miércoles, 25 de octubre de 2017

Creer es comprometerse


Creer es comprometerse, es fiarse, ponerse en camino para seguir los pasos de Jesucristo que nos llama. Estamos viendo en las lecturas de estos domingos que la llamada del Señor es exigente y que la respuesta que nos pide debe ser radical, porque la voz del Señor se registra en lo más hondo de nuestro ser y nos pide que nos fiemos. Ha bastado con un encuentro, con mirar su apacible rostro y descubrir la serenidad de Dios que te llena de paz. No somos los únicos que vivimos esta experiencia del encuentro con el Señor, la historia de la Iglesia está repleta de una nube de testigos que oyeron la misma invitación determinante y, a pesar de tener conciencia de pecadores, se pusieron en actitud de conversión, cambiaron de ruta y orientaron sus pasos hacia Cristo. Hoy sucede también lo mismo, Cristo sigue pasando y llama, nos llama por nuestro nombre de una manera inconfundible y nos dice: “hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. A ver cuál será nuestra respuesta. Cualquiera de nosotros, por la acción del Espíritu Santo, somos lugar de vocación, de elección y de misión. Dios mismo alza la voz para que le escuchemos y nos señala el camino hacia la comunidad, al servicio de crecimiento en la comunión y a la fraternidad universal.
El Señor sigue mandando a su viña trabajadores, sale a todas horas a nuestro encuentro y no se cansa de ofrecernos el panorama de la humanidad para que nos demos cuenta que las necesidades son reales y que tenemos por delante un importante papel que desempeñar. En su viña cabe todo el mundo y cada uno tiene que ser responsable de la tarea para la que fue llamado, tareas sencillas y fáciles, pero que necesitan presencia, constancia, confianza en Él, permanencia y fidelidad. No caigáis en la tentación de pensar que lo que pide Dios es irrealizable, porque te lo pide Él y ya se encargará de darnos las fuerzas necesarias para agarrarnos a la Cruz. Dios se manifiesta en cosas sencillas, las de cada día, tareas que puedes hacer perfectamente y que sólo te exigen fiarte. Aunque tú pienses que eres débil, que se trata de una aventura muy grande, no temas, porque Dios te fortalece, te apoya, te ayuda y te presenta el camino expedito. Es importante que escuchemos con atención el Evangelio de esta semana, que nos advierte de las posibles actitudes que podemos tomar, pero nos avisa seriamente de la gravedad de no hacer la voluntad de Dios.
Hacer la voluntad de Dios no es fácil, lo sabemos, también para el mismo Jesús no fue fácil, cuando fue tentado en el desierto y en el Huerto de los Olivos, pero nos enseñó a aceptar la voluntad del Padre. Tampoco para nosotros es fácil, pero este es el camino. El mismo Papa Francisco comentaba que el recurso más válido para tener certezas sobre la voluntad de Dios en tu vida y en la de los demás es rezar: “Hacer oración para querer hacer la voluntad de Dios, y volver a hacer oración para conocer la voluntad de Dios. Y cuando conozcas la voluntad de Dios, también debes rezar, por tercera vez, para hacer la voluntad de Dios, para cumplir esa voluntad, que no es la tuya, sino la de Él”. El Santo Padre nos ponía como ejemplo a la Virgen María, que cuando la visitó el ángel ella respondió: “Hágase lo que tú dices”, es decir, que se haga la voluntad de Dios.
+ Jose Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena



martes, 24 de octubre de 2017

Todos iguales, pero…

                                                   

     
Fijábame yo en mi prójimo y ¡mira por donde! que era igual que yo, diferente en tonteras: Altura, género, anchura, color, dinero… Estupideces varias sin importancia, pero igual que yo.

¿Sabéis dónde encontré la diferencia? En que yo les miraba y ellos no, yo no interesaba a nadie y tampoco se interesaban entre ellos; diréis ¡normal! si no se conocen… Cada cual como si el mundo acabara en su propio aura.

