sábado, 1 de agosto de 2020

Domingo XVIII T. O.



                                                                    ¡Señor, partenos tu Palabra!

 Este Evangelio es un texto antológico sobre la Espiritualidad de la Palabra. Mucha gente ha ido donde Jesús para escucharle, como puntualizan Marcos y Lucas en este mismo pasaje. Se hace tarde y los apóstoles dicen a Jesús que despida a esta gente para que coman algo en sus casas. Respuesta de Jesús: ¡Dadles vosotros de comer!

 Conocemos el resto... simplemente resaltamos que Jesús elevó sus ojos al cielo, al Padre y que "partiendo los panes se lo dio a sus discípulos y sus discípulos a la gente". Creer que Jesús hizo este milagro a causa del hambre de esta gente, es una interpretación tan literal como simplona. Si ésta hubiera sido la intención de Jesús, hubiese hecho un señor milagro, un gran banquete y no una ingente cantidad de panes para estos hombres que después de bastantes horas tendrían la garganta más que reseca.

Estas interpretaciones insustanciales se dan cuando la Palabra es secuestrada entre pliegues académicos sin más. El espíritu que fluye de este milagro es que Jesús les parte el Pan de la Palabra que Él mismo señaló a Satanás quien le indujo a tentación en el desierto estando Jesús también hambriento (Mt 4,3-4).

Un dato esencial: Sobraron doce canastos de pan partido que Jesús indicó que se guardaran. ¿Tan tacaño era Jesús? En absoluto...Es una Catequesis sublime sobre la misión de su Iglesia. Doce canastos llenos, doce apóstoles enviados  para partir Palabras de Vida y Espíritu  (Jn 6, 63b) a los hombres.

Así es como el Hijo de Dios, como nos dicen tantos salmos, vivifica nuestras almas desfallecidas. 

P. Antonio Pavía Misionero Comboniano

No hay comentarios:

Publicar un comentario