miércoles, 14 de julio de 2021

BANALIDADES

 


 La banalidad de un hombre se percibe por sus actos.

 La banalidad se agudiza cuando alcanza a un sector amplio de la sociedad. Fijémonos que nunca como en estos tiempos ha resonado y resuena entre nosotros la palabra solidaridad. Se proclama y vitorea en discursos, manifiestos, mítines, pancartas, infinidad de foros, etc. Me parece más que loable pero mucho me temo, por lo que vemos en la pandemia que tantísima proclamación no sea para bastante gente más que: "una campana que suena" como dijo Pablo acerca de la falsa caridad (1Co 13,1).

 Es bochornoso constatar cómo muchísima gente están poniendo en peligro la vida de los demás, de colectivos como por ejemplo el de los Sanitarios a cambio de algunas horas de diversión. Son demasiados los que están manchando su supuesta solidaridad con sus banalidades.

 P. Antonio Pavía

https://comunidadmariama.blogspot.com/

 

martes, 13 de julio de 2021

LETANÍAS EN HONOR DE SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

 


Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

 

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

 

Dios, Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios, Hijo, redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios, Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Trinidad Santa, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

 

Santa María, ruega por nosotros.

San José, ruega por nosotros.

Glorioso descendiente de David, ruega por nosotros.

Luz de los patriarcas, ruega por nosotros.

Esposo de la Madre de Dios, ruega por nosotros.

Custodio del Redentor, ruega por nosotros.

Custodio casto de la Virgen, ruega por nosotros.

Tú que alimentaste al Hijo de Dios, ruega por nosotros.

Diligente defensor de Cristo, ruega por nosotros.

Servidor de Cristo, ruega por nosotros.

Ministro de la salvación, ruega por nosotros.

Cabeza de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.

José, justísimo, ruega por nosotros.

José, castísimo, ruega por nosotros.

José, prudentísimo, ruega por nosotros.

José, fortísimo, ruega por nosotros.

José, obedientísimo, ruega por nosotros.

José, fidelísimo, ruega por nosotros.

Espejo de paciencia, ruega por nosotros.

Amante de la pobreza, ruega por nosotros.

Modelo de los trabajadores, ruega por nosotros.

Esplendor de la vida doméstica, ruega por nosotros.

Custodio de las vírgenes, ruega por nosotros.

Columna de las familias, ruega por nosotros.

Apoyo en las dificultades, ruega por nosotros.

Consuelo de los que sufren, ruega por nosotros.

Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.

Patrono de los exiliados, ruega por nosotros.

Patrono de los afligidos, ruega por nosotros.

Patrono de los pobres, ruega por nosotros.

Patrono de los moribundos, ruega por nosotros.

Terror de los demonios, ruega por nosotros.

Protector de la santa Iglesia, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.

 

V- Lo nombró administrador de su casa.

R- Señor de todas sus posesiones.

Oremos.

Oh, Dios, que con inefable providencia elegiste a san José como esposo de la santísima Madre de tu Hijo, concédenos que merezcamos tener como intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor, Jesucristo.

R Amén.

(Texto oficial, en español,  de las letanías aprobado por la Conferencia Episcopal Española)

 

Perdonad, pero...

 

Pero nadie desaparece cuando se va de la tierra ¡NO!, y no lo digo porque quede en nuestro recuerdo, éste puede morir, sino porque se va a “la ciudad” prometida, una que tiene 12 puertas de piedras preciosas, árboles frutales y un río en medio de la plaza que sale de Dios (sea o no una alegoría, lo dice Jn en Ap.).     

Cuando nacemos ya estamos de camino a esa ciudad, pero qué difícil es admitir ese viaje final a pesar de verlo cada día, en los “medios”, en nuestras familias, en cementerios desde que el mundo es mundo.      

Si pensáramos que ha volado a Svalbard (allá, al norte del mundo) sería fantástico, porque está tan lejos que no le vuelves a ver. Eso nos pasó con una tía que se marchó lejos y nunca más, pero sabíamos que estaba; pues en estos casos lo mismo, cuando se “van”, están pero en “Svalbard”...

