lunes, 13 de mayo de 2019

Canto Espiritual





Si el mundo es ya tan bello, si se mira,
Señor con la paz vuestra en nuestros ojos
¿qué más nos podéis dar en otra vida?

Por eso estoy celoso de los ojos,
por el cuerpo y el rostro que me disteis
Señor y el corazón que siempre late...
Y por eso la muerte temo tanto.
Pues ¿con qué otros sentidos me haréis ver
este azul que se cierne por encima
de las montañas, y este mar inmenso.
y este sol que por todas partes brilla?
Dadme en estos sentidos paz eterna
y no querré otro cielo que este azul
Al que ha ningún momento dijo “¡Párate!”
sino a aquel que la muerte le traía,
no le entiendo, Señor; yo que querría
parar tantos momentos cada día
y eternizarlos en mi corazón...
¿O es que este “eternizar” es ya la muerte?
Pera entonces, la vida, ¿qué sería?
Solo sombra del tiempo que transcurre
y la ilusión del lejos y del cerca,
cuenta de poco, mucho y demasiado
engañadora, porque todo es todo?



¡Lo mismo da! Este mundo, sea
cual sea, tan diverso y extenso y temporal,
esta tierra con todo lo que cría
es mi patria, Señor; ¿ Y no podría
ser también una patria celestial?
Hombre soy y es humana mi medida
de cuanto pueda y crea yo esperar:
si mi fe y mi esperanza aquí se para,
¿me acusaréis de ello más allá?

Más allá veo el cielo y las estrellas
e incluso allí querría yo ser hombre:
Si hicisteis que las cosas sean tan bellas
a mis ojos, e hicisteis para ellas
mis ojos y sentidos corporales
¿por qué cerrarlos dándome otra cómo?
¡Si para mí como éste no hay ninguno!
Ya sé que sois, Señor ¿más dónde estáis?
Cuanto yo veo se os parece en mí...
Dejadme, pues, creer que estáis aquí.
Y cuando llegue la hora tan temida
en que se cierren mis humanos ojos,
abridme otras, Señor que sean más grandes
con los que vuestra faz inmensa vea ¡
Y un mayor nacimiento sea mi muerte!

Joan Maragall


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