Padre: Aquí estoy
Dice el Salmista: "Si hoy escucháis su voz, no
endurezcáis el corazón..." (Sl 95,7b-8). No preguntamos, que tendrá que
ver esto, con el hijo pródigo del Evangelio de hoy. Veamos: Lucas dice
que los publicanos y pecadores, solían ir donde Jesús para escucharle; también
los fariseos, pero para murmurar de Él. Entonces Jesús habló - a estos
fariseos- de un hijo que cansado de vivir con su padre decidió ".vivir su
vida lejos de él" Con el tiempo su soñada vida era un caos, ni siquiera
podía alimentarse con las algarrobas que daba a los puercos que cuidaba.
Entonces, aprovechando un soplo de lucidez se volvió hacia su interior y se
dijo: Me muero de hambre, iré donde mi padre y le diré: " pequé contra
ti..." Sin duda está es la forma más bella y tierna de decir a Dios:
¡Padre mío, Aquí estoy! Este hombre representa a los publicanos y
pecadores, que solían escuchar a Jesús sin esos filtros que camuflan o justifican
nuestros pecados. Los fariseos creían que lo hacían todo tan bien, eran
tan perfectos, que no necesitaban el Evangelio de Jesús y por lo tanto, tampoco
a Él.
Volvemos al
hijo pródigo. Fue donde su padre, sin excusas de ningún tipo. Solo quería
decirle: ¡Padre, pequé …! Su padre no le dejó hablar más. Se le echó al
cuello, le abrazó, le besó...y cuatro fuentes de lágrimas les empaparon:
las de los dos ojos del Padre y de las de los ojos del hijo.
Atención: toda la Belleza y Grandeza del Discipulado
empieza así. Ahora entendemos que, no hay mayor Bendición que la de llegar a
ser Discípulo de Jesús.
P. Antonio Pavía
comunidadmariamadreapostoles.com
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