martes, 5 de mayo de 2020

Cuando la vida predica con el ejemplo



Van pasando los días, y esta pascua “confinada” sigue haciendo recuento de una terca realidad llena de incertidumbre con un desigual motivo de esperanza según nos acerquen a diario los datos estadísticos: contagios, curaciones, defunciones. Y en medio de este paisaje, la realidad social de un pueblo entero que acepta el retiro en las casas como medida de seguridad, y el panorama laboral que se avecina con inmensa preocupación para muchas familias y trabajadores. Ahí están tantas personas aportando lo que cada uno puede ofrecer ante este desafío tan insospechado que tenemos delante.

Ya hablé semanas atrás que tenemos muchos “ángeles” con mascarillas y guantes que nos bendicen con su trabajo de parte de Dios. Así, quiero agradecer, una vez más, la generosa entrega de tantos sacerdotes que siguen ofreciendo el precioso testimonio de su ministerio puesto al servicio de lo que las personas esperan de nuestra vocación. Poner esperanza en quien la ha perdido, encender luz en quien se siente apagado, acercar el bálsamo de la gracia a los que necesitan en sus almas ser nutridos y curados por Dios con los sacramentos y nuestra plegaria, acompañar a las familias en el adiós fúnebre a sus seres queridos. Pero también el ministerio se hace gesto humilde al servicio de los hermanos más necesitados y vulnerables: hacerles la compra, traerles medicinas, cocinar para ellos y abrir las puertas a quienes no tienen casa. ¡Cuántas formas de creatividad litúrgica para acercar la palabra de Dios, la oración viva, la vecindad de un Dios que no está ausente ni callado, la materna compañía de la Virgen María, nuestra Santina! ¡Y cuántas formas de caridad a través de los gestos concretos siendo testigos de un encuentro que cambia mi vida y no simplemente predicadores de un relato que no tiene que ver conmigo! ¡Muchas gracias por la entrega, por el riesgo, por expresar de tantos modos que, a imagen del Buen Pastor, Jesucristo, nuestros sacerdotes están dando de veras la vida!

He escrito una carta a mis hermanos los curas diocesanos pidiéndoles un gesto más con entera libertad. No se trata del “plus” que se les pide a quienes nadan en la abundancia permitiéndose cómodamente un detalle de caridad desde lo que les sobra. Me consta de los apuros que algunos tienen y conozco cuál es el alcance de nuestras humildes nóminas. Por eso, con total libertad, y en conciencia, les he invitado a que cada uno decida en su corazón lo que puede aportar desde el propio bolsillo como ayuda a los que menos tienen. Haremos el bien y nos hará bien. Cada cual fijará la cantidad y también su modalidad en el tiempo: cuánto podemos dar y hasta cuándo lo daremos.

Hay una mirada que es la que nos acompaña siempre con ojos de verdadero Padre, y es la única que aquí interesa proponer como garante de nuestra caridad. «Somos lo que somos ante Dios, y nada más», decía San Francisco de Asís. Nadie va a fiscalizar nuestro gesto, aunque el Señor sí que sabrá cuánto y hasta cuándo aportaremos nuestra cantidad de cristiana solidaridad, como hacían los primeros cristianos. También nosotros necesitamos este gesto pedagógico que nos educa en la gratuidad.

Mirando a familias enteras, a personas sin trabajo, a tantos que ya empiezan a llamar a nuestra puerta ante lo que llega o ya les ha llegado como pobreza real por el desastre económico que se deriva de la pandemia, nosotros como sacerdotes queremos expresar la caridad pastoral compartiendo algo de nuestro propio dinero con el que honestamente nos mantenemos desde nuestro trabajo sacerdotal. Miramos a Jesús, y en Él aprendemos a mirar a los más necesitados. 

Es tiempo de amar en lo concreto siendo testigos de un encuentro con Jesús que nos ha cambiado la vida de verdad. A toda la preciosa labor de Cáritas, añadamos esta predicación desde el ejemplo.

+ Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo


Sé tú mi fianza Señor



Partimos la Palabra del versículo 122 del Salmo 119 que nos muestra con toda claridad la confianza que este hombre fiel tiene en Dios. Le súplica: “Sé tú mi fianza Señor, no me entregues en manos de mis opresores “Como  no tiene como defenderse pues sus acusadores son poderosos pide a Dios que sea El su fianza.