Es que no encuentro otra manera para conseguir algo de consuelo porque es un no parar de llorar.   

- Señor, danos una extra-confianza para sufrir algo menos, es horroroso.

- ¡Qué da igual que os lo diga millones de veces, que sufrís como locos, por favor creedme, están Conmigo!!!   

- Si yaa, pero “se fue” mi madre y... Jopeeeeee, cuatro años seguidos a llorar a la tumba.  

- ¿Ves?, da lo mismo, a ver si cuela eso de “Svalbard” (pero sin fríos) y diles que allí  estoy Yo.

Ojalá seamos capaces de verlo así...   

 Emma Díez Lobo

lunes, 12 de julio de 2021

Carta a los hermanos enfermos

 

Queridos Hermanos: “No temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortalezco, te auxilio, te sostengo con mi diestra victoriosa” (Is 41, 10). La enfermedad es uno de estos momentos donde se prueba nuestra fragilidad y a la vez se muestra la fuerza de Dios que nos sostiene. Es propio de la condición humana esta contingencia de pasar por la fragilidad, por tanto, no es fruto de un envío perverso de Dios. Es bueno que descubramos que en la debilidad está y se manifiesta la «fuerza de Dios» (2 Cor 12, 9). Lo que Dios da verdaderamente es la gracia para llevar con fruto estos momentos de prueba propios de la fragilidad de la naturaleza humana.

Para vivir esta experiencia de la cercanía de Dios, ha querido poner unos medios en los que poder apoyarnos, alimentarnos, experimentar en definitiva la vida de Dios en nosotros. Los sacramentos alimentan nuestra vida cristiana siempre y especialmente en los momentos de enfermedad. Porque en ellos descubrimos la Pascua, el paso de Dios que viene y nos da fuerza para llevar con grandeza de alma y paz los momentos duros de la vida como son los que pasamos en la enfermedad. Esta nos rompe los planes personales, y nos abre de la mano de Dios a otros más fecundos. Los que fecunda la realidad de la cruz en nosotros donde experimentamos el hecho de sufrir con Cristo y por la Iglesia que lleva a la alegría de dar sentido al sufrimiento: «Me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia» (Col 2, 24).

Por esto, os invito a pedir a Dios la gracia de vivir esta realidad que forja la vida humana desde la fe, y la lleva a la plenitud a la que somos llamados. Para entender que, desde Cristo se ilumina el misterio del hombre (GS n. 22), donde entendemos que el sufrimiento llevado y ofrecido por amor en comunión con Él, lleva a la alegría de ver en lo que para el mundo es necedad y escándalo (1 Cor 1, 22-25), la transformación en acontecimiento de gracia de lo que sin Cristo supone una desgracia. Cuántas personas apoyadas en la fe en Cristo Salvador, acuden con sencillez a los sacramentos para llevar con paz estos momentos de enfermedad.

Cómo no agradecer la labor de cuantos facilitan este encuentro con Cristo, que a la vez se hacen portadores de su presencia por su ministerio. Como son los profesionales sanitarios, que al realizar su vocación de servicio al enfermo actualizan la presencia de Cristo, «Buen Samaritano», un servicio al que se une no sólo cuidar los aspectos físicos, psicológicos y sociales, sino también haciendo de cauce para que reciban los auxilios espirituales. De esta forma entender que la atención a los enfermos se realiza en totalidad. Además, hay que valorar la labor generosa de las familias que cuidan y valoran al enfermo como una bendición y el hecho de estar a su lado, como un privilegio y no como una carga. Cuando el enfermo atisba esta actitud del apoyo familiar, su deseo de vivir y luchar se hace patente. Frente a la tentación de valorar la vida como calidad relativa a un parecer emotivo, la familia puede ayudar en gran manera a hacer ver al enfermo su valor más allá de las cualidades que puedan faltar o  del grado de dependencia que pueda tener. El familiar que ama de verdad dice al enfermo: «Me alegro de que existas, porque eres una bendición y no una carga».

