viernes, 3 de febrero de 2023

«Unidos contra la violencia y a favor de la convivencia»

 


El pasado miércoles, 25 de enero, un hombre armado atacó dos templos de Algeciras (Cádiz). Asesinó al sacristán de la parroquia de Nuestra Señora de la Palma, Diego Valencia, e hirió a varias personas, entre ellas el encargado de la cercana capilla de San Isidro, el salesiano Antonio Rodríguez Lucena. Al conocer la noticia, aún más execrable porque para justificar el crimen se utilizó sacrílegamente el nombre de Dios, señalé en mi cuenta de Twitter (@cardenalosoro) que estábamos consternados. Unidos a las víctimas y a la Iglesia que peregrina en Cádiz, rezábamos y seguimos rezando «por el fin de la violencia —que destruye la vida y la fraternidad— y para que seamos “artesanos de paz”», en expresión del Papa Francisco.

 La violencia, como subrayó el propio Obispado de Cádiz en una nota, es «contraria a la voluntad de Dios y a la enseñanza de la Iglesia» y «perturba profundamente la vida social». Los creyentes hemos de ser conscientes de que «el culto a Dios sincero y humilde “no lleva a la discriminación, al odio y la violencia, sino al respeto de la sacralidad de la vida, al respeto de la dignidad y la libertad de los demás, y al compromiso amoroso por todos”» (Fratelli tutti, n. 283). Desde ahí, siempre sumaremos esfuerzos a favor de la paz, «del conocimiento recíproco, de la fraternidad humana y de la convivencia común» (cfr. Documento sobre la fraternidad humana).

 

Con la convicción de que «la Iglesia debe ir hacia el diálogo con el mundo en que le toca vivir», prolongando así el diálogo amoroso de Dios (cfr. Ecclesiam suam), este mismo miércoles, 1 de febrero, participé en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en un encuentro de Pacto de Convivencia. Formamos parte de esta plataforma representantes de instituciones colegiales, universitarias, confesiones religiosas —entre ellas, el Arzobispado de Madrid— u ONG que, sin renunciar a nuestra identidad, estamos preocupados por la convivencia en paz, el respeto mutuo, el buen trato y la cohesión social. Al cumplirse una semana del ataque de Algeciras, alzamos la voz para condenar «de manera absoluta y sin paliativos» la violencia; denunciamos la radicalización y los discursos de odio, y remarcamos nuestro compromiso con la dignidad de cada persona y con la convivencia.

 

Me conforta destacar el abrazo y el pésame que recibí en ese encuentro del secretario de la Comisión Islámica de España, Mohamed Ajana. Desde el primer momento, en un comunicado, se mostraron «conmocionados por la abominable acción criminal asesina y desalmada, en el terrible ataque contra religiosos y fieles inocentes, en un espacio sagrado de nuestros hermanos y conciudadanos católicos en Algeciras, perpetrado con total desprecio a la vida humana y a los siervos de Dios», y mostraron su «más rotunda repulsa y condena».

En el acto de Pacto de Convivencia percibí, asimismo, la cercanía y el cariño de la sociedad civil hacia la Iglesia católica en unos momentos tan difíciles, en estos días de conmoción y duelo. Agradecí su aliento y su preocupación por la diócesis gaditana y, muy especialmente, por la familia del sacristán fallecido. Creo que él —que en paz descanse—, con su presencia permanente y muchas veces callada en el templo, es un ejemplo de cómo tenemos que estar los cristianos en el mundo: mirando al Padre y a los hermanos, siempre dispuestos a echar una mano, preocupados por el de al lado.

Que el Dios de la Paz nos ayude a prevenir estos crímenes terribles y que las religiones mostremos que la fe en Él es un firme anclaje en la trascendencia que, lejos de negar nada humano, posibilita la fraternidad.

Con gran afecto, os bendice,

+ Carlos Osoro Sierra

Cardenal arzobispo de Madrid

 

miércoles, 1 de febrero de 2023

Partiendo la Palabra (Sl 16,7-11) Canto de Victoria II

 


Seguimos con el Salmista quien, abriéndonos su corazón, nos confesó que, dada la nulidad de los dioses extraños, había puesto su vida en las manos del Dios Vivo. Nos susurra que Él le instruye internamente, incluso en la noche, partiéndole sus palabras y dándole a beber el Espíritu y la Vida que habita en ellas como nos dice Jesús (Jn 6,63b).

