sábado, 26 de marzo de 2016

Calvario


                                                                                                       
Perdonad pero no hablo de Aquél día en la Vía Dolorosa, sino de hoy… Es de traca lo que aún padece el pobre Jesús. ¿Calvario?, martirio constante diría yo, y mirad que no es por Él sino por la pena infinita que siente por nosotros. No entiendo nuestra actitud. 

Todos los días (no se salva ni uno) andamos, o protestando, mascullando, criticando, juzgando, reprochando, murmurando… ¡Un cuadro! (Que jamás nos enseñó Jesús).

¿Pero es que no podemos ser “normales” un ratito? Pues va a ser que… difícil. Y esto no es lo malo, lo malo es que lo vemos tan “natural” como cocinar lentejas. Pero hemos de saber que la reiteración constante de pecados veniales, alejan de la caridad, de la humildad  y de la Gracia de Dios, quedando a merced del pecado mortal. 

¿Católicos, Apostólicos y Romanos?, ya, y astronautas… Es queeee… pufff, “ni combate interior ni flores”, es tan habitual que… ¡Tela!

Pablo asesinaba, era su guerra contra la fe y se transformó de cuajo. ¿Cuál es nuestra guerra?: La vida diaria, pero con tanta lentejaaaaaa… Pues, peores que Pablo.   

Solución a la desfachatez:

Contar hasta 100, mirar la parte buena, cambiar de “tema”, no quejarse (si nos duele el riñón, sí), no ser cacatúas y pensar lo que Jesús hacía: Hablaba de frente y para bien, sufría en silencio, no condenaba y no era cotilla (y muchas más cosas).

¡Venga!, empecemos hoy o sigamos en el intento y renovemos “nuestra casa”. Es grande sentirse Cristiano y Católico, las Gracias son innumerables: Yo os prometo, haber disfrutado de ellas.

Ganemos el combate de las “dichosas lentejas” ¡por Dios!, estamos en Semana Santa.                                                                                                                  

Emma Díez Lobo

viernes, 25 de marzo de 2016

No os puedo entender





¿Cómo, sabiendo que vuestros Sumos Sacerdotes os mintieron con respecto a la Resurrección de Cristo, seguís vosotros tan maña y amañada mentira?

No os puedo entender, tampoco respetar la falsedad heredada por siglos y conveniencia  del Sanedrín. ¿Por qué lo aceptáis hasta hoy? Por vuestra actitud, Jesús dijo: “Nadie es profeta en su tierra”… Y esa era su tierra y vosotros, los que anduvisteis con Él. ¡Recapacitad judíos del mundo!  

No deis la espalda a la profecía cumplida de El Mesías, pues sabéis que el Sanedrín compró el silencio de la guardia romana que custodiaba su Tumba. Leed al Hijo de Dios o escuchadle y corregiréis el camino con su Gracia.
   
Se nublaron los cielos a las 3 de la tarde, sufristeis terremotos, se rasgó el velo del templo, los muertos salieron de sus tumbas y en 3 días se levantó el Templo de un Nuevo Espíritu. No lo ocultéis de generación en generación… 

El Antiguo Testamento consumado, no ha cambiado… Sí, Jesús vendrá, pero no como El Mesías, sino como el Hijo del Hombre a juzgar a vivos y muertos: Unos a la derecha y otros a su izquierda ¿A qué lado de Jesús queréis estar?  
  
A los Ortodoxos les diría que Jesús puso a Pedro como Autoridad de su Iglesia ¿Porqué creer unos pasajes sí y otros no? Tampoco les entiendo. En los apóstoles recayó el Espíritu Santo y por tanto, Pedro, sus sucesores y Concilios son obras de los Consagrados por Dios. 
   
A los Protestantes les digo que recuerden que tanto Martín Lutero como Enrique VIII, eran católicos, obedientes al Papa. Pero uno, porque no aprobaba lo que vio en Roma y el otro, por capricho personal de casarse con otra mujer ¿Continuáis en la desobediencia a “Pedro” como representante de Dios? No soy capaz de comprender vuestra fidelidad al hombre y no a Jesús: “Yo y lo que me viene en gana, porque lo que veo no me gusta, lo cambio y monto otra iglesia con nuevo líder”. ¿? 