Un apartado especial es el de la labor de los sacerdotes, capellanes de hospital, dispuestos a acompañar, alentar, caminar espiritualmente con el enfermo, la familia, los profesionales sanitarios, al pie de la cama las veinticuatro horas del día. Cuando el enfermo o la familia solicitan su asistencia hacen una de las mejores obras de misericordia que será agradecida por el paciente eternamente.

Por todo esto, al escribir esta carta a los enfermos, quiero valorar la riqueza de relaciones humanas, la madurez que lleva consigo el vivir la realidad propia de la naturaleza humana que es la enfermedad. Así como, valorar lo importante que es dejar entrar la luz de la fe para poder darle sentido a todo este momento. Y de esta forma, en medio de un mundo que puede tentar desde la cultura de la muerte y el sin sentido de la vida a infravalorar estos momentos, decir alto y claro que toda vida, toda circunstancia es un momento de gracia.

 

+ Francisco Cerro Chaves

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

 

domingo, 11 de julio de 2021

Llorarás después

 


¿Cómo es esa frase de quien ríe primero llora el último (o algo así)? Pues es lo que me parece que nos va a pasar como riamos demasiado y no recemos lo suficiente.

Me paso la vida censurando, espero que Dios me entienda porque si no... Y ¿Sabéis por qué?, porque también me lo advierto a mí pero como si viviera en otro pueblo... ¡Por Dios!

¿Os acordáis de cómo Jesús reñía? Pues yo igual pero sin un pelo de sabiduría y vigas en el ojo...  

Alguien de la Iglesia me dijo una vez: “Deja a la gente que haga lo que quiera, no eres quien para decirles nada”... Pues aunque lo entendí, parece que se me olvidó.

Tal vez Dios solo me pida que “cuente”; eso es fácil, abres el Evangelio, Lo escribes, dices que hay que moverse en el AMOR y ya... Y ya seguimos igual de “tenientes”...    

Vamos a peor a la velocidad del viento ¡Madre mía, cómo transmitir sin criticar tanto desmadre! “Sin Dios, todo mal es convertido en bien”  (Isaías 5:20).   

- Señor, nos dijiste que Te pidiéramos con fe que nos lo concederías y aquí nos tienes deseando un poco de coherencia en el mundo ¿Lo puedes conceder?

- ¡Ya estamos!!! ¿Es que crees que tu fe es tan grande como para mover “las montañas de la sierra”? 

- ¡Jesús!... Ya podemos esperar... Pero muchos de Dios la han tenido, San Pío de Pietrelcina detuvo en el aire el bombardeo a San Giovanni Rotondo.  

- Tú no eres Pío... Si  no rezas por aumentar tu Fe, llorarás después...

Emma Díez Lobo

 

sábado, 10 de julio de 2021

Domingo XV del Tiempo Ordinario

 

 Jesús cuida a sus enviados

 Jesús envía a sus discípulos a los pueblos de alrededor a predicar el Evangelio. Llama la atención que les dice que prescindan de dinero, comida, alforja, etc. Una interpretación superficial de estas condiciones llevaría a creer que cuantas más renuncias ascéticas mejor; sin embargo bien sabemos que los que se apoyan en estos ascetismos, poco a poco se van acomodando a "la eficacia  del mundo y su gloria". Lo que Jesús les y nos está diciendo es que… ¡Dejemos que sea Él quien nos cuide!  Que si el Padre está pendiente de las aves del cielo y de los lirios del campo… ¡Cuánto más lo estará de nosotros por el hecho de ser discípulos suyos! (Mt 6, 25-32).

 Los que creen que Dios cuida de ellos, cuando predican el Evangelio aparecen ante sus oyentes como veraces, pues éstos se dan cuenta perfectamente de que se fían por completo de Jesús a quien anuncian y al constatar esto comprenden que el Evangelio que les anuncian es fiable para alcanzar la Vida.

 Para tener esta libertad hemos de anunciar… no una Institución, un Movimiento, un Santo… sino a Jesús, a su Santo Evangelio.

