miércoles, 25 de enero de 2017

Señor…

                                                                                                                

¡Mira Señor como ando!, por favor quítame este dolor de espalda, es horroroso; ¡fíjate!, mi hijo sin trabajo, haz que encuentre uno; ¡Ah! me dan  unos calambrinos nocturnos que se me quedan los pies rizados como las rosquillas y duele… ¿Sabes?, no tengo ni para la “pelu”; Señor, déjame como estoy que estoy muy bien (de lujo pirujo)… Pues “chorradas” como estas por muy serias que sean, las que queramos.

¡Pero vamos a ver! ¿Quién es Dios? Dios “son” tus armas en la vida, el cómo afrontar el dolor y la desgracia, también la alegría ¡por supuesto! Él no resuelve vidas ni dolores, no es un mago a pedir de boca, ni tampoco es la solución a tus problemas, es… Tu sonrisa a pesar de… (Lo más genial). 

Si a Él tienes nada te falta, la mayor verdad del Evangelio, porque con un espíritu fortalecido por Él, no te tambalearás en la roca por muy rizados que tengas los pies. 

Entender el Evangelio es la mayor protección ante la vida. Te conoce muy bien y tiene tu nombre escrito en su lista. Pidamos siempre que se haga su voluntad ante cualquier dificultad y, dejemos de preguntarnos por qué deja que pase esto o lo otro, pues siempre nos dirá lo mismo:

-Sois libres, haced lo que os parezca: “El que no está Conmigo está contra Mí”. (Mateo 12:30); y no contar con Él cuando de la muerte no te libras, es infantil, absurdo y una aberración sin sentido. ¿Vamos a quitarnos de su lista? ¡Por favor, qué nos abrió el cielo!

Pongámonos en sus manos, oremos y dejémosle hacer: Vivir será un don y la muerte un anhelo.

 Emma Díez Lobo

   

martes, 24 de enero de 2017

Cuando



Cuando falta el amor en casa, aun el pan que comemos no tiene sabor, no llena.

Con algo menos de pan y con un poco más de amor en casa, ya es fiesta.

Cuando alguien te pida una sonrisa, no le des un billete.

Pero cuando te pida un billete, regálaselo envuelto en una sonrisa.

Cuando no tengas nada que dar, no busques en los bolsillos.

Aun los bolsillos llenos, cuando no hay amor, parecen vacíos.

Entonces mete la mano en el corazón y saca de él lo que tengas.

Cuando alguien te pida algo y en tu corazón no haya nada que ofrecerle, pídele a él que te ame y tu corazón volverá a sentir calor.

Cuando los demás te causen fastidio, piensa que sin ellos no serías nada.

No podrías hablar.

No podrías amar.

Vale la pena aguantarlos por lo mucho que recibimos de ellos.

Cuando te sientas solo, no te lamentes ni busques quien te haga compañía.

Piensa en otro que estará más solo que tú y vete a visitarlo.

Cuando no tengas nada que decir, calla.

Entonces podrás escuchar mejor la voz de tus hermanos 
y tú mismo silencio les dirá más que tus palabras.

Y Dios se hizo Palabra de vida.

Hay palabras que no dicen nada.

Hay palabras que hieren.

Hay palabras que matan.

Hay palabras que reviven el corazón.

Hay palabras que apagan las esperanzas.

Hay palabras que despiertan las esperanzas dormidas.

¿Y las tuyas… qué hacen?


J. Jáuregui

lunes, 23 de enero de 2017

Tiempo de Comunicar


                                                                                    
Ahora es Tiempo Ordinario (mira que suena raro eso de ordinario). Tiempo del Hijo de Dios, para el cual Nació, dándonos la Palabra de su Padre.

Son unos meses de escuchar, hacer y cumplir. Si no pudieras escucharle, léele. Un genio único de la Sabiduría ¡Aprovecha este tiempo, alucinarás! 

Después ya no tendrá más que decir: “Todo está dicho y hecho”. En tres años largos de su vida se estrujó para que tú y yo entendiéramos la felicidad, el amparo, cómo el dolor, cómo la salvación… A cualquier situación, respuesta inmediata  ¿No os parece súper extra genial?

