el problema y más que conocidos los diagnósticos? El papa Francisco, dirigiéndose a los jóvenes en el encuentro mundial en Panamá, dijo: «Con María, seguid diciendo sí al sueño que Dios ha sembrado en vosotros». Son muchas las veces que he hablado con los jóvenes del tema vocacional y puedo decir que siempre he constatado la valoración positiva que hacen de los que dan una respuesta afirmativa a la llamada de Dios, pero difícilmente lo aplican a sus aspiraciones y estilos de vida. Es entonces cuando veo claro que el problema es de fondo y toca la raíz de la experiencia cristiana.
Planteémonos esto: ¿Cómo se escucha la llamada? ¿Cómo conocer el sueño de Dios para cada uno? ¿Qué fortaleza personal, y qué virtudes humanas y cristianas son necesarias? ¿Qué adultos están dispuestos a acompañar y discernir? ¿Qué familias y comunidades parroquiales y educativas lo promocionan? ¿Qué estructuras humanas, sociales, familiares y eclesiales deben facilitar a los jóvenes el despertar vocacional y fortalecer su voluntad para decidir con total libertad? ¿Qué clima favorable de comunidad cristiana se le ofrece al joven en medio de un abanico tan amplio de opciones pastorales? ¿Ayudamos a hacer verdaderos procesos de crecimiento cristiano hasta ayudar a tomar decisiones?
«La vocación —dice el papa Francisco— es una invitación a no quedarnos en la orilla con las redes en la mano, sino seguir a Jesús por el camino que ha pensado para nosotros, para nuestra felicidad y para el bien de quienes nos rodean». Me quedó muy grabado lo que dijo un joven en un taller de un “Aplec de l’Esperit”: «Veo que no debo preguntarme tanto lo que yo quiero ser en la vida, sino lo que Dios quiere que yo sea». Quizás esta es la pregunta clave de un planteamiento vocacional cristiano. Al mismo tiempo, llevémoslo a la oración, que es el espacio más idóneo para escuchar y responder.
+ Sebastià Taltavull
Obispo de Mallorca

domingo, 19 de mayo de 2019

Las antiguas compuertas






Es muy significativo que en la sagrada Escritura, cualquier sustantivo viene precedido de un adjetivo calificativo. Meditando el Salmo 22/23 se nos dice:
 “que se alcen las antiguas compuertas”.

Es decir, las compuertas antiguas que no dejaban pasar el Agua viva que es Jesucristo, le sirven al salmista de exclamación para pedirle su venida.

Si Isaías clamaba: 

“… ¡Ay, si rompieras el cielo y descendieses!... (Is 64, 1-3), es ahora el Salmo quien demanda esa venida de Jesucristo. Y no solo las compuertas, sino hasta los portones:

 “…Alzad los dinteles, va a entrar el Rey de la Gloria…”

Si antes teníamos “la puerta estrecha” que nos anunciaba Jesús, - “esforzaos en pasar por la puerta estrecha…” (Mt 7,13)-, es ahora el momento de ampliar esta puerta, como bien nos recordaba el santo Padre san Juan Pablo ll: ¡abrid las puertas a Cristo!

Y es que Jesús es la puerta que nos abre el camino al Padre. *“…Yo Soy la puerta, si alguno entra por Mí, será salvo; entrará y saldrá y tendrá pastos abundantes…”* (Jn 10,9).

Jesús pone un “si” condicional: “…si alguno me ama…”; duda si existirá alguien que le ame; que le ame como Él quiere:
“…Nadie tiene Amor más grande que el que da la vida por sus amigos…” 

Así ama Dios. (Jn 15, 12-17).

Sólo Jesucristo nos amó así. Y dio su Vida por sus amigos y por sus enemigos.

(Tomás Cremades) 
comunidadmariamadreapostoles.com


sábado, 18 de mayo de 2019

V domingo de Pascua





Cuando Jesús llamó a unos hombres como Pedro, Juan, Andrés.. etc para seguirle como discípulos, todos respondieron con prontitud y generosidad; lo dejaron todo, al menos así les pareció a ellos. Admiramos su desprendimiento pero, si nos adentramos en el Evangelio, vemos que dijeron sí a Jesús dejando atrás su mundo exterior, no así el interior, allí donde como dice Pablo reina y manda el hombre viejo (Ef 4,22..).De ahí sus frecuentes y agrias disputas sobre quién de ellos era el mayor, el más importante... Actitudes que iluminan nuestro gran problema, y es que tenemos un cierto dominio sobre nuestro mundo interior, pero no sobre nuestras cloacas internas. Ninguna generosidad acaba con ellas. Jesús sí y oímos que hoy nos dice: "Amaos los unos a los otros como yo os he amado". No nos da una norma, sino que nos abre el Camino de la Vida. Dice esto a los suyos, después de levantarse de la mesa y lavarles los pies haciéndose el último de todos. De esta forma nos mostró que el Evangelio es la Fuerza interior que explota en forma de Gozo y de Vida. Intentar hacerse el último solo por leyes perfeccionistas, suele terminar mal, trae consigo malestar victimita o peor aún vivir de apariencias.

(Antonio Pavía. - Misionero Comboniano) 
comunidadmariamadreapostoles.com

viernes, 17 de mayo de 2019

Al final del camino





Caminamos por la vida, damos pasos buscándote y, en cada paso, hablamos al mundo de ti.

