La fe no borra las dificultades, pero nos blinda ante ellas. Nos hace
fuertes cuando llegan las pruebas. Nos ayuda a descubrir que toda moneda tiene
otra cara, que detrás de cada noche puede amanecer un nuevo día y que ninguna
herida tiene la última palabra cuando Dios camina a nuestro lado.
El miedo, en cambio, paraliza. Nos hace más pequeños de lo que somos. Nos
impide ser nosotros mismos. Nos vuelve esclavos de la opinión ajena, de las
dudas y de la inseguridad. Por miedo dejamos de intentarlo, de amar, de
perdonar, de confiar.
El miedo encierra. La fe libera.
Javier Leoz

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