¡Jope! Me dije, vaya humanidad “sin prójimo” atestada de prójimos…

¡Pues a mí me daba igual no conocerles! Eran ellos, mi gente, compartiendo conmigo este mundo redondo con un mismo corazón, que sufre, que ríe, que se desespera, que duda, que no ve la luz, que es feliz…

Sentí sus almas agarradas a la tierra de una manera feroz como si la muerte no anduviera por allí… “Ella” anda por cualquier lado esperando tu alma para ser entregada a… Me acongojé de sus miedos íntimos borrados del todo a la luz del sol; no ocurriría nada ¡por favor!, eso no entra en sus planes… No, es posible que no, pero… ¿Estarán con Dios?, ¿Le habrán dado la espalda?

Me dije, seguro que rezan para que todo les salga bien, o tal vez ni siquiera rezan y precisamente no somos del grupo de los “justos”. Me preocupan como me preocupo de mí.

Me fui a casa y me puse a escribir preguntándome si en la más dura tribulación, alguno de ellos dejaría las cosas en manos de Dios diciendo: “Que sea tu voluntad y no la mía”, Tú eres todo para mí.

En fin, lo que quería decir es que ellos me interesan.


Emma Díez Lobo

lunes, 23 de octubre de 2017

Arrepentimiento




  
Después de la lectura (Mt 21, 28-32) se puede concluir que hay dos clases de cristianos ‒en los hombres en general, pero aquí nos interesan los cristianos‒.

[El padre se acercó al primer hijo] “Hijo, ve hoy a trabajar a la viña”. Él le respondió: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Cabría la posibilidad de que este hijo representara a los que son más rebeldes, por calificarlos de alguna forma, y no aceptan las cosas así porque sí. Podríamos pensar que son aquellos que, aún a riesgo de ser tildados como desobedientes, polémicos o como se les quiera llamar, por principio o por manera de ser se niegan o no acatan las órdenes porque la haya dictado la jerarquía, o mejor, precisamente por provenir de la jerarquía, por principio lo ponen en cuarentena. Podrían ser aquellos que tienen que sopesar los pros y las contras, primero tienen que meditar, reflexionar, consultar, etc. y solo después, si están convencidos aceptan. Seguramente el solo convencimiento les lleva a la obediencia. Lo que sí podemos afirmar con toda certeza es que son aquellos que después de hablar lo no debido (pecar) se arrepienten y actúan. Tienen la virtud del arrepentimiento, les pesa tener esa forma de ser  y sienten aflicción y pesadumbre. No son cristianos de palabra, sino de obra.

Después le dijo al otro hijo lo mismo y este le respondió: “Voy, señor”; pero no fue. Por el contrario este hijo representa a los que lo primero que hacen es decir sí, pero después se dan media vuelta y si te vi  no me acuerdo. No son contestatarios, tienen muy buenas palabras y semblante amable, pero sus obras son nulas. Son los que solemos llamar hipócritas, tienen una gran disconformidad entre las palabras y las acciones. Mientras no se conocen a fondo los tenemos por cristianos modélicos porque hacen muy bien su papel, pero las obras dictan mucho del comportamiento del buen cristiano y por supuesto no poseen el sentimiento del arrepentimiento.

O sea que el cristiano ideal sería el que sus palabras y sus obras van en consonancia y si alguna vez, por debilidad, peca, siente la necesidad del arrepentimiento.

Por desgracia el cristiano “modelo” apenas existe porque somos humanos y caemos muchas veces a lo largo del día, por lo que abunda más el cristiano “corriente”, el vulgar, el de contradicciones. Pero para dignificar su conducta tiene el arrepentimiento. Se convertirá en buen cristiano si después de haber pecado arrostra la caída, pide perdón a Dios y al hermano, si fuere el caso, y se levanta, no permanece y se acomoda en el fango. Digamos que a la luz del evangelio necesariamente el arrepentimiento es la tabla de salvación del cristiano “común”. Esto no quiere decir que el cristiano sea un ser pasivo; que, como se suele decir, se eche el alma a las espaldas y, porque sabe que tiene el confesonario, no intente mejorar, sino que como ser humano que es, es débil y cae, pero tiene la humildad de arrepentirse y la voluntad de volver a empezar.

Así que tenemos en nuestras manos la salvación por medio del arrepentimiento.  Lo dice el profeta Ezequiel (18, 27-28): Cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo […] él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente  vivirá y no morirá.