Murió joven, no necesitábamos más. Nos dio las herramientas para el angosto camino, ¿las usamos? El hombre se desespera por falta fe y de fe habló por los codos.  

Sordos “modelo tapia”; pastillas a “tutiplén” para la ansiedad; “mallot amarillo” en pecados… ¡Jopé!

Pero nos dejó su Iglesia, ¡Vayamos pues a sus Consagrados!!! (“A quien perdonéis los pecados, les serán perdonados…”). Ellos nos darán de Su parte Paz y perdón. Si no lo hacemos como dijo, su venida, salvación y consuelo (conociéndole), habrá sido inútil.    

Mirad las frases que el mundo utiliza: 
  
“Al Cesar lo que es del Cesar…”; “El que tenga oídos que oiga”; “Voz que clama en el desierto”; “Nadie es profeta en su tierra”; “Ve la astilla en ojo ajeno y no la viga en el suyo”; “Más vale un buen acuerdo (ponte de acuerdo antes con tu adversario, no sea que…) que un buen juicio”; “Si quieres puedes”… ¡Son interminables!  

Será por algo después de 2017 años ¿no? Hoy es Tiempo de comunicar.

 Prestémosle atención ¿vale?  

Emma Diez Lobo


domingo, 22 de enero de 2017

Las sorpresas de Dios




Aquel día amaneció como un día cualquiera. Era un amanecer como cualquier otro. Era la hora de acercar las barcas a la orilla y lavar las redes. Era la hora de regresar a casa y tomarse un legítimo descanso.
Cuando de repente alguien pasa por la orilla. Es Dios que también madruga y le gusta el fresco del agua del lago. Y la gran sorpresa: “Venid conmigo y os hará pescadores de hombres”. Es la hora de la llamada, de la invitación, del cambio, de lo nuevo y lo inesperado.
No los llamó cuando estaban en el Sinagoga, tampoco cuando estaban en el Templo, aunque tengo dudas que frecuentasen mucho el Templo. Los llamó cuando estaban en sus propias faenas de pesca. Ninguno de ellos estaba rezando, estaban en su propio mundo de trabajo.
Es que para Dios no hay tiempos apropiados, tampoco lugares adecuados, tampoco momentos en los que uno está preparado. Dios es siempre sorpresivo. Aunque te imagines que Dios no se preocupa de ti, aunque te imagines que tú no vales para esas cosas, cuando Dios pasa a tu lado y te llama todo cambia.
Jesús no anduvo buscando gente preparada, gente con una cultura adecuada, ni tampoco gente de prestigio. A Jesús le bastaron unos simples pescadores que algo sabían de pesca, pero poco más.
Cuando Dios llama no vale eso de “yo no valgo”, “yo no estoy preparado”, “yo no sirvo”. Tanto mejor si no sirves ni vales porque es entonces donde mejor se pone de manifiesto el poder de la gracia.
Las piedras fundamento de la Iglesia no fueron escogidas en las grandes canteras de la gente preparada del templo sino gente que sabe de peces, de barcas, de redes y de lago.
El resto lo hace Dios en nosotros. Son las sorpresas de Dios. Son esos
momentos de Dios que llama, que toca a la puerta de nuestros corazones. Puede que tú seas de los que ni pienses en Él, como tampoco pensaban ellos. Y de repente, tu vida puede dar un vuelco y comenzar un nuevo camino. No sé si estarás recogiendo las redes o estarás camino de la oficina. Pero puede que Él pase a tu lado y tu vida dé un viraje que nunca te has imaginado…

J. Jáuregui

sábado, 21 de enero de 2017

III Domingo del Tiempo Ordinario




Jesús, heraldo de la buena nueva del reino

Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado: así resume Mateo la alegre nueva que proclama Jesús. La presenta como proclamación, es decir, que en sentido estricto significa dar publicidad a una decisión inapelable tomada por otro, en este, por Dios Padre. Dios Padre ha decidido reinar sobre la humanidad. La decisión es inapelable y ante ella sólo cabe aceptarla o rechazarla. Jesús se remite a una promesa hecha por Dios de que iba a reinar sobre la humanidad de una manera especial, destruyendo los males de su pueblo y dándole en su lugar la plena felicidad (1ª lectura). Era una esperanza muy viva en su tiempo, aunque no todos la interpretaban de la misma manera. Era muy corriente pensar en una actuación divina desde fuera, destruyendo con la fuerza, incluso violenta, a los opresores del pueblo y a los pecadores, todo ello en favor de los fieles que se habían mantenido en el cumplimiento de la Ley.

