jueves, 18 de junio de 2026

EL DESCANSO SIN HUÍDA

 

Está terminando el curso, el que más y el que menos tiene previsto alguna escapada a una playa cercana o a un lugar del que le han hablado para poder desconectar o cambiar el ritmo. Sin embargo, siempre sentimos una cierta incomodidad cuando “no estamos haciendo nada”.

Deberíamos preguntarnos: ¿descanso de algo, o descanso para algo? Buena parte del cansancio que llevamos acumulado proviene del hecho de que concebimos el descanso como una mera forma de recuperar fuerzas para volver a producir. Como cuando recargamos la batería del móvil y dejamos de usarlo durante unas horas. Al pensarlo así, el descanso queda atrapado dentro de la lógica del trabajo y se convierte en su sirviente, no en su sentido.

En esto también deberíamos también introducir los católicos una diferencia. Dios no descansó el séptimo día porque estuviera cansado de trabajar, sino porque la creación merecía ser contemplada. Las vacaciones no son una pausa funcional, sino el momento de disfrutar de todo lo que se ha hecho, de sentirnos satisfechos por haber sacado adelante, una vez más, tanta lucha.

Josef Pieper, uno de los grandes filósofos del s. XX, declaraba que el ocio no es simplemente ausencia de actividad, sino la forma más alta de actividad, la acción que nos permite recibir la realidad y no solo manipularla.

Se trata de darle la vuelta a todo, pues el descanso es encuentro con la creación, con los demás y, por supuesto, con Dios. No es ensimismamiento de pantallas, compras o tareas pendientes que, a corto plazo, nos dejarán igualmente vacíos e igualmente agotados, porque no hemos encontrado nada ni nadie y, en cambio, hemos llenado nuestro tiempo de una forma más banal. Más bien se trata de un ocio contemplativo.

Por ello, sabiendo que muchos estamos buscando ahora unos días de descanso, propongámonos que este no esté vacío, sino dirigido. Miremos sin prisa, oremos sin reloj, estemos con alguien sin agenda, busquemos el encuentro que nos satisfaga… en definitiva, dejemos de preguntarnos “¿para qué sirve esto?” e intentemos responder la pregunta: “¿qué es esto, en realidad?”

Cuando somos capaces de verlo así, incluso la misa del domingo adquiere otro sentido, no interrumpe el descanso, sino que es el momento para reconocer que no todo depende de nuestras fuerzas. La cuestión es dejar de descansar “de algo” y descansar “para algo”, mejor, “para Alguien” que sale a nuestro encuentro mientras no hacemos nada. ¡Felices vacaciones!

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

 

 

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