A los musulmanes… ¿Un profeta de Dios guerrero y asesino que ordena matar en su Nombre? ¿Dónde la bondad, la misericordia y la paz de ese dios? No hay comentarios.  

El único perfecto en la Iglesia Católica es Jesús y, Pedro no tuvo ninguna culpa de lo que después sucediera. Expandir el Evangelio es la labor de “Roma” (mandamiento de Jesús a sus apóstoles), Y si así no se hiciera por algunos, ante Dios responderán de sí mismos, de sus actos  y de las almas “frágiles” que apartaron… 
  

Sólo quiero haceros pensar un momento en esta Semana Santa.

 Emma Díez Lobo


Vigilia Pascual


 cristo ha resucitado y nosotros con él

La Vigilia es la gran celebración de la resurrección de Jesús y de nuestra participación en ella por el bautismo. Dada la riqueza de contenido y la duración de la misma, parece que  lo más adecuado es una breve evocación de lo que significa la resurrección de Jesús, objeto de enseñanza durante toda la Cuaresma, sirviéndose para ello de breves moniciones antes de cada rito y lectura, y unas palabras que preparen a la renovación del bautismo, con el que iniciamos nuestra participación en la resurrección de Jesús.

La celebración comienza con la proclamación de la resurrección bajo el símbolo de la luz. La luz evoca una naturaleza especial, casi espiritual: es trasparente, no se puede tocar, ilumina, da calor. Luz es iluminación y vida. Con este símbolo Dios se presentó a Moisés sobre la zarza que no se consumía. La columna de fuego encabezaba la caravana del pueblo israelita por el desierto camino de la Tierra prometida. Ahora es símbolo de Cristo resucitado, que ha hecho partícipe a la humanidad de nueva vida divina y guía a su Iglesia hacia la Patria.

La Vigilia está estructuraba básicamente sobre la tradición judía de las cuatro noches, en que Dios actuó para transformar la tiniebla en luz, la angustia en salvación, la esclavitud en liberación. La primera es la noche de la creación en que Dios comenzó creando la luz y es un anuncio de la nueva creación por Cristo resucitado, verdadera luz del mundo. La segunda es la noche de la angustia de Abraham, dispuesto a ofrecer su hijo único, creyendo, sin ser consciente de ello, que Dios podría resucitar a su hijo; Dios lo perdonó, devolviendo la alegría a su padre y prometiéndole hacerlo padre de un gran pueblo. Por ello es un anuncio del sacrificio de Cristo, “al que no perdonó” el Padre (Rom 8,31), pero lo resucitó e hizo primogénito de los muertos y cabeza de un gran pueblo. La tercera es la noche del paso del Mar Rojo, en que el pueblo judío, indefenso y en peligro entre el ejército del faraón y el mar que le cerraba el paso, fue liberado por Dios, pasando así de la esclavitud a la libertad; fue un anuncio del paso liberador de Jesús de este mundo al Padre (Jn 13,1) y de nuestra participación en el mismo por el bautismo. Finalmente la cuarta noche es la noche del Mesías, en que vendrá del cielo para instaurar el Reino de Dios. Anuncio de la noche de la pasión y sepultura de Jesús, que Dios transformó en plenitud de vida, resucitando a Jesús y sentándolo a su derecha, a él y a toda la humanidad con la que se solidarizó y representaba, e instaurando así su reino.

Toda esta larga liturgia de la palabra culminará con la renovación de las promesas bautismales. Primero se recuerda en la lectura de Romanos 6 lo que ha significa el bautismo que hemos recibido. Después se invita a renovar conscientemente todo lo que implica una vida de bautizados en la que hay que actualizar cada día la muerte y resurrección de Jesús, haciendo realidad nuestra fe en Dios Padre, en el Señor resucitado, en el Espíritu Santo y en la Iglesia, y, por otra parte, renunciando a Satanás y al mundo del pecado.

Finalmente en la liturgia sacrificial agradecemos al Padre la entrega de su Hijo y la vida nueva que nos ha dado por medio de él y unimos nuestra vida a la de Cristo como ofrenda viviente al Padre.