Nuestra búsqueda trae al mundo tu presencia porque nos miran y nos pregunta a dónde vamos.

Nuestros pasos, dirigidos siempre por tu rostro, a veces pasos firmes, otros, vacilantes pero siempre impregnados del deseo de encontrarte.

Caminar, caminar sin descanso y hacer de la vida este camino que deja a nuestro lado brisa de ti, brisa empapada de ti para los hombres que no te conocen.

Encontrarte en el camino y, otras veces, sólo ver sombras de ti pero tener dentro del corazón un fuego que nos impulsa, que no nos permite parar.

Caminar, peregrinar hacia ti, caminar y creer para ser contigo uno…. al final del camino.

(Olga Alonso Pelegrín
@ComunidadMadredelosapostoles)


miércoles, 15 de mayo de 2019

¡Gracias, Pastor bueno!


¡Gracias, Pastor bueno!
Porque en tus hombros recoges
lo bueno y lo mezquino de mi vida;
porque cargas sobre ti
la pobreza de mis intentos
y los fracasos de mis incumplidas palabras;
porque frente a senderos
que me llevan al desconcierto
pusiste ante mis ojos caminos que me enseñan
la alegría y la vida,
la generosidad y la esperanza.
¡Gracias, Pastor bueno!
Porque sigo teniéndote
como amigo que nunca falla,
como el Dios que siempre espera,
como el Señor que me conduce,
en mi inconsciencia habitual,
hacia prados donde nunca es invierno,
hacia fuentes que sacian mi sed,
hacia pastos que tienen germen de cielo.
¡Gracias, Pastor bueno!
Porque llevas mi nombre escrito
en la palma de tu mano.
Ayúdame a descubrir la gratuidad de tu amor,
la entrega generosa, el don de la vida que se regala.
Quiero compartir tu sueño
de construir un mundo justo,
donde haya pan para todos y donde
la libertad ilumine la vida de todo ser humano.
¡Gracias, Pastor bueno!
Porque pasaste haciendo el bien,
viviendo la misericordia en la atención a los enfermos,
la inquietud en la búsqueda de los marginados,
la justicia en la denuncia de las injusticias,
la confianza en la apertura al Dios de la vida,
la delicadeza en la enseñanza a tus discípulos,
el gozo en el anuncio de un Reino para todos.
Dame tu Espíritu, Señor,

martes, 14 de mayo de 2019

Dios, nuestro alimento




                                                               A la luz del Salmo 35.
“…Tú socorres a hombres y animales… Se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias, porque en Ti está la fuente viva y tu Luz nos hace ver la luz…”
Es incalculable la riqueza de la Escritura. Sin duda la Palabra de Dios inspirada en los Salmos, es de tan gran riqueza, que en unos pocos versículos, se esconde, por así decir, toda la grandeza de Dios.
Los hombres que siguen a Dios, que se alimentan de Él con su Palabra, que es el Evangelio, que se nutren, en palabras del Salmo, de Jesús Eucaristía, están expectantes esperando la manifestación gloriosa de los hijos de Dios. (Rm 8, 19-25)
El Evangelio de Jesucristo según san Marcos, en el episodio de “la multiplicación de los panes y los peces”, nos dice: “…Entonces mandó Jesús que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba… Comieron todos y se saciaron…” (Mc 8, 39-43)
Ahí encontraron el alimento que perdura, la Palabra de Dios. Se saciaron, es decir, quedaron llenos de alimento. Cualquiera podría pensar que el alimento que les sació fue el pan y el pescado; y es cierto. Pero, de forma velada, como una palabra escondida, el alimento que les sació fue el Evangelio de Jesús. No en vano dirá Isaías: “…es verdad, tu eres un Dios escondido, el Dios de Israel, Salvador…” (Is 45, 15)
Sólo unos pocos, quizá, se darían cuenta que, detrás del milagro, había algo más. San Agustín nos recuerda que el Señor nos hace descansar en los verdes prados de la Palabra. Y es que el mismo pasaje del Evangelio hace expresa mención al mandato de Jesús: “…mandó que se recostaran, que se acomodaran…”. Es decir: que para escuchar -no para oír-, sino para escuchar, se recostaran como ovejas del Gran Pastor.
Jesús les da a beber del torrente de sus delicias, palabras que ya se indican en el Salmo 110: “…en su camino beberá del torrente, por eso levantará la cabeza…” Él mismo beberá del torrente de la Palabra del Padre, pues como dice Jesucristo a la Samaritana: “…Yo soy el agua viva, y el Agua que yo daré saltará como un torrente a la Vida Eterna…”
Es de tal belleza este versículo del Salmo 35 que su riqueza anega el alma, cuando nos dice: “…tu Luz nos hace ver la luz…”. Jesucristo es la Luz del mundo (Jn 8,12). Y es que toda la Escritura en el Antiguo y Nuevo Testamento, está entrelazada, oculta a los ojos de los ciegos (los que no quieren ver), y esplendorosa para los elegidos de Dios.
Es verdad, eres un Dios escondido, hemos dicho antes. Pero Dios no se esconde, no juega con el hombre. Espera a ser escuchado, “…considerad que la Paciencia de Dios es la garantía de nuestra salvación…” (2 Pe, 3,15)
En pocos versículos Jesucristo nos revela y nos conduce a una Vida en su compañía a través de su Palabra, del Evangelio.
 (Tomás Cremades) 
comunidadmariamadreapostoles.com