miércoles, 17 de julio de 2024

Partiendo la Palabra Solo en Dios descansa mi alma (II)

 




Vimos que Dios decide encarnarse para ser Emmanuel, el Dios con nosotros, para que, ofreciéndose en el Calvario como Cordero inocente pudiéramos amar a Dios "con todo nuestro corazón, alma y fuerzas" (Dt 6, 4…). Podemos decir que Jesús vino al mundo con este letrero en la frente, que después "copió" San Pablo:

"Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rm 5,20b). La cuestión es que no hay praxis ni ascesis por muy intensa que sea, que pueda anular nuestra enfermiza querencia al pecado. Lo dijo San Pablo de sí mismo: "Estoy vendido al poder del pecado..." (Rm 7,14).

  Evidentemente, con el tiempo, se dejó cambiar el corazón por la Fuerza de la Gracia. Gracia alcanzada por Jesucristo, que, en la Cruz, aplastó la cabeza de la serpiente, como estaba profetizado (Gen 3,15).

 En el texto anterior vimos que Dios enviaría al mundo su Palabra - Jesús, y que no volvería a Él, sin haber cumplido su misión (Is 55,10-11). En su muerte Jesús dio cumplimiento a la súplica de este salmista:  "Si llevas cuenta de nuestros pecados, Señor, ¿quién podrá resistir? pero de ti procede el perdón..."  (Sl 130, 3...).

  Así fue y así es; Jesús proclamó en la Cruz el perdón para todos... "Padre, perdónales, no saben lo que hacen". Ojalá nos acojamos al perdón de Dios, concedido en el Calvario, sean los que sean, nuestros pecados.

 

P. Antonio Pavía 

comunidadmariamadreapostoles.com

 

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