Rvdo. D. Antonio Rodríguez Carmona

jueves, 24 de marzo de 2016

Viernes Santo

      

   valorar la pasión de jesús y compadecerlo en sus miembros

La celebración de hoy es larga, por lo que el comentario homilético debe ser breve, pero rico y sugerente, poniendo de relieve tres aspectos.

1.                  Valorar y agradecer la pasión histórica de Jesús, que revela su amor (nos amó y se entregó por nosotros: Ef 5,2) y el amor del Padre que nos lo entrega (amó Dios tanto al mundo que entregó su Hijo unigénito: Jn 3,16). La 1ª lectura, el 4º poema del Siervo de Yahvé, presenta a Jesús como cordero inocente, representante de la humanidad, en cuyo favor sufre y muere. En la segunda lectura en su 2ª parte (v 7-9) Jesús aparece pidiendo al Padre superar todo tipo de muerte y gozar de la plenitud de la vida y lo consigue para él y para nosotros.   Por su parte, el Evangelio, la pasión según san Juan, ofrece el relato más sublimado de la pasión de Jesús, en el que la presenta como el camino regio de un rey hacia su trono. Jesús aparece consciente, libre y dueño de su destino y de los acontecimientos: cuando lo van a detener se revela como Yo soy (nombre divino), da permiso para que lo detengan y ordena que dejen en libertad a sus discípulos. En la escena ante Anás se comporta con plena dignidad y libertad. En el diálogo con Pilatos no se sabe quién es el juez y quién el reo, pues Jesús está en el centro de la escena junto a Pilato. Estos diálogos culminan en dos grandes revelaciones: he aquí el hombre, es decir, hasta donde es capaz de llegar el Hijo de Dios encarnado por amor a los hombres, y he aquí vuestro rey, es decir, Jesús es verdaderamente rey pero en su total entrega y humillación. En la cruz Jesús aparece con su título de rey de los judíos en todas las lenguas conocidas, presentándose así a todo el mundo; hasta el último momento vive cuidadoso de cumplir la voluntad del Padre hasta en los últimos detalles. Y finalmente, a la hora de morir, lo hace libremente: Juan lo subraya escribiendo e inclinando la cabeza, entregó el espíritu; normalmente un moribundo muere y después, como consecuencia, inclina la cabeza, pero aquí es al revés: Jesús muere libremente y nos entrega su espíritu.
    
2.                  Compartir la cruz gloriosa de Jesús.

Toda la celebración trata de convencernos que ser cristiano implica compartir en la vida diaria su pasión y muerte. El dolor está presente en la vida cristiana, el dolor físico igual que en todos los miembros de la humanidad, y el dolor específico de vivir el discipulado en lucha constante contra “nuestra carne” y contra la oposición del mundo no cristiano. Pero la cruz de Jesús, que hay que compartir, es gloriosa y camino de compartir la resurrección de Jesús. La 2ª lectura invita a confiar en su ayuda, pues el Señor resucitado nos comprende, ya que, aunque no puede sufrir, tiene la experiencia de lo que es una existencia humana amando y sirviendo a los demás. Por ello es el Sumo Sacerdote misericordioso y comprensivo.

3.                  Cristo sigue sufriendo en sus miembros.

 Jesús ahora no sufre y por ello no tiene sentido una reacción puramente sentimentalista, pero sufre en sus miembros. Por eso celebrar su pasión se tiene que concretar en la compasión de todo sufrimiento humano: las personas que sufren por enfermedad, los que sufren perseguidos por su fe y por el servicio a la justicia. Esto es tan importante que el mismo Jesús  ha dejado como materia del juicio final el problema del hambre en el mundo, el de la falta de agua, el de los inmigrantes y sin papeles… (Mt 25,31-46).


Rvdo. D. Antonio Rodríguez Carmona

Meditación sobre el Viernes Santo: la heroica lección de amor



Lo había dado todo: una vida al lado de María, en medio de las incomodidades y en la obediencia. Tres años de predicación revelando la Verdad, dando testimonio del Padre, prometiendo el Espíritu Santo y haciendo toda clase de milagros de amor.

        Tres horas en la cruz, desde la cual perdona a los verdugos, abre el Paraíso al ladrón, nos da a su Madre y, finalmente, su Cuerpo y su Sangre después de habérnoslos dado místicamente, en la Eucaristía. Le quedaba la divinidad.