En este contexto el anuncio de Jesús era ambiguo, pues, por una parte, anunciaba que Dios ya iba a reinar, ejerciendo su poder, pero, por otra, no aparecían signos de este poder revolucionario, invitaba a la conversión a todos, incluso a los que cumplían las leyes y, lo que es más grave, en lugar de destruir los pecadores, se juntaba con ellos e incluso llamó alguno a su seguimiento.

Es que Jesús tenía otra concepción del Reino. El que va a reinar es Dios Padre, todopoderoso y misericordioso y lo va a realizar de la única manera que sabe actuar, como padre.

Eternamente ha amado a su Amado, el Hijo de su amor. Ahora quiere prolongar esta relación a toda la humanidad convirtiéndola en hijos adoptivos.  Si reinar es ejercer un poder, Dios padre lo va a llevar a cabo amando a los hombres y convirtiéndolos en hijos suyos.  Padre es correlativo de hijo. Nadie puede llamarse padre si no tiene un hijo. Y para eso envío a su Hijo que se hizo hombre. Y por eso Jesús invita a la humanidad a aceptar esta  nueva relación, que la perfecciona y realiza plenamente. Ya todos los hombres, en cuanto criaturas, dependen necesariamente del Creador y son hijos suyos, pero ahora se trata de una relación especial, que participa la de Jesús, ser hijos adoptivos por medio de Jesús Hijo unigénito.

Jesús realiza esta invitación en la debilidad como Siervo de Yahvé, con solo su palabra, como medio de respetar la libertad del hombre. Y es que la aceptación del hombre implica amar  a Dios y sin libertad no puede haber amor.

Como todos los hombres, hijos de Adán, son pecadores, Jesús los invita a todos a la conversión para obtener el perdón de los pecados y con ello un corazón nuevo, de hijo y de hermano, con una vida nueva que culminará en la vida eterna, participando de la perfección y felicidad de Dios. Por eso el reino que propone Jesús quiere transformar el mundo, pero no desde fuera, sino desde dentro, transformando interiormente a la persona y convirtiéndola en agente de transformación del mundo. Por sus frutos los conoceréis.

Al servicio de este mensaje y esta realidad Jesús agrupa en torno a sí discípulos y ha creado a la Iglesia, ha proclamado y explicado su mensaje por los campos de Israel y lo ha acompañado de signos de curaciones que señalan el alcance escatológico de este dinamismo salvador que ya ha comenzado y que terminará en la resurrección, en un mundo nuevo y una tierra nueva.

Este mensaje continúa hoy actual por medio de la Iglesia. Dios Padre quiere mandar en nuestras vidas, la respuesta básica es “dejarle mandar” como padre, aceptando la vida filial y con ello la vida fraternal. Como consecuencia vendrán necesariamente otras formas de “construir el Reino”, trabajando por un mundo mejor. Para los que ya lo hemos aceptado por la fe y el bautismo es una invitación a tomar conciencia del don recibido, que da sentido a la vida, y renovar el compromiso de  vivir sus implicaciones filiales y fraternales.

La Eucaristía actualiza y celebra la obra del Reino, ya presente y aceptado por millones de personas, alimenta para vivir sus implicaciones y, a la vez, hace presente la certeza del futuro con la presencia sacramental del Señor resucitado.

D. Antonio Rodríguez Carmona


viernes, 20 de enero de 2017

El sábado se hizo para el hombre



El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado (Mc. 2,  27).

Además de las circunstancias en que pronunciaste estas palabras a causa de la terquedad de los fariseos, Señor, quiero hacer otra reflexión personal y sacar las consecuencias.