Lucas nos dice que Jesús, al resucitar, abrió la mente de sus discípulos para que pudiesen entender las Escrituras (Lc 24,45).

Por su padre Pablo dice: " Nosotros tenemos la mente de Jesucristo." (1 Co 2,16b) Siguiendo con las confidencias del salmista, nos hace saber que Dios está a su derecha, junto a él, y por eso no vacilara ante las pruebas.

 Recordemos a este respecto la puntualización que hace Marcos, al llamar Jesús a sus discípulos: " Los llamó para que estuvieran con él " (Mc 3,14) El salmista es en sí mismo una imagen profética acerca de los discípulos de Jesús de todos los tiempos.

 Recordemos también lo que les - y nos dijo a todos - antes de subir al Padre: " Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo " (Mt 28,20).

  

 

P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com

 

martes, 31 de enero de 2023

«La cuesta de enero que tanto nos cuesta»

 


Estamos acabando la subida. Me refiero a la cuesta de este enero que terminamos, que según nos adentramos en este primer mes del año, experimentamos los rigores del frío en todos los tiritones que impone el momento que vivimos. Hace semanas que volvimos a guardar en las correspondientes cajitas lo que en estos días navideños ha podido llenar de ilusión y de esperanza la vida cotidiana. En torno al misterio de Dios que se hace hombre y acompaña cada tramo de nuestro sendero, volvimos a brindar con aquellos que queremos, por tantas cosas en unos días entrañables, mientras soñábamos juntos en un nuevo año que comienza que es posible intentar de nuevo tantas cosas fallidas, extrañas o enfrentadas.

Hay que decir que este rito, no es una ficción vacía o una formalidad sin rostro, sino el anhelo que brota de lo más sincero de nuestra alma cristiana: agradecer que aquello que sucedió hace dos mil años entonces, sigue sucediendo ahora entre nosotros, y que la gracia de la navidad no es un mazapán que se consume y caduca sin más, ni tampoco unas luces que se desenchufan, sino que tal gracia nos acompañará en cada momento de estos doce meses que vamos escribiendo. Y por eso brindamos con la más osada y realista ingenuidad al llegar el nuevo año 2023. Ya la fecha nos habla de un hecho acontecido hace ese tiempo y que se ha hecho contemporáneo de cada generación: el Señor que nos propuso el camino que nos conduce a nuestro destino, se ha hecho caminante cercano y discreto para que el viaje sea posible y acompañado por Él.

Al comenzar ese año, quizás vemos en lontananza no pocos retos que, tanto personal como socialmente, nos desafían como ciudadanos creyentes: hay nubes y hay soles, horizontes límpidos y nubarrones, el pasar de los meses y algunas citas electorales, las noticias consabidas y algunas que nos sobresaltarán sin cita previa con sus disgustos y sus traiciones. Por eso, nuestra puesta a punto, nuestro recomienzo tras las navidades, no tiene ese trasfondo triste y cansino como quien vuelve a lo de siempre con una resaca insufrible, sino que, poniendo nombre y acaso fecha a las cuestiones, queremos vivirlas con Dios, para Él y sin hacerlo contra nadie, con toda la responsabilidad que nuestro momento reclama: sin complejos y sin presunciones, con tacto y con libertad, con arrojo y paciencia, con imaginación creativa y con humildes soluciones.

Como siempre, en todo camino que se reemprende, ante todo desafío que nos reta, no somos francotiradores los cristianos como si tuviéramos que inventarnos las cosas, descubrir los mediterráneos, chuparnos el dedo ingenuamente o mirar al otro siempre y solo desde sus peores intenciones. Lo que nos permite ese equilibrio sensato que no es fruto de la equidistancia cobarde y asustadiza es que vivimos las cosas desde Dios, con la Iglesia, y en el mundo en el que nuestros pies surcan su senda cada día. Faltar a uno de estos tres factores dará como consecuencia algún tipo de desequilibrio indeseado, de estéril confrontación o de un desgaste desmedido. Dios, la madre Iglesia y nuestra conciencia que pisa con los pies en la tierra: estos son los referentes para la aventura de nuestro recomienzo.

