jueves, 25 de junio de 2026

LA CARIDAD PURIFICA LA VOLUNTAD.

 



 Para san Juan de la Cruz, la voluntad es la facultad que permite al ser humano decidir libremente y orientar su vida hacia un fin. A diferencia de los animales, que actúan movidos por los instintos, las personas pueden elegir incluso contra sus inclinaciones inmediatas. Por eso, la voluntad ocupa un lugar central en la vida espiritual: gobierna las demás potencias del alma y unifica todas sus energías en la búsqueda de aquello para lo que ha sido creada, la unión con Dios.

Sin embargo, la voluntad se ve continuamente amenazada por los apetitos desordenados. Cuando la persona se deja arrastrar por deseos, gustos o comodidades, pierde fuerza interior y se dispersa. San Juan describe los apetitos con imágenes muy expresivas: son como renuevos que roban la savia al árbol, sanguijuelas que absorben la sangre o parásitos que terminan destruyendo a quien los alimenta. Lejos de fortalecer al ser humano, lo debilitan, lo vuelven perezoso para las cosas de Dios, seco para los demás y desgraciado consigo mismo.

Además, los apetitos oscurecen el juicio. El santo afirma que el apetito es ciego y que, cuando una persona se deja guiar por él, pierde la capacidad de discernir correctamente. Como la mariposa atraída por la llama o el pez engañado por una luz que oculta el anzuelo, el ser humano puede confundirse y dirigirse hacia aquello que finalmente le perjudica.

La purificación de la voluntad solo es posible mediante la caridad. Mientras los apetitos buscan el propio beneficio, el amor auténtico impulsa a buscar el bien del otro sin esperar recompensa. La caridad libera del egoísmo y conduce a la entrega generosa, siguiendo el dinamismo propio del amor, que todo lo refiere al amado. Para san Juan, esta virtud es la más importante de todas, porque solo el amor une verdaderamente con Dios.

El objetivo final del camino espiritual consiste en que la voluntad quede tan transformada por la caridad que coincida plenamente con la voluntad divina. Entonces el alma desea únicamente lo que Dios quiere y vive orientada hacia su gloria. No obstante, antes de alcanzar esta unión perfecta, será necesario atravesar una purificación más profunda: la noche oscura, donde el amor será probado y llevado a su madurez definitiva.

 

 (F) Eduardo Sanz de Miguel, ocd

No hay comentarios:

Publicar un comentario