sábado, 1 de octubre de 2022

Partiendo la Palabra Dom XXVII T.O (Lc 17,5-10

 


Señor, auméntanos la fe, dicen los apóstoles a Jesús. Todos hemos hecho esta petición a Jesús sobre todo cuando nos afligen las contrariedades.

 Hablar de la fe que agrada a Dios es hablar de María de Nazaret. La propuesta que le hace el Ángel, en nombre de Dios, que de ser madre de su Hijo la descoloca por completo. El Ángel la ilumina diciéndole que el Espíritu Santo vendrá sobre ella y que el poder de Dios la cubrirá con su sombra. (Lc 1,35) María da el paso majestuoso de una fe apoyada en sus posibilidades a la fe que nace de la Fuerza de Dios, que hace posible lo imposible. No pregunta nada más al Ángel; poniendo confiadamente su vida en manos de Dios y le responde:  Hágase en mi según tu Palabra.

 A los que emprendemos el camino del Discipulado nos pasa algo parecido. Recibimos el Evangelio que está a años luz de nuestras posibilidades, pero sabemos que el Espíritu Santo que aletea sobre el “Libro Santo" también nos cubrirá con su sombra para llegar a ser discípulos de Jesús. Para ello, el Evangelio ha de ser nuestro Libro Santo noche y día.

  Entonces podremos decir a Dios: ¡Hágase en mi según tu Evangelio! Esta es la fe que hemos de pedir a Jesús

  

P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com

 

miércoles, 28 de septiembre de 2022

PARTIENDO LA PALABRA (Sl 91,14)

 


"Se puso junto a mí, le libraré, me llamará y le responderé, estaré a su lado en la desgracia..."Esta profecía del salmista que se cumple en Jesús y en sus discípulos nos lleva a esta otra también mesiánica: "Aquí estoy para hacer tu voluntad. Tengo tu Palabra en mis entrañas. "(Is 40,8-9). Hacer la voluntad de Dios supone estar junto a Él también cuando nos alcanza el odio del mundo. (Jn 15,18).

 Sin embargo, Jesús sale garante de los sufrimientos que padecemos por su causa (Mt 5,11-12). Al decir Jesús al Padre: Aquí estoy, se puso junto a nosotros para salvarnos. Llama a sus discípulos para que "estemos junto a Él" (Mc 3,14) Junto a Él en el Calvario nació la Iglesia: "Junto a la Cruz de Jesús, estaban su madre, la hermana de su madre y María Magdalena. Jesús viendo a su madre y junto a ella al discípulo amado dijo: Ahí tienes a tu hijo..." (Jn 19,25).

 Vemos pues a Jesús junto al Padre y también junto su madre y sus discípulos representados por el discípulo amado: La Iglesia naciente que anuncia el Evangelio de la Salvación al mundo entero.


 P. Antonio Pavía

 comunidadmariamadreapostoles.com

 

lunes, 26 de septiembre de 2022

Partiendo la Palabra

 


El Salmo 69 presenta a un israelita acosado por sus enemigos por ser fiel a Dios: "Por tu amor Dios mío sácame del cieno...líbrame de los que me odian, que no me arrebate la corriente..."Este hombre comparaba sus enemigos con aguas devastadoras que caen sobre él. Aguas que simbolizan el odio del mundo contra los discípulos de Jesús como El mismo anuncia (Jn 15,18) Pedro vive en su propia carne la angustia del salmista; lo vemos en la violentísima tempestad que azotó la barca de los apóstoles. (Mt 14,22) Jesús les grita a lo lejos: ¡No temáis, soy yo! Pedro le pidió caminar hacia Él. Jesús le dijo: ¡Ven!  Pedro saltó de la barca, caminó hacia Jesús confiadamente, pero a un cierto momento el miedo le venció, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame. Jesús le tendió la mano, le levantó y sus pies volvieron a dominar las aguas. 

Recordemos ahora lo que Dios dijo a la serpiente (Satanás) después de engañar a Adán y Eva: "Pondré enemistad entre ti y la mujer (María) entre tu descendencia (Jesús) y la tuya; ella te aplastará la cabeza. (Gn 3,15) Los discípulos de Jesús somos su descendencia; tenemos el poder para pisotear a la serpiente: las aguas de la muerte.

 

P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com

 

domingo, 25 de septiembre de 2022

¿Me queréis ver?

 

  Es la “voz” de ese niño que debería nacer; es la pregunta en soledad de un pequeñín sin futuro.

Pero ¡Qué pena más grande! no escuchan su latido y late más deprisa que ninguno, no enseñan su imagen y tiene rostro. No, nadie le arropa ni protege porque han decidido contra su incipiente voluntad que no debe vivir.   

Está tranquilo, crece en silencio... Pero ¡Ay de su muerte indescriptible! La mujer que lo “porta” en su vientre dice que con su cuerpo hace lo que quiere... Pero se miente, ese niño no es miembro de su cuerpo.    

Qué fácil abortar cuando no es ella quien va a morir y los quirófanos de muerte se lucran de asesinatos legales.      