Está claro que todo lo que contiene el universo, incluido el hombre, salió de tu poder, pero igualmente claro es que todo fue creado para el hombre, para su uso y disfrute, que el hombre es el centro y todo converge en él. Ahora bien, algunos hombres han malinterpretado ese regalo tuyo y pretenden incorrectamente  que también los demás hombres estén a su servicio. Pero, claro, Tú nos hiciste a todos iguales y no superiores unos a otros, por tanto ese actuar va en contra del principio enunciado por ti.

Cuando el hombre abusa del poder que, con el engaño e incluso con la involuntaria ayuda de otros hombres, ha conseguido y ese poder lo convierte en dominio sobre los demás; cuando tiraniza con sus obras, fruto de ese dominio, a sus semejantes; cuando ese poder y dominio lo aprovecha para multiplicarlo más y más y lo reinvierte en sí mismo; cuan todo eso sucede es que no ha sabido interpretar tus palabras.

Pero igualmente equivoco mi actuación, yo que critico el comportamiento de esos hombres, cuando obro de tal forma que me esclavizo de las cosas que has puesto a mi disposición. Cuando vivo para la riqueza o cualquier otra cosa, es decir, la convierto en un fin en vez de un medio, estoy malinterpretando igualmente esta sentencia tuya. Cuando vivo para mi prestigio, esto es, solo me preocupa que los demás vean y alaben mis facultades y no pongo estos dones al servicio del prójimo, también estoy tergiversando este mensaje tuyo. Cuando vivo solo de apariencias y en realidad mi vida está hueca y vacía, estoy enredando tu mensaje.

Cuando despilfarro y abuso de esa naturaleza creada para mí; cuando no pongo medios para frenar el desenfrenado deseo de derrochar el agua, la comida o cualquier otro bien de la naturaleza; cuando no pongo medios a fin de contaminar lo menos posible creo que es una manera de no utilizar el sábado para lo que lo hiciste.

Perdón, Señor,  por las veces que no he sabido interpretar tus palabras y les he dado la vuelta a fin de ponerlas lo más favorable para mí en contra del correcto sentido.

Pedro José Martínez Caparrós

jueves, 19 de enero de 2017

Diferente




¿Puede decir algo al hombre o a la mujer de hoy el deseo de Dios de un creyente del siglo once?

¿Está permitido publicar su oración en un periódico de nuestros días?

¿Es una provocación de mal gusto? ¿Una ingenuidad?

¿Puede ser una «llamarada» diferente para quienes buscan algo más que bienestar material?

He dudado antes de transcribir estos fragmentos de la célebre oración de Anselmo de Canterbury. Tal vez sean para alguno un «regalo después de todo lo vivido estos días de Navidad».

«Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales;
entra un instante en ti mismo,
lejos del tumulto de tus pensamientos.
Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes;
aparta de ti tus inquietudes trabajosas.
Dedícate un rato a Dios
y descansa siquiera un momento en su presencia….
Excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte a buscarle…
Ahora di a Dios:
Busco tu rostro, Señor, anhelo ver tu rostro…
Enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte,
dónde y cómo encontrarte…
Si no estás aquí, ¿dónde te buscaré?
Si estás por doquier, ¿cómo no descubro tu presencia?…
Nunca jamás te vi, Señor, Dios mío; no conozco tu rostro.
¿Qué hará éste tu desterrado lejos de ti?
¿Qué hará tu servidor, ansioso de tu amor y tan lejos de tu rostro?
Anhela verte, y tu rostro está muy lejos.
Desea acercarse a ti, y tu morada es inaccesible.
Arde en el deseo de encontrarte, e ignora dónde vives.
No suspira más que por ti, y jamás ha visto tu rostro…
Tú me has creado… y me has concedido todos los bienes que poseo, y aún no te conozco.
Me creaste para verte,
y todavía nada he hecho de aquello para lo que fui creado…
Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes,
y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas.
Deseando te buscaré,
buscando te desearé,
amando te hallaré
y hallándote te amaré».


J. Jáuregui