sábado, 13 de octubre de 2018

Domingo XXVIII T.O





En estos últimos domingos, el evangelista San Marcos habla sobre cómo ser discípulo de Jesús. Todos nosotros queremos seguir a Jesús. Tengamos la edad que tengamos, seamos estudiantes, trabajadores o estemos sin trabajo, queremos ser discípulos de Jesús. Seguro que algo nuevo tiene que decirte hoy este Evangelio que, por otra parte, casi sabes de memoria.

Somos buscadores
San Marcos cuenta la historia de un joven que está buscando. Este joven se presenta delante de Jesús y pregunta qué tiene que hacer para poder vivir en plenitud. Esta es una pregunta que nos hacemos todos.

Maestro bueno, llama el joven a Jesús con respeto y admiración. Jesús hace ver que solo Dios es bueno. Por muy buenas personas que seamos, todos somos frágiles y limitados. Me llama la atención que cuando al Papa Francisco le preguntan quién es el Papa, suele responder: soy un pecador que quiere seguir a Jesús. Esa es la clave, todos somos limitados, somos pecadores, pero queremos seguir a Jesús.

Salir de uno mismo
Aquel joven estaba buscando. Parece que tenía claro que todavía le quedaban muchas cosas por hacer. Pregunta a Jesús: ¿qué me queda por hacer? Jesús no le pide hacer nada sino que se dé, que se vacíe, que salga de sí, que aprenda a perder lo ya adquirido, que aprenda a confiar. ¿Será verdad que para ganar haya que perder? Esta es la lección fundamental de este texto. Así es la vida cristiana. Muchas veces se habla de la Iglesia en salida. Una Iglesia en salida solo es posible si hay en cada uno de nosotros una actitud de salida interna. Esto se traduce en no estar siempre pensando en nosotros mismos, en entregar la vida, en reglar la existencia.
Parece que el joven va a SI pero lo dice es NO. El joven da media vuelta y se va triste. Es el mismo Jesús quien explica qué ha pasado. Aquel joven tenía su corazón cerrado en sí mismo. Quizás nosotros no tengamos el corazón apegado a la riqueza, pero, no cabe duda, que podemos apegarnos a tantas otras muchas cosas. Cuando tenemos un corazón apegado la tristeza hace morada en nosotros.

Una mira de amor
Marcos pone una expresión que ilumina el texto: “Jesús le miró con cariño”. Aquel joven rico fue incapaz de percibir la mirada de cariño de Jesús y, en consecuencia, no se encontró con Él. Esa mirada de amor de Jesús que, como la Palabra de Dios, llega a lo profundo del hombre, es capaz de transformar la vida, llenarla de alegría, liberar a la persona de sus apegos. Podemos dejarnos mirar por Jesús, por la mirada cariñosa de Jesús, a cualquier edad de la vida. Por eso, podemos ser discípulos de Jesús en cualquier edad de la vida, cada edad con sus cosas y preocupaciones, pero discípulos de Jesús. Solo si dejamos que su mirada penetre en nosotros podremos seguir a Jesús.

Koldo Gutiérrez


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