martes, 26 de febrero de 2019

SILENCIO



Calla, hermano, no metas ruido, que estoy hablando a Dios.

Callemos a todo, para que en el silencio oigamos los susurros del amor, del amor humilde, del amor paciente, de amor inmenso, infinito que nos ofrece Jesús con sus brazos abiertos desde la Cruz.

Callemos, el ruido de las palabras estorba.

Callemos, guardemos silencio, pues en él hallaremos, si sabemos buscarlo, nuestro tesoro, que es Dios.

Callemos, lo mismo cuando somos consolados por el Divino Jesús, que cuando estamos a solas con nuestra cruz.

… como tengo tanto que me bulle dentro, encuentro el silencio más apropiado.

Con el silencio el sufrimiento es más eficaz.

Con silencio, oración y mucha locura por dentro, se espera muy bien la llegada…, y todo llegará.

Cuando callamos es cuando más cosas decimos.

Cuanto más silencio tengamos, más cerca estaremos de Dios y más lejos del mundo al que queremos olvidar.

El secreto del Rey se mancha y pierde brillo al publicarse. Ese secreto del Rey es el que hay que ocultar para que nadie lo vea. Ese secreto que muchos creerán son comunicaciones divinas y consuelos sobrenaturales…, ese secreto del Rey que envidiamos en los Santos, se reduce muchas veces a una cruz.

El silencio de la noche hace grande la más pequeña oración.

El silencio del Rey se mancha con el hálito de la publicidad.

El silencio es donde el alma que goza de Dios esconde sus delicias.

El silencio es el recreo del que está alegre y hace la felicidad del enamorado de Dios.

El silencio es más agradable a Dios que el hablar, aunque sea de cosas espirituales.

El tener quieta la lengua hace descansar al corazón.

En el silencio es donde muchas veces se encuentra el consuelo que no pueden dar las criaturas.

… es tan difícil no ofender a Dios con la lengua.

Me hablas de tu oración, del estar en silencio delante de Dios… Te entiendo; no quieras ni pidas más. Sobre esto ¡si te pudiera hablar! Pero por escrito es muy difícil, aunque sé lo que eso es… ¡Qué bien se está así!, ¿verdad? Dios inunda el alma con una suavidad… ¡Señor, Señor!, ¿qué hemos hecho, dónde nos meteremos, hermana?

Mientras no busquemos a Dios en el silencio y en la oración, mientras no estemos quietos, no hallaremos paz, ni encontraremos a Dios.

Mucha gente me pregunta acerca del silencio de la Trapa, y yo no sé qué contestar, pues el silencio de la Trapa no es silencio…, es un concierto sublime que el mundo no comprende… Es ese silencio que dice “no metas ruido, hermano, que estoy hablando con Dios…” Es el silencio del cuerpo para dejarle al alma gozar en la contemplación de Dios. No es el silencio del que no tiene nada que decir, sino el silencio del que teniendo muchas cosas dentro y muy hermosas, se calla, para que las palabras que siempre son torpes, no adulteren el diálogo con Dios. Es el silencio que nos hace humildes, que nos hace sufridos, que al tener una pena nos la hace contar solamente a Jesús, para que Él también en silencio nos la cure sin que los demás se enteren.

El silencio es necesario para la oración. Con el silencio es difícil faltar a la caridad….

Nada encuentro en los libros; solamente en el silencio de todo y de todos…, en ese silencio que ni el pensamiento se atreve a turbar, en ese silencio que rumia amores y esperanzas, solamente ahí se puede vivir.

Nada me dicen las criaturas…, todo es ruido… Sólo en el silencio de todo y de todos, hallo la paz de tu amor… Sólo en el humilde sacrificio de mi soledad, hallo lo que busco…, tu Cruz…, y en la Cruz estás Tú, y estás Tú solo, sin luz y sin flores, sin nubes, sin sol…

No busques quien te hable de Él…, te llevarás muchas desilusiones y no hace falta, pues “no sabrán decirte lo que quieres”, y hasta parece que ocultando el amor que a Dios tienes, le quieres más…

Nuestra paz en el mundo aumenta a medida que aumenta nuestro silencio.

Oculta a Dios dentro de ti; ten tus ratos de silencio y tu oración, pero que nadie se entere.

Por el alma silenciosa navegan los pensamientos de Dios; y cuanto más silencio, más paz, más serenidad y más facilidad para estar en la presencia del Señor.

Que tu vida sea renuncia, sacrificio, oración y silencio.

Silencio, oración, renuncia y sacrificio con la risa en los labios y paz en el corazón, eso es amor.

Solamente en el silencio se puede vivir, pero no en el silencio de palabras y de obras…, no; es otra cosa muy difícil de explicar… Es el silencio del que quiere mucho, mucho, y no sabe qué decir, ni qué pensar, ni qué desear, ni qué hacer… Sólo Dios allá adentro, muy calladito, esperando, esperando, no sé…, es muy bueno el Señor.

Soledad y silencio es el marco imprescindible a la oración.

Veo mi camino tan sencillo…, amor de lleno a Dios y silencio con los hombres.

(San Rafael Arnaiz)


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