 

P. Antonio Pavía

https://comunidadmariama.blogspot.com/

 

 

viernes, 9 de julio de 2021

Romeros seminaristas

 

 Todos los caminos llegan a Roma, se decía en la jerga popular de toda romería, que toma el nombre precisamente de la capital italiana: de Roma, la romería. Y los romeros iban peregrinando hasta las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo. Roma, junto a Jerusalén y Santiago de Compostela, ha sido siempre una de las metas de peregrinación cristiana. Y el viejo continente de Europa, se hizo cristiano peregrinando, como repetía el escritor alemán Wolfgang Goethe. Y romeros hemos sido esta semana un grupo especial de asturianos: hemos peregrinado a Roma los seminaristas del Seminario Metropolitano de Oviedo. Nos han acompañado también algunos sacerdotes que tienen responsabilidad de formación en estos futuros curas que se forman en nuestro Seminario.

Ha sido realmente hermoso contactar con las raíces del cristianismo, con la predicación y martirio de los primeros cristianos, entre los que destacan Pedro y Pablo, y toda esa pléyade de cristianos que dieron su vida como testimonio supremo de su fe, tras haber encontrado a Jesús en su camino cotidiano. Las cuatro Basílicas mayores: San Juan de Letrán, Santa María Mayor, San Pablo extramuros y San Pedro en el Vaticano, nos permitieron releer páginas de ese primer cristianismo y de lo que en torno a esas basílicas se ha ido labrando a través de los siglos. Pero por ser un comienzo martirial, pudimos acercarnos a una de las catacumbas más célebres: la de San Calixto. Realmente conmovedor esa forma sencilla y heroica a la vez con la que aquellos cristianos vivían sus días: en la vida y en la muerte, eran siempre discípulos de Jesús y como tales abrazaban las circunstancias con verdadera pasión y elocuente testimonio.

Sin embargo, no era un viaje nostálgico a aquellos primeros siglos cristianos, sino también una peregrinación al hoy de esta Iglesia que tiene su corazón precisamente en Roma. Por eso tuvimos dos momentos intensos de comunión con quien hoy es el sucesor de Pedro: nuestro Papa Francisco. La Basílica custodia con veneración los restos de otros sucesores del apóstol Pedro, y especialmente son venerados estos últimos que hemos tenido y todos ya canonizados: San Juan XXIII, San Pablo VI, San Juan Pablo II. Pero pudimos celebrar la fiesta de San Pedro y San Pablo junto al Papa Francisco participando en la solemne concelebración en la basílica vaticana. Un regalo que nos permitió renovar nuestra fe en comunión con quien ahora se sienta en la sede de San Pedro.

Por eso, al día siguiente pudimos estar presentes en la Audiencia del miércoles, y escuchar una preciosa catequesis sobre la carta de San Pablo a los Gálatas. Fuimos presentados al Santo Padre: los seminaristas de Oviedo están presentes en la audiencia acompañados por su Arzobispo. Al final de la misma, pude saludar personalmente al Papa asegurándole nuestra comunión y afecto, diciéndole que en Asturias le queremos y rezamos cada día por él. Se interesó por nuestros seminaristas, a los que también pudo saludar.

Con esta impronta de dulce sabor, al día siguiente pudimos rematar la breve peregrinación yendo a Asís. Era casi obligado, teniendo Asturias un Arzobispo franciscano. Y en ese día que transcurrió allí en la ciudad de San Francisco, pudimos celebrar lo que significa el regalo de los santos. Ellos no son un eclipse de Dios, ni un ensordecimiento de su Palabra o una ocultación de su Presencia. Los santos, como San Francisco y Santa Clara, son un verdadero icono viviente de una Belleza intacta y el eco más fielmente secundado de aquella Palabra divina que nos sigue hablando. Sólo el hombre y la mujer se parecen a Dios porque nuestro Creador nos hizo a su semejanza. Nuestra vida a veces transcurre por derroteros banales y torpes, mediocres y cansinos. Los santos nos despiertan para que nuestra vida sea en verdad ese icono y ese eco para el que nacimos.

Días intensos, de romería cristiana y de asomo franciscano. Que el Señor nos permita guardar en el corazón como hizo María, la gracia que en estos días nos ha regalado.

 

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo de Oviedo