Es cierto que hay legislaciones recientes que no responden a una demanda social, ni se han aquilatado con un debate que lime sus aristas y equilibre sus dislates, y que tienen que ver más bien con una estrategia ideológica, apresurada en sus plazos y provocativa en sus conquistas. Cuando la vida (toda vida), la familia, la educación, la libertad, la verdad, la convivencia plural… quedan cercenadas y en entredicho, se nos reclama a despertar y aportar también nuestra cosmovisión de las cosas, quizás con un talante de diálogo que nos niegan y con una tolerancia que no claudica ante lo verdadero. Estos meses por delante, tenemos estos retos y desafíos, mientras seguimos subiendo la cuesta de enero en los peldaños de un año que se presenta intenso y complejo.

+ Jesús Sanz Montes

Arzobispo de Oviedo

 

«Donde hay vida consagrada, hay esperanza»

 


Celebrar la Jornada de la Vida Consagrada «pasa, en realidad, por acoger con un corazón dispuesto y confiado la senda que se abre a nuestros pies consagrados cada día de nuestra existencia». Con estas palabras, que son anuncio y testimonio de una vocación –vivida en gratuidad– que exige hacer un alto en el camino para agradecer el don de la vida consagrada, tal y como el Espíritu la va suscitando, los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada desean mostrar un horizonte nuevo «bajo el signo de la esperanza en Jesús Resucitado».

Con Dios, quien hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21, 5), cada mañana nace de un modo distinto. Por eso, caminar, aunque a veces se agoten las fuerzas, supone dejarse sorprender por una esperanza que encuentra su plenitud en la mirada compasiva del Señor. Él no se cansa de hacer camino con nosotros; porque anhela un corazón que no se encierre en sí mismo, porque espera que cultivemos una visión renovada de la vida consagrada.

El lema de este año, Caminando en esperanza (que conecta con el Sínodo 2021-2024), alienta a contemplar el talante y el horizonte» de los que se consagran a Dios para «ser cada día apóstoles del reino, levadura en la masa, semilla en la tierra, sal en el mundo y candelero en lo alto. Caminando –explican, desde la Comisión, en su carta– «es un gerundio que hace referencia a una acción continua y persistente, que no se cansa ni se detiene». En esperanza, indica «un modo muy concreto de llevar adelante dicha acción, a través de esta virtud cristiana necesaria para quien desea vivir en marcha y volcado hacia el futuro que hemos de construir todos los miembros de la Iglesia unidos».

La vida consagrada «es encontrar a Dios en las cosas concretas». Estas palabras, pronunciadas por el Papa Francisco en la Eucaristía con ocasión de la XXIII Jornada Mundial de la Vida Consagrada, recuerdan dónde nace el latido de tantos hombres y mujeres que deciden consagrar su vida al servicio de Dios y de los hermanos: «La vida consagrada no es supervivencia, es vida nueva, es un encuentro vivo con el Señor en su pueblo». Y en esa llamada a la «obediencia fiel de cada día y a las sorpresas inéditas del Espíritu», descubrimos la visión profética que revela lo que de verdad importa: ver a Dios presente en el mundo, aunque muchos no se den cuenta.

El próximo jueves, día en que celebramos la fiesta de la Presentación del Señor, recordamos cómo María y José, fieles a la tradición de su pueblo, entran en el templo con su Hijo a los cuarenta días de su nacimiento. También nosotros, cuarenta días después de la Navidad, somos presentados por nuestra madre, la Iglesia, ante Dios Padre con una sola misión: la de ser todos uno en el Amor (cf. Jn 17, 21).

Y lo hacemos, mirándonos en el espejo de Simeón y Ana en esta Jornada que nos recuerda la necesidad de esperanza que tiene este mundo herido y roto por tanta injusticia, guerra e incomprensión. Siendo apóstoles unidos y viviendo un mismo sentir, para que el mundo llegue a poner su esperanza en Cristo. Pues si Él vino a dar la vida «por los hijos de Dios que estaban dispersos» (Jn 11, 52) y derramó su sangre para congregarnos en torno a la Mesa del altar, ¿cómo no vamos a anhelar juntos el Reino que ya se vislumbra en esta tierra fatigada, hasta que nuestros ojos vean la salvación (cf. Lc 2, 30)?