        Su unión con el Padre, la dulcísima e inefable unión con Él, que lo había hecho tan potente en la tierra, como Hijo de Dios, y aún en la cruz mostraba su realeza, este sentimiento de la presencia de Dios, debía ir desapareciendo en el fondo de su alma, hasta no sentirlo más; separarlo de algún modo de Aquel del que dijo que era una sola cosa con Él: "El Padre y yo somos una sola cosa" (Jn 10, 30). En Él, el amor estaba anulado, la luz apagada; la sabiduría callaba.

        Se hacía nada, entonces, para hacernos partícipes del Todo; gusano de la tierra (Salmo 22, 7), para hacernos hijos de Dios. Estábamos separados del Padre. Era necesario o que el Hijo, en el que todos nos encontrábamos, probara la separación del Padre. Tenía que experimentar el abandono de Dios para que nosotros nunca más nos sintiéramos abandonados. Él había enseñado que nadie tiene mayor caridad de quien da la vida por los amigos. Él, la Vida, daba todo de sí. Era el punto culminante, la expresión más bella del amor.

Su rostro está detrás de todos los aspectos dolorosos de la vida; cada uno de ellos es Él. Sí, porque Jesús que grita el abandono es la figura del mudo: ya no sabe hablar. Es la figura del ciego: no ve; del sordo: no oye. Es el cansado que se queja. Roza la desesperación.
Es el hambriento de unión con Dios. Es la figura del desilusionado, del traicionado, parece haber fracasado. Es miedoso, tímido, desorientado.

        Jesús abandonado es la tiniebla, la melancolía, el contraste, la figura de todo lo que es raro, indefinible, que parece monstruoso, porque es un Dios que pide ayuda. Es el solitario, el desamparado. Parece inútil, un descartado, trastornado. Lo podemos ver en cada hermano que sufre. Acercándonos a los que se parecen a Él, podemos hablarles de Jesús abandonado.

        A los que se descubren semejantes a Él y aceptan compartir su suerte, Él se convierte, para el mudo, la palabra; para quien no sabe, la respuesta; para el ciego, la luz; para el sordo, la voz; para el cansado, el descanso; para el desesperado, la esperanza; para el separado, la unidad; para el inquieto, la paz. Con Él, las personas se transforman y lo absurdo del dolor adquiere sentido.

        Él había gritado el por qué, al que nadie había dado respuesta, para que tuviéramos la respuesta a cada porqué.

        El problema de la vida humana es el dolor. Cualquier tipo de dolor, por más terrible que sea, sabemos que Jesús lo ha hecho suyo y transforma, por una alquimia divina, el dolor en amor.

        Por experiencia puedo decir que apenas nos alegramos de un dolor, para ser como Él y luego seguimos amando haciendo la voluntad de Dios, el dolor, si es espiritual desaparece, y si es físico se convierte en yugo suave.

        Nuestro amor puro en contacto con el dolor, lo transforma en amor; en cierto modo lo diviniza, casi continuando en nosotros --si así podemos decir-- la divinización que Jesús hizo del dolor.

        Y después de cada encuentro con Jesús abandonado, amado, encuentro a Dios de un modo nuevo, más cara a cara, más evidente, en una unidad más plena.

        La luz y la alegría vuelven y, con la alegría, la paz que es fruto del Espíritu.

        La luz, la alegría,! la paz que nacen del dolor amado impactan y conquistan a las personas más difíciles. Clavados en la cruz se es madre y padre de almas. La máxima fecundidad es el efecto.

        Como escribe Olivier Clément «el abismo, que por un instante abrió aquel grito, se ve colmado por el gran soplo de la resurrección».

        Se anula cualquier tipo de desunión, la separación y las rupturas son sanadas, resplandece la fraternidad universal, da lugar a milagros de resurrección, nace una nueva primavera en la Iglesia y en la humanidad.


