Sin embargo, dar es algo totalmente distinto. El gesto de dar es la
expresión más rica de vitalidad, riqueza y poder creador. Cuando damos algo de
verdad, nos experimentamos a nosotros mismos llenos de vida, desbordantes, con
capacidad de enriquecer a otros, aunque sea en grado muy modesto. «Solo el amor
hace que la vida merezca ser vivida. Solo la ayuda a los demás procura la gran
alegría de vivir» (Karl Tillmann).
Dar significa estar vivo y ser rico. El que tiene mucho y no sabe dar, no
es rico. Es un hombre pequeño, impotente, empobrecido, por mucho que posea. En
realidad, solo es rico quien es capaz de regalar algo de sí mismo a los demás.
Necesitamos todos escuchar con más atención y hondura las palabras de
Jesús. No quedará sin recompensa ni siquiera el vaso de agua fresca que sepamos
dar a un pobre sediento. Hemos de aprender a regalar lo que está vivo en
nosotros y puede hacer bien a los demás; dar nuestra alegría, comprensión,
aliento, esperanza, acogida o cercanía.
Muchas veces no se trata de cosas grandes ni espectaculares. Sencillamente,
«un vaso de agua fresca»: una sonrisa acogedora, una escucha sin prisas, una
ayuda a levantar el ánimo decaído, un gesto de solidaridad, una visita, un
signo de apoyo y amistad. No lo olvidemos. En el fondo de la vida hay alguien
que bendice, acoge y recompensa todo gesto de amor, por pequeño que nos pueda
parecer. Se llama Dios, nuestro Padre.
José Antonio Pagola

No hay comentarios:
Publicar un comentario