La situación de este hombre se parece a la nuestra cuando nuestro Acusador, que esto es lo propio de Satanás, nos recuerda sin cesar pecados de nuestra vida pasada aunque estén ya confesados y perdonados y este recuerdo martiriza nuestra conciencia. Hemos de rezar con la Escritura y decir como el salmista a Dios...” Se tú mi fianza". Dios que escucho al salmista nos escucha a todos; nos envió a su Hijo  como fianza de nuestras culpas y deudas. Con una aclaración; las fianzas se cobran, esta no.

En su muerte Jesús clavo en la Cruz todas nuestras deudas por siempre. Oigamos a San Pablo: " Jesús cancelo las notas de cargo que había contra nosotros...las suprimió clavándolas en la Cruz (Col 2,14)

P. Antonio Pavía
comunidadmariamadreapostoles.com

lunes, 4 de mayo de 2020

¿De quién soy yo?



En general en nuestras primeras etapas de nuestro caminar como Discípulos de Jesús nos identificamos con Movimientos, Asociaciones, Instituciones Eclesiales...etc... Lo que está muy bien pues es el tiempo de echar raíces en el riquísimo vergel de la Iglesia. A estos Movimientos, Asociaciones...etc. debemos nuestros primeros frutos como Discípulos de Jesús. Sin embargo llega un momento en nuestro proceso de maduración en el que sin dejar de lado estos Movimientos, Asociaciones… necesitamos si queremos seguir creciendo como Discípulos de Jesús dar un salto cualitativo que permita culminar nuestra pertenencia a Dios. Pertenencia por la que puedas proclamar: "Yo soy del Evangelio" A final de cuentas este  debería de ser el broche de oro de todo Movimiento, Asociación Eclesial...etc., proclamar "Yo soy del Evangelio" es hacer patente al mundo que...eres oveja del Buen Pastor, Sarmiento de la Vid Verdadera, buscador infatigable del Camino, la Verdad y la Vida. Esto es lo que significa decir...” Yo soy del Evangelio"...de Jesús mi Señor.

P. Antonio Pavía
Cdad. María Madre de los Apóstoles

Hace tiempo



Hace tiempo que no busco la paz sino es en ti.

Hace tiempo que abandoné otros lugares donde calmar mi sed porque ya no me sirven.

Hace tiempo que conozco el lugar donde el ansia se calma y la respuesta es segura.

Hace tiempo que no me interesa nada más que Tú.

Tú que no dejas espacio para otro consuelo cuando se conoce el tuyo.

Tú que nos das a probar una paz que no conocíamos.

Tú que colmas todo a lo que aspiramos y que no se parece a nada.

Hace tiempo que olvidé todo para solo pensar en ti.

Hace tiempo que mis ojos solo desean verte y morar en tu tienda: nuestra tienda del encuentro.