Chiara Lubich

miércoles, 23 de marzo de 2016

Jueves Santo



la eucaristía, misterio de amor y de unidad

La primera lectura ofrece un telón de fondo a la Eucaristía: es el memorial de la Pascua. El memorial es una creación del AT que sólo es posible por el poder de Dios: se trata de recordar un acontecimiento del pasado y a la vez hacerlo presente para aprovecharse de sus virtualidades. De esta forma todas las generaciones pueden participar de las grandes intervenciones de Dios en favor de su pueblo. Ahora en Pascua se trata de actualizar la acción liberadora de Dios, el paso de la esclavitud a la libertad y la creación del pueblo de Dios. Es una fiesta de liberación y solidaridad. Jesús celebró este memorial y le dio un sentido nuevo, de cumplimiento: ha llegado la hora de pasar de este mundo al Padre (Evangelio) por su muerte y resurrección. Este es el verdadero paso que libera y salva al pueblo. Jesús quiso dejar un signo sacramental de esta realidad en la Eucaristía. Los evangelios sinópticos y 1 Corintios (2 lectura) narran en este contexto la institución de la Eucaristía y el mandato de celebrarla como verdadero memorial que sustituye al antiguo y lleva a su perfección la solidaridad y liberación que significaba. En su lugar san Juan (Evangelio) narra el lavatorio de los pies y el mandato de repetirlo. Para Juan ambas realidades son equivalentes. La Eucaristía es presencia de la muerte y resurrección de Jesús y equivale al  lavatorio de pies, tarea de esclavos, que Jesús realiza en favor nuestro. Por eso celebrar el memorial de la Eucaristía implica en la vida de cada día unirse a Jesús que muere y resucita y esto se tiene que traducir en el amor fraternal o lavatorio mutuo de pies.

Realmente en la Eucaristía está sacramentalmente presente Jesús en acto de amar, es decir, entregándose totalmente por nosotros al Padre y uniéndonos de esta forma en él. Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo. Esto significa que participar la Eucaristía es unirse a este dinamismo de amor y de unidad, remedio que nos ayuda a combatir y neutralizar las tendencias negativas existentes en nosotros y alimento que ayuda a crecer en amor y unidad.

Hoy invita la Iglesia a la adoración de la Eucaristía, que sólo tiene sentido como prolongación de lo que hacemos en la celebración de la misma: ponerse en presencia de Jesús que se entrega al Padre y a nosotros y unirnos a él con nuestra vida concreta adorando al Padre, dando gracias y pidiendo por nosotros y los demás.

Hoy también recuerda la Iglesia el sacerdocio ministerial, instituido por Jesús al servicio de la Eucaristía, que es su tarea fundamental, pues toda su actividad se reduce a anunciar la palabra de Dios al pueblo para que se una al sacrificio de Cristo, celebrar el memorial del sacrificio, uniéndose a él junto con el pueblo,  y ayudar a éste en la vivencia diaria de este sacrificio.


Rvdo. D. Antonio Rodríguez Carmona

lunes, 21 de marzo de 2016

Stabat Mater Dolorosa


                                                           

Estaba la Madre sufriendo y yo que soy madre, no puedo imaginarme su dolor. No es ni será la única madre del mundo a quien torturan un hijo hasta la muerte. ¡Hagamos el máximo daño!, así es la maldad humana.

Una Muerte de odio de un inocente es cuanto menos incomprensible para la mente; pero Ella aceptaba sin quejarse a Dios, orando por su Hijo, sin rezar para evitarlo… Calvario “eterno” de horas y horas… ¡Tremenda humildad! Desde que nació Jesús, todo lo guardaba dentro de sí, callada, silenciosa, esperando sin comprender que una espada le atravesara el corazón.  

Madres de sacerdotes y religiosas de ayer y de hoy, saben bien que la imitación de sus hijos a Cristo puede llevarles a una muerte de tortura.

Madres como María, sufrientes como María del odio a Cristo y a la Fe, pero sabedoras de un cielo abierto a hijos paridos para Dios. Dolor y cielo ¿Quiénes mejor que ellas son comprendidas, lloradas y consoladas por Dios?

Ayudemos a estas “dolore matris” (madres dolorosas) los lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados y domingos en nombre de María.

No sé quien sufrió más, si Jesús por la humanidad y su Madre o María por su Hijo vendido, insultado, escupido, descarnado y atravesado. 

No sé y no lo quiero saber, pero el dolor mutuo sin culpa y por nuestra salvación, es y será la llaga que nos recuerde por siempre, ser hijos de Dios y María.

¡Qué grandes son las madres que entregan un hijo a Dios! 
 
 Emma Díez Lobo