viernes, 7 de agosto de 2015

TÚ




Tú luchas contra mis gigantes
Tú defiendes mi causa
Tú allanas mi camino
Tú secas mis lágrimas
Tú limpias mis heridas
Tú despejas mi mirada
Tú inspiras mi vida
Tú confortas mi alma
Tú me enseñas la Vida
Tú construyes mi día
Tú sostienes mi fuerza
Tú soplas en mis mejillas
Tú das vida a mi existencia
Tú emocionas  mi mirada
Tú alumbras lo que yo veo
Tú me descubres el alma
Tú me acercas a los otros
Tú eres mucho más que yo
Tú eres todo ya en mi vida
Yo ya no existo, eres Tú
Quien habita



[Olga Alonso Pelegrin]

jueves, 6 de agosto de 2015

¿Te ahogas?




Señor Tú y el agua parecéis uno. En vuestra unidad  renace el hombre una y mil veces y, no es una frase romántica, es verdad desde que el mundo te conoce: Mar Rojo, desierto de Sin, Bautismo, Agua de tu pecho el día de tu Muerte… Pero también diluvio.   

Sí, un día te enfadaste y cuando te enfadas… ¡A morir por Dios!!! (nunca mejor dicho), no quedó ni uno, bueno sí, unos poquines… Y nunca más Santo Tomás. Pero quien se ahogó en lágrimas de pena y soledad más tarde, fuiste Tú en Jerusalém.

La gran diferencia es que Tú lo hiciste por la humanidad y nosotros sólo lo hacemos por nuestro “clan”. Ya sé que son lágrimas, ahogos y angustias también; lo dice la oración: “Valle de lágrimas” y sí que es real porque vivir sin llorar, no es de humanos; pero no sufrimos por los demás, a lo sumo: ¡Qué barbaridad!, ¿has visto lo que ha pasado?, ¡jué como anda el mundo! Y hala, a dormir la siestorra…  
  
Nos ahogamos con frecuencia por causa del tamaño de nuestra fe ¡Ni se ve!, la tenemos a dieta y así nos va de bien, hundiéndonos hasta en un vaso de agua, que para muchos es piscina y para otros, el Atlántico.  

¡Pues no!!! No debería ser así. Él podría echarte una mano ó cincuenta si nuestra fe no tuviera anorexia y, no te digo si además de eso, Le retamos: “Si existes…” ¡Ya lo fastidiaste! Es lo peor. O crees o no crees, pero no Le pongas nunca a prueba ¡Ni se te ocurra! Porque te ahogarás sí o sí.

Dios existe, Jesús te ayuda y punto pelota, no te líes tanto. Ya sé que es fácil creer cuando no tenemos “sed” y súper difícil cuando la tenemos, pero esto hay que cambiarlo, porque otra cosa no sé, pero arte para sacarte del “boquete” grande o chico, ni lo dudo y si lo dudáramos ¡vuelta a fastidiarlo!

El agua y el fuego son vida para el hombre, pero cuidado, te puedes ahogar y también quemar. Es decir que recemos para no dudar y ni el “agua” nos ahogará (a no ser que hagamos el tonto), ni el “fuego” nos quemará (a no ser a lo bonzo).

Señor dame tu mano cada día: Unas veces para apretártela yo y darte gracias y, otras para que Tú me agarres con fuerza y no me hunda.


No me gusta ni un pelo eso de: “Cuando toques fondo…” ¡Pues vaya un plan más atractivo!, seguro que viene del “mundanal ruido” y de psicólogos pero no de quien se deja caer en los brazos de Dios. 


Emma Díez Lobo

miércoles, 5 de agosto de 2015

Salmo 117. La oración de Jesucristo



Himno de acción de gracias después de la victoria

Comienza el Salmo 117 igual como termina: “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su Misericordia”

Ya la palabra misericordia, nos hace entrar de lleno en las entrañas de Dios. Etimológicamente, su raíz latina nos lleva al corazón (cor, cordis= corazón). Sus entrañas son de Amor con su Corazón reconociendo nuestras miserias, por las que Él ha muerto.

Me llama la atención la estrofa 5: “En el peligro grité al Señor y me escuchó, poniéndome a salvo”. ¿De qué peligro habla el salmista? De los peligros que acechan a todo hombre, de perder la fe, y con ella, la Vida Eterna. Esos son realmente los peligros que nos han de preocupar. Dice el Señor: “…Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehena…” (Mt 10, 28-29).

Continúa el salmista, imagen de todo hombre que se acerca a Dios en la tribulación, y se pregunta; ¿Qué podrá hacerme el hombre?

El salmista, como virgen sabia, se ve en peligro, e inmediatamente invoca al Señor, porque sabe que Él le escucha. “Amo al Señor porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí, el día que lo invoco” (Sal 116). Israel, el pueblo de Dios, es el pueblo de la “escucha”, del oído abierto hacia Dios. No podemos olvidar el Shemá, que en hebreo significa: escucha. “Escucha Israel: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser…” (Dt 6,5).