(Olga) 
comunidadmariamadreapostoles.com

domingo, 3 de mayo de 2020

Voz y Puerta


Al contemplar las ingentes multitudes que tiemblan de miedo, que  anhelan la paz y que buscan justicia con dignidad, hastiados, llenos de cólera por un mundo tan descompuesto, forzosamente tenemos que recordar las palabras de Jesús que se autoproclama como el Buen Pastor. Quizás a algunos les suene extraño y hasta protesten porque la imagen del Pastor iría muy unida a la imagen de la oveja, o como decimos entre nosotros, a la imagen del borrego, que ha adquirido un sentido peyorativo de manipulación, de seguimiento ciego, de multitud inconsciente.
Las grandes masas son arrastradas por líderes corruptos o son subyugadas por los medios masivos y que aparecen inconscientes, adormecidas, indiferentes ante las graves situaciones. Y hoy, domingo del Buen Pastor, parece un día propicio para que nuestra reflexión nos lleve a una toma de conciencia de todo lo que estamos haciendo y que ha propiciado que este mundo loco y desquiciado se encuentre al borde del precipicio.
Cristo, Buen Pastor, no quiere adormecernos ni solapar responsabilidades ni de criminales ni de autoridades. Nada más lejano de la intención de Cristo. Ha discutido fuertemente con los principales y los fariseos, y ahora lanza una dura crítica a su liderazgo y a su autoridad. Es por tanto un juicio contra quienes no vigilan, quienes abandonan arrastrando consigo a otros, o bien, contra quienes no se acercan de forma correcta al rebaño. Trae a la memoria la dura imprecación que hace el profeta Ezequiel contra los malos pastores de Israel, tiene su aplicación en contra de los dirigentes de los tiempos de Jesús, pero también es palabra viva para hoy y se presenta como crítica dura y actual contra los dirigentes y malos pastores que no tienen en cuenta al pueblo y solamente se aprovechan de sus privilegios y puestos.
Es una acusación tanto para los lobos como para los pastores, pero también es un fuerte silbido, al mismo tiempo enérgico y cariñoso, para que las ovejas no se duerman o no vayan tras engañosas seguridades. La maldad y la injusticia tienen como responsables tanto a los criminales como a las autoridades, pero también lo son el silencio, la indiferencia y el miedo, de un pueblo que calla, que no se levanta y que no ha hecho lo necesario para sacudirse tanta corrupción y tanta mentira.
Cuando Pedro acusaba a la multitud de responsabilidad ante la muerte de Jesús, con el corazón adolorido preguntaron: “¿Qué tenemos que hacer?”. Y Pedro los invita a una conversión de verdad, no a un cambio de escenario ni a cambios externos. Sugiere un cambio donde se borre definitivamente el pecado y se guíen por el espíritu. También hoy ésta debería ser nuestra pregunta y éstas nuestras actitudes. Deberemos poner a Cristo como nuestro Buen Pastor pero también asumir las actitudes correspondientes a un pueblo responsable y consciente de sus obligaciones y sus derechos. Porque todos estamos de acuerdo en reconocer que Cristo es el verdadero pastor, opuesto al mercenario, y es el único guía seguro que va delante de las ovejas y que abre el camino; pero no estamos dispuestos a soportar un examen sobre nuestro papel de pastores, cuidadores y educadores de un pueblo, de una comunidad o de una familia.
Las palabras exigentes de Jesús sobre los bandidos, ladrones y mercenarios, fácilmente las aplicamos a las autoridades, a los responsables y a quienes tienen el deber de velar por nuestros pueblos. Y tenemos razón, porque ellos deben tener muy en cuenta el ejemplo de Cristo y cualquier autoridad o líder moral, tiene la obligación de velar por el bienestar de los ciudadanos y no de aprovecharse de ellos. Pero al mismo tiempo, estas palabras de Cristo son para cada uno de nosotros que tenemos alguna responsabilidad frente a las demás personas: padres de familia, maestros, coordinadores, sacerdotes, catequistas, autoridades… todos tenemos que mirarnos en esta imagen de Jesús y ver cómo estamos realizando nuestra tarea.
El pasaje de este día también insiste en una clara diferencia entre la voz del pastor y la voz del mercenario. La voz del pastor llega hasta nuestro interior y nos da vida. Pero también se escuchan otras voces que adormecen, que engañan y que intimidan. Lo más triste es que hay quienes siguen esas voces y terminan en la muerte. Tendremos que discernir cuál voz estamos siguiendo. Al mismo tiempo Jesús afirma: “Yo soy la puerta de las ovejas”. Una puerta tiene una doble función: abrir y cerrar; proteger y dejar entrar. En este caso es una puerta de exclusión para los salteadores y ladrones y puerta de acceso para los verdaderos pastores.
Una puerta cerrada para quien busca su propio interés y abierta para quien busca dar vida. Una puerta abierta a la libertad y a la intimidad. Y Cristo nos invita a pasar por esa puerta que es Él mismo para abrirnos a la verdadera libertad. Al mismo tiempo es una puerta cerrada a la mentira, a la injusticia y al mal. Jesús nos ofrece un criterio para ver a quién dejamos entrar por esa puerta y cuáles voces escuchamos, “que tengan vida y la tengan en abundancia”. Lo que mata al pueblo, lo que limita la vida, lo que la oscurece, no podemos dejarlo entrar ni permitir que nos manipule.
Este Domingo del Buen Pastor se nos presenta como un silbido potente que nos despierta y nos pone en alerta. No puede el discípulo permanecer pasivo porque la indiferencia ante la injusticia es grave pecado de omisión. Y al mismo tiempo nos invita a estar atentos a distinguir las voces que dan vida plena, de aquellas voces que llevan a la muerte y a la corrupción. ¿Qué estamos haciendo? ¿Vivimos pasivos ante la injusticia, la corrupción y la maldad? ¿Cuál es nuestra responsabilidad cuando al mismo tiempo somos pastores y ovejas?
Jesús, Buen Pastor, enséñanos a dar la vida por las ovejas a nosotros encomendadas, danos la inteligencia y el valor suficientes para proteger a la comunidad, a los jóvenes y a los niños, y concédenos reconocerte a Ti como nuestra Puerta y nuestro Pastor. Amén.
Monseñor Enrique Díaz Díaz