Lo hacemos de la mano de las personas consagradas que confían sin desfallecer «aun cuando no tienen, como su Maestro, dónde reclinar la cabeza», tal y como rememoran los obispos en su carta. Porque Dios «es su desde, en y hacia dónde». Por eso, caminan en esperanza «aun cuando no llevan bastón ni alforja ni una capa o túnica de sobra», porque los hermanos «son su con quién». Y acompañan el dolor de sus hermanos, el peso de sus lágrimas y la soledad de sus días más cansados «aun cuando no consiguen más que un par de monedas que echar en la ofrenda del templo», porque los empobrecidos «son su para qué».

Queridos miembros de la vida consagrada: la Virgen María, desde esa mirada de eternidad, nos lleva de su mano hasta vuestras vidas para regalarnos el fruto de vuestra entrega. Vuestras miradas, preciado don para el mundo y tesoro impagable de la Iglesia, nos enseñan a ser Pan como ofrenda que se parte y se reparte donde escasean la Fe, la Esperanza y el Amor.

Con gran afecto pido a Dios que os bendiga,

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

 

lunes, 30 de enero de 2023

Partiendo la Palabra (Sl 16,1-6) Canto de Victoria

 


!Protégeme Dios mío que me refugio en ti! (Sl 16, 1...) y este israelita puede suplicar así a Dios porque su corazón está con El y por eso le dice: ¡Tú eres mi bien! La fidelidad de este hombre orante nace de su Sabiduría.; conoce muchos hombres que rezan y dan culto a dioses que no son más que ellos, porque fueron inventados por los hombres. Nuestro amigo siente en sus entrañas deseos y amores que superan lo visible y tangible de este mundo; por eso se remite al Dios Vivo que encuentra en las Escrituras. Es impactante esto que le dice: Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen.

 Los discípulos de Jesús disfrutamos de las sanas alegrías de este mundo, pero no ponemos nuestro corazón ellas pues se empobrecería paulatinamente. Somos unos débiles, pero tenemos la Sabiduría por la que fijamos nuestros ojos en el Tesoro Incorruptible: ¡¡Dios!! (Jn 6,67-68) Así lo expresó el salmista: " Tú eres el lote de mi heredad mí y mi copa; mi suerte - mi mañana - está en tus manos." (Sl 16, 5...) La referencia a la copa es un canto gozoso a su Fiesta sin fin. (Sl 23,5) Ninguna prueba puede impedir que levantemos sin cesar la copa de la salvación, de la victoria, en nuestra intimidad con Dios.  (Sl 116,13).

                         (Continuamos este miércoles)

 

 P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com

 

domingo, 29 de enero de 2023

Si Dios quiere”: algo más que una frase

 


Queridos hermanos y amigos: paz y bien.

Ha sido un comienzo de año que nos ha golpeado con fuerza en donde más nos duele, donde más experimentamos nuestra pequeñez y vulnerabilidad: cuando la hermana muerte se hace mensajera inapelable del Dios de la vida. Primero fue Benedicto XVI, nuestro querido papa sabio y humilde, pero luego se han sucedido en Asturias dos adioses más que han puesto a prueba nuestra fortaleza y esperanza: José Manuel Álvarez (65 años) y Enrique Álvarez Moro (41). El día que enterrábamos al primero fallecido por un cáncer, se mataba el segundo en coche viniendo al entierro. Todo un misterio que nos ha sumido en el dolor a tantas personas que pudimos conocerlos, quererlos y beneficiarnos de su entrega y ministerio con una humanidad llena de entraña y amistad.