Continúa viendo cómo le rodean todos los pueblos, cómo avanzan contra él, cómo le cierran el cerco y arden en el fuego como avispas…Y renace en él la fe: “en el nombre del Señor los rechacé”.

Sin embargo, le siguen empujando para derribarlo; “pero el Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación”. Es la misma contestación que recogemos en el libro del Éxodo: “Mi fortaleza y mi  canción  es Yahvé, Él es mi salvación”(Ex 15,2). Los israelitas acaban de pasar el Mar Rojo, con Moisés a la cabeza y dan gracias al Señor por su victoria con este cántico. Y el himno que nos recuerda el Salmo se refiere precisamente a este texto.

“La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa…”, continúa; es la misma Diestra, la Mano poderosa del Padre la que levantó a su Hijo del sepulcro, es la misma mano que sostuvo la mano de Moisés en la lucha contra los amalecitas, que nos recuerda el libro del Éxodo en (Ex 17,13-13), y es la Mano del Padre que nos levantará a nosotros, los que seguimos a Jesús, el día de nuestra llegada a la Casa del Padre. Está profetizado en el libro de Ezequiel; Leemos:”…Voy a abrir vuestras tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo, al suelo de Israel. Sabréis que Yo Soy Yahvé cuando abra vuestras tumbas y os haga salir de vuestras tumbas, pueblo mío. Infundiré mi Espíritu en vosotros, y viviréis…” (Ez37, 12-14)

Continuando con el Salmo, vemos profetizada la figura de Jesucristo; “…esta es la puerta del Señor, los vencedores entrarán por ella” .Efectivamente, Jesucristo es la puerta por donde se entra a la Vida Eterna. Él mismo lo dice:” Yo Soy la puerta, si uno entra por Mí, estará a salvo; entrará y saldrá…” (Jn 10,9).

Más adelante, ya terminando el Salmo, aparece una frase que dice: “la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”. En arquitectura, la “piedra angular” es un macizo de piedra firme que soporte en ángulo dos partes de un muro, de forma que sostiene toda la base del edificio, de suerte que, si ésta cae, se derrumba todo el edificio. ¿Necesitamos explicación? El ejemplo habla por sí solo. Jesús es la Piedra Angular de nuestra fe, que se cimenta en la Palabra y la Eucaristía, y que se alimenta de ellas y de los Sacramentos. Si esta Piedra la obviamos, si no construye nuestra casa, nuestra alma, nuestra vida, todo el edificio espiritual de nuestra vida se derrumbará.”

“Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles, si Yahvé no vigila la ciudad, en vano vigilan los centinelas” (Sal 126)

Construyamos, pues, nuestra casa, sobre el cimiento de la PIEDRA ANGULAR Jesucristo, nuestro Dios, el Único Dios que nos salva

Alabado sea Jesucristo



Tomas Cremades Moreno

martes, 4 de agosto de 2015

Desigualdad



Es un hecho que la desigualdad en el mundo va en aumento. Para el año que viene, el 1% de la población más rica podría acaparar tanta riqueza como el resto de la población mundial. Es decir, 70 millones de personas frente a 7.000 millones.

Intermón Oxfam, en su último informe “Riqueza: tenerlo todo y querer más” afirma lo siguiente: “en un mundo en el que una de cada nueve personas carece de alimentos suficientes para comer y más de mil millones de personas aún viven con menos de 1,25  dólares al día, la desigualdad ya no es un tema que perjudique solo a los más pobres, sino que está dañando el crecimiento económico de toda la sociedad”.

El VII informe sobre exclusión y desarrollo oficial en España, realizado conjuntamente por la Fundación Foessa y Cáritas pone de manifiesto como la población española considerada “en situación de integridad social plena es ya una estricta minoría y en la actualidad representa tan solo  el 34,3 %, mientras que en 2007 superaba el 50%. Esto significa que la población excluida en España asciende ya al 25% y afecta a más de 11.746.000 personas. De ellas, 5 millones se encuentran en exclusión severa”.

¿Por qué está sucediendo esto?

Porque el consenso social que hacia posible la estructura del bienestar se ha roto y hoy ya no hay un concepto compartido de lo que es el bien común.

“Fundamentalmente- dice el informe-, ha sido debido a lo que se puede denominar la “secesión moral de los ricos”, bajo el supuesto de que no deben nada a la sociedad, que cada uno tiene lo que cada uno se ha ganado; y esto está polarizando la sociedad a limites cada vez más extremos”.

¡Qué contraste entre esta realidad y la utopía cristiana del Reino”. El Papa Francisco lo expresa con palabras claras y contundentes: “Así como el mandamiento de “no matar” pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir  “no a una economía de la exclusión y la inequidad”. Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y  que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad.