sábado, 2 de mayo de 2020

Reflexión al Evangelio del Domingo IV de Pascua



El Evangelio de hoy nos habla de Jesús El Buen Pastor. Bebemos de uno de los manantiales que brotan de este pasaje y vemos que la calidad de nuestra escucha de la Palabra es correlativa a la intensidad de nuestra búsqueda de Dios. La Escritura nos dice que una persona encuentra a Dios cuando al buscarle con todo su corazón y toda su alma aprende  a escuchar su Voz (Dt 4,29-30).

Esto nos dice también  el Evangelio de hoy. Jesús vino al mundo, representado en el redil de las ovejas, llama a las suyas, las que reconocen su Voz, las saca del redil y éstas le siguen... ¿Adonde?. Al Padre (Jn 17,24). Jesús dice que sus ovejas le siguen porque conocen su Voz, es decir que tienen sabiduría para reconocer la Vida Eterna en sus palabras. Los extraños también tienen voz pero hablan en su propio nombre no en el nombre del Padre como Jesús (Jn 5,41-43).Los que hablan en su propio nombre, por muy ilustrados que parezcan. Ni sacan a nadie del redil ni ellos mismos pueden salir.

Están cercados en y por sí mismos.


(P. Antonio Pavía Misionero Comboniano) 
comunidadmariamadreapostoles.com

viernes, 1 de mayo de 2020

Reflexiones sobre el salmo 2



“Nos hemos quebrado como vasos de alfarero” (V. 9)

Nos hemos constituido en príncipes y señores de la tierra. Hemos creado la sociedad de bienestar, todo lo tenemos al alcance de la mano. Algunos no, pero como son minoría, no importan.

¿Para qué necesitamos a Dios? Ya lo tenemos todo.

Destruyamos  al  Señor y su Mesías, “rompamos esta unión, sacudamos su yugo” (V.3)

Debilitamos su fuerza y nos proclamamos dioses.

¿Para qué necesitamos a Dios? 

Pero el que habita en el cielo sonríe: “Yo ya he entronizado a mi Rey en mi monte santo” (V.6)

“Tú eres mi Hijo amado, mi elegido, yo te he engendrado hoy” (V.7)

Qué necios los hombres, en nuestra ignorancia no queremos saber: “Qué necios y torpes sois para creer lo que ya está anunciado” (Lu 24, 25)

“Yo Soy, y he heredado en propiedad hasta los confines de la tierra” (V.8)

“Los gobernarás con cetro de hierro, los quebrarás como vasos de alfarero” (V.9)

Nos hemos quebrado, estamos rotos, andamos vagando como ovejas que no tienen pastor.

Pero el amor de Dios prevalece y es eterna su misericordia. Y entonces se oye su voz:

“Los que os consideráis reyes de la tierra, sed sensatos, dejaos corregir, volved vuestro rostro al Señor. Servirle con temor y con temblor adorarle.” 

Aceptad su voluntad y seguid su camino (V. 10,11)

Porque El reparara los vasos quebrados y os conducirá con yugo suave y carga ligera hacia la eternidad.

¡Dichosos los que en ÉL buscan refugio! 


(Mercedes) 
 comunidadmariamadreapostoles.com