¡Mujer! aunque seas “hogar” temporal de un ser humano, según las reglas de Dios, no tienes poder ni derecho para eliminar la vida. Hay amor de sobra para criarle, no tienes que ser tú.     

Y el niño “grita” ¿Queréis verme? Lo podéis hacer... Ahí estoy, SOY. Tengo alma, corazón, manitas y pies...  

Ojalá y cada mujer pudiera ver como ese niño se mueve cuando ella está quieta, cómo duerme cuando ella está despierta, cómo... No no, no es parte de ella, él es ÚNICO.   

Aborto, asesinato impune de inocentes... ¡Dios! Tú que conoces las intenciones de esa fémina, pon todos los medios para alejarla del mortal pecado, pero si declina tu ayuda y persistiera, que redima su mal y pueda salvarse.

¡Pobre mujer ignorante! Jamás lo olvidará así pasen 100 años...  

  Emma Díez Lobo

 

sábado, 24 de septiembre de 2022

Partiendo la Palabra Domingo XXVI T.O

 


Jesús presenta la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro.

 Por razón de la brevedad nos limitamos al final del pasaje en el que el rico, un pobre hombre, suplica a Abraham que envíe a alguien a avisar a sus hermanos para que no terminen en este lugar espantoso. Abraham le dice: Tienen la Ley y los Profetas; así es cómo llaman los judíos a la revelación de Dios en el Antiguo Testamento, y añade: Si no escuchan la Ley y los Profetas no creerán, aunque resucite un muerto.

 Los judíos en general, también hoy, se saben casi todo el Antiguo Testamento de memoria, pero esto les sirve de poco si no escuchan; también nosotros, debemos escuchar la Palabra con el corazón a fin de convertirnos realmente.

 Muchos milagros, hizo Jesús en Israel y no le creyeron porque su predicación no alcanzó su corazón. Por eso Pablo nos dirá que la fe, se refiere a la fe adulta, nace de la predicación del Evangelio (Rm 10,17) escuchada con el corazón. Así, con el corazón ardiente escuchó Lidia la predicación de Pablo y se convirtió. (Hch 16,14).

 La predicación del Evangelio en el Nombre de Jesús ha de ir desde el corazón del predicador hasta el corazón de quienes le escuchan.

 

P. Antonio Pavía

comunidadmariamadreapostoles.com

viernes, 23 de septiembre de 2022

Partiendo la Palabra (Lc 1,44)

 


 Jesús es la plenitud de la alegría de todo hombre a lo largo de su existencia y San Juan Bautista da fe de ello. Ya cuando estaba en seno de su madre saltó de gozo al percibir su Presencia en el seno de María en su visita a su prima Isabel que la dijo: "apenas llegó a mis oídos tu saludo el niño salto de alegría en mi seno".

 Vemos ahora a Juan Bautista en la misión que Dios le confió de ser el Precursor de Jesús. Aunque ya había dicho una y otra vez a sus discípulos que él no era el Mesías que esperaban, estos se resistían a aceptarlo; entonces les dio este testimonio: "El que tiene a la esposa es el esposo, el que le asiste y oye se alegra con su voz. Esta es mi alegría que ha llegado a su plenitud. (Jn 3,29) El que desea y busca verdaderamente alcanzar esta alegría en su plenitud que se mire en Juan Bautista. Que lea amorosamente y escuche en su corazón la Voz de Jesús que resuena incesantemente en su Evangelio. (Jn 8,47).

 P. Antonio Pavía 

 Comunidad María Madre de los Apóstoles

Enamorarse de Dios

 


Cuando pienso en el Paraíso veo un lugar pleno de luz, de felicidad, pero no me imagino cómo es enamorarse de Dios. Aquí en la tierra cuando te enamoras, es genial y aunque no se me ocurre otro “modelo” de enamoramiento, según Santos que lo han sentido, dicen que es espectacular, casi “insoportable”.     

Claro que tampoco seremos “hombres ni mujeres” tal que aquí, pero seremos...  ¡Madre mía qué cosa más extraordinaria!, todo infinitamente más hermoso, diferente.   

A veces pienso en los que ya disfrutan del CIELO como Pablo, José, Bernardett o mis padres -he pasado Puertas Santas por ellos- ¿Qué estarán haciendo ahora?   

Alguien decía que se cantaba y cantaba, se adoraba y adoraba... Hoy me dicen que lo haga en casa y es que ya no me gusta cantar y lo de adorar, solo ante el Santísimo.  

Ignoro cómo serán esos misteriosos “lares”, pero no creáis que curiosidad tengo un montón aun viviendo entre el miedo y la esperanza; y aunque es difícil concebir el dejar este gran planeta azul sin haberlo conocido en su magnitud, la FE es lo único que lo suple. Me pregunto también si conoceremos el vasto universo -tal vez ni nos interese-.   

¡Madre mía! Estar junto a Dios y con las Santas almas que pasaron por aquí, me hace superar el momento de morir. ¡Quiero estar “enamorada” en esa ciudad de luz que describe Juan!

Ya veréis como no tiene nada que ver con lo que pienso... Mi imaginación no da para mucho, la verdad...

 Emma Díez Lobo