Pedro José Martínez Caparrós

viernes, 20 de octubre de 2017

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario





Servir a Dios, no servirse de Dios.  Dios y el Estado

El Evangelio está centrado en la frase final de Jesús y a ella remite también la primera lectura, en la que se habla de que Dios se sirve del pagano Ciro para realizar sus planes de salvación; el relato es el marco necesario para entender la frase final, aunque también contiene una enseñanza importante sobre la sinceridad y libertad de Jesús y sobre la hipocresía de los que le preguntan.

Los enemigos de Jesús están buscando motivos para acusarle y envían a preguntarle si es lícito dar tributo a César; los enviados son fariseos, enemigos del tributo a Roma, y herodianos, partidarios. Si responde que sí, se opone a fariseos y especialmente al pueblo enemigo del tributo; si dice no, se opone a los herodianos que lo acusarán a las autoridades romanas (como de hecho hicieron los sanedritas ante Pilato más tarde cf. Lc 23,2). Quieren un sí o un no claro. Y para forzar la respuesta halagan hipócritamente a Jesús alabando su forma de enseñar, siempre fiel al plan de Dios y libre ante los hombres.

Formulan una pregunta de carácter esencial: es lícito, es decir, como una regla general permanente.  Los fariseos niegan el tributo por razones teológicas, porque según ellos pagar el tributo al emperador es reconocer su soberanía y ellos sólo tienen un soberano, Dios. Pero Jesús replantea la cuestión pasándola a un plano existencial. Pide que le enseñen la moneda del tributo y le enseñan un denario, moneda romana. Han caído en la trampa. ¿Quién obliga a un fariseo llevar moneda romana en el bolsillo? La lleva porque le interesa beneficiarse de las ventajas económicas que ofrece el comercio dentro del Imperio romano. Jesús pregunta de quién es la imagen y la inscripción. De César (Tiberio César), responden. Y termina Jesús: Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios, es decir, hay que estar a las duras y a las maduras con relación a Roma: si os beneficiáis de Roma en lo económico, devolved contribuyendo al orden del Imperio, sin excusaros por falsos motivos religiosos, y devolved a Dios todo que es de Dios, es decir, todo, incluido el mundo de César, que no hay que verlo como opuesto a Dios.

        El texto no contrapone Estado e Iglesia (ésta no aparece en este contexto), sino Dios y Estado. Todo es de Dios creador, incluso el Estado, querido por Dios en función del bien común de las personas que deben organizarse para ello (cf. Rom 13,1-7). Por eso todos los hombres y todas las instituciones humanas han de devolver (el significado propio del verbo apodídomi es devolver) a Dios creador lo que es de Dios, es decir, todo lo recibido de él y querido por él, la vida, los bienes, el Estado... Esto quiere decir que el Estado no es una instancia absoluta que determina el bien común por sí mismo, pues está sometido a Dios, que en este caso manifiesta su voluntad no por la revelación positiva, es decir, por los contenidos de la revelación judeo-cristiana, sino por un medio al alcance de todos los pueblos, la ley natural inscrita en el corazón de los hombres. No basta por ello la simple mayoría de votos para decidir lo que es bueno o malo, el llamado positivismo jurídico, hay que buscar siempre y acomodarse a los grandes valores humanos: el bien, la vida, la justicia, el bien común... Como dijo Benedicto XVI ante el parlamento alemán: “El cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado... En cambio, se ha referido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes de derecho, se ha referido a la armonía entre la razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas están fundadas en la Razón creadora de Dios”.

        ¿Y la Iglesia y el Estado? La Iglesia, por una parte, no se identifica con Dios, es depositaria viviente de la revelación positiva de Dios y, en cuanto que ésta ayuda a conocer mejor la ley natural,  ha de procurar que esta revelación impregne todas las relaciones sociales;  por otra, como está compuesta de ciudadanos, en cuanto tales están obligados al bien común de la sociedad y han de contribuir en conciencia a este fin, obedeciendo a las legítimas autoridades y pagando tributos, y en la medida de lo posible, han de procurar que el plus que añade la revelación positiva a la ley natural llegue también a las leyes que ordenan el bien común, pero nunca imponiendo, sino proponiendo, haciendo ver cómo contribuye al bien común. La base del Estado es la ley natural, la revelación positiva aclara aspectos y ayuda a conocerla mejor. No se puede identificar Comunidad cristiana y Estado, que son dos realidades distintas que han de procurar ayudarse mutuamente a cumplir sus cometidos.