Tantas veces damos por descontado nuestro ir de aquí para allá, paseando nuestra prisa y quehaceres, como si nada pudiera modificar lo que teníamos planeado. Comenzamos un nuevo día mirando la agenda de nuestros quehaceres, tantas cosas de esas que a diario llevamos adelante sin caer jamás en la osadía de anotar: a las 14’05 morirme de infarto o estrellarme en el coche. Esa anotación está escrita, pero sólo la conoce Dios que es quien lleva nuestra agenda verdadera que nunca nos comunica y que sólo conocemos cuando llega. Hemos perdido en la práctica eso que el sentido cristiano ha dejado esculpido en nuestro lenguaje cuando nos referimos a lo que haremos esta tarde, o mañana, o dentro de un año: “si Dios quiere”, decimos, sin caer en la cuenta de la verdad que encierra esa expresión tan cristiana. Está indicado que la vida está en manos de Otro, que no la decidimos nosotros, ni nuestros títulos académicos, ni los logros redondos, ni las prisas ansiosas, ni las trampas y pecados. Sólo la decide Dios, con el que no siempre contamos dejándonos llevar por nuestros cálculos y medidas en un trozo de historia, la nuestra, que cabe solamente en lo que rodean nuestros brazos, otea nuestra mirada, recuerda selectivamente el pasado o sueña mirando nuestro incierto mañana.

Ante el Señor no hay recoveco privado donde no tenga Él acceso, ni trampa con la que podamos maquillar nuestra realidad, ni cartón con el que ocultar la vergüenza que nos daña. Y, sin embargo, esto no nos pone ante un Dios huraño, fisgón, que como el gran gendarme esperase nuestro último desliz para multarnos con la eterna condenación. Más bien nos empuja a una confianza filial que permite reconocer nuestra pequeñez, nuestra humilde condición vulnerable y tan fácil presa de nuestros diversos pecados. Pero es esa confianza filial la que nos permite volver a la casa en donde nos espera un Padre que cada día aguarda nuestro regreso para darnos el abrazo de su perdón.

Hemos llorado como se llora un amigo, un hijo, un hermano, que por más que lo miremos no podemos darle el aliento que en él se quedó para siempre frío. Un silencio que nos deja mudos y una ausencia en la que parecemos huérfanos, ante un hecho tan incomprensible humanamente hablando. Pero si tenemos la confianza filial, a pesar de no entender lo que nos ha pasado con la muerte de un ser querido entonces nuestro corazón lleno de lágrimas se abre también a la esperanza que no defrauda ni nos miente.

Hay una santa rebeldía que nos grita en los adentros, esa que se hizo también grito y plegaria en el mismo Jesús cuando llegó el momento redentor en que abrió para siempre el callejón sin salida con el que nos acorrala la muerte. Una rebeldía que se hace rezo, poniendo en nuestra mirada el consuelo de saber que la muerte no es la última palabra que se escuchará sobre nuestra historia. Hay una palabra final que será de luz, de reencuentro, sin separarnos jamás de aquellos que en Dios gozaremos para siempre de su amor y su amistad, que con Cristo resucitado nos dará la eternidad.

El Señor os bendiga y os guarde,

 

Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo de Oviedo

 

sábado, 28 de enero de 2023

Dom.IV T. Ord. (Mt 5,1-12) Cerca de ti Señor

 


 Este domingo tenemos el Evangelio de las Bienaventuranzas, signo de identidad de los Discípulos de Jesús.

 Nos centramos en la primera: Bienaventurados los pobres de espíritu, que es la puerta que da paso a las demás: los mansos, los limpios de corazón, los misericordiosos...etc.   El pobre de espíritu es ante todo un buscador de Dios; quiere vivir ya en este mundo cerca de Él, por lo que tendrá que escoger entre " sus cosas "y" las cosas de Dios". Ejemplo de esta elección son los pastores que escucharon el Anuncio del nacimiento de Jesús: ¡Os ha nacido el Salvador! Estos hombres eran sociológicamente pobres, aun así, tuvieron que escoger entre cuidar sus rebaños, incluso con armas, pues se robaban entre ellos, o ir al encuentro de Jesús confiando en que Dios Padre cuidase sus ovejas.

 Otro ejemplo que vemos en el Evangelio es el de Zaqueo (Lc 19,1...) Zaqueo es rico y respetado socialmente, pero es consciente de que le falta algo. Un día Jesús entra en Jericó. Sale a la calle para encontrarse con El y ve que está abarrotada de gente. Es bajito de estatura, pero como no quiere perder la ocasión decide subirse a un árbol como un chiquillo más. Por ver a Jesús expuso su honra y su dignidad a la burla de toda la ciudad. Jesús le vio, le amó y le dijo: Zaqueo, quiero comer contigo. Pastores y Zaqueo  el mismo sello de los pobres de espíritu.

 

  

P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com