Entramos en el Adviento, que nos prepara para la Venida de Jesús al mundo.
Partimos de esta pregunta: ¿De qué nos sirve esperar ansiosos la Navidad,
vibrar con las fiestas que la acompañan, si no deseamos y buscamos con toda
nuestra alma al Hijo de Dios que viene a nuestro encuentro? Fijémonos en
que Jesús viene a nosotros y nos traza el Camino que nos conduce al Padre (Jn
14,6) Si, vuelve al Padre haciéndose El mismo Camino hacia el Él.
El Adviento es la Encarnación de la Vida. Jesús está permanentemente en y
con la Humanidad; Él nos hace hijos de su propio Padre por medio de su Palabra
(Jn 1,9-12), y en la Eucaristía Alimento y Fuente de la Contemplación de Dios,
en Espíritu y Verdad (Jn 4,23-24).
El que entra -sea cual sea su
historia de alejamiento de Dios- en este Espíritu del Adviento "saltará de
gozo" al saber que también iba por él, lo que dijo Jesús a María
Magdalena, en su resurrección, para que lo supiéramos todos: "Subo a mi
Padre y a vuestro Padre, a mí Dios y a vuestro Dios" (Jn 20,17,b). A este
tesoro celeste, nos prepara el Adviento.
P. Antonio Pavía
comunidadmariamadreapostoles.com

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