En la Eucaristía, por una parte, la Iglesia pide por todos los gobernantes para que Dios los ilumine y fortalezca en su tarea de buscar el bien común del pueblo, y, por otra, los cristianos devuelven al Padre por medio de Jesucristo su vida como ciudadanos a modo de ofrenda espiritual.


Dr. Antonio Rodríguez Carmona

jueves, 19 de octubre de 2017

Sé valiente. La misión te espera


El próximo domingo 22 de octubre celebraremos la Jornada Mundial de la Propagación de la Fe, el popular DOMUND, una fecha muy apta para fortalecer nuestro compromiso misionero, que dimana de nuestra condición de discípulos de Cristo. En el mensaje que el papa Francisco nos ha dirigido con ocasión de esta Jornada nos dice que el Señor Jesús, el primer evangelizador, nos llama a anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo. La Iglesia, añade, es misionera por naturaleza. Si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo. Sería sólo una asociación entre muchas otras.

La fe es un don, un don precioso de Dios que no está reservado sólo para unos pocos, sino que se ofrece a todos. No podemos guardarlo sólo para nosotros porque lo esterilizaríamos. Hemos de compartirlo, para que todos puedan experimentar la alegría de ser amados por Dios y el gozo de la salvación. El anuncio del Evangelio es un compromiso constante que anima toda la vida de la Iglesia y una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial, que no se queda en los caminos trillados, sino que sale también a los suburbios y descampados, para llegar a aquellos que aún no han conocido a Cristo.

El Concilio Vaticano II nos encareció que la misión es un compromiso de todo bautizado y de cada comunidad cristiana. No es algo marginal en la vida de la Iglesia, sino algo que pertenece a su esencia más profunda. No significa violentar la libertad de los destinatarios de nuestro anuncio, si lo hacemos con respeto, sin obsesiones proselitistas, pero sí con entusiasmo y convicción, pues anunciamos al que es el Camino, la Verdad y la Vida del mundo, el manantial de una esperanza que nunca defrauda.
En su mensaje nos dice el papa Francisco que el mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. “Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta”. Añade el Santo Padre que “la misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio»”, como el propio Papa nos decía en Evangelii gaudium.
Se dirige después a los jóvenes que son la esperanza de la misión. Muchos se sienten fascinados por la persona del Señor y su mensaje. Muchos sensibles ante los males del mundo, se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado. A estos jóvenes les pide el Papa que sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra. La Iglesia desea comprometer a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.
En este octubre misionero, y muy especialmente en la Jornada del DOMUND, hemos de pedir insistentemente al Señor que mire a los ojos de los jóvenes de nuestra Archidiócesis, chicos y chicas, para que sean valientes y sean muchos los que se decidan a seguirle en el sacerdocio o en la vida consagrada, de manera que dediquen su vida al servicio de la Iglesia, al servicio del anuncio del Evangelio y al servicio de sus hermanos. ¿La recompensa? La alegría y la felicidad desbordante que yo he contemplado en los rostros de los misioneros y misioneras sevillanos cuando me visitan con ocasión de sus vacaciones. Puedo asegurar que no he conocido personas más felices en su entrega al Señor, a la evangelización y a sus hermanos, especialmente los más pobres.
Pero la llamada a la misión no es exclusivamente para los jóvenes. Todos, también los adultos, cualquiera que sea su edad y condición, estamos llamados a comprometernos valientemente en el anuncio de Jesucristo en nuestro entorno. España es hoy ya un país de misión. Son muchos los conciudadanos nuestros que han abandonado la fe o la práctica religiosa. Son muchos los ciegos que no han conocido el esplendor de Cristo, y son muchos los cojos que van tambaleándose por la vida y necesitan apoyarse en el Señor. Nosotros se lo podemos mostrar, compartiendo con ellos el tesoro de nuestra fe.
No olvidemos la oración diaria y los sacrificios voluntarios por las misiones y los misioneros. Santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las misiones, murió a los 24 años en el Carmelo de Lisieux. Allí fue misionera orando e inmolándose por las misiones. No olvidemos tampoco la ayuda económica el próximo domingo. Seamos generosos en la colecta.
Que la Santísima Virgen nos ayude a todos, jóvenes y adultos, a ser valientes y a comprometernos en la misión. Para todos y muy especialmente para nuestros misioneros y misioneras diocesanos, mi abrazo fraterno y mi bendición.
+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla


miércoles, 18 de octubre de 2017

A ti que quemas la vida




A ti que tienes maldad en tu alma… ¿Sabes que la vida no termina aquí? “En aquél lugar” hay fuego, dolor, amargura, desesperación… El mismo fuego con que quemas España y exterminas vidas sin saber si estaban en manos de Dios… 

¡Qué locura!

No les diste tiempo a huir de tu maldad ¿Te hizo algo el bebé?, mientras lloraba pidiendo auxilio al mundo, tú reías absorto “¡Qué proeza la mía, de cuánto soy capaz!!!”, ¿no le oías?, ya, estabas contemplando tu triunfo…

Pero Dios te vio, te vio desde el principio cómo aniquilabas la vida humana, animal y vegetal. ¿No Le viste? Lástima por ti, porque ante tus malévolos ojos, cogió en sus brazos al bebé, le calmó y le quitó todo rastro de dolor que tú le provocaste a conciencia, pero ¿sabes? no se qué hará contigo, no lo sé… El bebé era uno de sus pequeños intocables.

Algún día dejarás de dormir para sumirte en la más profunda pena. Lo siento por ti, difícil vivir así, tremendo morir así.

No puedo juzgarte ni debo, pero hermano, quien “a fuego mata a fuego muere”, o clamas clemencia a Dios o clamarán tu alma desde las tinieblas ¡Tú decides!

Acoge Señor las almas que el fuego te envió y dales la luz y la libertad que aquí les fue arrebatada; dales praderas frescas y ríos limpios, dales el sosiego de la paz.

R.I.P 
      
Emma Díez Lobo


martes, 17 de octubre de 2017

¿Por qué contra Él?



¿Por qué contra Jesús? Bueno, lo entiendo porque el demonio se instala en el corazón humano cuando no tiene ayuda de Dios. Se ve a la legua, pero “ellos” ni flores, no lo ven…  Se mofan, blasfeman… Están muy podridos y es que Satán les tiene bien cogidos. Solución para que nosotros le demos grima:  

Primero: Acojamos el Evangelio para seguir el Camino, si no lo hacemos, más nos valdría no saber que existe (fue escrito para nosotros). 

Segundo: Copiemos las virtudes del Evangelio y no adoremos imágenes; las vidas virtuosas de Santos son un plus, ayudan (algunas dan escalofríos).

Tercero: No echemos la culpa a Dios de lo que sucede en el mundo, porque Dios es Palabra de salvación (no de accidentes) y siempre estar preparados para “marchar de repente”, si se diera el caso. 
  
Cuarto: El demonio y el averno son una verdad incuestionable (motivo de Su venida), no te hagas ideas falsas y acéptalo, piensa que antes que la muerte (infierno) está la VIDA.
  
Quinto: El destino no existe ¿de qué entonces nuestra libertad? No dejes nada en manos de lo que no existe.    

Sexto: No pongamos por detrás a nuestro prójimo, él irá siempre primero; lo contrario tiene graves y mortales consecuencias. Así nos va…  

Séptimo: ¡Ojo si juzgamos a alguien!, pues de la misma manera seremos juzgados. Súper peligrosísimo.

Si no somos santos, por cierto, miserables recalcitrantes, Jesús te salva si lo deseas. ¡Leamos el Evangelio y cumplamos!!!  

Aquellos que están contra Jesús, más les valiera no haber nacido… Sólo les falta las alas negras y los pies de cabra metidos en sus deportivas. Pero hasta el último segundo… Dios les espera.

Emma Díez Lobo