Hemos dado inicio a la cultura del “descarte”  que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo; con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera”

Javier García


lunes, 3 de agosto de 2015

Agua mansa




Señor:
Lo mismo que esa tormenta
que con gran fuerza descarga,
y va arrasando los campos
la maleza y la hojarasca.

Lo mismo que ese torrente
que con ímpetu se lanza,
y hasta las rocas más fuertes
ante su empuje se arrancan.

Lo mismo Señor lo mismo
suele visitar mi alma,
y una vez limpia te quedas
en ella, como agua mansa.

Filo Lara Velasco


domingo, 2 de agosto de 2015

Las 3 de la tarde



Hoy te levantas como cada día, te persignas, rezas o haces oraciones especiales (laudes); terminas, desayunas y te vas a trabajar diciendo: “Dios, ya he orado, bendíceme en este día”, y empiezas tu jornada… Sí, has hecho todo, pero…

Vamos a ver, o yo no me entero, o veo cosas raras, o soy más cómoda que mi sofá con respecto a las “normas”. Esperad, me explico:

Yo me levanto, voy al baño, tomo mi café… Pero desde que abro los ojos, ya estoy pensando en Él. Sí, se me pasa rezar, tampoco me pongo de rodillas (como que no me sale), pero está en mi cabeza en cada momento de mi jornada: Aparece (jopé, no literal) de golpe, me avisa, me recrimina, me regaña, me me me…  Pero toma café conmigo y me recuerda en cada movimiento, que habría hecho Él en mi lugar. Somos como inseparables, hasta se viene a la piscina conmigo ¡Claro con estos calores!  

Mis rezos son a salto de mata, sin  orden ni concierto: En el super, bus, caminando, con un amigo… Y cuando compro tabaco se pone enfermo ¡no podéis imaginaros como me pica la conciencia!, y le digo: “Si es queeeeee” (me tiene por imposible). Pero voy a deciros algo que creo es muy importante:
 
Hay una hora especial en el día: Las 3 DE LA TARDE (no para comer), donde el  Calvario de Dios, su Dolor y su Muerte ha de venir a nuestro corazón, por Él y por nosotros especialmente. Yo lo hago y comienzo un rosario que dice… “Por tu dolorosa Pasión ten misericordia de nosotros y del mundo entero” y así cada día de mi nueva vida con Él.

Este rosario es “el momento crucial de su existencia en la tierra” y no podemos olvidarlo. Lo recibe María, Jesús, las almas del “purga” -como rocío de calma a sus padecimientos- y en compensación ellos rezan por nos. Conmigo lo hacen y no es que me caigan peticiones ¡no no!, es mucho mejor: Una y mil sonrisas y, de parte de Dios obtengo la fuerza para el camino con conocimiento de mis actos.   

Los textos Bíblicos me gustan, el Evangelio me apasiona pero no soy “convencional” ni estricta como los que hacen vísperas, nonas, sextas… Uffff qué lío. Yo soy del “barrio”, vulgarina, pero sé que Él está conmigo por la cantidad de regañinas… ¡No para!!! 

Yo no digo que no seáis convencionales, ni mucho menos, pero sí deciros que por favor a las 3 de la tarde le recordéis y cuando le veáis sufrir en vuestra mente, recapacitad, os aseguro que todo su Evangelio os viene a la cabeza… (Aunque no hagáis las “nonas”).

Dios a Ti y por Ti, cuando salí de mi habitación sólo quería escribir con tu presencia en mi corazón y mi vaso de café. Pero de vez en cuando hazme una señal, no sea que el demonio se persone y me equivoque, te lo pido muy en serio ¡Por favor!!! Por los que me puedan leer y por mí.


¡Anda vente conmigo que tenemos que pasar la aspiradora…! Sólo un ratiiiiiiiito.  

Emma Díez Lobo

sábado, 1 de agosto de 2015

Vengo de días intensos



y, llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: 
"Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido."
 Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo 
por un solo pecador que se convierta que por noventa 
y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.

Lc 15,6-7


Vengo de días intensos
Vengo de estar contigo
Vengo de escucharte y tenerte
Vengo de tener mi vida en tus manos


Cierro los ojos y recuerdo mi angustia
Ahora todo está impregnado de tu Amor
Siento todavía tus abrazos en mi alma
y no sé cómo darte gracias


Me parece insignificante todo lo que puedo ofrecerte
Y siento que nada es ya como antes
Quiero sujetar esta plenitud en mi alma
y dormir en ti


¿Por que si  nos hiciste tuyos
escapamos  de Ti cuando creemos que  no te necesitamos?
¿Cómo es posible que nuestro corazón olvide tanta misericordia, tanto amor, tanta plenitud?
Quizás tu quisiste que fuera así para que no nos cansemos de tu amor
Tu que buscas desesperadamente que nuestros rostros se vuelvan hacia ti


Cuanta espera, Padre, ¡cuanta paciencia!
¿Qué hemos hecho para que nos ames tanto?

Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo,
y yo seré vuestro Dios.
Ez 36,27-28


Olga Alonso Pelegrin